Donnerstag, 29. Februar 2024

42. Raubon, en lengua de los visigodos. Cleptomanîa.

      La lôgica, en el mejor de los casus. es una ancilla fidei, mas la cuestiôn

de la cleptomanîa nada tiene que ver una ciencia formal, un sentido comûn

o una forma de pensar, sino mâs bien con una adicciôn que asôciase a otras

variaciones y otros cambios del organismo. Indefectibles tuvieron que estas

palabras salir a puesto, a colocaciôn, porque Aristarco insistîa en que debîa-

se a una cuestiôn lôgica el robo [de mi llave âurea], lo que es calaña de tes-

tarudez mâs que de otra cosa.    

       Enterada Aspasia de la susodicha adicciôn dejôle saber a Aristarco que

a fortiori  êrale menester una ayuda profesional y, como tal, deberîa acudir 

lo mâs pronto como fuese posible a la consulta psicolôgica y privada de su

padre, añadiendo  que por el pago no se preocupara mucho, porque ella po-

dîa  hacerle entender a su progenitor que quien urgîale una asistencia inme-

diata era un conocido amigo, y que como tal diêrale la posibilidad de pagar

por cuotas. Empero como la Maya de Aristarco era tan grande, por no decir

que su altivez multiplicaba su tamaño, no dilacionô en decir:

--Aspasia, yo tengo fe aunque no sea "dada por analogîa".

--Dada por analogîa, Aristarco? De quê tû hablas? Quê tiene que ver una co-

sa con la otra? Ademâs, quê cura la analogîa?

      Sobre el pucho esta verba de Aristarco sorprendiôme, porque de facto y

de lo que hablaba era de la traducciôn [de forma declinada] de arcilla fidei.

---Aspasia, Kosmos seguro que me entiende.

---Quê no entiende Kosmos, Aristarco? Pero quiên trata de ayudarte, êl o yo?

---Tû, Aspasia, tû.

      Para no entrar en jolgorio semântico con Aspasia, yo recurrî a una aplica-

ciôn muy conocida, y que saliô a relucir no sê cuântas veces en la Kosmona,

o sea, el excurso, y entonces dije:

---Un yo oculto, lo que Pîndaro llamô una imago de vida.

---Kosmos, quê pinta Pîndaro en lo que estamos hablando, a ver, dime?

---Câspita Aspasia!! No pinta nada porque no es pintor.

---Ay, quê gracioso!! Sigue haciêndote el simpâtico, que te pondrê el mismo

castigo que Rubria en tu novelôn.

---Y de cuâl trâtase? Amplifica, amplifîcalo!!

---Nada se sexo en una semana.

---Y a eso tû llamasle castigo? Al contrario, viêneme de maravilla, suntuoso.

---Kosmos, que eso es un castigo duro.

---Lo que sî es duro no es el castigo, sino la dureza que castiga. Me entendis-

te, Cratino?

---Creo que sî.

---Kosmos, que tal dureza no castiga nada.

---Aspasia, sabes lo que diome Cratino?

---No me vayas a decir que algo duro, no?

---Algo blando: un sobre con (el) peculio para pagar la deuda que tengo con 

el mûsico Forligen.

---Dudas no hay, no existen de que Cratino es un buen amigo tuyo.

---Gracias, Aspasia, gracias!!

---Gracias Cratino? Por quê?

---Cômo que por quê? Porque reconoces que soy el amigo êse.

---Pero, Cratino, hay necesariamente que dar las gracias por ese reconocimien-

to?

---Yo te las di sin necesidad alguna de dârtelas.

---Sabes quê? Que me parece que te contagiaste con Kosmos.

---Contagiarme con êl? Eso no es fâcil.

---Aristarco, y te contô algo Sista sobre el encuentro de tu padrastro con Matil-

de Ronco Espinoza?

---Aspasia, Sista no, mas sî mi padrastro.

---Y quê te contô, si se puede saber?

---Que se divirtieron, la pasaron bien y sudaron bastante.

---No revelôte si el delito lujurioso tuvo funciôn?

---Delito lujurioso, Kosmos? A quê te refieres?

---A que si la sentô a horcajadas encima de la hamaca.

---Sobre eso no me dijo nada.

---Aristarco, y no te robô nada esa Matilde Ronco Espinoza.

---No, Cratino, no.

---Y a Teôfilo, el de la razôn ganada?

---Que yo sepa no, Kosmos. 

---Aristarco, y cômo te va con Sista, se llevan bien?

---Aspasia, hasta ahora sî.

---Al principio todo es color de rosas.

---Contra, kosmos, vaya verba para matar ilusiones.

---No, Cratino, no!! No me mata ninguna ilusiôn la verba de êl.

---Seguro que no, Aristarco?

---Seguro!! Que mis ilusiones son tan fuertes que no las matan la verba de

nadie.

---En lo atinente a las ilusiones, saco a puesto al dinamitero?

---Y quiên es ese dinamitero, Kosmos?

---Aristarco, el înclito Nietzsche.

---Kosmos, dêjalo en su lugar, que no estamos para dinamitero alguno.

---Y punto a la raya y que continûe la letra.

---Eso, Kosmos, eso!! Quê, seguimos con la cuarta parte?

---Êsa es la res, Aspasia, êsa!















 









 

















 



  

      





 


  

Dienstag, 27. Februar 2024

41

         Debiôse mi decir: parecêmonos a Rid Van Winkle, el hêroe de un cuen-

to de Washington Irving, y como tal pudiêramos tener un onîrico profundo, a

el olor que habîa en el comedor a pollo asado, el que al ser tan intenso podîa

analogarse con el saliente de una pociôn preparada para encantar al que mâs

cerca tenga su nariz de ella, lo que llevado a mi forma poiêsica no serîa otra 

rerum que la de quedar poseîdo por un belebele de jaez mâgico.

--Kosmos, tû no estarâs cambiando la cosa, o acomodândola a tu manera pa-

ra justificar el hecho de no poder quedar en mutismo?

--Cratino, justificar el susodicho hecho? Câspita!! Vaya verecundia si tuvie-

se que justificar tal cual y a su manera hecho.

--Lo que sî es un hecho es el cambio de las cosas.

--Aspasia, pero aun cambiândolas no vamos a caer en un sueño profundo y

 durante veinte años.

--Serîa bastante lamentable, Cratino, dormir todo ese tiempo. Pero dime el

porquê de que sean precisamente veinte años.

--Porque êse fue el tiempo que durmiô, despuês de beber la pociôn, el hêroe

del cuento.

--Kosmos, me parece que tienes un buen rival.

--Rival no, Aspasia, que mâs bien trâtase de un buen lector y amigo.

--Kosmos, no  le hubieras dicho a  los contertulios de la Kosmona que esta-

bas probando conocimiento?

--Cratino, este decir sale a puesto, a colocaciôn muchitantas veces en mi no-

velôn, mas es uno que, asimismo, pudiera utilizarlo fuera de êste al tener al

frente de mî interlocutores desconocidos.

---No es del todo cierto, porque a mî me lo has dicho mâs de una vez, y yo

no soy un desconocido interlocutor. 

---La costumbre es la madre de todos los vicios.

---Aspasia, me hurtaste el aforismo?

---Digamos, Kosmos, que lo tome prestado. Y dîganme: quê les parece el po-

llo asado?

---Estelar, Aspasia!

---Gracias Cratino! Y tû, Kosmos, quê amplificas?

---Divino, Aspasia, di-vi-no.

---Me gusta que te guste, Kosmos. Gracias!!

---Si caminas como cocinas...

---Kosmos, que tû sabes cômo cocino y cômo camino. Sî, riête, eso. Una pre-

gunta por adelantado: quiên va a fregar, porque yo cocinê?

---Previo a la respuesta, Aspasia, dêjame darte una cosa.

---Cuâl, Kosmos, cuâl?

---Mira, aquî la tienes.

---Muy bien! Cumpliste con lo que me dijiste.

---Con restaurar el billete de cien pesos.

---Y entonces, quiên friega?

---Nosotros, Aspasia, nosotros dos.

---Perfecto!!

         Treinta y cinco minutos despuês Aspasia ensalzô no solamente nues-

tra  labor de fregar los platos, sino que asimismo el fulgir de la cocina por

la limpieza que dîmosle, lo que a su vez diole pâbulo de darnos tres besos

con  sus labios tan frescos que de facto fueron el elixir contra la calentura

que  tenîamos, y no debida a otra cosa que precisamente al trabajo que tu-

vimos y durante el tiempo susodicho. En mi caso cômo no acordarme del

cibioscates  de mi novelôn, empero mâs por el hecho de la atingencia que 

todo  el dîa tenîa con la cocina de palacio que por otra cosa. Y en fin, que

los  tres fuimos a la sala, mas sentândose Aspasia en el sofâ y nosotros en

el piso, y  con el  têlos de responder o de dilucidar yo de acuerdo a lo que

Aspasia leîa de la cuarta parte de mi obra, una de las partes, como ya dije

o dejê saber, mâs largas y con algo de complicaciôn. Entrando en materia,

y cômo primera pregunta hecha por Aspasia, sale a puesto êsta:

--Kosmos, cômo es posible dudar de lo que no sabemos, si precisamente

no lo sabemos?

     Impepinable que ella remitîa a la frase latinizada "melius est enim dubi-

tare de occultis quam litigare de incertis", mas que solamente interesândo-

se  por una parte de la frase como tal, empero al estar yo listo para respon-

derle  acopas suena  el timbre de la puerta, no  siendo otro el visitante que

Aristarco.

---Apareciô el que hasta ora no pudo verse. Quê, Aristarco, te pusiste y el 

sombrero de Zequeira?

---Cuâl sombrero es êse, Kosmos, cuâl?

---Te preguntê, precisamente, porque era posible de que no supieras de lo

que hablo; y asî, que mâs beneficioso no pudiera ser, quedas exento de un 

pensar que te esclavice.

---Kosmos, no es cierto eso de que no pude ser visto, porque en la feria, y

cuando  estaba con Sista, tanto  tû como Cratino  me vieron hablando con 

êsta desde la cabina telefônica.

---Câspita!!, que me revelê yo mismo como mentiroso. Y cômo nosotros 

no vimos que tû nos mirabas?

---Como mismo tû la tienes, yo tengo una pericia.

---De la que entêrome ora. 

--Kosmos, vine para decirte una cosa importante, y una por la que me aver-

güenzo, y la que fue el motivo de mi encuentro con Sista, la que ahora es y

mi novia.

---Cômo? Repite! Que Sista es tu novia? Insôlito! Totalmente asî.

---Ah sî? Y por quê?

---Porque tû no eres el tipo que gûstale a Sista.

---Pues al parecer estâs equivocado, Kosmos.

---Dejemos lo de la equivocaciôn y amplifica la res relevante, amplifîcala!!

---Que no fue Sista la que hurtô tu llave âurea sino yo. Mira, aquî estâ. Te la

doy que es tuya.

---Aristarco, y cuâl es el porquê del hurto?

---Kosmos, ademâs de la tuberculosis, yo tengo un problema adictivo asocia-

do a otros trastornos.

---Cleptomanîa!! Raubon, y cuâles son tales?

---Raubon?

---Êsa es la res, Aristarco, êsa! Escucha. Ladrôn, en lengua de los visigodos,

dîcese Raubon.

---Me entero ahora. No, Kosmos, de tales trastornos no quiero hablar. Espero

que por lo menos no te enfades conmigo, me pongas la cruz.

--Aristarco, nada es tan malo como pudiera ser, reza un senecto principio me-

todolôgico, amên que tû ya me conoces un poco para saber que soy un erastes

de la risa.

---Aun asî, Kosmos, estoy abochornado.

---Aristraco, cuasi todo tiene un motivo que de comprenderse no hay por quê

sentirse con verecundia.

---Grande tu conocimiento, Kosmos, grande.

---Escucha. Hâgamos una cosa: tachonazo y cuenta nueva: de acuerdo?

---Verdad, Kosmos, verdad que eso?

---Totalmente, cien por ciento. Y es mâs, pasa y siêntate con nosotros, y olvîda-

te del ayer que siempre hay un mañana, y de paso cuêntanos cômo te va con tu

novia Sista, digo, si es que no tienes algo que hacer con êsta.

---De hecho ella hoy se queda con su madre Matilde Ronco Esponiza porque y

êsta estâ enferma, asî que paso.

---Adelante, entonces. Pasa!!




























 






 


    


 




















 

Sonntag, 25. Februar 2024

40 (Irse de la dependencia para regresar al cîrculo mâgico)

       El mismo ver no acarrea estupefacciôn, como tampoco traerîa como con-

secuencia el bloqueo de la imago que eyecta su correspondiente potencia; por

ninguna  de las partes  (por la derecha, por la izquierda, por delante y por de-

trâs) que centralice un corpus, que seleccione como la mejor para en el instan-

te  en que sucede sacarle mejor provecho a lo observado, dirîase que dado es-

pecîficamente a la ganacia que saca quedarîa supeditado tan râpido como fue-

se posible, mas  que lo que sî no pudiera eludir es la dependencia, la que mâs

por razones de atracciôn que volitivas cuasi que obliga a prestarle atenciôn al

objetivo que estâ cercano o al frente. A Aspasia cuântas veces no la he visto?

Mas por lo amplificado desdeñar su diseño corporal y, en este momento, ver-

tical en la cocina, resultâbame complicado, empero estando claramente cons-

ciente  de que si  querîa concentrarme en una de las dos cosas que estaba ha-

ciendo (mirando y escribiendo) deberîa  hacer un esfuerzo por olvidarme de 

una  de êstas, pûseme a pensar para despuês no tenerme que arrepentir, sien-

do  asî que decidîme por la escritura, el fulcro preciso para seguir con verba.

Al  darse  cuenta Aspasia  que dejêla de mirar, y a travês del espejo que estâ

en sala, y del que ya dije que podîase ver desde la cocina, no dilaciona y en

hacerme esta pregunta:

---Quê, Kosmos, mâs valen tus palabras en ese papel que mi cuerpo sôlo ta-

pado con el mandil?

      Al canto a la pregunta del todo seguro estaba de que de responderle con

la verba fâcil no lograrîa ponerle freno a su lengua, razôn por la cual, y va-

liêndome de mi pericia que si no de mi facundia, respondîle con uno de mis

mâs preferidos recursos retôricos:

---Salirse del cîrculo mâgico a raîz de retornar a êl significa traicionar a lo

que porta lo prôtido que es imprescindible.

--Sabes quê, Kosmos? Olvîdate de la pregunta que te hice, y sigue en lo que

estâs.

---Age para mî mismo, age!

       Y asî entonces, que mejor elixir de antologîa no existe para parar la len-

gua de Aspasia, continûe con mi trabajo exento de interrupciôn alguna, pero

non plus ultra de nueve minutos suena el timbre de la puerta, lo que justifica

que abandonara mi estudio y arrumbara mis pasos hacîa la puerta.

---Câspita!! Hablando de la corona llegô el rey.

---Kosmos, de cuâl corona tû hablas?

---Cratino, es que no hace mucho dîjome Aspasia de que Juliette vivîa conti-

go, y yo le dije a Aspasia que no por gusto desde hacîa una semana no te veîa.

---Disculpa que no te dije nada ni te llamê, pero estuve bastante ocupado.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo no vas a tener

ocupaciôn despuês de siete años de carecer de novia, de hundimiento, de me-

nesteres caricias [...] de la dadora trifena?

---De la dadora trifena. Sabes que hace rato no escuchaba la palabrita?

---Cômo no creerte? Y dime, ya ingeriste algo?

---No, aûn no. Por quê preguntas?

---Porque Aspasia estâ cocinando. Mira para allâ, para la cocina.

---No me extraña ver asî a Aspasia. Aspasia, quê tal?

---Nada significativo, Cratino, y no me entretengas, que me desconcentro.

---Aspasia, hay basta comida para tres?

---Sî, Kosmos, sî.

---Mirîfico!! Mientras esperamos, Cratino, vamos a mi estudio?

---Vamos, Kosmos, vamos a allî. Quê estâs escribiendo?

---Paranomasias. 

---Ah, otra de tus preferidas figuras retôricas.

---Êsa es la res, êsa!!

          Sentado frente a mi mesa, y en una banqueta que podîa romperse

en cualquier momento debido a su senilidad, Cratino êchale una miradi-

ta al estudio reciente de arqueologîa que el zapatero Clîôn prestôme, pe-

ro  al percatarse de la complejidad que caracterizâbale lo volviô a poner

donde  habîalo cogido. Yo entonces, y para evitarle que padeciera de te-

dio, preguntêle si no querîa entretenerse pegando las dos partes del bille-

te  de cien pesos que estaba encima de la calefacciôn de la sala. A conti-

nuaciôn de su respuesta de que sî no sôlo le di el pertinente pegamento,

sino  que allende  dîjele que ni ocurriêrasale revelarle a Aspasia que fue

êl  quien ocupôse de la restauraciôn, y debido no a otra cosa que a la de

yo no cumplir con el cometido de hacer ese trabajo.

---El cometido de cumplir con ese trabajo? Y por quê un cometido?

---Cratino, es una exagereciôn de mi parte, ya que en realidad lo que sî

que cuasi dêjele seguro a Aspasia que restaurarîalo yo.

---Kosmos, en boca cerrada...

---Êsa es la res, Cratino, no entran agentes voladores transmisores.

---Kosmos, y cômo se rompiô el billete o quiên de ustedes dos lo divi-

diô en dos partes?

---Una respuesta difîcil de responder, Cratino.

---Cômo que una asî?

---Escucha, Cratino, al entrar Aspasia y yo en el mundo debido al impulso

dejado por una emociôn...

---Ah, el mundo de lo cupidoso, como le llamas tû, no?

---Como que no olvidaste cômo llâmolo.

---Kosmos, pero quê tiene que ver tal mundo con este billete?

---Es bastante larga la dilucidaciôn.

---Estâ bien, Kosmos, no hace nada. Dêjala, olvîdala. Y dime: supiste que

esta semana hubo un cambio de moneda.

---Sûpelo hoy temprano por mi vecino y banquero pensionado Metôn. Por

quê preguntas?

---Porque con el cambio perdî algo de mi herencia.

---Lo mismitico pasôle a mi vecino.

---Y cuânto perdiô êl?

---Diez por ciento.

---Ya. Un diez por ciento es algo, pero para êl que tiene medio millôn es ca-

si nada. En fin, que ya lo que perdî perdido estâ, pero a pesar de eso quiero

hacerte un regalo. 

---Câspita Cratino!!, que para mi cumpleaños aûn falta.

---Mira, coge este sobre y âbrelo.

---Peculio? 

---La cantidad que, como deuda, tienes con el mûsico Forligen.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Explicîtasme cômo

la supiste?

---La semana pasada, y despuês de la rendiciôn de cuentas que tuvimos aquî

en tu apartamento..

---Rendiciôn de cuentas, Cratino?

---No es relevante la ocurrencia que tuve.

---Entonces continûa, sigue, avanza [...] desarrôllate verbalmente.

---Bueno, la cosa sigue de la siguiente manera. Saliendo de este edificio me

encontrê con el mûsico Forligen, y seguido a su pregunta de que cômo habîa

terminado la noche en la cabaña, yo le pregunte cuânto tû le debîas

---Gracias muchitantas, amigo mîo, por la dâdiva.

---De nada mi amigo, de nada!!

       Y entonces amplifica en voz alta Aspasia:

---Ya estâ la comida servida, asî que vengan a la mesa, comensales.


































   




 





 












 















   

       



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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...