Hasta donde estoy informado el barrio La Chabola fue construido encima de un
barrio derruido que fue en tiempos lejanos tambiên uno de la prostituciôn. Referente
a este barrio inveterado, y onomado La bola por su construcciôn en forma de cîrculo
( o circular), por lo que no me extrañarîa que coincidieran en un mismo punto tanto
comienzo como final, contôme mi tîo un dîa sobre la carrusiana Margarita, una fêmi-
na con patas largas y con un cabello rojizo que llegâbale cuasi al tafanario, y la que
preferîa la hamaca para tener lûdico amoroso y por la siguiente razôn: por la del mo-
vimiento de izquierda a derecha al ser una colgante cama, empero que un movimien-
to que simultâneamente al movimiento del cuerpo duplicaba el deleite, hacîa mâs sa-
brosa la fruiciôn. Mas segûn mi tîo, y algo que dîjome tan seriamente que mentira no
podîa ser, a este movimiento de la hamaca y el cuerpo a la misma vez tuvo que acos-
tumbrase, porque al experimentarlo por primera vez acarreôle mareo, un ôbice con-
tra el deleite y la fruiciôn. Ahora bien, y por esto que contôme, no tendrîa yo que ser
adivino para saber el porquê de que en la sala de su apartamento tenga mi tîo una ha-
maca, y que en êsta hâyale (actualmente) pedido a Matilde Ronco Espinoza que deja-
ra caer su cuerpo, la que asimismo tiene patas largas y un crecido cabello pintado de
rojo, mas que no tan alongado como para llegarle hasta la parte del cuerpo susodicha.
En fin, y creo yo, una cuestiôn de resonancia, de atrâs, o de la sombra que impera in-
deleble.
Como ya habîa dicho, el barrio la Chabola, y por donde he pasado (ya) tantas ve-
ces que he perdido la cuenta exacta/concreta/precisa de la sûmula de atravesarlo de
un lado a otro, fue el aliciente para incorporar en mi novelôn (La cazuela de Vitelio)
una zona descollante en agitamiento y excitaciôn: la de Omonia, y en la ciudad del
ocio (Apragôpolis). Etimolôgicamente, la raîz de la palabra Omonia, algo que tam-
biên ya saquê a puesto, a colocaciôn, serîa del interês, de un tremendîsimo atracti-
vo de cualesquier criaturas que por naturaleza tengan una apellidada afogarada, que
si no una con tendencia al exhibicionismo, al mostramiento con soltura (o con sor-
na) de componentes o elementos dados por el diseño de la natura, la que ni equivô-
case ni comete fallos. Mas lo que sî no he dicho es que quien envîciese con este ba-
rrio lo primero que pudiêrale pasar es que carezca de sueño; lo segundo, que piêr-
dase como Martîn en el bosque, significando perderse no tener un control absoluto,
un dominio de las precisiones y de las apreciaciones indispensables e imprescindi-
bles.
De lo que sî no estoy claro es de una cosa: de si el ônoma la Chabola pûsose-
le a este barrio con el fin de que pegara, como un lûdico de palabra, con el nombre
la bola, como llamôse al barrio asimismo de la prostituciôn que fue derruido y an-
terior a la Chabola. Mas si digo que no estoy claro de esta cosa no es con el propô-
sito de sacar a puesto, a colocaciôn mi carencia de conocimiento al respecto, sino
mâs bien con el fin de mantener la disposiciôn adecuada para adquirir la informa-
ciôn pertinente que permitirîame amplificar con mâs soltura/opulencia/riqueza so-
bre lo que existe en esta ciudad ya un tanto senecta, que asimismo acosada por el
polvo y cuasi frita por la pudiencia de los rayos apolîneos que câenle encima, y de
los que sâlvase, de vez en cuando, por el cambio climâtico que acopas traslada de
un continente a otro la caricia blanca, y por este traslado cômo yo no dirîa, dejarîa
de decir la palabra eureka, y la que resuena [en La cazuela de Vitelio] como matra-
ca china.
Curiosamente, y al pasar por delante de dos carrusianas que conversaban como
si fuesen întimas amigas, escucho decir a la mâs alta de las dos que su progenitora
aprendiô muchîsimo de los hombres trabajando como prostituta en el barrio la Bo-
la, y que cuando soltâbase su cabello rojizo, el que casi llegâbale a las nalgas, po-
quitîsimos, contados con los dedos eran los mâsculos que dejaban calaña de indi-
ferencia. Y entonces, cômo no dar como posible que la susodicha progenitora no
era otra que Margarita? A raîz de esta pregunta miro con fijeza a la carrusiana, y
despuês de ella darse cuenta que mirâbala pregûntame:
---Quê, te gusto o te caigo bien?
---Te responderîa que ni una cosa ni la otra.
---Ah no, y entonces cuâl es el porquê de tu mirada?
---Porque por lo que acabo de escuchar, y salido de tu boca, me parece que tu pro-
genitora es Margarita.
---Pues sî, ella misma es. Y cômo sabes su nombre?
---Lo sê por esto. Escucha.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen