Mittwoch, 20. August 2025

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       Terminada la explicaciôn, Margarita dîceme que jamâs oyô a su madre mencionar

a mî tîo, empero que me agradecîa la dilucidaciôn que le di, ya que de otra manera no

hubiêrase  enterado de que su progenitora tuvo una relaciôn serîa antes de comenzar a

trabajar  en el barrio La bola. Seguido a esta verba dîceme que no podîa extender mâs

la conversa conmigo, porque tanto a ella como a su amiga las esperaba el prôximo va-

rôn que  pagarîales por la  fruiciôn de una hora, pero que si en algûn otro momento yo

pasaba por la Chabola, y en el caso de que quisiera tener una experiencia ûnica e inol-

vidable con dos fêminas, que las buscara a ellas. Y ni una palabra mâs, pero como no

pude eludirlo le di un beso a cada una.

       Como ya habîa dejado que mis piernas me llevaran a cualquier parte de esta ciu-

dad, y con tal dejar terminê aquî, nuevamente no les permitirîa que llevâranme a otro

sitio, lo que traduce que ora soy yo quien las arrumba a ellas, y no a otro lugar que a

mi apartamento. Al llegar a êste encuentrôme con mi tîo, el que allende de estar ingi-

riendo una tasa de tê preparada por Aspasia dêjame saber lo siguiente: 

---Kosmos, puse en el refrigerador un pomo mediano con tu mermelada favorita: la

de frambuesa.

---Muchitantas gracias!! Pero no te fijaste que aûn queda mermelada en el anterior

pomo que me trajiste?

---Y acaso soy adivino? Pues sabes quê? Tienes mermelada para mâs de un mes.

     Pero como Aspasia no es amante de la mermelada agrega esta verba:

---Señor tîo, para un mes no, sino para mâs, porque solamente entra por la boca de

kosmos.

---Creîa que a ti te gustaba tambiên, Aspasia.

---No no!! Lo que a mî sî que me encanta es la remolacha, y poniêndomela como me

la pongan.

---De saberlo antes te hubiese preparado un dulce de remolacha, el que no como pe- 

ro sê hacer.

---Câspita!! Me entero ora.

---Kosmos, todo en su momento, no?

---Êsa es la res!

---Quê alegrîa saberlo! Señor tîo, y cuândo me trae el pomito?

---Aspasia, en uno de estos dîas.

---Muy bien!

        Se va entonces Aspasia a ducharse, momento que aprovecho para barruntarle a

mi tîo sobre la hija de Margarita.

---Sabes a quiên acabo de conocer en el barrio la Chabola?

---Vaya barrio donde conociste a alguien! A quiên?

---A la hija de la carrusiana Margarita, y que asimismo ônomase como su madre.

---Tû no me estâs cogiendo para tus cosas, Kosmos?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! No!

---Pues me acabo de enterar, y mira que estuve varias veces metido entre las piernas

de la madre.

---Por eso mismo nunca te lo dijo, porque en ese momento lo mâs relevante no es la

familia, sino....

---Deja, Kosmos, que sê quê es lo mâs importante en tal ocasiôn. Y quê mâs? No

buscaste fondo en el mar de la hija?

---Quedême en la superficie. Solamente tuve una conversa con ella, y en presencia

de su amiga Teresa.

---Contra, que tû conversas hasta en un barrio como el susodicho.

---Puedo reîrme?

---Quê si no? Y quê tal la hija?

---El cabello no lo tiene rojo, mas tiene piernas largas.

---Herencia de su madre. Curioso que no tenga el pelo rojo.

---Herencia del padre, no?

---No sê, nunca lo conocî, y mejor, un no problema.

---Problema por quê, si la esposa fue carrusiana?

---Pero como acabo de decirte que no lo conocî, cômo saber si êl sabîa que su espo-

sa no era camarera, sino....

---Carrusiana!

---Entendiste al pie de la letra lo que quise decir.

---Ni que hubiera sido difîcil y, como tal, estimulante.

---A todo trance, una de tus frases repetidas en tu novelôn. Y dime: no te dejo nûmero

de telêfono, u otra forma de contacto?

---Sôlo dîjome, que si pasaba de nuevo por el barrio la Chabola que las buscara a ellas,

si deseaba tener una experiencia ûnica e inolvidable con dos fêminas.

---Pobrecito de ti si tienes ese deseo! Bueno, ya tengo que irme, que ya no tengo veinte

años. Buenas noches y hasta la prôxima.

---Igualmente! Y hasta entonces.

         Veinte minutos despuês sale Aspasia del baño y cubriendo su cuerpo con su que-

rida  bata transparente. Sin  dilaciôn dîceme que tenîa  algo que contarme referente al

diario, empero que antes de empezar a hablar hiciêrale el favor de ir a la cocina a bus-

car  un vaso de agua, y que ella me esperaba sentada en el sofâ. Al regresar con su pe-

dido  bebe un poco de este liquido indefectible para la salud de los riñones, y seguido

pregûntame  si dejâbala  sentarse encima de mis piernas, por lo que quedôme ostensi-

ble una cosa: que  despuês de contarme sobre el diario llegarîa a puesto, a colocaciôn

una  dadorîa que acicata y satisface: la del cuerpo. Con el fin de [que no faltâseme la

concentraciôn], concentrame  en su verba, cômo  no hacer todo lo posible para eludir

pensar en lo que venîa a continuaciôn de ella terminar de contarme lo susodicho? En

fin, que ya estando acomodada arriba de mis piernas empieza a mover la lengua.

      Lo primerito  que dîceme, y segûn ella para que el orden no faltara, es que Sista

pasô por la catedral barroca con Irene, y ambas poseîdas por una jovialidad tan gran-

de que valîa la pena preguntarles a quê debîase una alegrîa de tal magnitud. Hecha la

pregunta, Sista responde que el motivo no era otro que el diario que vendiô Irene, y

a un precio nada môdico, a su madre Matilde Ronco Espinoza, compra que para êsta

significaba muchîsimo, y no solamente por recuperar una parte de su pasado un tan-

to calificada de inmoral, sino que tambiên por la actitud/decisiôn de Irene de vendêr-

selo a ella y no al general, lo que no quiere decir que por esto Irene haya pasado por

por  alto, no tenido en cuenta, olvidado  el robo del  diario de su mismîsima cartera, 

pero  que tampoco que un hurto sin trascendencia sea la consecuencia de dirimir de-

finitivamente la relaciôn con Sista, la que ya de facto estuvo bloqueada por un tiem-

po breve, periodo de alejamiento causante de pejiguera. Empero ademâs, y con algo

de relevancia, con el peculio dado por Matilde Ronco Espinoza, Irene podîa alongar

su alquiler en el apartamento de Lurpak, prolongamiento que tambiên beneficiarîa a

Sista  por una cuestiôn resonante: por la de tener un techo donde vivir con su pareja,

con Irene, y por tres meses mâs.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Al fin se vendiô el diario.

---Asî es, Kosmos, asî es. Y sabes quê? Tantas palabras me han dado calor, me han

sofocado la piel. 

---Pues dûchate otra vez.

---Tû sabes muy bien por dônde viene la cosa, quê es lo que quiero.

---Que hûndame en la profundidad de la mar entre tus piernas.

---Quê si no? Poêtico.












   







 




 










































 













 

       





 

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