Mittwoch, 18. März 2026

195

       Impepinable con la verba de Feliciano el motivo de su vida tomar, de pasar de un sis-

tema al otro recurriendo a una forma de suicidio tanto efectiva, en dependencia de la altu-

ra, como inveterada, que  asimismo planificada empero que en poquîsimos casos y algu-

nos  caracterizados por la  llamada de atenciôn antes de pasar a la acciôn, verbi gratia el 

de las criaturas  que previo al  lanzamiento  al vacîo desean ser vistas en el borde de una 

azotea. En  realidad êstas son las que yo llamo criaturas revelantes de un a posteriori in-

seguro, utilizando  aquî este têrmino en el sentido taxativo de lo que viene despuês, por-

que  de que  estuviesen  totalmente  convencidas, cômo pudieran ser persuadidas por un

psicôlogo con razones que de facto no son las de ellas? Dicho con otras palabras: el tea-

tro es menester para que un centro de atenciôn funcione, o el show es imprescindible pa-

ra recibir ayuda profesional. [ Pudiera encajar Aristarco como paradigma de lo que estâ

en fluencia: cômo olvidar aquella vez que parecîa que iba a tirarse desde la campana de

la catedral barroca, algo que no hizo precisamente por no estar seguro pero que sî cons-

ciente  del  porquê de la de-mostraciôn, o sea, de lo que hacîa en un lugar alto: imantar 

la atenciôn]. 

     Segûn estudios hechos, algûn que otro fârmaco es indefectible por disminuir el temor

consciente a la muerte, lo que traduce que es un solvento contra el miedo humano que se

tiene en momentos en que el sucumbir no puêdese eludir, postergar como si fuese una ac-

tividad o el cometido de hacer algo. Asimismo estos estudios subrayan el efecto del alco-

hol, mas diferenciândose con el fârmaco en esto: en que solamente marea, por lo que yo

pregûntome: cômo  es posible  que una criatura  con este efecto pueda tener el adecuado 

ponderamiento para llegar al sitio/lugar donde quiere lograr su objetivo?

      Marcando las agujas del reloj las tres y media de la madrugada, hora que por ser in-

termedia entre comienzo y final de esta parte del dîa jamâs serîa de mi agrado, darîame

pâbulo de celebrarla soltando alguna jocosidad, lo que no quiere decir que la odie o des-

deñe, las sirenas retornaron a su punto de partida y el mutismo volviô a ser el mismo de

siempre. Sin que tuviese demasiado sueño Aspasia se fue a la cama, allende que con un

sentimiento de coralina tristeza por lo sucedido, a pesar de que su atingencia con el mo-

disto Feliciano no fue una de jaez cercano, pero puedo entender que por el ramo dadiva-

do  su sensibilidad  despiêrtese, padezca  de un estado de  ânimo afligido. Yo, guardiân 

de la nocturna, o vigilante al servicio del arco de la cazadora, penetrê en mi estudio con 

el fin de  continuar con lo que dejê de hacer, empero sucediô que las imagos habîan de-

saparecido, y como tal/por lo mismo cerrê mi libreta de notas y acostême en el sofâ.

       Tres horas y media despuês ( y vaya [quê] repeticiôn de la hora que no es redonda)

despiêrtome  por este  motivo: por el timbre de la puerta activado por uno de los dedos

de la mano de mi vecino Metôn, no siendo otro el objetivo de su venida que el de infor-

marse sobre lo acaecido en la madrugada.

--Deplorablemente, Metôn, lo ûnico que puedo decirle es que fui testigo visual del sui-

cidio de Feliciano, y de que escuchê a unos paseantes nocturnos acercarse al cuerpo sin

lâtidos no muchitanto despuês del trastazo contra el suelo. Empero sabe usted quê es lo 

que sî puedo informarle sin temor a equivocarme? 

--Escucho, Kosmos, escucho!

--Que las palabras que dîjole Feliciano a Aspasia cuando le dadivaba el ramo especioso

de anêmonas rojizas son las exactas para el revelamiento del motivo de su suicidio.

--Y pudieras hacer un resumen?

--Câspita!! Metôn, en realidad no son muchas palabras, mas si usted quiere una corta ex- 

posiciôn dêjosela saber de sûbito: el motivo no es otro que una enfermedad que padecîa.

--Nunca me pareciô que estaba enfermo. Recuerdas que el fue cliente de mi banco?

--Ya sê, Metôn que lo fue, pero no pereciôle porque seguramente cuando fue su cliente 

estaba saludable y se enfermô despuês que usted pensionôse.

--Puede ser, tienes razôn. 

--Metôn sabe usted que resûltame interesante?

--Quê, Kosmos, quê?

--Que el temblor de su ôculo no hâyale avisado de que estaba pasando o por pasar algo.

--Y cômo tû sabes eso?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! La prueba concreta de que usted

padece de pêrdida de nemôsine: se olvidô usted de que dîjome al respecto, allende de que

cuando el ôculo temblaba asomâbase a la ventana?

--Gracias por recordârmelo!! 

--Y entonces, Metôn, cômo enterôse usted del suicidio de Feliciano?

--En la panederîa, kosmos, en la panaderîa de lo ûnico que se hablaba era del suicidio.

--No es insôlito que en tan poco tiempo haya corrido la noticia. Sî claro, que usted estâ

vertical desde muy temprano y cuasi que compra el pan acabado de hornear.

--Asî mismo, kosmos, asî mismo!! Y hablando de pan me voy a desayunar. Sabes, com-

pro el pan tempranîsimo, pero desayuno cuando el pan no estâ tan caliente.

--Vaya costumbre la de usted, empero si es suya gôcela/disfrûtela a su manera.

--A ella voy, Kosmos, a gozarla, a disfrutarla.

--Age, Metôn, age!!












 




 









 





 





  





  

 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...