Sonntag, 7. Januar 2024

22,cap 4

           Quince minutos despuês quêdase dormida Aspasia en el sofâ, y con la

posiciôn parecida a la de la pintura "La maja desnuda" , o sea, con los brazos

detrâs de la testa, boca arriba y con las piernas un poco recogidas. Observan-

do cômo mirâbala Cratino, allende que con una fijeza no tan fâcil de dirimir,

recordê que mâs de una vez dîjome que hubiêrale gustado ser pintor, empero

como sus progenitores jamâs estuvieron de acuerdo con que perdiera su tiem-

po en una escuela de pintura tuvo que olvidarse de hacer una carrera artîstica,

de asir el pincel para dejar sobre el lienzo una imago sempiterna, o de buscar

la  libros sobre cômo trabajar con los colores y hacer con êstos las adecuadas

combinaciones, y los que sôlo hallânse en librerîas especializadas que de fac-

to no son muchas. Pero al percatarse Cratino, y seguido a dejar de mirar con

persistencia o firmeza, de que yo mirâbalo, no demorô en llevarse el dedo în-

dice a sus labios con el têlos de dejarme a entender de que guardara silencio,

y a continuaciôn pûsose sus dos manos en el pecho y las moviô de arriba ha-

cia  abajo, acciôn con la  que imitaba la forma de transmitir el tamaño o gro-

sor de dos componentes que salen ampulados del cuerpo, un lenguaje simbô-

lico con el cual ostensiblemente referîase a la dimensiôn que tenîan los espe-

ciosos senos de Aspasia. Y si sobre el pucho fue mi comprensiôn, asimismo

el  indicativo que hîcele con mi mano derecha de que dejara de hacer lo que

hacîa, ya que si Aspasia acopas abriera sus ôculos dirîale vaya a saber quiên

quê cantidad de cosas. De tal guisa hîzome caso. 

         Una hora y media despuês regresa a la realidad Aspasia. Seguido a po-

ner sus pies en el suelo pregûntame si podîa tomar un vaso de leche caliente,

respondiêndole yo que si sôlo era uno podîa llenarlo completo; que si dos no

porque con la cantidad de leche que quedaba no era suficiente como para lle-

nar dos vasos hasta el tope.

---Kosmos, tû y tu juego incesante. Por quê juegas tanto?

---Aspasia, y ya lo dejê saber en la parte cuarta del novelôn que estâs leyen-

do, porque el espîritu humano muêstrase mejor en los juegos que en los mâs

circunspectos asuntos.

---Kosmos, con un solo vaso estâ bien.

---Aspasia, pero tû participas en el juego, no?

---Cratino, si no quieres que te diga hasta del mal que morirâs es mejor que 

no me hagas preguntas banales.

        Como esto era como un anticipo de un posible conflicto semântico, del

rebote de la verba sin guante que captûrela, amplifiquêle a Aspasia dônde es-

taba  dentro del refrigerador el  pomôn de cristal con el producto salido de la 

teta de la vaca, pensando ella que yo decîaselo con la intenciôn de fastidiarla,

pensar  como tal fallido porque dentro del refrigerador hay tantas cosas, una

sûmula  de êstas una encima de las otras  que hasta un pomôn sôlo hallarîase

despuês de la correspondiente bûsqueda con ojos de halcôn. Como yo jamâs

olvido mi fundamento bâsico (ver para creer) dejê que ella regresara de la co-

cina para escuchar de su propia lengua la pregunta: Kosmos, y cuâl es el por-

quê  de que al refrigerador no le quepa ni una cosa mâs? Mientras suêltole a

Cratino:

--Tumba y cuatro, que el tres es nûmero impar, patas que no resisten el peso

de una mesa. 

---Tumba y cuatro, que el tres es...... Ven acâ, kosmos, que leî bastante pero

no las cinco partes de tu novelôn, esto que has dicho aparece en êste?

---Acâbaseme de ocurrir, Cratino, a-câ-ba-se-me de eso.

---Y quê significa, quê quiere decir?

---Ni yo mismo sê. Necesita una monografîa, Cratino, le es menester êsta.

---Una monografîa? No estâs exagerando?

---Yo no exagero. Exagerar no viênese en mî.

---Estâs casi para reîrte, no?

       Y entonces llega Aspasia y pregûntame:

---Kosmos, y esa cantidad de cosas que tienes en el frîo, por quê tan atibo-

rrado de ellas?

---Porque asî ni muêvese ni pierde el equilibrio.

---Sabes quê? No pregunto mâs. Sigo leyendo y tomo leche.

---Cômo? Te vas a sentar de nuevo en el sofâ con las piernas cruzadas?

---Cratino, que ya te dije que...

---Sî sî, ya sê lo que me dijiste, pero cômo puedes saber si muero de algûn

mal. No pudiera morir de algûn bien? Quê tû crees, Kosmos?

---"Mâs allâ del bien y del mal" sucede el sucumbimiento.

---Juego, contrajuego y alegrîa!!

---Êsa es la res, Cratino, esa!!

         Nueve hora despuês, o sea, a las doce y media de la nocturna,  As-

pasia  acomoda su tafanario en una de las dos sillas de madera que estân

en el balcôn, empero tuvo que ponerse encima de su bata transparente la

mediana  colcha que yo le di, que Noviembre no es el mes mâs propicio

para vestirse con poquita ropa. Seguido a pedirme que trajêrale una copa

de vino, allende que de dejarme saber que llena completa, raudo arrumbê

mis  pasos a la cocina para cumplir con el cometido de sin dilaciôn ser o

el responsable o el causante de su prôxima alegrîa, y de paso cogerîa otra

copa para mî, la que de facto llenarîa mâs de una vez. A continuaciôn de

regresar  con una botella y las  dos copas, de abrir aquêlla y de embadur-

nar el cristal de êstas con el rojo olîmpico, Aspasia mîrame, suspira y de-

ja frente a mis ôculos una sonrisa. Con estas tres señales de que empeza-

ba  a tener jovialidad, cômo no  aprovechar la ocasiôn para poner la otra

silla  al lado de la de ella?, cercanîa garante no sôlo de que penetrase por

mi narîz su aroma fêmino sino tambiên de los toques [ de una mano que,

si no febril, afogarada] que  por  repeticiôn atizan la flama de las causas 

justas o correspondientes.   






   

        













  









 








  







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