Mittwoch, 11. März 2026

194 (Provisorio)

      No fue un componente concienzudo dubitativo el causante de que quedârame pasma-

do, sino  mâs bien el  mirar un ramo  especioso de anêmonas rojizas dentro de un florero

puesto en la parte opuesta a la que yo estaba en mi estudio debido al cambio de posiciôn

susodicho, o sea, a  la  paralaje. A pesar  de reconocer  de que cuando  uno estâ coralina-

mente concentrado en algo pierde de vista otras cosas, asimismo pudiera decir que otras

cosas  quedan al alcance de la vista tarde o temprano, igual la iluminaciôn que haya y el

sitio/lugar donde estên. Serîa una perogrullada amplificar que todito lo que tenga con la

belleza que ver es para mî atracciôn sempiterna, y por lo mismo sin dilaciôn dejê lo que

estaba  haciendo y fui a  contemplar  las flores, lo que  traduce que quedarîase por unos 

minutos sin observaciôn la foto del grabado magistral en cuero.

      Sinceramente dicho, porque nombrar, sacar a puesto, a colocaciôn lo que fue impo-

sible por un tiempo es algo asî como revelar periodos (o etapas) de uno mismo domina-

dos o por el desinterês o por la indiferencia, en el pasado jamâs relacionême con planta 

alguna, por lo  que esta planta (anêmona o anemone) ornamental y vivaz  de las ranun-

culâceas, de raîz  en bulbo o cebolla y flores  vistosas de sies pêtalos no formaba parte 

de mi conocimiento, lo anâlogo  a decir que desconocîa su existencia. A tenor de el va-

lor diamantino que tiene la  sentencia del  oscuro de Êfeso es que para mî el cambio lu-

dica  un  tremendîsimo rol, y no  solamente por la transformaciôn que acarrea sino que

tambiên por la sapiencia a la que conduce al dar la posibilidad de alcanzar un conjunto

de  nociones que  enriquecen el  ôntico saber, algo  que me es tan indefectible como el 

sustento  que ingiero y el techo que protege mi testa de cualesquier fenômenos natura-

les.

       En lo atinente a la pregunta por quê precisamente Aspasia comprô este ramo espe-

cioso  de anêmonas  rojizas, que de facto no son sus flores favoritas, parêceme que no

serîa  el momento  ideal para hacêrmela, no  siendo otro el porquê que êste: porque he

aprendido  con los años a que hacer dos cosas al mismo tiempo, a la misma vez no se-

rîa provechoso, no  por lo menos para sacarle el mâximo a la rerum-en sî, aunque mâs

de una vez haya olvidado esto que acabo de decir---por extensiôn fons veritatis: volen-

ti nihil difficile----y  demostrado lo onomado utriusque. Para finalizar con esta discur-

siva  improvisada  pronuncio  esta  verba agraciada: ojos que se abren como puches de

harina.

        Y abriendo los ôculos de esta manera no solamente pude contemplar muchitanto

mejor  el ramo susodicho, sino que asimismo  un acto humano con el cual estarîan los 

 estoicos (del todo) de  acuerdo en  el caso de que sea el ûnico solvento que pondrîale

Ende a una  situaciôn  difîcil/problemâtica/insoportable/patêtica, por tan sôlo decir al-

gunos adjetivos de entre los posibles: el salto  de Feliciano  por la ventana de su cuar-

to. A raîz  del trastazo contra  el suelo encendiêronse las luces de contacto, y una voz

desconocida----por su tono parecîa la de una fêmina--- repetîa a gritos que el modisto 

habîase  suicidado, quitado  la vida, ido al cielo. Al canto  de esto, lo que traduce que

con  rapidez, comenzaron a llegar  paseantes no ya  solitarios sino nocturnos, mas co-

mo  yo no quise ser  testigo visual  del cadâver del que fue mi vecino no asomême al

balcôn.






   






 




  




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