Quince minutos despuês quêdase dormida Aspasia en el sofâ, y con la
posiciôn parecida a la de la pintura "La maja desnuda" , o sea, con los brazos
detrâs de la testa, boca arriba y con las piernas un poco recogidas. Observan-
do cômo mirâbala Cratino, allende que con una fijeza no tan fâcil de dirimir,
recordê que mâs de una vez dîjome que hubiêrale gustado ser pintor, empero
como sus progenitores jamâs estuvieron de acuerdo con que perdiera su tiem-
po en una escuela de pintura tuvo que olvidarse de hacer una carrera artîstica,
de asir el pincel para dejar sobre el lienzo una imago sempiterna, o de buscar
la libros sobre cômo trabajar con los colores y hacer con êstos las adecuadas
combinaciones, y los que sôlo hallânse en librerîas especializadas que de fac-
to no son muchas. Pero al percatarse Cratino, y seguido a dejar de mirar con
persistencia o firmeza, de que yo mirâbalo, no demorô en llevarse el dedo în-
dice a sus labios con el têlos de dejarme a entender de que guardara silencio,
y a continuaciôn pûsose sus dos manos en el pecho y las moviô de arriba ha-
cia abajo, acciôn con la que imitaba la forma de transmitir el tamaño o gro-
sor de dos componentes que salen ampulados del cuerpo, un lenguaje simbô-
lico con el cual ostensiblemente referîase a la dimensiôn que tenîan los espe-
ciosos senos de Aspasia. Y si sobre el pucho fue mi comprensiôn, asimismo
el indicativo que hîcele con mi mano derecha de que dejara de hacer lo que
hacîa, ya que si Aspasia acopas abriera sus ôculos dirîale vaya a saber quiên
quê cantidad de cosas. De tal guisa hîzome caso.
Una hora y media despuês regresa a la realidad Aspasia. Seguido a po-
ner sus pies en el suelo pregûntame si podîa tomar un vaso de leche caliente,
respondiêndole yo que si sôlo era uno podîa llenarlo completo; que si dos no
porque con la cantidad de leche que quedaba no era suficiente como para lle-
nar dos vasos hasta el tope.
---Kosmos, tû y tu juego incesante. Por quê juegas tanto?
---Aspasia, y ya lo dejê saber en la parte cuarta del novelôn que estâs leyen-
do, porque el espîritu humano muêstrase mejor en los juegos que en los mâs
circunspectos asuntos.
---Kosmos, con un solo vaso estâ bien.
---Aspasia, pero tû participas en el juego, no?
---Cratino, si no quieres que te diga hasta del mal que morirâs es mejor que
no me hagas preguntas banales.
Como esto era como un anticipo de un posible conflicto semântico, del
rebote de la verba sin guante que captûrela, amplifiquêle a Aspasia dônde es-
taba dentro del refrigerador el pomôn de cristal con el producto salido de la
teta de la vaca, pensando ella que yo decîaselo con la intenciôn de fastidiarla,
pensar como tal fallido porque dentro del refrigerador hay tantas cosas, una
sûmula de êstas una encima de las otras que hasta un pomôn sôlo hallarîase
despuês de la correspondiente bûsqueda con ojos de halcôn. Como yo jamâs
olvido mi fundamento bâsico (ver para creer) dejê que ella regresara de la co-
cina para escuchar de su propia lengua la pregunta: Kosmos, y cuâl es el por-
quê de que al refrigerador no le quepa ni una cosa mâs? Mientras suêltole a
Cratino:
--Tumba y cuatro, que el tres es nûmero impar, patas que no resisten el peso
de una mesa.
---Tumba y cuatro, que el tres es...... Ven acâ, kosmos, que leî bastante pero
no las cinco partes de tu novelôn, esto que has dicho aparece en êste?
---Acâbaseme de ocurrir, Cratino, a-câ-ba-se-me de eso.
---Y quê significa, quê quiere decir?
---Ni yo mismo sê. Necesita una monografîa, Cratino, le es menester êsta.
---Una monografîa? No estâs exagerando?
---Yo no exagero. Exagerar no viênese en mî.
---Estâs casi para reîrte, no?
Y entonces llega Aspasia y pregûntame:
---Kosmos, y esa cantidad de cosas que tienes en el frîo, por quê tan atibo-
rrado de ellas?
---Porque asî ni muêvese ni pierde el equilibrio.
---Sabes quê? No pregunto mâs. Sigo leyendo y tomo leche.
---Cômo? Te vas a sentar de nuevo en el sofâ con las piernas cruzadas?
---Cratino, que ya te dije que...
---Sî sî, ya sê lo que me dijiste, pero cômo puedes saber si muero de algûn
mal. No pudiera morir de algûn bien? Quê tû crees, Kosmos?
---"Mâs allâ del bien y del mal" sucede el sucumbimiento.
---Juego, contrajuego y alegrîa!!
---Êsa es la res, Cratino, esa!!
Nueve hora despuês, o sea, a las doce y media de la nocturna, As-
pasia acomoda su tafanario en una de las dos sillas de madera que estân
en el balcôn, empero tuvo que ponerse encima de su bata transparente la
mediana colcha que yo le di, que Noviembre no es el mes mâs propicio
para vestirse con poquita ropa. Seguido a pedirme que trajêrale una copa
de vino, allende que de dejarme saber que llena completa, raudo arrumbê
mis pasos a la cocina para cumplir con el cometido de sin dilaciôn ser o
el responsable o el causante de su prôxima alegrîa, y de paso cogerîa otra
copa para mî, la que de facto llenarîa mâs de una vez. A continuaciôn de
regresar con una botella y las dos copas, de abrir aquêlla y de embadur-
nar el cristal de êstas con el rojo olîmpico, Aspasia mîrame, suspira y de-
ja frente a mis ôculos una sonrisa. Con estas tres señales de que empeza-
ba a tener jovialidad, cômo no aprovechar la ocasiôn para poner la otra
silla al lado de la de ella?, cercanîa garante no sôlo de que penetrase por
mi narîz su aroma fêmino sino tambiên de los toques [ de una mano que,
si no febril, afogarada] que por repeticiôn atizan la flama de las causas
justas o correspondientes.
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