Decide Vercingetorix por el tedio que padecîa, motivo suficiente o causativa
absoluta de abandonar un punto para llegar a otro, irse a embrisar con la sombra
del tejo, la ingente sombra dadora de un gayo benefecio, como asimismo del ali-
ciente menester que para êl resultaba de facto relevante, ya que a raîz de êste de-
jaba su posible alguna que otra transformaciôn placentera. Llegado a su destino,
y por cuestiones de comodidad [que ningûn sofista refuta], lo pirmero (hacedero)
con lo que cumple es con llevar sus manos al cordôn del calzado para que sus es-
candinavos pies quedaran desnudos, tempestivo momento para que êstos recibie-
ran de la tierra todita su pudiencia, su poder al raso. A continuaciôn de poner los
zapatos a cuasi un metro del punto seleccionado como el preciso para el disfrute
del correspondiente deleite, lo que tambiên serîa algo sensato in casu de que aco-
pas sucediera lo inesperado, y no siendo la distancia larga no convirtiêrase en al-
go dificultoso el agarre del calzado, en un trabajo, en un esfuerzo de jaez ingrato,
en el sentido de que a toda mocha su corpus de sopetôn de una contracciôn mus-
cular padeciera, y previo a la entrega de un solaz completo bajo el imperio de tal
sombra, de la susodicha con destacada acentuaciôn, da unas vueltas al servicio y
de algo representativo, que si no como una entrega simbôlica al reino codificado
de los sustanciales pertinentes quedarîa valorado, sujeto, firme. Mas al con aquê-
llas cumplimentar siente un terrible pinchazo en la planta del pie derecho, como
un horadamiento agujoso acarreante de pejiguera, suceso no quedante indiferen-
te y como tal al alcance de una indefectible bûsqueda de quê era lo que desagra-
bable penetrô por la parte ya nombrada, y que no fue otra cosa que el aguijôn del
escorpiôn sepultado por el grumete redomado. Sin dilaciôn (entonces), mas no y
con exiguo trabajo, porque en realidad êste fue bastante, seguido a una precisiôn
de extraer logra sacarse el aguijôn engendrante de un cosiato orificio, empero sin
quedar exento de un râpido dormir, lo que por analogîa similitudaba una dosis de
anestesia. menos que obra de Herpôntas con sorna en el firmamento. Mas antes y
de quedarse dormido pudo ver que unos cuantos soldados bâtaros arrumbaban en
direcciôn a la casa de Kalîas sus caballos, siendo la velocidad de êstos no tan des-
collante como para pensar que tratâbase de un asunto urgente.
Una hora despuês ocûpase (personalmente) el magister equitum de conducir a
Kalîas al lugar seleccionado por Dido para dialogar con êste: el salôn de los crista-
les, espacio con puerta y como tal garante de que el intercambio semântico no fue-
ra revelado por la resonancia caracterîstica de palacio. En tal sitio, y por edicto de
la reina, el cibiosactes habîa puesto dos sillas y una pequeña mesa, aunque asimis-
mo en medio de êsta una bandeja con una jarra de agua y dos vasos, los que claro
estâ no eran murranos. Ahora bien, y por cuestiones precisas e intachonables de y
ocupaciôn imperial, dilacionôse el comienzo previsto de la dialogizaciôn pertinen-
te, razôn por la cual aparece el cibiosactes para barruntarle a Kalîas que deberîa es-
perar unos mâs o menos treinta minutos, a su vez que trayendo otra bandeja atibo-
rrada de frutas frescas, acicate que harîa menos tedioso el tiempo en que deberîase
aplicar una virtud: la paciencia.
Simultâneamente el vate le da a leer unos versos a Kosmos, los que quedaron
bien lumbrados por la antorcha que aûn êste mantenîa encendida, los que son a sa-
ber los siguientes:
Que fuljan en la noche una sûmula de estrellas,
que no carezcan los platos de las gotillas de Bromio,
que el côtabo, de sobremesa, de vigilia serâ garante.
-----Vate, que el côtabo es obrilla de los terruños sicilianos---suelta Kosmos.
-----Eureka por Bromio!!, que mantiene [amartyrêtous] una causante festiva.
-----Didâscalos, quê dirîa Herodes de los colgantes serpentines?---pregunta Kos-
mos.
-----Kosmos, el preceptor de Aurelio?, en todo caso Anacreonte, por estar mâs y
cerca de las dulces afrodisias....
-----De acuerdo con usted, didâscalos, en un noventa y nueve mâs uno porciento.
-----No lo dudo, vate!---dice el didâscalos filosôfico.
-----Didâscalos, o de las muchachas en flor en las nocturnas antiguas, de la alche-
ringa tales----agrega Kosmos.
-----Kosmos, nuestro anankê no es otro que el de estar supeditados al imperio del
lêgein...
-----El conductor que atiza pulsaciones, êsa es la res!!
-----Palmonântica entonces, Kosmos.
-----Adivinaciôn a partir de aquêllas?
-----No me has entendido mal, Kosmos, no!, brakhês me captas.
----Y risas de Kosmos.