Samstag, 23. August 2025

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     Es este el motivo de mi presencia indefectible en la casa de flores llamada Ostargôn:

el de devolverle a Rosamunda el florero que prestôme, mas como ella no estaba, ausen-

cia debida a un resfriado que cogiô, segûn infôrmame una de sus compañeras de traba-

jo, dîjele a esta misma chica que el florero que miraban sus ôculos pertenecîa a esta ca-

sa, y  como tal  que hiciêrame el favor de ponerlo en su sitio. Sobre el pucho lo agarrô

por  la parte de abajo, lo virô, y señalândome con el dedo îndice una O mayûscula gra-

bada en el  cristal dêjame saber esto: que aunque yo no le hubiese dicho que era propie-

dad de esta casa cualesquiera de las trabajadoras raudo lo identificarîan porque es la le-

tra  inicial de la palabra Ostargôn, detalle que no pasô por mis retinas a pesar de lo mi-

rîficas que son. Empero  lo que sî no escapô de mi mirada fue su nombre (Sofîa), y no 

porque  me lo dijera, amên que no lo esperaba por no parecerme una chica con soltura

o totalmente dispuesta a revelarle a un desconocido una palabra con resonancia y peso

relevantes. Tal  vez ni sepa, pensê, lo que significa este ônoma; a lo mejor sî, y siendo

asî  serîa mâs fructîfera/dadora/placentera/inolvidable  una coralina conversaciôn, em-

pero como  en el lugar que estoy no es el propicio/adecuado/ideal/justo/exacto para la

perforaciôn verbal, o para la facundia con un fin concreto/especîfico/insustituible, me-

jor serîa retirarme sin aspiraciôn/afân/ambiciôn/intenciôn de conquista, por lo que en-

tonces dîjele que encantado de conocerla y que deseâbale una buena jornada. A conti-

nuaciôn dîceme lo mismo y abre la puerta, y vaya quê sorpresa el encuentro con Cra-

tino.

---Y eso que tû estâs por aquî, a quê debêse?

---Kosmos, es que Juliette me dio la noticia de que estâ embarazada.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Sî, ya sê que no te esperabas una noticia como êsta.

---Tû padre? Insôlito!

---Pues crêelo desde ahora, porque voy a ser padre. 

---Entonces vas a comprar flores, no?

---Kosmos, acaso esto es una panaderîa? Espêrame aquî mismo, no te muevas de don-

de estâs.

---Câspita! Yo espantapâjaros. 

       Siete minutos despuês sale Cratino con un ramo de rosas blancas, mas por consi-

deraciôn regâlale una rosa a Sofîa, porque segûn êl abrir y cerrar la puerta es tan rele-

vante  como cualquier otro trabajo, dâdiva que yo dudo de que en realidad sea por lo

que dijo, que por conocerlo tan bien como êl a mî eso de la consideraciôn suêname a

falacia.

---Quê, Kosmos, por quê me miras asî? No me crees?

---Cratino, mejor rîome, muêrome de la risa. Asî que consideraciôn, no?

---Entonces, nos reîmos juntos?

---Age en plural, age!! Sabes una cosa? Pensândolo bien comprô asimismo flores.

---Y mi pregunta serîa: por quê no las compraste si ya estabas aquî?

---Porque no vine para comprarlas, sino para devolver el florero que me prestô Ro-

samunda, el que sôlo era un prêstamo para el fin de semana.

---Entiendo. Y para quiên son las flores, para Aspasia?

---Son para la difunta Simaeta.

---Y se puede saber el porquê de tû comprarle flores a la madre difunta de Rosamun-

da?

---Porque  un dîa como hoy sucumbiô, y pensê pasar por el cementerio. Vienes con-

migo?

---Hagâmos una cosa: nos encontramos allî, porque si no este ramo de rosas se va a

perjudicar.

---Tienes razôn. Entonces, nos volvemos a ver allî. Saludos a Juliette.

        Cuando lleguê al cementerio Yelas estaba leyendo un epitafio con esta inscrip-

ciôn: justeza relativa de las percepciones y, mâs que hechos, interpretaciones. Dêja-

me sorprendido cuando dîceme que quien descansaba en la tumba era el cônyuge de

Simaeta, el que  allende de  arquitecto y diseñador  del cementerio  estudiô filosofîa

con un didâscalos en esta materia y en privado, Claramente que encantôme esta ins-

cripciôn por ser una muy cierta, mas en realidad no fue por esto la razôn de mi asom-

bro, sino debido al porquê no fue sepultada Simaeta al lado de êl, dilucidândome Ye-

las que porque al tener el cementerio dos partes Simaeta estaba enterrerada en la par-

te destinada  a  cubrir con tierra a las criaturas que llevaron una existencia de jaez li-

bertina. Teniendo en cuenta que los que tuvieron una existencia de esta îndole si no

son los mâs felices por lo menos  vivieron mucho mâs cerca de su naturaleza, cômo

no alegrarme por lo que acabo de oîr? De facto la señora Simaeta siempre vestîa de

rojo, el  color  paradigmâtico de la vehemencia sin cortapisa, sin reparos, sin ôbices

y sin moralizantes principios.

---Sî Kosmos, no me extraña que en tu semblante se refleje una contentura, ya que

por lo que hasta el momento hemos hablado te conozco lo suficiente como para sa-

ber lo que sê; ademâs, lo que es prueba del vînculo  entre tû y Simaeta, cômo olvi-

dar las palabras que te dijo en la plaza de la catedral barroca?

---Amên que me dijômelas cuando tenîa seis años, por lo que la resonancia que de-

jaron fue ingente.

       Por la razôn de llegar Cratino es que interrûmpese la conversa, o mejor dicho,

Yelas lo mira y dêjale saber lo siguiente:

---Me enterê de que Juliette estâ embarazada. Vaya responsabilidad que tienes pa-

ra toda tu vida!

---Yelas, y se puede saber por quiên lo supo, porque a nadie, excepto a Kosmos, se 

lo he dicho?

---Cratino, la semana pasada, y cumplimiento con mi actividad de sepulturero, del

grupo de familiares, amigos, etc, que estaba presente en la despedida de una chica

joven que sucumbiô por causa de un accidente en bicicleta saliô una voz que lo di-

jo, mas como le daba la espalda a ellos/ellas escuchê la voz pero no vi el rostro, por 

lo tanto lo ûnico que te puedo decir con certeza es que la voz era femenina.

---Escuchô la voz pero no vio el rostro. Quê tû crees, Kosmos?

---Cratino, que es buena señal.

---Kosmos, buena señal de quê?

---Yelas, Cratino hîzome la pregunta, porque conoce que yo soy un seguidor de un

artîfice que decîa lo que dije...

---Disculpa la interrupciôn, pero respôndeme esta pregunta: ese artîfice aûn vive o

estâ muerto?

---Deplorablemente ya hace años que feneciô. Por quê la pregunta?

---Porque segûn dicen, repetir palabras de un muerto, en un cementerio, pudiera te-

ner su consecuencia.

---Yelas, yo no creo en lo que segûn dicen; ademâs, que acudo/recurro al plus por

agregar interrogativamente lo que parêceme no funcional, cômo pudiera tener su 

consecuencia si el artîfice susodicho no estâ sepultado en este cementerio del Ce-

râmico?

---Kosmos, la cuestiôn no es de si estâ o no enterrado aquî, y crêeme, que no por

gusto soy sepulturero.

---Con todo el respeto, Yelas, mas sostengo que no es funcional.

---Estâ bien, Kosmos. Y dime: para quiên son esas flores?

---Para la signora Simaeta.

---Ah, vaya bien que la honorizas por las palabras que te dijo!

---No es por eso, sino porque un dîa como hoy pasô al segundo sistema.

---Mira quê cosa mâs interesante: soy sepulturero y olvido el dîa en que sucumbie-

ron las personas. Entonces, te acompaño a la tumba de ella.

---Pues concomîteme, Yelas.

---Kosmos, pues concomîtenos, porque tambiên voy.

---Cratino, exactivizando?

---Kosmos, no fue por ti que aprendî a exactivizar?

---Exacto, êsa es la res!

---Exactivizar? Kosmos, êsta es una palabra inventada por ti, no?

---Quê si no, Yelas, quê-si-no?

           Antes de llegar a la tumba de Simaeta, Cratino saca de su cartera una foto de

Juliette en bikini. Inmediatamente clârame que no me la mostraba con el propôsito

de  escuchar una opiniôn de mi parte en lo atinente a las especiosas formaciones de

su  novia, sino mâs bien que enseñâbamela para ver si yo creîa posible que el tatua-

je que sobresalîa en su pecho pudiera haber sido hecho en el mismo local donde ha-

cîa ya tiempo nos encontramos con Sista.

---Cratino, no descarto la posibilidad de que sea el mismo local, pero sabes una co-

sa? En esta ciudad hay varios locales, no sôlo del que hablamos.

---Pero Kosmos, tû mismo me dijiste que êse era el ûnico.

---Y tû me creîste conociêndome como me conoces? Sabes quê? Rîome ora, porque

de haberme reîdo en aquella ocasiôn hubieses detectado que no hablaba en serio. Y

dime una cosa: le preguntaste a Juliette al respecto?

---Le preguntê, pero sabes quê me respondiô? Quê mâs interesado deberîa estar en

el tatuaje  que en el local donde se lo hizo, por lo que debido a esta respuesta no le

preguntê mâs.

---Disculpen que me meta, pero quisiera, Kosmos, hacerte una pregunta?

---Hâgala, Yelas, hâgala!

---Quê sentido tuviera  que si Cratino estuviese seguro te preguntara a tî lo que te

preguntô? De estar seguro no quisiese decir que Juliette dîjoselo?

---Una muy buena y excata pregunta, Yelas, gracias!!

---De nada, Cratino, de nada!

---Yelas, usted me ha hecho dos preguntas, pero igual, se las contesto. El sentido

no serîa otro que el siguiente: comprobar si êl habîase liberado de su negaciôn de

preguntarle  a Juliette cuando de lo que se trata es de una cosa de exigua trascen-

dencia.

---Ah, eso. Y la segunda pregunta, cômo la contestarîas?

---Asî: Que no quiere decir que de estar seguro la ûnica fuente de informaciôn se-

rîa Juliette, porque no queda descartado que enterârase por Esmeralda, que no por

Aspasia por no andar tanto con Juliette. Satisfecho con las respuestas, Yelas?

---Completamente, Kosmos, completamente!

---Cratino, y tû, tienes algo que preguntar?

---No, kosmos, no, no tengo ninguna, de momento....o espera, sî, tengo una. Ya le

dijiste a Yelas lo de Rosamunda?

---Rosamunda? Quiên es, Kosmos? Por quê tendrîa que saber de ella?

---Yelas, porque es la hija de Simaeta.

---Cômo, que Simaeta tuvo una hija? 

---Êsa es la res!! Y trabaja en la casa de flores Ostargôn, donde comprê estas flores.

---Y cômo lo sabes?

---Yelas, dîjomelo el padre de Aspasia, Rodolfo Prieto Martînez.

---Y cômo lo sabe êl?

---Lo sabe porque es psicôlogo, y Rosamunda hizo una terapia con êl.

---Y te dijo Rodolfo quiên es el padre?

---No, no dîjomelo.

---Bueno, se supone que sea el difunto arquitecto, no?

---No quisiera conjeturar; pero atenciôn que Aristofôn fue muy buen amigo de Simae-

ta.

---Kosmos, y esto tambiên te lo dijo Rodolfo?

---Dîjomelo Aristofôn mismo, en persona y de frente a frente.

---Interesante la conversaciôn, pero debo continuar con mi trabajo de sepulturero. Les

deseo a los dos que tengan un buen dîa. Ah, kosmos, y acaba de poner las flores, que

no que las dejes caer.

---Y por quê no dejarlas caer?

---Porque le engendran resonancia al que estâ enterrado.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Buen dîa asimismo para usted,

Yelas.





























 



 







 





   








 



  







 

































 













        

        

      




 









   

        









 




  

Mittwoch, 20. August 2025

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       Terminada la explicaciôn, Margarita dîceme que jamâs oyô a su madre mencionar

a mî tîo, empero que me agradecîa la dilucidaciôn que le di, ya que de otra manera no

hubiêrase  enterado de que su progenitora tuvo una relaciôn serîa antes de comenzar a

trabajar  en el barrio La bola. Seguido a esta verba dîceme que no podîa extender mâs

la conversa conmigo, porque tanto a ella como a su amiga las esperaba el prôximo va-

rôn que  pagarîales por la  fruiciôn de una hora, pero que si en algûn otro momento yo

pasaba por la Chabola, y en el caso de que quisiera tener una experiencia ûnica e inol-

vidable con dos fêminas, que las buscara a ellas. Y ni una palabra mâs, pero como no

pude eludirlo le di un beso a cada una.

       Como ya habîa dejado que mis piernas me llevaran a cualquier parte de esta ciu-

dad, y con tal dejar terminê aquî, nuevamente no les permitirîa que llevâranme a otro

sitio, lo que traduce que ora soy yo quien las arrumba a ellas, y no a otro lugar que a

mi apartamento. Al llegar a êste encuentrôme con mi tîo, el que allende de estar ingi-

riendo una tasa de tê preparada por Aspasia dêjame saber lo siguiente: 

---Kosmos, puse en el refrigerador un pomo mediano con tu mermelada favorita: la

de frambuesa.

---Muchitantas gracias!! Pero no te fijaste que aûn queda mermelada en el anterior

pomo que me trajiste?

---Y acaso soy adivino? Pues sabes quê? Tienes mermelada para mâs de un mes.

     Pero como Aspasia no es amante de la mermelada agrega esta verba:

---Señor tîo, para un mes no, sino para mâs, porque solamente entra por la boca de

kosmos.

---Creîa que a ti te gustaba tambiên, Aspasia.

---No no!! Lo que a mî sî que me encanta es la remolacha, y poniêndomela como me

la pongan.

---De saberlo antes te hubiese preparado un dulce de remolacha, el que no como pe- 

ro sê hacer.

---Câspita!! Me entero ora.

---Kosmos, todo en su momento, no?

---Êsa es la res!

---Quê alegrîa saberlo! Señor tîo, y cuândo me trae el pomito?

---Aspasia, en uno de estos dîas.

---Muy bien!

        Se va entonces Aspasia a ducharse, momento que aprovecho para barruntarle a

mi tîo sobre la hija de Margarita.

---Sabes a quiên acabo de conocer en el barrio la Chabola?

---Vaya barrio donde conociste a alguien! A quiên?

---A la hija de la carrusiana Margarita, y que asimismo ônomase como su madre.

---Tû no me estâs cogiendo para tus cosas, Kosmos?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! No!

---Pues me acabo de enterar, y mira que estuve varias veces metido entre las piernas

de la madre.

---Por eso mismo nunca te lo dijo, porque en ese momento lo mâs relevante no es la

familia, sino....

---Deja, Kosmos, que sê quê es lo mâs importante en tal ocasiôn. Y quê mâs? No

buscaste fondo en el mar de la hija?

---Quedême en la superficie. Solamente tuve una conversa con ella, y en presencia

de su amiga Teresa.

---Contra, que tû conversas hasta en un barrio como el susodicho.

---Puedo reîrme?

---Quê si no? Y quê tal la hija?

---El cabello no lo tiene rojo, mas tiene piernas largas.

---Herencia de su madre. Curioso que no tenga el pelo rojo.

---Herencia del padre, no?

---No sê, nunca lo conocî, y mejor, un no problema.

---Problema por quê, si la esposa fue carrusiana?

---Pero como acabo de decirte que no lo conocî, cômo saber si êl sabîa que su espo-

sa no era camarera, sino....

---Carrusiana!

---Entendiste al pie de la letra lo que quise decir.

---Ni que hubiera sido difîcil y, como tal, estimulante.

---A todo trance, una de tus frases repetidas en tu novelôn. Y dime: no te dejo nûmero

de telêfono, u otra forma de contacto?

---Sôlo dîjome, que si pasaba de nuevo por el barrio la Chabola que las buscara a ellas,

si deseaba tener una experiencia ûnica e inolvidable con dos fêminas.

---Pobrecito de ti si tienes ese deseo! Bueno, ya tengo que irme, que ya no tengo veinte

años. Buenas noches y hasta la prôxima.

---Igualmente! Y hasta entonces.

         Veinte minutos despuês sale Aspasia del baño y cubriendo su cuerpo con su que-

rida  bata transparente. Sin  dilaciôn dîceme que tenîa  algo que contarme referente al

diario, empero que antes de empezar a hablar hiciêrale el favor de ir a la cocina a bus-

car  un vaso de agua, y que ella me esperaba sentada en el sofâ. Al regresar con su pe-

dido  bebe un poco de este liquido indefectible para la salud de los riñones, y seguido

pregûntame  si dejâbala  sentarse encima de mis piernas, por lo que quedôme ostensi-

ble una cosa: que  despuês de contarme sobre el diario llegarîa a puesto, a colocaciôn

una  dadorîa que acicata y satisface: la del cuerpo. Con el fin de [que no faltâseme la

concentraciôn], concentrame  en su verba, cômo  no hacer todo lo posible para eludir

pensar en lo que venîa a continuaciôn de ella terminar de contarme lo susodicho? En

fin, que ya estando acomodada arriba de mis piernas empieza a mover la lengua.

      Lo primerito  que dîceme, y segûn ella para que el orden no faltara, es que Sista

pasô por la catedral barroca con Irene, y ambas poseîdas por una jovialidad tan gran-

de que valîa la pena preguntarles a quê debîase una alegrîa de tal magnitud. Hecha la

pregunta, Sista responde que el motivo no era otro que el diario que vendiô Irene, y

a un precio nada môdico, a su madre Matilde Ronco Espinoza, compra que para êsta

significaba muchîsimo, y no solamente por recuperar una parte de su pasado un tan-

to calificada de inmoral, sino que tambiên por la actitud/decisiôn de Irene de vendêr-

selo a ella y no al general, lo que no quiere decir que por esto Irene haya pasado por

por  alto, no tenido en cuenta, olvidado  el robo del  diario de su mismîsima cartera, 

pero  que tampoco que un hurto sin trascendencia sea la consecuencia de dirimir de-

finitivamente la relaciôn con Sista, la que ya de facto estuvo bloqueada por un tiem-

po breve, periodo de alejamiento causante de pejiguera. Empero ademâs, y con algo

de relevancia, con el peculio dado por Matilde Ronco Espinoza, Irene podîa alongar

su alquiler en el apartamento de Lurpak, prolongamiento que tambiên beneficiarîa a

Sista  por una cuestiôn resonante: por la de tener un techo donde vivir con su pareja,

con Irene, y por tres meses mâs.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Al fin se vendiô el diario.

---Asî es, Kosmos, asî es. Y sabes quê? Tantas palabras me han dado calor, me han

sofocado la piel. 

---Pues dûchate otra vez.

---Tû sabes muy bien por dônde viene la cosa, quê es lo que quiero.

---Que hûndame en la profundidad de la mar entre tus piernas.

---Quê si no? Poêtico.












   







 




 










































 













 

       





 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...