Como terminê en quince minutos con el trabajo de ordenamiento quedâbanme quin-
ce minutos mâs para esperar por la llegada de Cratino y familia, mas como Aspasia me
dijo que la reserva de vinos que tenîamos se habîa acabado pidiôme de favor que fuera
a comprar dos botellas con la dadorîa de Baco, las que claramente comprarîa en el ne-
gocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.
Ineludiblemente vuêlvome a encontrar con Metôn, el que subîa por la escalera en el
momento preciso en que yo bajaba, allende que acariciando el papel del billete de cin-
cuenta pesos que me dio Aspasia. Siendo êl un banquero pensionado, cômo no pudiera
entender el porquê de yo suavemente tocar el billete, y por lo mismo dîjome que sus
sueños de ser alguien con algo de peculio, de contar con una sûmula de dinero que hi-
ciêrale la vida mâs fâcil cumpliêronse precisamente haciendo lo que yo hacîa. Hasta
cierto punto no doy como imposible lo acabado de escuchar, empero por una cuestiôn
que en este instante no es la adecuada sacar a puesto, a colocaciôn, no estoy del todo
convencido de que alguien hâgase rico con tan solamente acariciar un billete, una for-
ma de obtener que resûltame mâgica, de taumaturgos.
--Kosmos, y quê, te vas de compra?
--Metôn, voy al negocio de Cristina a comprar dos botellas de vino rojo, porque tengo
la visita de Cratino y familia.
--Alguna vez te dije que por haber tomado tanto vino rojo un dîa dejê de tomarlo?
--Metôn, puêdole decir que su pregunta nada tiene que ver con la pêrdida de su nemô-
sine, sino mâs bien con el no decirme jamâs, hasta ora lo que ha dîchome.
--Igual, ya lo sabes.
--Metôn, lamento no poder mâs tiempo quedarme horizontal frente a usted.
--Entiendo, kosmos, entiendo. Que la pases bien con la visita, que siempre es posible
volvernos a encontrar.
--Êsa es la res, Metôn!! Sin negaciôn la misma y exenta de refutaciôn.
--Tû y tus ocurrencias, lo inseparable. Adiôs, Kosmos, adiôs!!
--Adiôs, Metôn, adiôs!!
Cuando lleguê al negocio de Cristina lo primero que penetrô por mis ôculos fue-
ron dos chicas que estaban de espalda y con los brazos apoyados sobre la mesa donde
estâ la caja; el cabello de una era castaño oscuro; el de la otra rojizo, y ambas arropa-
ban su cuerpo de la cintura hacia abajo con una falda de tubo negra, por lo que raudo
preguntême por quê lo que estâ para mî nadie quîtamelo, porque si quitâranmelo no
tendrîa que ser testigo visual de lo sobresaliente debido a lo ceñido de este vestuario
fêmino. Pero mirando me doy cuenta de una cosa: que de uno de los bolsillos de la
mochila de la chica con el cabello pintado de castaño oscuro salîa a relucir un llave-
ro del que colgaba un elefante azul, razôn por la cual supe de inmediato quiên era ella:
Sista. Simultâneamente, y tan inteligible que en vano serîa hablar de la justicia meta-
fôrica, y muchitanto menos aludir al artîfice erastes de esta justicia, Cristina dîceme
que era mejor que escogiera el vino que comprarîa hoy, que de seguir manteniendo
la fijeza de mis retinas en lo ajustado/apretado terminarîa con malestar de testa, sien-
do entonces que Sista da media vuelta y destaca estas palabras:
--Kosmos, como si no supiera lo que mâs desean tus ojos, que no estuve por gusto dos
años y medio contigo.
--Câspita!! Que no estuviste por gusto? Y por quê, entonces, por interês?
--Tû me entendiste perfectamente, asî que no te hagas el gracioso. Vaya, quê si no que
reîrte?
--Sista, y puêdese saber el porquê de que aûn tû tengas el llavero de Aristarco?
--Kosmos, el llavero sin la llave de su apartamento.
Sobre el pucho vîrase Irene, y un tanto molesta, aun no siendo esta cantidad, com-
paraciôn implîcita por una cuestiôn nominativa, causa de atiborramiento, suelta esta
verba que deja calaña de celosîa:
---Kosmos, ese nombre mâsculo no lo vuelvas a mencionar, que la relaciôn de êl con
Sista hace rato que se acabô.
---Irene, solamente preguntê por curiosidad, asî que vuelve al redil, compôrtate bien
como hasta el sol de hoy te has comportado conmigo. Y pregunto: por quê ustedes se
pintaron el cabello?
---Kosmos, y aunque lo tuviêramos del mismo color de siempre no tendrîas en cuen-
ta eso que te oî repetir con un estusiasmo notable de que lo que no entra por los ojos
no entra por ninguna otra parte?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Sista!! Vaya memoria la tuya.
---A ver, Kosmos, a ver, dime: quê importa para ti el cambio de color?
---Irene, no es que impôrteme, sino mâs bien trâtase del reconocimiento.
---Y si nos hubieras reconocido dejarîas de mirarnos?
---Eso no es posible por una cosa de hormonas.
---Y esta cosa de hormonas no es importante?
---Como es cosa de hormonas sî lo es! Pero, quê es esto, un contagio socrâtico?
---No sê nada de eso!
---Entonces, sabes algo: que no sabes nada de eso.
---Y si lo sê, quê?
---Que no sabes nada del susodicho contagio, mas que si sabes preguntar en busca, con
el propôsito, con el afân de hallar la verdad.
---De madre, de padre y de toda la familia!! Quê complejo que te pones!
---Kosmos, cuântas botellas te pongo.....encima de la mesa?
---Cristina, dos, si es que aûn el precio es de veinticinco pesos, porque sôlo mi capital
llega a cincuenta pesos.
---El precio no ha cambiado, pero como no has escogido, te pongo dos botellas del vi-
no que cuasi siempre compras?
---Êsa es la res, Cristina!!
---Como que me parece que hay fiesta, celebraciôn, no?
---No exactaente, Sista, sino mâs bien brindis de copas por el nacimiento de la hija de
mi buen amigo Cratino.
---No me digas, verdad? Y no podemos estar presentes en el brindis?, es que estamos
aburridas.
---Aburridas y las encuentro en este negocio? Acaso aquî no se entretienen ya sea ha-
blando con Cristina o bebiendo sin pagar?
---Una aclaraciôn, kosmos.
---Cuâl, Cristina, cuâl? Am-pli-fî-ca-la!!
---Aquî ninguna copa es gratis; el pago es obligatorio, aunque la persona que tome
sea una amistad mîa.
---Kosmos, entonces quê, podemos ir contigo a tu apartamento o no? No te preocu-
pes, que si Aspasia dice algo me encargo de virar la cosa, de manejarla hasta el pun-
to de hacerla creîble, que hasta dônde sê de tu novia no es una criatura difîcil de con-
vencer, a pesar de hacerte creer que no es fâcil de entrar en caja cuando lo que la do-
mina es o la emociôn o el resentimento, cuando lo que quiere lograr es algo concre-
to/especîfico/inpostergable.
---Aplausos, Sista, a-plau-sos!! Nôtase, por tu verba, que has aprendido muchitanto.
Con este conocimiento, cômo negarte la invitaciôn? Mi relaciôn no periclita si la
lengua que muêvese domina la pericia menester para hacer creer.
---Y esa lengua es la mîa, no?
---Sin dudas y sin sospechas!!
Respecto a Irene la notê un poco melancôlica, porque ir a mi apartamento sig-
nifica que estarîa (a poca distancia) cerca del suicidio de su progenitor, mas por sen-
satez sobre este hecho existencial guardê mutismo, porque a la postre y al cabo vale
no mucho una demostraciôn de condolencia con una verba que no es garante del ma-
nipulativo ajuste con el cual el/la que padece de un sufrimiento por una falta familiar
quedarîa exento/ta de la duda de que sî es por destino o por ôntica valoraciôn que
es mejor no continuar viviendo, preferible/ponderante un Ende solucionante que un
despuês sustentado por [lo ilusivo] la ilusiôn, incluso siendo hontanar êsta de alguna
que otra reciedumbre que proporciônale ( o es garante de darle) al agente un porcien-
to de resistencia, de valor....de aguante.
---Kosmos, y en quê piensas ahora? No fue suficiente con el diâlogo que tuvimos?
---Tû sabes, Sista, que con los diâlogos es posible el desarrollo y alongamiento de la
verba, pero no son los ûnicos dadores del elixir por el cual llego a la satisfacciôn, o
al culmen de un pensar determinado.
---No sê, Kosmos, pero me parece, y por la forma en que me mirabas, que tengo que
ver con lo que estabas pensando.
---Êsa es la res, Irene!
---Y se puede saber quê es?
---Conviêneme que quiêraslo saber, porque solamente sabiêndolo pudieras decirme
si estaba en lo cierto de lo que en ti notê.
---Y da tiempo a que me lo digas siendo la distancia que hay entre este negocio y tu
apartamento no muy larga?
---Si dîgotelo sin agregados sî; si con un plus, una forma estratêgica para lograr un
determinado fin, no.
---Kosmos, olvîdate del plus, que seguro que con lo que me dirâs basta.
---Olvidado, Irene, ol-vi-da-do.
---Muy bien. Bravo!!
---Kosmos, aquî estân las dos botellas, asî que dame los ciencuenta pesos.
---Te lo doy sin dilaciôn, mas no acaricies el papel del billete, porque....
---Kosmos, dâmelo y vete, que no puedo con tus ocurrencias/inventos.
---Risas, Cristina, risas!!
---Y chicas, adiôs, y hasta la prôxima.
---Hasta pronto, Cristina, y te deseamos buena suerte con tu negocio.
---Gracias, Sista, gracias!!
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