Sonntag, 25. Februar 2024

40 (Irse de la dependencia para regresar al cîrculo mâgico)

       El mismo ver no acarrea estupefacciôn, como tampoco traerîa como con-

secuencia el bloqueo de la imago que eyecta su correspondiente potencia; por

ninguna  de las partes  (por la derecha, por la izquierda, por delante y por de-

trâs) que centralice un corpus, que seleccione como la mejor para en el instan-

te  en que sucede sacarle mejor provecho a lo observado, dirîase que dado es-

pecîficamente a la ganacia que saca quedarîa supeditado tan râpido como fue-

se posible, mas  que lo que sî no pudiera eludir es la dependencia, la que mâs

por razones de atracciôn que volitivas cuasi que obliga a prestarle atenciôn al

objetivo que estâ cercano o al frente. A Aspasia cuântas veces no la he visto?

Mas por lo amplificado desdeñar su diseño corporal y, en este momento, ver-

tical en la cocina, resultâbame complicado, empero estando claramente cons-

ciente  de que si  querîa concentrarme en una de las dos cosas que estaba ha-

ciendo (mirando y escribiendo) deberîa  hacer un esfuerzo por olvidarme de 

una  de êstas, pûseme a pensar para despuês no tenerme que arrepentir, sien-

do  asî que decidîme por la escritura, el fulcro preciso para seguir con verba.

Al  darse  cuenta Aspasia  que dejêla de mirar, y a travês del espejo que estâ

en sala, y del que ya dije que podîase ver desde la cocina, no dilaciona y en

hacerme esta pregunta:

---Quê, Kosmos, mâs valen tus palabras en ese papel que mi cuerpo sôlo ta-

pado con el mandil?

      Al canto a la pregunta del todo seguro estaba de que de responderle con

la verba fâcil no lograrîa ponerle freno a su lengua, razôn por la cual, y va-

liêndome de mi pericia que si no de mi facundia, respondîle con uno de mis

mâs preferidos recursos retôricos:

---Salirse del cîrculo mâgico a raîz de retornar a êl significa traicionar a lo

que porta lo prôtido que es imprescindible.

--Sabes quê, Kosmos? Olvîdate de la pregunta que te hice, y sigue en lo que

estâs.

---Age para mî mismo, age!

       Y asî entonces, que mejor elixir de antologîa no existe para parar la len-

gua de Aspasia, continûe con mi trabajo exento de interrupciôn alguna, pero

non plus ultra de nueve minutos suena el timbre de la puerta, lo que justifica

que abandonara mi estudio y arrumbara mis pasos hacîa la puerta.

---Câspita!! Hablando de la corona llegô el rey.

---Kosmos, de cuâl corona tû hablas?

---Cratino, es que no hace mucho dîjome Aspasia de que Juliette vivîa conti-

go, y yo le dije a Aspasia que no por gusto desde hacîa una semana no te veîa.

---Disculpa que no te dije nada ni te llamê, pero estuve bastante ocupado.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo no vas a tener

ocupaciôn despuês de siete años de carecer de novia, de hundimiento, de me-

nesteres caricias [...] de la dadora trifena?

---De la dadora trifena. Sabes que hace rato no escuchaba la palabrita?

---Cômo no creerte? Y dime, ya ingeriste algo?

---No, aûn no. Por quê preguntas?

---Porque Aspasia estâ cocinando. Mira para allâ, para la cocina.

---No me extraña ver asî a Aspasia. Aspasia, quê tal?

---Nada significativo, Cratino, y no me entretengas, que me desconcentro.

---Aspasia, hay basta comida para tres?

---Sî, Kosmos, sî.

---Mirîfico!! Mientras esperamos, Cratino, vamos a mi estudio?

---Vamos, Kosmos, vamos a allî. Quê estâs escribiendo?

---Paranomasias. 

---Ah, otra de tus preferidas figuras retôricas.

---Êsa es la res, êsa!!

          Sentado frente a mi mesa, y en una banqueta que podîa romperse

en cualquier momento debido a su senilidad, Cratino êchale una miradi-

ta al estudio reciente de arqueologîa que el zapatero Clîôn prestôme, pe-

ro  al percatarse de la complejidad que caracterizâbale lo volviô a poner

donde  habîalo cogido. Yo entonces, y para evitarle que padeciera de te-

dio, preguntêle si no querîa entretenerse pegando las dos partes del bille-

te  de cien pesos que estaba encima de la calefacciôn de la sala. A conti-

nuaciôn de su respuesta de que sî no sôlo le di el pertinente pegamento,

sino  que allende  dîjele que ni ocurriêrasale revelarle a Aspasia que fue

êl  quien ocupôse de la restauraciôn, y debido no a otra cosa que a la de

yo no cumplir con el cometido de hacer ese trabajo.

---El cometido de cumplir con ese trabajo? Y por quê un cometido?

---Cratino, es una exagereciôn de mi parte, ya que en realidad lo que sî

que cuasi dêjele seguro a Aspasia que restaurarîalo yo.

---Kosmos, en boca cerrada...

---Êsa es la res, Cratino, no entran agentes voladores transmisores.

---Kosmos, y cômo se rompiô el billete o quiên de ustedes dos lo divi-

diô en dos partes?

---Una respuesta difîcil de responder, Cratino.

---Cômo que una asî?

---Escucha, Cratino, al entrar Aspasia y yo en el mundo debido al impulso

dejado por una emociôn...

---Ah, el mundo de lo cupidoso, como le llamas tû, no?

---Como que no olvidaste cômo llâmolo.

---Kosmos, pero quê tiene que ver tal mundo con este billete?

---Es bastante larga la dilucidaciôn.

---Estâ bien, Kosmos, no hace nada. Dêjala, olvîdala. Y dime: supiste que

esta semana hubo un cambio de moneda.

---Sûpelo hoy temprano por mi vecino y banquero pensionado Metôn. Por

quê preguntas?

---Porque con el cambio perdî algo de mi herencia.

---Lo mismitico pasôle a mi vecino.

---Y cuânto perdiô êl?

---Diez por ciento.

---Ya. Un diez por ciento es algo, pero para êl que tiene medio millôn es ca-

si nada. En fin, que ya lo que perdî perdido estâ, pero a pesar de eso quiero

hacerte un regalo. 

---Câspita Cratino!!, que para mi cumpleaños aûn falta.

---Mira, coge este sobre y âbrelo.

---Peculio? 

---La cantidad que, como deuda, tienes con el mûsico Forligen.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Explicîtasme cômo

la supiste?

---La semana pasada, y despuês de la rendiciôn de cuentas que tuvimos aquî

en tu apartamento..

---Rendiciôn de cuentas, Cratino?

---No es relevante la ocurrencia que tuve.

---Entonces continûa, sigue, avanza [...] desarrôllate verbalmente.

---Bueno, la cosa sigue de la siguiente manera. Saliendo de este edificio me

encontrê con el mûsico Forligen, y seguido a su pregunta de que cômo habîa

terminado la noche en la cabaña, yo le pregunte cuânto tû le debîas

---Gracias muchitantas, amigo mîo, por la dâdiva.

---De nada mi amigo, de nada!!

       Y entonces amplifica en voz alta Aspasia:

---Ya estâ la comida servida, asî que vengan a la mesa, comensales.


































   




 





 












 















   

       



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