Mittwoch, 14. April 2021

La cazuela de Vitelio (858)

      Decide Vercingetorix por el tedio que padecîa, motivo suficiente o causativa

absoluta de abandonar un punto para llegar a otro, irse a embrisar con la sombra

del tejo, la ingente sombra dadora de un gayo benefecio, como asimismo del ali-

ciente menester que para êl resultaba de facto relevante, ya que a raîz de êste de-

jaba su posible alguna que otra transformaciôn placentera. Llegado a su destino,

y por cuestiones de comodidad [que ningûn sofista refuta], lo pirmero (hacedero)

con lo que cumple es con llevar sus manos al cordôn del calzado para que sus es-

candinavos pies quedaran desnudos, tempestivo momento para que êstos recibie-

ran de la tierra todita su pudiencia, su poder al raso. A continuaciôn de poner los

zapatos a cuasi un metro del punto seleccionado como el preciso para el disfrute

del correspondiente deleite, lo que tambiên serîa algo sensato in casu de que aco-

pas sucediera lo inesperado, y no siendo la distancia larga no convirtiêrase en al-

go dificultoso el agarre del calzado, en un trabajo, en un esfuerzo de jaez ingrato,

en el sentido de que a toda mocha su corpus de sopetôn de una contracciôn mus-

cular padeciera, y previo a la entrega de un solaz completo bajo el imperio de tal

sombra, de la susodicha con destacada acentuaciôn, da unas vueltas al servicio y

de algo representativo, que si no como una entrega simbôlica al reino codificado

de los sustanciales pertinentes quedarîa valorado, sujeto, firme. Mas al con aquê-

llas  cumplimentar siente un terrible pinchazo en la planta del pie derecho, como

un  horadamiento agujoso acarreante de pejiguera, suceso no quedante indiferen-

te  y como tal al alcance de una indefectible bûsqueda de quê era lo que desagra-

bable penetrô por la parte ya nombrada, y que no fue otra cosa que el aguijôn del

escorpiôn sepultado por el grumete redomado. Sin dilaciôn (entonces), mas no y

con exiguo trabajo, porque en realidad êste fue bastante, seguido a una precisiôn

de extraer logra sacarse el aguijôn engendrante de un cosiato orificio, empero sin

quedar exento de un râpido dormir, lo que por analogîa similitudaba una dosis de

anestesia. menos que obra de Herpôntas con sorna en el firmamento. Mas antes y

de quedarse dormido pudo ver que unos cuantos soldados bâtaros arrumbaban en

direcciôn a la casa de Kalîas sus caballos, siendo la velocidad de êstos no tan des-

collante como para pensar que tratâbase de un asunto urgente. 

      Una hora despuês ocûpase (personalmente) el magister equitum de conducir a

Kalîas al lugar seleccionado por Dido para dialogar con êste: el salôn de los crista-

les, espacio con puerta y como tal garante de que el intercambio semântico no fue-

ra revelado por la resonancia caracterîstica de palacio. En tal sitio, y por edicto de

la reina, el cibiosactes habîa puesto dos sillas y una pequeña mesa, aunque asimis-

mo en medio de êsta una bandeja con una jarra de agua y dos vasos, los que claro

estâ no eran murranos. Ahora bien, y por cuestiones precisas e intachonables de y

ocupaciôn imperial, dilacionôse el comienzo previsto de la dialogizaciôn pertinen-

te, razôn por la cual aparece el cibiosactes para barruntarle a Kalîas que deberîa es-

perar unos mâs o menos treinta minutos, a su vez que trayendo otra bandeja atibo-

rrada de frutas frescas, acicate que harîa menos tedioso el tiempo en que deberîase

aplicar una virtud: la paciencia.

      Simultâneamente el vate le da a leer unos versos a Kosmos, los que quedaron 

bien lumbrados por la antorcha que aûn êste mantenîa encendida, los que son a sa-

ber los siguientes:

Que fuljan en la noche una sûmula de estrellas,

que no carezcan los platos de las gotillas de Bromio,

que el côtabo, de sobremesa, de vigilia serâ garante.


-----Vate, que el côtabo es obrilla de los terruños sicilianos---suelta Kosmos.

-----Eureka por Bromio!!, que mantiene [amartyrêtous] una causante festiva.

-----Didâscalos, quê dirîa Herodes de los colgantes serpentines?---pregunta Kos-

mos.

-----Kosmos, el preceptor de Aurelio?, en todo caso Anacreonte, por estar mâs y

cerca de las dulces afrodisias....

-----De acuerdo con usted, didâscalos, en un noventa y nueve mâs uno porciento.

-----No lo dudo, vate!---dice el didâscalos filosôfico.

-----Didâscalos, o de las muchachas en flor en las nocturnas antiguas, de la alche-

ringa tales----agrega Kosmos.

-----Kosmos, nuestro anankê no es otro que el de estar supeditados al imperio del

lêgein...

-----El conductor que atiza pulsaciones, êsa es la res!!

-----Palmonântica entonces, Kosmos.

-----Adivinaciôn a partir de aquêllas?

-----No me has entendido mal, Kosmos, no!, brakhês me captas.

----Y risas de Kosmos.





 


















  




 



  

Freitag, 9. April 2021

La cazuela de Vitelio (857)

 

        A raîz de acomodarse en su preferida dureta, la que en la cocina llevaba al-

go de tiempo ocupando espacio en el mismo sucucho, el leñador de Britania co-

menzô a ingerir unas tortas de trigo preparadas por êl mismo, pero raudo dândo-

se cuenta de que el sabor no era el mismo al que tenîan ayer, sin que esto convir-

tiêrase en el motivo conspicuo de no comêrselas con sumo deleite, con el iguali-

to del dîa anterior. Entregado a esta actividad de fruiciôn con lo que sustenta, que 

no debe ser exiguo por cuestiones de costumbre, la que por extensiôn es la madre 

de si no todos de mâs (dirîase) de un vicio, contempla a travês de la ventana del y

mismo recinto la intensidad del color prieto del humo que ascendîa hasta en el fir-

manento disiparse. Interesado (entonces) por saber el porquê de lo que observaba

no dilaciona en pensar en visitar la casa de Kalîas ---exento de un pensar llevarse

las tortas que faltâbanle por masticar. Ya listo para salir, y asegurândose de que el 

cerrojo de la puerta quedara bien pasado, percâtase de la presencia de la oveja Ca-

pricho a poquitîsimos metros de êl, la que mirâbalo con tanta fijeza como queriên-

dole decir que la sacara a dar una vuelta.    

     Lo que diole pâbulo a Kalîas de posicionarse frente al espejo fue por la extraña

reacciôn de uno de sus halcones al mirarle el rostro, y no por alguna tendencia nar-

cisista hasta el momento desconocida. En la reflejante superficie pudo indubitable-

mente comprobar el porquê de la reacciôn susodicha, la que debiôse al color negro

que su semblante tenîa; y tan intenso, ademâs, que la jeta a primera vista pudiera y

resultar la de otro, de lo que sale entonces que el halcôn sintiêrase confuso y a todo

trance demostrara la respuesta a un incentivo. Sin muchitanto desespero en recupe-

rar su identidad, la que de todas maneras por un embadurnamiento no perderîa, aci-

calôse el rostro con destacada parsimonia con un paño de seda que despuês tuvo y

que botar, ya que tan maculado quedô que no valîa la pena su conservaciôn, el lim-

piarlo con un cepillo que apellîdase de madera. Conclûyese entonces que el paño a

la gaveta no regresarîa, de donde sacôlo sin buen mêtodo o con distinguida pericia,

de las que entre algunas mâs sobresalientes pudiera clasificarse ilustre, o si no que

algo pimpante de acuerdo a la concepciôn de una regia asignatura. Empero el espe-

jo no estaba dentro de la cuadratura de la casa. sino que colgaba de un clavo hundi-

do en la madera de la caseta del patio, casa minûscula destinada a guardar una can-

tidad de tarecos y antiguallas----de facto recuêrdase que fue aquî donde Kosmithôs

encontrô el crôtalo---al alcance del polvo.

----Ese rostro de negro me recuerda la mâscara de un actor trâgico.

----No me ha asustado usted, leñador de Britania, porque ya lo habîa visto a travês

del espejo---dice Kalîas que pregunta: y eso que usted pasa por aquî, que me visita

ahora?, allende que agrega: si yo le recuerdo la mâscara de un actor trâgico, usted 

me incita a pensar a mî en Filôxeno.

----No me diga, y por quê?----indaga el leñador de Britania a la vez que come las y

tortas de trigo.

----Por ser un prototipo de glotôn!!, por eso....

----Pero porque las coma quiere decir que soy glotôn, como usted dice?

----Eso me parece, no otra cosa.

----Bueno, si usted lo dice. Y dîgame, Kalîas: quê quemaba en ese latôn oxidado?

----Unos viejos papeles que (ya) ni sirven para colecciôn.

----Estaban amarillos?

----Tambiên asî, tambiên por senectud, eso!!

----Y viejos de cuândo?

----Del tiempo de Vologeso, del que pasô...

----Y tanto no pasô el tiempo como Vologeso?

----Pasaron los dos, pasaron: a uno lo vi en persona; al otro, con la conciencia...

----Espêrese un momentico, Kalîas, que ahora usted me recuerda a los contertulios

de la Kosmona con ese jueguito verbal.

----Y acaso tal jueguito es propiedad (sôlo) de ellos?

----No se trata de propiedad, sino de un mêtodo, de una aplicaciôn o de un vicio.

----Pues no me compare que, si me tumba, no soy de cartôn.

----Cômo?

----Olvîdese de lo dicho y dîgame: no quiere pasar a casa y tomarse unos traguitos,

que asî pasaran mejor las tortas por la garganta?

----No me parece mala idea, de acuerdo.

----Y esa oveja es Capricho, no?

----Y cômo la reconociô?

----No se acuerda usted que fue ella la que descubriô dônde habîa caîdo uno de mis

halcones fenecidos?

----Verdad que sî, no me acordaba....

----Bueno, pasemos adentro, vamos!!























 


 




  



 

Dienstag, 6. April 2021

La cazuela de Vitelio (856)

 (43 horas despuês)


       Kosmos ludicaba con êl mismo creyêndose que concomitaba a un [heliasta]

integrante del coro de las Avispas, empero en el preciso momento que agarraba

una antorcha para lumbrar su traslado de un punto a otro de palacio; no desdeñô

la imago de que si un sicofante estuviese escondido a la zaga de una columa rau-

do pudiera ser descubierto con la luz de aquêlla, mas como [tan sôlo] fue una de

esas mîmesis que apellîdanse breve, de corta duraciôn, en su entelequia no la en-

gordô con la calorîa de su magîn, razôn por la cual y en un periquete anulado del

todo quedô eso del punto a la raya y que continûe la letra, el trayente [ineludible]

de alguna que otra palabrilla----pudieran aparecer asimismo clasificaciones inve-

teradas, como por ejemplo braquilogîa y macrologîa, pero para no complejizar la

res es mejor no sacarlas a puesto, a colocaciôn------, y que lo mismo serîa clepsi-

dra que la resumidora [con mâs resonancia y un tanto plûmbea] de concursos hî-

picos, gimnâsticos y artîsticos: panegiria. Mas si aquêlla mide el tiempo de hasta

la pudiente verba de Pericles; êsta de una fiesta en cuenta tiene su comercial par-

te (aunque tambiên la profana), asimismo que su aspecto agonîstico, exenta y del

ingrato [têrmino] delatar (de phaîno), y por lo cual ni entra en funciôn ni en rol ni

en escena sin tramoya.

----Kosmos, pero con una antorcha, a quiên buscas especîficamente?

----Didâscalos, hasta ora a Nadie!

----Hasta para despuês es un imposible!

----Câspita, didâscalos, que usted siempre câptame...

----Si fuese un sofista te pedirîa estateras por cada captaciôn.

----De veinte en veinte ya usted fuera rico...

----En el caso de que fuesen âureas, porque de plata me demorarîa mâs en serlo.

----Y risas de Kosmos.

----Esa moneda de la alcheringa puso en pernicio la vida del lictor.

----Êsa es la res, didâscalos, êsa que [fue] no pudo ser otra!


      La resonancia de la verba llegô a oîdos de Dido, y en el tempestivo momento

que regresaba a palacio despuês de haber dialogado cuasi dos horas con Pandolfo

Colunnecio en la ergâstula, donde asimismo estaba la tribu germânica.

----Câspita, que buscaba a un hombre y una reina apareciô----dice Kosmos y rîe.

----Acabo de hablar con el jefe de la tribu germânica, el que sostiene con firmeza

que hizo lo que tenîa que hacer, porque si no no fuera êl---dice Dido.

----Ser o no ser, no?----pregunta el didâscalos filosôfico.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que el ser es oscuro si no

llega a la apariencia, y êsta es endeble si no llega al ser----suelta Kosmos.

----Pero como dirîa un inveterado sofista; o mejor dicho, lo que dejô saber como y

propuesta....

----Didâscalos, la supresiôn del verbo ser?

----A êsa me refiero, no a otra!!

----Sabes lo que portaba Pandolfo Colunnecio?--pregunta Dido mirando a Kosmos.

----Amplifica quê, amplifîcalo!!

----Un documneto secreto que le quitô a Kalîas.

----Punto a la raya y que continûe la letra: de cuâl trâtase?

----De uno que revela el certificado de nacimiento de los difuntos Atabân y Flacius....

----Esto sî que es barrunte fresco. Y quiênes son los progenitores?

----Son hijos de Vologeso, de la arcaica majestad de Bedriaco.

----Ingente novedad!!, verdad?

----Como lo acabas de oîr penetrando por tus oîdos! Pero sabes una cosa?, voy a te-

ner que mandar a buscar a Kalîas, porque segûn Pandolfo quemaba unos papeles y

que tambiên eran documentos secretos...

----Age si por lo que sea debes hacerlo. Y quê piensas hacer con Pandolfo y la tribu?

----Aûn no lo sê, aûn no, pero ya encontrarê quê.

----Nada insôlito que lo halles, que des con un posible...

----Bueno, tû me conoces....

----Vaya perogrullada saliente de boca!! Al avîo, al avîo!!

----Hiere mis oîdos el galope de âgiles caballos!!

----Câspita, tu epimone favorito!!

----El mismo, êse!!----afirma Dido y retîrase.
































 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...