Montag, 16. März 2026

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       Entonces, y sin dilaciôn, cambiê la posiciôn, logrando con el mirar desde otro lado la

foto  del magistral grabado en cuero que incrementarase la sûmula de imagos, lo que sig-

nifica  una transformaciôn de la verba; y, como consecuencia, que el trabajo de vestir con

êsta  la cantidad de mîmesis  en puesto, en colocaciôn  duplicârase, y el que harîa sin pen-

sar en que solamente a trancas y barrancas pudiera llegar al culmen que dêjame un prove-

cho. No dirîa  mucho mâs que esto por esta razôn: por la de exponer someramente lo que

por resultado del proceso del magîn es complicado.

      Ya dejê saber que como la nocturna estaba fresca el detenimiento de la fluidez verbal

no serîa posible, mas como con el paso de las horas comenzô a soplar el viento tuve que

ir a cerrar la puerta del balcôn. Hace un tiempo ya fui testigo visual del busto que arrojô

por la ventana mi vecino Feliciano; mas esta vez, y en lo que cerraba la puerta, lo fui del

salto que dio êste por esta misma ventana. Imperando el mutismo, cômo no sentir el tras-

tazo contra el suelo, empero por la razôn de no querer ver lo que quedarîase para siempre 

en mi testa grabado no salî al balcôn para estar seguro de si sî o no logrô suidarse.

       No  eran paseantes  solitarios sino nocturnos los que escuchê decir que Feliciano era

un cadâver, y que aûn no estaba tan fresco como la nocturna, pero que tampoco tan calien-

te como cualesquier criaturas en el primer sistema. Una voz fêmina insistiô en que llama-

ran  a la  autoridad  encargada de  enfrentar  este  suceso, este acto---patêtico por un lado; 

por el otro valiente---con el cual estarîan de (total) acuerdo los estoicos en el caso de que 

fuese el ûnico solvento contra problemas insostenibles/intolerables/insoportables, por tan 

sôlo nombrar  algunos  adjetivos de  entre los  tantos  posibles. Sobre  el pucho pensê en 

los retoños de Feliciano, o sea, Arsel e Irene, aun no siendo êsta conocida por Feliciano y 

que tuvo con la criada que laborô muchitanto tiempo en casa del general. Indubitable que 

para   Arsel la ayuda psicolôgica serâ menester, que no tanto para Irene por lo que acabo 

de decir, aunque  no menos  relevante  por la  limpidez  que deja y por el ponderamiento 

que asegura, plus el ralentizamiento que destruye o bloquea de un proceso creencial que 

sustenta  a la conciencia con un alimento  que engorda a rescoldos sostenidos y a banali-

dades sin progreso.

       Por el ruido de las sirenas despertôse Aspasia, mas cuando dîjele lo que habîa pasa-

do  tapôse  la jeta con  sus dos manos, y a continuaciôn me contô que cuando Feliciano

dadivôle el ramo especioso de anêmonas rojizas dîjole estas palabras: <Aspasia, te rega-

lo este ramo porque me acabo de enterar que no me queda largo tiempo de vida debido

a una  enfermedad que tengo; en realidad lo comprê para mî mismo antes de ir a la con-

sulta con mi mêdico, ya que al pensar  que êste darîame una buena noticia, como resul-

tado del tratamiento que me puso, tuve  el deseo de pasar  por la casa de flores Rigueti, 

la que  vende las flores  mâs  caras en esta ciudad, pero como no fui asî quêdate tû con 

el ramo, que como pude ver desde la ventana de mi cuarto la lozanîa de tus flores en tu 

balcôn, cômo no estar seguro de que estas anêmonas estân en maravillosas manos>.



 







    







  

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