No fue un componente concienzudo dubitativo el causante de que quedârame pasma-
do, sino mâs bien el mirar un ramo especioso de anêmonas rojizas dentro de un florero
puesto en la parte opuesta a la que yo estaba en mi estudio debido al cambio de posiciôn
susodicho, o sea, a la paralaje. A pesar de reconocer de que cuando uno estâ coralina-
mente concentrado en algo pierde de vista otras cosas, asimismo pudiera decir que otras
cosas quedan al alcance de la vista tarde o temprano, igual la iluminaciôn que haya y el
sitio/lugar donde estên. Serîa una perogrullada amplificar que todito lo que tenga con la
belleza que ver es para mî atracciôn sempiterna, y por lo mismo sin dilaciôn dejê lo que
estaba haciendo y fui a contemplar las flores, lo que traduce que quedarîase por unos
minutos sin observaciôn la foto del grabado magistral en cuero.
Sinceramente dicho, porque nombrar, sacar a puesto, a colocaciôn lo que fue impo-
sible por un tiempo es algo asî como revelar periodos (o etapas) de uno mismo domina-
dos o por el desinterês o por la indiferencia, en el pasado jamâs relacionême con planta
alguna, por lo que esta planta (anêmona o anemone) ornamental y vivaz de las ranun-
culâceas, de raîz en bulbo o cebolla y flores vistosas de sies pêtalos no formaba parte
de mi conocimiento, lo anâlogo a decir que desconocîa su existencia. A tenor de el va-
lor diamantino que tiene la sentencia del oscuro de Êfeso es que para mî el cambio lu-
dica un tremendîsimo rol, y no solamente por la transformaciôn que acarrea sino que
tambiên por la sapiencia a la que conduce al dar la posibilidad de alcanzar un conjunto
de nociones que enriquecen el ôntico saber, algo que me es tan indefectible como el
sustento que ingiero y el techo que protege mi testa de cualesquier fenômenos natura-
les.
En lo atinente a la pregunta por quê precisamente Aspasia comprô este ramo espe-
cioso de anêmonas rojizas, que de facto no son sus flores favoritas, parêceme que no
serîa el momento ideal para hacêrmela, no siendo otro el porquê que êste: porque he
aprendido con los años a que hacer dos cosas al mismo tiempo, a la misma vez no se-
rîa provechoso, no por lo menos para sacarle el mâximo a la rerum-en sî, aunque mâs
de una vez haya olvidado esto que acabo de decir---por extensiôn fons veritatis: volen-
ti nihil difficile----y demostrado lo onomado utriusque. Para finalizar con esta discur-
siva improvisada pronuncio esta verba agraciada: ojos que se abren como puches de
harina.
Y abriendo los ôculos de esta manera no solamente pude contemplar muchitanto
mejor el ramo susodicho, sino que asimismo un acto humano con el cual estarîan los
estoicos (del todo) de acuerdo en el caso de que sea el ûnico solvento que pondrîale
Ende a una situaciôn difîcil/problemâtica/insoportable/patêtica, por tan sôlo decir al-
gunos adjetivos de entre los posibles: el salto de Feliciano por la ventana de su cuar-
to. A raîz del trastazo contra el suelo encendiêronse las luces de contacto, y una voz
desconocida----por su tono parecîa la de una fêmina--- repetîa a gritos que el modisto
habîase suicidado, quitado la vida, ido al cielo. Al canto de esto, lo que traduce que
con rapidez, comenzaron a llegar paseantes no ya solitarios sino nocturnos, mas co-
mo yo no quise ser testigo visual del cadâver del que fue mi vecino no asomême al
balcôn.
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