Mittwoch, 8. April 2026

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de

mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la etimologîa de este nombre: del latîn 

Terentuis, alusiôn a terentum, lugar  del campo de Martes destinado a la celebraciôn de 

los juegos ( liber El significado de los nombres, pâg 252). Extendiendo un poco la cosa, 

serîa algo raro/extraño que encontrârame con una  criatura llamada asî, yo que precisa-

mente soy un erastes del lûdico? Entonces, (y) lo que de facto es indeleble, entra en rol 

la causalidad. Interesantemente, aun sin intercambiar verba --corta, larga o de otro jaez

---- con êl, por otra vîa de  comunicaciôn  supo que existîa entre  nosotros una atingen-

cia, un enlace, Teniendo en cuenta que no hace muchitanto aprendî una lecciôn, de mâs 

estarîa subestimarlo pensando  que como cartero no pudiera saber la procedencia de su 

nombre, pero  como estaba de  servicio no hîcele  una pregunta con el fin de enterarme  

hasta  dônde  llegaba su  conocimiento al respecto. Por la cuestiôn de la seguridad, que 

sin êsta peligra [indubitable/irrefutablemente]  la privacidad de los que reciben cartas y 

otros  documentos confidenciales, êl pidiôme que  abriera mi buzôn  con el objetivo de 

estar seguro de que era el mîo, algo que hice en un periquete y por lo cual quedô exen-

to de la sospecha/duda. A continuaciôn, y con una tremendîsima/notable/conspicua se-

riedad, deseôme  que tuviera un buen dîa, mas  con un acento tan desconocido para mî 

que  me fue imposible  reconocer a cuâl locaciôn del orbe pertenecîa, su tipicidad forâ-

nea. Y entonces preguntême: quê, esto forma parte del juego o de la causalidad que en-

trô en rol?

      Cuando penetrê en mi apartamento, que por cierto con un poco de atraso, porque en 

vez  de en quince  regresê  treinta  minutos despuês de haber salido, de haber cerrado la

puerta, lo primero que preguntôme Aspasia fue que adônde habîa ido a comprar las dos

botellas  de vino, siendo Sista la  que responde por ser hasta cierto punto la culpable de

mi demora.

---Aspasia, y sin que lo tomes como una defensa, cuando kosmos llegô al negocio de

Cristina se encontrô con nosotras, pero como no nos reconociô hizo falta un diâlogo y

del que  saliô el porquê de  pintarnos el cabello, y tû sabes mâs que bien que los inter-

cambios  de palabras de tu novio no son tan cortos como para que terminen râpido. Y

otra cosa: kosmos se acaba de encontrar con Terencio y.....

----Y quiên es Terencio?

---El cartero.

---Sista, y quê tiene que ver este cartero con la demora de kosmos?

---Por lo que vi, Kosmos tuvo que esperar a que Terencio terminara de echar las cartas

en los buzones para abrir su buzôn, y esto lleva tiempo.

---Sista, se nota tu pericia, pero igual, que el atraso no es borrable.

---Aspasia, y por quê Cratino y familia aûn no han llegado?

---Kosmos, y segûn lo que me dijo Juliette, estân atrasados.

---Câspita, el juego del atraso!! Vaya, Juliette no te llama para decirte cômo le va, mas

sî te llama para dejarte saber que hay atraso.

---Y no es correcto que me lo diga?

---Lo correcto dêjame pensar!! De haber un correcto despuês de un incorrecto es que....

---Que nada, Kosmos, que nada, que tus reflexiones me ponen nerviosa. Sabes quê?

---Amplifîcalo, Aspasia, am-pli-fî-ca-lo!!

---Que me des las dos botellas de vino y te calles la boca.

---Aquî estân, y frescas sacadas de mi bolsa.

          Y non plus ultra de siete minutos llegô Cratino y familia. Por tener que decir-

me una cosa que no podîa ser postergada, y despuês de saludar a toditos los presentes,

côgeme por el brazo derecho Cratino, pêgase a mi oreja izquierda y amplîfica esto:

---Kosmos, Francisco Sotolongo Almendrades fue el encargado/responsable de sele-

ccionar, entre algunos de los generales dispuestos a hacer el trabajo, conscientes de la

ganancia, del  privilegio y del  beneficio que  tendrîan en el por-venir, al director del 

nuevo museo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y cômo tû lo sabes, Cratino,

porque esto no saldrîa como noticia en ningûn periôdico?

---Kosmos, se te olvidô que vivo en el edîculo mâs alto de la ciudad erigido en el ka-

rakorum? 

---Como que me quieres decir que el susodicho edîculo funciona como una antena?

---Cômo no saber que serîa rauda tu captaciôn?

---Se puede saber de que ustedes estân hablando?

---Aspasia, porque mejor no te ocupas de atiborrar las copas con la dadorîa de Baco

que comprê?

----Kosmos, la compraste tû, es cierto, no es mentira ni juego, pero se te olvidô que 

con mi peculio?

----Câspita!! Quê,liebling, buscas un motivo de venganza?

----Liebling? Primera vez que te escucho decir esta palabra, y tan edulcorada que.....

Sabes quê? Te has ganado que me ponga en funciôn de inclinar la botella y embadur-

nar de rojo el cristal de las copas.

----Kosmos, las fêminas contra la verba dulce no tienen antîdoto.

----Cratino, que te oî perfectamente.

----Entonces, Aspasia, tengo o no razôn?

----Aspasia, nos podemos reîr?

----Quê si no, kosmos, quê si no?




















  








 





 




 

   

Dienstag, 31. März 2026

198

      Como terminê en quince minutos con el trabajo de ordenamiento quedâbanme quin-

ce  minutos mâs para esperar por la llegada de Cratino y familia, mas como Aspasia me

dijo  que la reserva de vinos que tenîamos se habîa acabado pidiôme de favor que fuera

a comprar  dos botellas con la  dadorîa de Baco, las que claramente comprarîa en el ne-

gocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn. 

     Ineludiblemente vuêlvome a encontrar con Metôn, el que subîa por la escalera en el

momento  preciso en que yo bajaba, allende que acariciando el papel del billete de cin-

cuenta pesos que me dio Aspasia. Siendo êl un banquero pensionado, cômo no pudiera

entender  el porquê de yo  suavemente tocar el  billete, y por lo mismo dîjome que sus  

sueños  de ser alguien con algo de peculio, de contar con una sûmula de dinero que hi-

ciêrale  la vida mâs  fâcil cumpliêronse  precisamente haciendo lo que yo hacîa. Hasta

cierto punto no doy como imposible lo acabado de escuchar, empero por una cuestiôn

que  en este instante no es la adecuada  sacar a puesto, a colocaciôn, no estoy del todo 

convencido  de que alguien hâgase rico con tan solamente acariciar un billete, una for-

ma de obtener que resûltame mâgica, de taumaturgos.

--Kosmos, y quê, te vas de compra?

--Metôn, voy al negocio de Cristina a comprar dos botellas de vino rojo, porque tengo

la visita de Cratino y familia.

--Alguna vez te dije que por haber tomado tanto vino rojo un dîa dejê de tomarlo?

--Metôn, puêdole decir que su pregunta nada tiene que ver con la pêrdida de su nemô-

sine, sino mâs bien con el no decirme jamâs, hasta ora lo que ha dîchome.

--Igual, ya lo sabes. 

--Metôn, lamento no poder mâs tiempo quedarme horizontal frente a usted.

--Entiendo, kosmos, entiendo. Que la pases bien con la visita, que siempre es posible

volvernos a encontrar.

--Êsa es la res, Metôn!! Sin negaciôn la misma y exenta de refutaciôn.

--Tû y tus ocurrencias, lo inseparable. Adiôs, Kosmos, adiôs!!

--Adiôs, Metôn, adiôs!!

         Cuando lleguê al negocio de Cristina lo primero que penetrô por mis ôculos fue-

ron dos chicas que estaban de espalda y con los brazos apoyados sobre la mesa donde

estâ la caja; el cabello de una era castaño oscuro; el de la otra rojizo, y ambas arropa-

ban su cuerpo de la cintura hacia abajo con una falda de tubo negra, por lo que  raudo 

preguntême  por quê lo que  estâ para mî nadie quîtamelo, porque si quitâranmelo no 

tendrîa que ser testigo visual de lo sobresaliente debido a lo ceñido de este vestuario  

fêmino. Pero  mirando me  doy  cuenta de una cosa: que de  uno de los bolsillos de la 

mochila  de la chica con el  cabello pintado de castaño oscuro salîa a relucir un llave-

ro del que colgaba un elefante azul, razôn por la cual supe de inmediato quiên era ella: 

Sista. Simultâneamente, y tan  inteligible que en vano serîa hablar de la justicia meta-

fôrica, y muchitanto menos aludir al artîfice erastes de esta justicia,  Cristina dîceme 

que era mejor  que escogiera el vino que  comprarîa hoy, que de  seguir  manteniendo 

la fijeza de mis retinas en lo ajustado/apretado terminarîa con malestar de testa, sien-

do entonces que Sista da media vuelta y destaca estas palabras:

--Kosmos, como si no supiera lo que mâs desean tus ojos, que no estuve por gusto dos

años y medio contigo.

--Câspita!! Que no estuviste por gusto? Y por quê, entonces, por interês?

--Tû me entendiste perfectamente, asî que no te hagas el gracioso. Vaya, quê si no que

reîrte?

--Sista, y puêdese saber el porquê de que aûn tû tengas el llavero de Aristarco?

--Kosmos, el llavero sin la llave de su apartamento.

        Sobre el pucho vîrase Irene, y un tanto molesta, aun no siendo esta cantidad, com-

paraciôn  implîcita  por una  cuestiôn nominativa, causa de atiborramiento,  suelta esta 

verba que deja calaña de celosîa:

---Kosmos, ese nombre mâsculo no lo vuelvas a mencionar, que la relaciôn de êl con

Sista hace rato que se acabô.

---Irene, solamente preguntê por curiosidad, asî que vuelve al redil, compôrtate bien

como hasta el sol de hoy te has comportado conmigo. Y pregunto: por quê ustedes se

pintaron el cabello?

---Kosmos, y aunque lo tuviêramos del mismo color de siempre no tendrîas en cuen-

ta eso que te oî repetir con un estusiasmo notable de que lo que no entra por los ojos

no entra por ninguna otra parte?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Sista!! Vaya memoria la tuya.

---A ver, Kosmos, a ver, dime: quê importa para ti el cambio de color?

---Irene, no es que impôrteme, sino mâs bien trâtase del reconocimiento.

---Y si nos hubieras reconocido dejarîas de mirarnos?

---Eso no es posible por una cosa de hormonas.

---Y esta cosa de hormonas no es importante?

---Como es cosa de hormonas sî lo es! Pero, quê es esto, un contagio socrâtico?

---No sê nada de eso!

---Entonces, sabes algo: que no sabes nada de eso.

---Y si lo sê, quê?

---Que no sabes nada del susodicho contagio, mas que si sabes preguntar en busca, con

el propôsito, con el afân de hallar la verdad.

---De madre, de padre y de toda la familia!! Quê complejo que te pones!

---Kosmos, cuântas botellas te pongo.....encima de la mesa?

---Cristina, dos, si es que aûn el precio es de veinticinco pesos, porque sôlo mi capital

llega a cincuenta pesos.

---El precio no ha cambiado, pero como no has escogido, te pongo dos botellas del vi-

no que cuasi siempre compras?

---Êsa es la res, Cristina!!

---Como que me parece que hay fiesta, celebraciôn, no?

---No exactaente, Sista, sino mâs bien brindis de copas por el nacimiento de la hija de

mi buen amigo Cratino.

---No me digas, verdad? Y no podemos estar presentes en el brindis?, es que estamos

aburridas.

---Aburridas y las encuentro en este negocio? Acaso aquî no se entretienen ya sea ha-

blando con Cristina o bebiendo sin pagar?

---Una aclaraciôn, kosmos.

---Cuâl, Cristina, cuâl? Am-pli-fî-ca-la!!

---Aquî ninguna copa es gratis; el pago es obligatorio, aunque la persona que tome

sea una amistad mîa.

---Kosmos, entonces  quê, podemos ir contigo a tu apartamento o no? No te preocu-

pes, que si Aspasia dice algo me encargo de virar la cosa, de manejarla hasta el pun-

to de hacerla creîble, que hasta dônde sê de tu novia no es una criatura difîcil de con-

vencer, a pesar de hacerte creer que no es fâcil de entrar en caja cuando lo que la do-

mina  es o la emociôn o el resentimento, cuando lo que quiere lograr es algo concre-

to/especîfico/inpostergable.

---Aplausos, Sista, a-plau-sos!! Nôtase, por tu verba, que has aprendido muchitanto.

Con  este  conocimiento, cômo  negarte la invitaciôn? Mi  relaciôn no periclita si la

lengua que muêvese domina la pericia menester para hacer creer.

---Y esa lengua es la mîa, no?

---Sin dudas y sin sospechas!!

         Respecto a Irene la notê un poco melancôlica, porque ir a mi apartamento sig-

nifica que estarîa (a poca distancia) cerca del suicidio de su progenitor, mas por sen-

satez sobre este hecho existencial guardê mutismo, porque a la postre y al cabo vale

no mucho una demostraciôn de condolencia con una verba que no es garante del ma-

nipulativo ajuste con el cual el/la que padece de un sufrimiento por una falta familiar

quedarîa  exento/ta de la  duda de  que sî es por  destino o por ôntica valoraciôn que 

es  mejor no continuar viviendo, preferible/ponderante un Ende solucionante que un 

despuês sustentado por [lo ilusivo] la ilusiôn, incluso siendo hontanar êsta de alguna

que otra reciedumbre que proporciônale ( o es garante de darle) al agente un porcien-

to de resistencia, de valor....de aguante.

---Kosmos, y en quê piensas ahora? No fue suficiente con el diâlogo que tuvimos?

---Tû sabes, Sista, que con los diâlogos es posible el desarrollo y alongamiento de la

verba, pero  no son los  ûnicos dadores del elixir por el cual llego a la satisfacciôn, o

al culmen de un pensar determinado.

---No sê, Kosmos, pero me parece, y por la forma en que me mirabas, que tengo que

ver con lo que estabas pensando.

---Êsa es la res, Irene! 

---Y se puede saber quê es?

---Conviêneme que quiêraslo saber, porque solamente sabiêndolo pudieras decirme

si estaba en lo cierto de lo que en ti notê.

---Y da tiempo a que me lo digas siendo la distancia que hay entre este negocio y tu

apartamento no muy larga?

---Si dîgotelo sin agregados sî; si con un plus, una forma estratêgica para lograr un

determinado fin, no.

---Kosmos, olvîdate del plus, que seguro que con lo que me dirâs basta.

---Olvidado, Irene, ol-vi-da-do.

---Muy bien. Bravo!!

---Kosmos, aquî estân las dos botellas, asî que dame los ciencuenta pesos.

---Te lo doy sin dilaciôn, mas no acaricies el papel del billete, porque....

---Kosmos, dâmelo y vete, que no puedo con tus ocurrencias/inventos.

---Risas, Cristina, risas!!

---Y chicas, adiôs, y hasta la prôxima.

---Hasta pronto, Cristina, y te deseamos buena suerte con tu negocio.

---Gracias, Sista, gracias!!











      




   







 
























 











 



 










   





Donnerstag, 26. März 2026

197

       Al canto de finalizada la llamada, y dejando calaña de un mejor estado de ânimo, lo

que significa que si yo quisiêralo pudiera tener un intercambio de verba con ella sin ne-

cesidad  alguna de ponerle  limitaciones  a mi  facundia, Aspasia preguntôme que creîa 

yo sobre la lejanîa, el distanciamiento de Juliette. Nada difîcil de entender que esta pre-

gunta  debîase a que Juliette  aun no habîala  llamado ni tan  siquiera para decirle cômo

sentîase despuês del parto, mas como es sensato no decir nada si es que algo desconôce-

sê, que no por gusto dijo Wiittgenstein que de lo que no se puede hablar es mejor callar,

y de lo desconocido no puêdese hablar, respondîle que si a pesar del pasar, de lo que es-

tâ sucediendo, aun consideraba a Juliette como una buena amiga que llamârala. 

--Kosmos, tû me conoces lo suficientemente bien como para saber quê puedo hacer, y

que no de acuerdo a mi forma de ser, a mi naturaleza, asî que eso de llamarla......

--Aspasia, ostensible que te conozco, mas tû sabes, y no solamente por experiencia si-

no que asimismo por ser una criatura instruida, que si uno quiere puede igual la natura-

leza que tenga y la identidad o que define o distingue.

--Eso de que si uno quiere puede....no sê, tengo mis dudas, mis tropiezos concienciales.

Hay  algo mâs, y mâs  fuerte, que el querer, y no me digas que lo amplifique. Por quê?

Porque lo desconozco.

--Câspita!! Y si lo desconoces cômo sabes que es algo mâs fuerte?

--Porque lo siento, se apodera de mî....me aprieta como tentâculos pulposos.

--Sabes una cosa? Me ha encantado lo de tropiezos concienciales y me aprieta como

tentâculos pulposos.

--Me gusta que te guste!

--Ocûrreseme algo. 

--De quê se trata?

--Que puedo llamar a Cratino para preguntarle si puedes venir conmigo a su apartamen-

to, si es que ese algo mâs fuerte no lo impide.

--Esto ya es otra cosa, y muy diferente, totalmente distinta por ser tû el que llama, y al

buen amigo tuyo.

--No creo que Cratino dîgame que no, mas debemos ir despuês de las doce del dîa.

--Por quê?

--Porque la progenitora de Juliette estâ de diez a doce.

--Cômo? Tû no me dijiste que Juliette no querîa saber nada....

--Sê cômo termina tu pregunta. En lo atinente pregûntele a Cratino, y respondiôme que

êl no sabîa quiên le dio la direcciôn de su apartamento a Juliana.

--En fin, que Juliana la sabe.

--Êsa es la res!! Concêdeme un par de minutos para llamar a Cratino.

--Concedidos!!

          Es por todo el mundo sabido que los cambios mayores dilaciônanse en suceder, 

porque menesteran del tiempo para que la transformaciôn no sea endeble; mas existen 

los  cambios menores que nada tienen que ver con el tiempo, sino que mâs bien o con

un antojo o con  una decisiôn. Si digo esto no es con el objetivo de fijar la base de mi 

prôximo  discurso; sâcolo a  puesto, a colocaciôn  por esta razôn: por decirme Cratino 

que en vez de nosotros  ir a su vivienda, Juliette, Julieta y êl  vendrîan a nosotros, una

resoluciôn tomada por Juliette por ser la ûnica manera de escapar de las dos horas con

la presencia de su progenitora, y que llegarîan en media hora, motivo por el cual Aspa-

sia  sobre el pucho fue en  busca de los  utensilios de limpieza. Tocarîame a mî, enton-

ces, el trabajo de ordenamiento, aunque sinceramente dicho el reguero que habîa tanto

no era, (y) lo que significa que terminarîa en un periquete.  

        Fue una  tremendîsima excepciôn que Aspasia encendiera el radio para escuchar

mûsica clâsica, la  mûsica que encântale mas que jamâs/nunca la oîdo cuando hace lo

que estâ haciendo, amên que hacedero por no ser la primera vez que lo ha hecho, y lo

que traduce que la repeticiôn de lo mismo hace posible que hâgase algo con facilidad,

sin que esto sea garante de lo perfectivo. Sacando lasca de la masa esta, que dê o pue-

da  dar  perfecciôn  cualesquier  cosas no es tan  relevante como la concentraciôn, un

componente mental que sî es garante de que lo que estâ haciêndose hâgase sin pensar

en  nada mâs  que en el  hacer con fijeza. Tengo en cuenta, no pierdo de vista ni paso 

por alto la preparaciôn  que hay que tener para que uno quede exento de la atracciôn 

por algo que interpônese entre el sujeto y el objeto en el momento finito en que es so-

lamente  una cosa la que debe mirarse, mas no creo que sea imposible esta expresiôn;

la  que yo, poiêsicamente, apellido con barba: el que quiere, puede, y queriendo puê-

dese tener una preparaciôn. Êsa es la res!!

--Kosmos, olvîdate de la res y concêntrate en lo que tienes que hacer.

--Por  el oro de las  retamas y la pûrpura de los brezos!! Si tû supieras que yo estaba 

en eso.

--En quê?

--En lo de la concentraciôn.

--Ah!! So? 

--Aspasia, desde cuândo estâs interesada por el alemân?

--Kosmos, no es que lo estê, sino mâs bien que se me pegô el so por no ser difîcil de

decir, ademâs que corto.

--Ah so!!

--Quê, te burlas?

--La mofa es fundamental para engendrar en el interlocutor el motivo de entrar en li-

za con la criatura que bûrlase.

--Pues sabes quê? Sigue burlôn, que ahora no estoy para entrar en combate/lucha/co-

lisiôn contigo.

--Quê, estâs concentrada?

--Kosmos, si tû no quieres que te golpee la testa con el trapeador.....

--Risas, Aspasia, risas!!



 









    




 




  




 

 



 

















Sonntag, 22. März 2026

196

         Y  no  muchitanto  despuês de  haber terminado  con  mi improvisada discursiva, 

Aspasia  levântase con tremendîsimo mal humor, allende que molesta por yo no haber-

le dejado preparada la cafetera. Pudiera entender que su estado de ânimo no sea el ade-

cuado para tener un diâlogo, entrar en verba con ella con el fin o de fastidiarla o de ha-

cerla reîr, empero lo que sî no comprendo es el porquê de que estê disgustada por algo 

tan banal/insignificante: un poco de agua y unas cucharaditas de las simientes del cafe-

to molidas.[ No descarto que en un mînimo porciento yo tenga medida de culpa por ha-

berla malcriado al ofrecerme  voluntariamente para hacer cada mañana lo que no lleva 

muchitanto  trabajo por no ser algo  hacedero con  sûmula de complicaciones, mas  de 

esto  a que ella tome en serio la cuestiôn en sî son otras palabras]. Sabiendo/conocien-

do  que bloqueando el  orificio por  donde êntrale el agua al coco es la mejor soluciôn

contra todo  aquello que opôngase a un bienestar o a un beneficio, quê otra rerum que-

darîame por hacer que una con raudo efecto, y a saber la siguiente: la indiferencia; pe-

ro, y de acuerdo con los estoicos, la apatîa sabia.

      Ni pataletas ni rabietas improvisadas lograrîan eludir un desinterês causal. Ni es-

pasmos  ni contracciones cambiarîan el sentido de una aplicaciôn apabullante. Ni eri-

zamientos  patêticos ni intensos  sollozos  lenificarîan el potencial lingüîstico, y ni la

resistencia fingida pasarîa a tener un rol simulado, un conjunto de fundamentaciones

ad hoc que de faltar quedarîa la fiesta huera del alimento que sustêntala, que le da su

prolongamiento, su ser  como es, su eyectar pincelado a pesar de que todo no mantiê-

nese  igual, aunque un poco parecido al ayer y anteayer de un consumo verbal que de

facto empolla a un estilo expresivo.

        A la postre y al cabo, y porque conôceme lo basto como para darse cuenta, aun-

que sin detectar especîficamente la cosa como tal, sabe Aspasia cômo salir ganando,

lograr lo que quiere cuasi siempre con la misma triquiñuela seductora, que no depre-

cando  lo que desea repitiendo si no conocida una frase que escuchada deja resonan-

cia. No  hay que olvidar  que los oîdos mâsculos pierden reciedumbre cuando lo que

penetra en ellos da pâbulo de pasar a la acciôn----dice mi tîo---, empero yo mâs bien 

creo  que de lo que trâtase no es de otra cosa que de la subrutina masculina que actî-

vase por la vibraciôn del sonido y sin que intervenga ningûn factor coaccionador.

      Veinte  minutos despuês llâmame Cratino, y para decirme que si querîa podîa ir

a visitarlo, mas despuês de las doce del dîa, porque de la diez a las doce Juliette ten-

drîa  la visita de su  progenitora, la señora Juliana. Sobre el pucho de escuchar esto,

porque  hasta donde yo  sabîa Juliette negôse a que su madre supiera su nûmero de 

telêfono y su direcciôn, hîcele a Cratino la tempestiva pregunta, respondiêndome êl

que ni tenîa la mâs mînima idea de quiên le dio a Juliana la direcciôn. Con el fin de

no perturbar a mi buen amigo con mis preguntas tîpicas, las posibles a continuaciôn

de mi frase punto a la raya y que continûe la letra, fue que dîjele que estarîa presen-

te  en su apartamento en el  Karakorum en el susodicho horario, empero que si aûn

Juliana no  habîase ido  que dejâramelo saber, porque realmente no êrame apacible

contemplar  el semblante de una madre  que no vio a su retoño veintitrês años. Co-

mo  bien sabe Cratino que esta verba mîa ora nada tiene que ver con el lûdico, con

la marranada que repito y satisfâceme, dîjome que por lo mismo que yo habîa aca-

bado  de decir, Juliette  dîjole a su progenitora que mâs de dos horas no podîa que-

darse, alongar  la comodidad de  su tafanario en la silla donde estaba, una ocurren-

cia verbal que provocôme la risa. 

--Kosmos, no creas que estoy serio, pero pasa que mi risa es mâs silenciosa que la

tuya.

--Cratino, cômo desconocer  que las risas tienen diferentes niveles, o mejor dicho.

exactivando, dîsîmiles categorîas.

--Eso!! Lamentablemente tengo que colgar, porque debo ocuparme de darle la ma-

madera a Julieta....

---Por el oro de la retama y la pûrpura de los brezos!! Con los mâs de un ônoma que

existen para decir biberôn tû has dicho uno que....

---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero fue el primero que me vino a la mente. Nos vemos.

---Al avîo, êsa es la res!! 

---Kosmos, y esto quê tiene que ver con lo que te dije?

---Te lo debî decir antes, mas llegô a puesto, a colocaciôn atrasado el decir. Sî, nos

vemos! Y hasta entonces, hasta despuês de las doce del dîa.



  



 








 












   


   




      


Mittwoch, 18. März 2026

195

       Impepinable con la verba de Feliciano el motivo de su vida tomar, de pasar de un sis-

tema al otro recurriendo a una forma de suicidio tanto efectiva, en dependencia de la altu-

ra, como inveterada, que  asimismo planificada empero que en poquîsimos casos y algu-

nos  caracterizados por la  llamada de atenciôn antes de pasar a la acciôn, verbi gratia el 

de las criaturas  que previo al  lanzamiento  al vacîo desean ser vistas en el borde de una 

azotea. En  realidad êstas son las que yo llamo criaturas revelantes de un a posteriori in-

seguro, utilizando  aquî este têrmino en el sentido taxativo de lo que viene despuês, por-

que  de que  estuviesen  totalmente  convencidas, cômo pudieran ser persuadidas por un

psicôlogo con razones que de facto no son las de ellas? Dicho con otras palabras: el tea-

tro es menester para que un centro de atenciôn funcione, o el show es imprescindible pa-

ra recibir ayuda profesional. [ Pudiera encajar Aristarco como paradigma de lo que estâ

en fluencia: cômo olvidar aquella vez que parecîa que iba a tirarse desde la campana de

la catedral barroca, algo que no hizo precisamente por no estar seguro pero que sî cons-

ciente  del  porquê de la de-mostraciôn, o sea, de lo que hacîa en un lugar alto: imantar 

la atenciôn]. 

     Segûn estudios hechos, algûn que otro fârmaco es indefectible por disminuir el temor

consciente a la muerte, lo que traduce que es un solvento contra el miedo humano que se

tiene en momentos en que el sucumbir no puêdese eludir, postergar como si fuese una ac-

tividad o el cometido de hacer algo. Asimismo estos estudios subrayan el efecto del alco-

hol, mas diferenciândose con el fârmaco en esto: en que solamente marea, por lo que yo

pregûntome: cômo  es posible  que una criatura  con este efecto pueda tener el adecuado 

ponderamiento para llegar al sitio/lugar donde quiere lograr su objetivo?

      Marcando las agujas del reloj las tres y media de la madrugada, hora que por ser in-

termedia entre comienzo y final de esta parte del dîa jamâs serîa de mi agrado, darîame

pâbulo de celebrarla soltando alguna jocosidad, lo que no quiere decir que la odie o des-

deñe, las sirenas retornaron a su punto de partida y el mutismo volviô a ser el mismo de

siempre. Sin que tuviese demasiado sueño Aspasia se fue a la cama, allende que con un

sentimiento de coralina tristeza por lo sucedido, a pesar de que su atingencia con el mo-

disto Feliciano no fue una de jaez cercano, pero puedo entender que por el ramo dadiva-

do  su sensibilidad  despiêrtese, padezca  de un estado de  ânimo afligido. Yo, guardiân 

de la nocturna, o vigilante al servicio del arco de la cazadora, penetrê en mi estudio con 

el fin de  continuar con lo que dejê de hacer, empero sucediô que las imagos habîan de-

saparecido, y como tal/por lo mismo cerrê mi libreta de notas y acostême en el sofâ.

       Tres horas y media despuês ( y vaya [quê] repeticiôn de la hora que no es redonda)

despiêrtome  por este  motivo: por el timbre de la puerta activado por uno de los dedos

de la mano de mi vecino Metôn, no siendo otro el objetivo de su venida que el de infor-

marse sobre lo acaecido en la madrugada.

--Deplorablemente, Metôn, lo ûnico que puedo decirle es que fui testigo visual del sui-

cidio de Feliciano, y de que escuchê a unos paseantes nocturnos acercarse al cuerpo sin

lâtidos no muchitanto despuês del trastazo contra el suelo. Empero sabe usted quê es lo 

que sî puedo informarle sin temor a equivocarme? 

--Escucho, Kosmos, escucho!

--Que las palabras que dîjole Feliciano a Aspasia cuando le dadivaba el ramo especioso

de anêmonas rojizas son las exactas para el revelamiento del motivo de su suicidio.

--Y pudieras hacer un resumen?

--Câspita!! Metôn, en realidad no son muchas palabras, mas si usted quiere una corta ex- 

posiciôn dêjosela saber de sûbito: el motivo no es otro que una enfermedad que padecîa.

--Nunca me pareciô que estaba enfermo. Recuerdas que el fue cliente de mi banco?

--Ya sê, Metôn que lo fue, pero no pereciôle porque seguramente cuando fue su cliente 

estaba saludable y se enfermô despuês que usted pensionôse.

--Puede ser, tienes razôn. 

--Metôn sabe usted que resûltame interesante?

--Quê, Kosmos, quê?

--Que el temblor de su ôculo no hâyale avisado de que estaba pasando o por pasar algo.

--Y cômo tû sabes eso?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! La prueba concreta de que usted

padece de pêrdida de nemôsine: se olvidô usted de que dîjome al respecto, allende de que

cuando el ôculo temblaba asomâbase a la ventana?

--Gracias por recordârmelo!! 

--Y entonces, Metôn, cômo enterôse usted del suicidio de Feliciano?

--En la panederîa, kosmos, en la panaderîa de lo ûnico que se hablaba era del suicidio.

--No es insôlito que en tan poco tiempo haya corrido la noticia. Sî claro, que usted estâ

vertical desde muy temprano y cuasi que compra el pan acabado de hornear.

--Asî mismo, kosmos, asî mismo!! Y hablando de pan me voy a desayunar. Sabes, com-

pro el pan tempranîsimo, pero desayuno cuando el pan no estâ tan caliente.

--Vaya costumbre la de usted, empero si es suya gôcela/disfrûtela a su manera.

--A ella voy, Kosmos, a gozarla, a disfrutarla.

--Age, Metôn, age!!












 




 









 





 





  





  

 

Montag, 16. März 2026

194

       Entonces, y sin dilaciôn, cambiê la posiciôn, logrando con el mirar desde otro lado la

foto  del magistral grabado en cuero que incrementarase la sûmula de imagos, lo que sig-

nifica  una transformaciôn de la verba; y, como consecuencia, que el trabajo de vestir con

êsta  la cantidad de mîmesis  en puesto, en colocaciôn  duplicârase, y el que harîa sin pen-

sar en que solamente a trancas y barrancas pudiera llegar al culmen que dêjame un prove-

cho. No dirîa  mucho mâs que esto por esta razôn: por la de exponer someramente lo que

por resultado del proceso del magîn es complicado.

      Ya dejê saber que como la nocturna estaba fresca el detenimiento de la fluidez verbal

no serîa posible, mas como con el paso de las horas comenzô a soplar el viento tuve que

ir a cerrar la puerta del balcôn. Hace un tiempo ya fui testigo visual del busto que arrojô

por la ventana mi vecino Feliciano; mas esta vez, y en lo que cerraba la puerta, lo fui del

salto que dio êste por esta misma ventana. Imperando el mutismo, cômo no sentir el tras-

tazo contra el suelo, empero por la razôn de no querer ver lo que quedarîase para siempre 

en mi testa grabado no salî al balcôn para estar seguro de si sî o no logrô suidarse.

       No  eran paseantes  solitarios sino nocturnos los que escuchê decir que Feliciano era

un cadâver, y que aûn no estaba tan fresco como la nocturna, pero que tampoco tan calien-

te como cualesquier criaturas en el primer sistema. Una voz fêmina insistiô en que llama-

ran  a la  autoridad  encargada de  enfrentar  este  suceso, este acto---patêtico por un lado; 

por el otro valiente---con el cual estarîan de (total) acuerdo los estoicos en el caso de que 

fuese el ûnico solvento contra problemas insostenibles/intolerables/insoportables, por tan 

sôlo nombrar  algunos  adjetivos de  entre los  tantos  posibles. Sobre  el pucho pensê en 

los retoños de Feliciano, o sea, Arsel e Irene, aun no siendo êsta conocida por Feliciano y 

que tuvo con la criada que laborô muchitanto tiempo en casa del general. Indubitable que 

para   Arsel la ayuda psicolôgica serâ menester, que no tanto para Irene por lo que acabo 

de decir, aunque  no menos  relevante  por la  limpidez  que deja y por el ponderamiento 

que asegura, plus el ralentizamiento que destruye o bloquea de un proceso creencial que 

sustenta  a la conciencia con un alimento  que engorda a rescoldos sostenidos y a banali-

dades sin progreso.

       Por el ruido de las sirenas despertôse Aspasia, mas cuando dîjele lo que habîa pasa-

do  tapôse  la jeta con  sus dos manos, y a continuaciôn me contô que cuando Feliciano

dadivôle el ramo especioso de anêmonas rojizas dîjole estas palabras: <Aspasia, te rega-

lo este ramo porque me acabo de enterar que no me queda largo tiempo de vida debido

a una  enfermedad que tengo; en realidad lo comprê para mî mismo antes de ir a la con-

sulta con mi mêdico, ya que al pensar  que êste darîame una buena noticia, como resul-

tado del tratamiento que me puso, tuve  el deseo de pasar  por la casa de flores Rigueti, 

la que  vende las flores  mâs  caras en esta ciudad, pero como no fui asî quêdate tû con 

el ramo, que como pude ver desde la ventana de mi cuarto la lozanîa de tus flores en tu 

balcôn, cômo no estar seguro de que estas anêmonas estân en maravillosas manos>.



 







    







  

Mittwoch, 11. März 2026

194 (Provisorio)

      No fue un componente concienzudo dubitativo el causante de que quedârame pasma-

do, sino  mâs bien el  mirar un ramo  especioso de anêmonas rojizas dentro de un florero

puesto en la parte opuesta a la que yo estaba en mi estudio debido al cambio de posiciôn

susodicho, o sea, a  la  paralaje. A pesar  de reconocer  de que cuando  uno estâ coralina-

mente concentrado en algo pierde de vista otras cosas, asimismo pudiera decir que otras

cosas  quedan al alcance de la vista tarde o temprano, igual la iluminaciôn que haya y el

sitio/lugar donde estên. Serîa una perogrullada amplificar que todito lo que tenga con la

belleza que ver es para mî atracciôn sempiterna, y por lo mismo sin dilaciôn dejê lo que

estaba  haciendo y fui a  contemplar  las flores, lo que  traduce que quedarîase por unos 

minutos sin observaciôn la foto del grabado magistral en cuero.

      Sinceramente dicho, porque nombrar, sacar a puesto, a colocaciôn lo que fue impo-

sible por un tiempo es algo asî como revelar periodos (o etapas) de uno mismo domina-

dos o por el desinterês o por la indiferencia, en el pasado jamâs relacionême con planta 

alguna, por lo  que esta planta (anêmona o anemone) ornamental y vivaz  de las ranun-

culâceas, de raîz  en bulbo o cebolla y flores  vistosas de sies pêtalos no formaba parte 

de mi conocimiento, lo anâlogo  a decir que desconocîa su existencia. A tenor de el va-

lor diamantino que tiene la  sentencia del  oscuro de Êfeso es que para mî el cambio lu-

dica  un  tremendîsimo rol, y no  solamente por la transformaciôn que acarrea sino que

tambiên por la sapiencia a la que conduce al dar la posibilidad de alcanzar un conjunto

de  nociones que  enriquecen el  ôntico saber, algo  que me es tan indefectible como el 

sustento  que ingiero y el techo que protege mi testa de cualesquier fenômenos natura-

les.

       En lo atinente a la pregunta por quê precisamente Aspasia comprô este ramo espe-

cioso  de anêmonas  rojizas, que de facto no son sus flores favoritas, parêceme que no

serîa  el momento  ideal para hacêrmela, no  siendo otro el porquê que êste: porque he

aprendido  con los años a que hacer dos cosas al mismo tiempo, a la misma vez no se-

rîa provechoso, no  por lo menos para sacarle el mâximo a la rerum-en sî, aunque mâs

de una vez haya olvidado esto que acabo de decir---por extensiôn fons veritatis: volen-

ti nihil difficile----y  demostrado lo onomado utriusque. Para finalizar con esta discur-

siva  improvisada  pronuncio  esta  verba agraciada: ojos que se abren como puches de

harina.

        Y abriendo los ôculos de esta manera no solamente pude contemplar muchitanto

mejor  el ramo susodicho, sino que asimismo  un acto humano con el cual estarîan los 

 estoicos (del todo) de  acuerdo en  el caso de que sea el ûnico solvento que pondrîale

Ende a una  situaciôn  difîcil/problemâtica/insoportable/patêtica, por tan sôlo decir al-

gunos adjetivos de entre los posibles: el salto  de Feliciano  por la ventana de su cuar-

to. A raîz  del trastazo contra  el suelo encendiêronse las luces de contacto, y una voz

desconocida----por su tono parecîa la de una fêmina--- repetîa a gritos que el modisto 

habîase  suicidado, quitado  la vida, ido al cielo. Al canto  de esto, lo que traduce que

con  rapidez, comenzaron a llegar  paseantes no ya  solitarios sino nocturnos, mas co-

mo  yo no quise ser  testigo visual  del cadâver del que fue mi vecino no asomême al

balcôn.






   






 




  




199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...