Donnerstag, 29. August 2024

89 (de las once a las doce)

        Precisamente a las once y un minuto Anabel dejô caer la dadorîa de Baco en nues-

tras copas. Al terminar de llenarlas quêdaseme mirando, y al canto de su aclaraciôn de

que  no mirâbame por cuestiones de atracciôn sino porque yo fui el causante de que el

interês  por su ônoma despertârasele al comunicarle la procedencia de êste, dêjame sa-

ber lo siguiente: cuando tuve unos minutos de pausa agarrê el telêfono con la intenciôn

de buscar mâs informaciôn sobre mi nombre, por lo que me entero de que Ana, empero

con la A inicial minûscula, no es solamente un prefijo griego sino que tambiên, y apro-

ximadamente, una medida de un metro.

--Maravîllame que ya estês enterada, mas siêndote sincero no esperaba de ti una bûsque-

da como êsta, pero ya que estâ hecha te corrijo lo ûltimo que dijiste: no es que aproxima-

damente una medida de un metro, sino que es una medida de aproximadamente un metro.

--Kosmos, y acaso no estamos diciendo casi lo mismo? 

--Estamos dentro del mismo cîrculo verbal, mas cuasi es una cosa que tiene una seme-

janza, mas no es la significancia concreta/exacta/justa que lêese en el diccionario.

--Kosmos, si te tuviera como profesor jamâs te soportarîa; es mâs, porque no ser since-

ra me dejarîa molestia, te hubiese odiado despuês de escucharte la primera vez.

--Mejor el hipotêtico de profesor jugando que el de maestro en serio. A ver, Anabel, di-

me sobre el significado del prefijo aqueo.

--De nuevo mi decir, para quê, para que lo rectifiques?

--De nuevo es una de las tres significancias del prefijo.

--Bueno, Kosmos, las otras dos dilas tû.

--Contra y sobre. 

--Cratino, tu buen amigo no es fâcil.

--Ya sê, Anabel, pero por conocerlo y porque es mi buen amigo te dirîa lo siguiente: 

que tampoco es difîcil, mas que sî gûstale lo que no es fâcil por resultarle/considerarlo 

estimulante.

--De todas maneras, Kosmos, te agradezco lo que me dijiste referente a mi nombre, que

ya te dije que nunca lo habîa escuchado.

--Yo con la palabra y con los significados, Anabel.

--Y cômo no creerte? Bueno, sigo en lo mîo, que aun tengo una hora de trabajo.

--Cômo, que la fiesta se acaba a las doce?

--Cratino, no dije la fiesta sino mi trabajo. La fiesta continûa, pero sin nosotras cuatro.

--Y por quê no, Anabel? Porque nos pagan hasta las doce.

--Pero se pueden quedar en la fiesta, no?

--No sê por quê me parece que lo que tû quieres es otro tipo de fiesta.

--Quê dices? Quê va!! Anabel, mi orificio estâ asegurado; no quiero otro. Y, Kosmos,

no me mires asî, ni que se te ocurra nuevamente decir eso del pactum...

--Câspita!! No hace falta que dîgalo, porque de facto lo estâs escuchando, si no cômo

es que puedes remitirte a êl? De lo que no escûchase puêdese hablar?

--Vaya, un concreto paradigma de tus transformaciones.

--Los dejo con su jerga, que como les dije aûn no he terminado. Chao!!

--Jerga, Anabel?

--Sî, Cratino, jerga.

--Estâ bien. Chao!!

           A tenor de que los huecos engendran dependencia, que si no la costumbre mâs

apreciada por ser garante de un resultado [aunque efîmero] liberador de ciertas y deter-

minadas presiones existenciales, razôn por la cual nunca dîrîase como una afêresis que

suprime una o varias letras, es que puedo (perfecta/ tempestivamente) comprender que

lo que dîjole Cratino a Anabel cuenta con un motivo estructurado y a su vez co-depen-

diente  de una visiôn/imago que (tal vez) por repeticiôn enlaza como un nudo [ que de

no ser gordiano imposible que atraiga a un conquistador] supuestamente hecho con un

têlos conocido, mas que a la vez no tan fâcil de ser analizado como si tratârase de una

meta  que deberîa alcanzar un corredor con mirîfico calzado y entrenamiento sofocan-

te. Asimismo doy en el hito, porque la versatilidad de Cratino es algunas veces/de vez

en cuando tan evidente que pasarla por alto es imposible, que su problema no es tanto

el del falso apego sino el que acarrea una consecuencia por êl mismo pincelada: si me

escapo de lo humectante que refresca y satisface (no todos los dîas) tendrê que sopor-

tar este caro pensamiento: la felonîa tiene un precio que cuêstame pagar.

       En lo atinente a la felonîa siempre la creî funcional, razôn por la cual en mi nove-

lôn sale a puesto, a colocaciôn repetidamente; el que la comete puede darse cuenta no

solamente  de la sûmula de posibilidades que existen para demostrar habilidad con el 

manejo de la persuasiôn, sino que asimismo del realismo con vigencia de que el hom-

bre no estâ hecho para participar en una sola fiesta cupidosa. Ostensible quêdame es-

te otro realismo: no todos los hombres la prefieren/desean por requerir trabajo y tiem-

po, aunque en algunos casos atenciôn por arraigar el gusto o por florecer la obsesiôn,

la  vehemencia del alma del todo desenfrenada. Tomando como paradigma a mi reto-

ño (en el novelôn) Kosmithôs, la felonîa de êl mâs bien encaja en una categorîa infan-

til, lo  que no traduce  que no sea funcional sino que carece de una pericia dejada por 

la  experiencia, el  hontanar de un conocimiento mayûsculo. In casu, y como ya cono-

cen los que leyeron mi novelôn, por estar con la campesina su traiciôn fue un incesto,

mas que uno sabido mucho tiempo despuês, mas que aun asî êste es indeleble. Pûso-

se de manifiesto un inveterado aforismo que revela una transmisiôn/influencia genê-

tica? De tal palo tal astilla, porque quê hay con la felonîa mîa? No la justificarê, mas

si yo estuve con Cornelia a la vez que estaba con Rubria fue porque estâ dejaba cala-

ña de inseguridad/desasosiego, y por lo mismo no del todo su fragancia, su carne y el

ampo de su piel pertenecîanme. Punto a la raya y que continûe la letra? Que Rubria y

Cornelia fueron buenas amigas, lo que no quiere decir que ni una ni la otra hayan per-

donado mi tempestiva felonîa, aunque las dos fueron madres por el fluido espermato-

zôico que de mi saliô.  

---Kosmos quê, bullicio en el silencio?

---Cratino, mâs o menos êsa es la res.

---Y se puede saber quê sacaste de êl?

---Te lo dirê en otro momento, que con la cantidad que ya tengo dentro de la dadorîa 

de Baco pudiera ser que lo transforme todo.

---Con la cantidad que ya tengo dentro de [...]. Kosmos, y acaso puedes tenerla fuera?

---Cratino, tû sabes que encântame este jueguito taxativo; o mejor dicho, el jueguito 

como resultado de una interpretaciôn taxativa.

---Por eso mismo lo comparto contigo, contigo lo puedo jugar, no con Anabel.

---Me has dado pâbulo de risa.

---Pues cuando termines de reîrte quiero preguntarte una cosa.

---Amplifica la pregunta, amplifîcala, que no me rîo con los oîdos.

---No te parece extraño que ni Dasid ni Matilde Ronco Espinoza no nos hayan saluda-

do ni echado una miradita?

---Cratino, yo erastes de los estoicos: o todo en su momento o en un momento nada y,

en medio, la indiferencia, la que aquî funciona neutral, [claro queda/estâ por la posi-

ciôn que tiene].

---Lo que traduce que no te extraña nada, no? Deplorablemente no puedo ser como tû.

---Vaya perogrullada!! Tremenda!!

---Hacîa rato que no decîas esta palabrita. Ya, no me digas nada, que todo en su momen-

to.

---Lo que te iba a decir que no te dije porque me dijiste que no te dijera nada.

---Te quedô regia esta amplificaciôn. Kosmos, creo que vamos a tener que cambiar de 

sitio, porque las inseparables vendedoras nos miran con fijeza.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vamos hacia allî, hacia aquella

esquina luminada por una antorcha.

---De acuerdo! Vamos!!





























     




 



 


 



 



 










  













 









Montag, 26. August 2024

88 ( de las diez a las once)

        Seguido a dejarle saber al general el porquê de que su hija Esmeralda vino estando

de  jeta para decirme lo que me dijo, êl pîdeme que de momento olvidârame de intentar

acercarme a su hija, ya que conociêndola como la conoce serîa totalmente en vano utili-

zar palabras convincentes con el fin de sacarla del estado que tenîa, que padecîa exento

de  un  anâlisis adecuado. Clârame, asimismo, que de su progenitora aprendiô a formar

lîos y a entrar  en liza  por la mînima  cosa que  pareciêrale u ofensiva o que resultârale

ininteligible, aunque algunas veces por no hacerle el caso que esperaba, lo que entendîa

como indiferencia. A continuaciôn de hacer una pausa verbal para mojar sus labios con

su bebida favorita, o sea, el conâc, diome unos golpecitos en el hombro derecho y si di-

laciôn dîjome: 

---Kosmos, cuasi todo es producto del carâcter, êste es el que engendra en la conducta

una  sûmula de cosas. Y sabes quê? El carâcter de mi hija es el mismo que el que tuvo

su difunta madre. Tû mejor que nadie sabes el precio que (tiene) hay que pagar por de-

mostrar un carâcter de sublevaciôn, de rebeldîa en la academia, no?

--Câspita, general, cômo olvidarlo. Mas discûlpeme, pero usted ha dado un brinco tre-

mendo, de una cosa a la otra en un periquete.

--Kosmos, como mismo tû tienes tu mêtodo yo tengo el mîo; como mismo tû un pro-

pôsito yo una meta; como mismo tû una pericia para acarrearle al interlocutor un bre-

ve asombro, yo el dominio de la expresiôn que asombra al interlocutor por el salto da-

do: me entendiste?

---Ostensible/indubitablemente que sî!

---Me encantô tu respuesta. Sabes una cosa, Kosmos? Quiero presentarte a un editor,

presente en esta fiesta y muy buen compinche mîo de los viejos tiempos, y el que estâ

interesado en trabajos con cierta complejidad y alongamiento. Quê me dices?

---Que se lo agradezco, general, mas usted sabe que no tengo interês en publicar mi no-

velôn.

---Kosmos, no le he olvidado, pero quiên sabe la puerta que se te pueda abrir, la posibi-

lidad  que puedas tener de ser conocido si no por tu novelôn por otro trabajo que escri-

bas. Tû no crees que todo sacrificio es merecedor de un precio, de una recompensa aun

no habiendo pensado en ella? A mî no me pasarîa por la mente escribir por nada, dedi-

carle tanto tiempo a algo que me quedase como recuerdo o como entretenimiento para

mis amigos. Quê va!! Vaya atentado contra un derecho de autor. Kosmos, si popular te

haces, vas a tener peculio seguro para el resto de tu vida.

---General, sus palabras son tan ciertas como la lumbre lunar en este momento, mas su

forma de pensar es muy disîmil a la mîa; alêjase bastante de mi manera de creer, de mi

configuraciôn  conciencial, de mi naturaleza cuasi estoica, o sea, con destellos confor-

mistas, o desdeñamientos existenciales porque sê que las editoriales laboran en funciôn

de un interês, de una ganancia que sobrepasa el valor bâsico/reglamentado del centavo

a pagar por la cantidad de lîneas posibles en una hoja.

---Kosmos, por lo que he hablado contigo, por las veces que hemos tenido un intercam-

bio de verba, sê que eres un pensador que no encaja en los tiempos actuales, un artîfice

con  mâs de una  fuga, un escape peyorativo, pero si insistes en lo despreciativo, amigo

mîo jamâs tendrâs ninguna posibilidad de dar a conocer la pudiencia de tu imaginaciôn,

el sello de tu letra metafôrica/ornamentada, la potencia sui gêneris de tus componentes/

elementos superlativos.

---Dasid, esto es como lo llamado en psicologîa un constructo, mas dîgole una cosa: no

câusanme temor emisiones conceptuadas, que de facto escuche usted: si acaso es que y 

por  ellas mi lûdico es  posible, mantiene su  vigencia, desarrôllase sin intermitencias o 

anomalîas irregulares, extiêndese como la raya que subraya descollamientos fundamen-

tales a pesar de la oponencia de los lectores mâs înclitos que estancarse prefieren a sol-

tarse  a la contingencia que en  locaciones desconocidas por cultura emerge, y que a su

vez sabotea conexiones que de facto representan un redondamiento de un point con re-

sonancia magna: el de capiton.

     Quinces minutos despuês el general presêntame a Lavinia, el editor. Decidî conocer-

lo mâs por quitarme de encima el cacareo verbal de Dasid y el general que concretamen-

te por una cuestiôn ôntica, ya que tratândose de alguien que pudiera quitarle a mi nove-

lôn una gran parte de la vigorosidad que caracterîzale a raîz de su revisiôn y correcciôn,

cômo  podrîa yo estar de acuerdo con una res como êsta, lo que traduce que jamâs acer-

carîame a êl por un deseo individual. A pesar de lo que acabo de decir, que una cosa no

quita a la otra, no pasê por alto, tuve en cuenta que su nombre, y en la alcheringa, fue el

desencadenante de una guerra por ser (haber sido nada mâs y nada menos que) el de la 

hija de un rey latino y de Amata, y si primeramente prometida a Turno; despuês, al mî-

tico prîncipe troyano Eneas, motivo mâs que basto para la colisiôn de êgidas y espadas, 

de las oponentes huestes.

--Señor Lavinia, espero que usted sepa que como mismo usted llâmase llamôse en tiem-

pos lejanos una fêmina que fue hija de un progenitor dentro de un mundillo mayestâtico.

---Cômo no saberlo, Kosmos, cômo desconocerlo? Pero tû no crees que es mejor hablar

del dîa que podemos encontrarnos para echarle un vistazo a tu novelôn?

---Dîgamelo usted, y ese dîa estarê presente a la hora señalada y frente a la persona que

verê.

---A ver, dêjame consultar la agenda que siempre tengo metida en el bolsillo derecho de

este saco. Quê te parece pasado mañana a la una de la tarde?

---Que viêneme de maravilla por no ser ni muy temprano ni muy tarde.

---Perfecto!! Entonces hasta entonces.

---Ya, tan râpido? Pensê que entrarîan en conversaciôn, y como tal que estarîan juntos

mâs rato.

---No hace falta, general, que pasado mañana sî que estaremos mâs tiempo juntos.

---Si Lavinia lo dice es porque conoce bien su trabajo.

---Como usted, general, el suyo.

---Lavinia, desea usted un poco de coñâc? Le puedo asegurar que le encantarâ.

---Le doy las muchas gracias, general. Me encanta esa bebida, pero de momento no de-

seo hacer hacer un pastiche de coñâc con vino rojo.

---Y en otro momento sî lo harîa? Pues avîseme si mâs tarde llega ese momento.

---No lo creo, general, porque ya cuasi que me estoy yendo, que mañana tengo cuatro 

trabajos narrativos que revisar, asî que ese otro momento serâ no sê cuândo.

---Quê pena que usted cuasi que yêndose estâ, mas como soy un amante de la disciplina

celebro la que usted tiene con su trabajo.

---Gracias, general!! Y gracias asimismo por la invitaciôn a su fiesta, y aunque haya esta-

do solo la he pasado muy bien.

---Me alegro de que haya sido asî, Lavinia, o sea, que la haya pasado muy bien que no y

que haya estado solo.

---No hace falta esta explicaciôn, general, que jamâs se me ocurrirîa pensar que usted se

alegre porque no haya estado acompañado.

---Y dîgame, Lavinia: puede usted llegar sin problemas de desequilibrio a su casa?

---Bueno, tampoco es que he tomado tanto como para carecer de ponderamiento. Por quê

me preguntô, hîzome la pregunta?

---Porque si tuviera mareo mi chofer se encargarîa de dejarlo en la puerta de su casa.

---Usted es un buen amigo, pero no, no hace falta. Mas gracias, general!

---De nada!!

---Y, Kosmos, adiôs!! Y que no se te olvide que...

---Pasado mañana a la una de la tarde! Êsa es la res, Lavinia, êsa. Buena nocturna y espe-

cioso onîrico.

---Buena nocturna, Kosmos!

         Cratino no podîa creer lo que dîjele: que pasado mañana a la una de la tarde encon-

trarîame con Lavinia.

---Cômo, Kosmos? Vas a dejar que ese editor le eche un vistazo a tu novelôn? Verdad?

---Una tempestiva/indefectible  pregunta, mas sabes quê? Porque êchele un vistazo no

quiere decir que publîquese.

---Kosmos, mi pregunta no fue referente a publicaciôn.

---No lo fue, Cratino, empero como te conozco tan bien no extrâñame que hayas pensa-

do sacando una conclusiôn.

---Conclusiôn? Verdad? Y cuâl, a ver?

---Câspita Cratino!! Mondo lirondo que tû sabes que yo llego al fondo, que no soy de y

en la superficie quedarme.

---Cômo te vas a quedar en êsta si al fondo llegas? Quê te propones, que detecte alguna

de las marranadas verbales con las que pones a prueba de atenciôn/de buena escucha al 

interlocutor?

---Quiên si no mejor que tû para hacerme esta pregunta? Quê te parece si llamamos, o le

hacemos una seña a Anabel para que venga a llenarnos las copas?

---Hagâmosle una seña, que con tantas voces activas a la vez tal vez no nos oye.

---Cratino, si lo que descolla es mutismo. Y no me digas nada que yo mismo, por un ac-

to volitivo, por un garbo ôntico, quise caer en tu zalagarda verbal.

---Estâ bien, Kosmos, no te digo nada. Llamêmosla, entonces.

---Y acaso no acabas de decirme algo?









 







 











 












   



 

 



  










 











 





 



 




 


Donnerstag, 22. August 2024

87 (de las nueve a las diez)

      Sobre una mesa de madera de abedul jamâs, que yo sepa o haya leîdo, se ha firmado

un  pactum fornicationis, dejêle saber a Cratino porque pensô que lo que dîjele sobre la 

mano del general que tocô el cabello de Matilde significaba no otra cosa que una secreta 

atingencia entre êsta y aquêl. 

--Kosmos, y acaso el abedul no relaciônase a menudo con un cambio y una renovaciôn?

--Cratino, tu pregunta es interesante, mas sabes una cosa? Aunque Beth tanto con uno

como  con la otra relaciônese, y el acto mâs profundo asimismo es un cambio y una re-

novaciôn, su madera es tan sagrada, sobre todo para los celtas, que firmar un pactum co-

mo el susodicho para êstos resultarîa un sacrilegio. Cratino, pero puedes firmar uno con

Anabel, no?

--Y de dônde tû sacaste que quiero fornicar con ella, firmar un pactum fornicationis?

--Los ôculos no mienten, amigo mîo.

--Y tû quê, Kosmos, con Isabela? Mira que te vi mirândola, y cômo.

--Como un guardiân de Cupido que piêrdese entre las formas? Êstas son como un labe-

rinto. Entonces: vale la pena perderse?

--No me extraña de ti una pregunta como êsta.

--Lo que has dicho no es una respuesta.

--Claro, Kosmos, que vale la pena. Ese laberinto es del hombre, del mâsculo concupis-

te, guerrero al tanto de la dadorîa mâs pura y del gozo gratuito.

--Fruiciôn gratuita y dadorîa mâs pura siempre y cuando no sea una carrusiana.

--Quê, un axioma?

--Pudiera ser. Encaja/pega como eso.

--Encajar!! Por la conversa que tenemos/fluye/es tempestiva esta palabra deja una reso-

nancia tremenda.

--Câspita Cratino que me tengo que reîr. Espero que la resonancia no te deje sordo.

--Kosmos, si hasta ahora/el sol de hoy no me he quedado sordo....

--Eh? Entonces tal palabra no sale de tus oîdos?

--Estâ siempre adentro sin conversa que têngase, fluya o sea oportuna.

--Fascîname este lûdico con la verba; repetirlo como que no te dirîa [que hâceme feliz]

que es precisamente funcional sino indefectible.

--A mî no me hace falta que me lo digas. Cômo no saberlo? Es el jueguito que no te pue-

de faltar.

--Quê tû crees que te dirîa?

--Quê si no que lo siguiente: êsa es la res, Cratino!

--La mismitica, amigo mîo, êsa!

--Pero, Kosmos, lo indefectible no es funcional?

--Una suntuosa pregunta que menestera dilucidaciôn.

--Oh, no!! Dilucidaciôn de momento ninguna.

--Y entonces, por quê me hiciste la pregunta?

--Per se de vez en cuando me embarco.

--Deberîas salir con salvavidas para que no naufragues sobre la mar semântica.

--Ya le sacaste provecho al verbo embarcar?

--Sôlo a un verbo sâcole provecho?

--Ahora te digo: no me has respondido.

--Te respondo despuês, mâs tarde.

        Por esto ûltimo que escuchô Cratino salir de mi boca es que dîceme que va a la

mesa con el objetivo de atiborrar un plato con todo lo que se le antojara ingerir. aun

sabiendo que pudiera tener pejiguera estomacal por ser su digestiôn lenta, razôn por

la cual nunca despuês de las siete de la nocturna come demasiado, repleta su barriga

con mâs de un sustento. Aunque sea mi buen amigo no tengo la obligaciôn de recor-

dârselo, ya que estâ bastamente crecidito para cuidarse por sî mismo, tener en cuen-

ta la consecuencia, para reflexionar sobre el aforismo a un gustazo un trancazo, a no 

ser que sea masoquista y hâyamelo ocultado, mas aun asî el malestar que tendrîa que

soportar no serîa nada grato, de cuestiones de segundos para aguantarlo con total in-

diferencia. 

     El sepulturero Yelas, y al que aûn no habîa visto, me toca por la espalda en el pre-

ciso momento en que observaba cômo Cratino dâbase el gustazo de dejar caer en el

plato los alimentos. A continuaciôn de saludarme dândome un abrazo, y tan pudien-

te  que parecîa uno con tentâculos de pulpo, infôrmame sobre el comenzado trabajo

de excavaciôn, aunque asimismo de lo que oyôle decir a los arqueôlogos: que el pa-

trimonio cultural que estaba sepultado pertenecîa al imperio romano. Cômo tales pa-

labras no pudieran ser el motivo de mi jovialidad si êste es el imperio que sale a co-

locaciôn, a puesto en mi novelôn? Agrega con destacada parsimonia verbal, que y a

pesar del susodicho trabajo su vivienda no corrîa el pernicio de ser derruida, ya que

de acuerdo a una pesquisa hecha en lo atinente al terreno no estaba dentro de los lî-

mites marcados en êste, lo que traduce que al anterior estudio realizado a esta inves-

tigaciôn no fue tan preciso, lo que no quiere decir que del todo estê mal hecho, sino

que tal vez hîzose con algo de prisa.

---Entonces, Yelas, usted debe sentir una tranquilidad tremenda, porque a pesar de

saber de que en el caso de que perdiera su nueva propiedad la ciudad le devolvîa to-

dito  el peculio que usted dio por la casa, tener que buscar dônde vivir cada vez hâ-

cese mâs difîcil que asimismo mâs caro, sin contar con la cosa de que encontrar lo

que a uno gûstale no hâllase en una semana, o sea, que menestêrase tiempo.

---Asî mismo es, Kosmos, tienes toda la razôn. Te dirîa, algo que ni tan siquiera al

general dejê saber, que esta cuestiôn de si perdîa o no la casa me tenîa preocupado,

y que por lo mismo mâs de una vez no pude dormir, ni tan siquiera tenîa sueño, ga-

nas de poner la testa sobre la almohada.

---Câspita, Yelas!!, que si pônela debajo no va a poder bien respirar.

---Estâs bromeando, no? 

---Disculpe usted, es que si no lûdico el que ahôgase soy yo.

---Ya que te conozco un poco, cômo no creerte?

---Y dîgame, Yelas: sabe algo de si periclita la posiciôn vertical de la escultura de le

Penseur?

---No sê nada, pero el trabajo de excavaciôn no llega hasta donde estâ êsta. Quê, te

preocupa la escultura?

---No trâtase de preocupaciôn sino de otra cosa.

---De cuâl?

---Es bastante compleja, Yelas, la otra cosa.

---Lo complejo y tû o tû y lo complejo.

---El orden de los factores no altera el producto, como reza un inveterado aforismo.

---Conozco el aforismo, Kosmos, el que es tan senecto como yo. Que sea sepulturero

no quiere decir que lo desconozca.

---No lo he subestimado, Yelas, por su oficio, mas si he de perdirle disculpa pîdosela.

---No hace falta que me la pidas.

---Yelas, parêcele bien que vayamos juntos a ingerir algo?

---Y por quê ha de parecerme mal?

---La respuesta con una pregunta! Entonces vamos los dos.

        Mas antes de llegar a la mesa sorprêndeme una cosa: la presencia en la fiesta de

las vendedoras Helade y Efîaltes, motivo por el cuâl pregûntole ipso facto a Yelas quê

tipo de relaciôn tenîan con el general.

---Kosmos, lo que te dirê deberâ quedar entre nosotros.

---Amplifîquelo, Yelas, que yo soy una tumba. Age!!

---Concretamente no es una relaciôn, sino mâs bien que el general entrô en contacto

con ellas hace ya unos cuantos años, lo que se debiô a un problema que êl tuvo de fe-

cundaciôn y como tal se vio en la necesidad de acudir a ellas.

---Sî!! Ya sê que ellas venden productos que refuerzan la fecundaciôn. Asî que el ge-

neral tuvo tal problema. Unos cuantos años! Cuâl, de êstos, es la cantidad, Yelas?

---Si mal no recuerdo veinticinco.

---O sea, que Esmeralda aûn no habîa nacido, no?

---Correcto, Kosmos, aûn no. Te queda claro por quê pudo nacer?

---Câspita Yelas!! Porque el general, con los productos, solventô su problema. Y co-

nociô usted a la progenitora de Esmeralda?

---Te responderîa, que ni yo ni las personas amigas/cercanas de la vieja guardia que

conocî, aunque por otras criaturas me enterê/supe que la madre de Esmeralda era un

tanto misteriosa.

---Misteriosa? En quê sentido?

---Por lo que escuchê sôlo salîa de la casa de noche.

---Y quiên hacîa las compras de la comida?

---Una criada que era amiga de la difunta Simaeta.

---No dîgame que era amiga de êsta, verdad?

---Asî como lo escuhaste.

---Yo conocî a la difunta cuando mi tîo llevâbame de niño a la plaza de la catedral ba-

rroca, y las palabras que dîjome jamâs las olvidarê. Pero, Yelas, la misteriosa madre de

Esmeralda ya sucumbiô?

---Sî, pero no la sepultê porque fue cremada hace diez años. Y, Kosmos, mâs pregun-

tas? 

---De momento mâs ninguna, Yelas. 

       De reojo fijême que las susodichas vendedoras mirâbanme con fijeza, mas como

las ignorê ni tan siquiera, y de tal guisa, hicieron lo posible, el intento por acercarse y

para entrar en verba. Al llegar a la mesa hâceme una seña Cratino para que sentârame

al  lado de êl. A continuaciôn de coger un plato empiezo a seleccionar lo que deseaba

ingerir que estaba cerca del alcance de mis manos, mas en lo que hacîalo llegan Forli-

gen e Isabel y siêntanse a mi lado, y sin dilaciôn alguna, calaña de que estaban famêli-

cos, hacen lo mismo que estaba haciendo yo. Al comenzar a masticar las delicias sele-

ccionadas no pude eludir analizar una cosa: la formaciôn del cuarteto con el orden si-

guiente: Cratino, yo, Forligen e Isabel. Con la intenciôn no de inferir, sino que mâs y

bien de sacarle provecho a lo que analizaba, un senecto ethôs como bien saben cuasi

todos los que conôcenme, empiezo a pensar en cômo con un orden determinado fun-

cionarîa una ringlera de causas y efectos a raîz de un cruce de miradas una al lado de

la otra, empero  dirîmese mi pensar por causa de lo siguiente: por la llegada de Ana-

bel con una botella de vino y que pregunta: les lleno a los cuatro sus copas vacîas?

---La mîa primero, Anabel, por favor.

---Cratino, hasta el tope?

---Sî, Anabel, hasta el tope. Kosmos, por quê me miras asî?

---Porque quê mejor que la dadorîa de Baco como acicateante que engendra el des-

pertar de una emociôn aunque no exista entre dos criaturas un pactum fornicationis.

---Kosmos, te encanta provocarme. Ya te dije que....

---Un pactum quê?

---Anabel, no le hagas mucho caso a lo que dice Kosmos, que quien lo conoce sabe

que cuando quiere salirse con las suyas hace todo lo posible para lograr lo que pro-

pônese.

---Entonces, Cratino, tû lo conoces bien por ser buen amigo de êl, no?

---Exacto, Anabel, exacto!!

---Anabel, mi copa sôlo hasta la mitad, por favor.

---De acuerdo! Y cômo te llamas?

---Mi nombre es Isabela.

---Quê nombre mâs bonito!

---Gracias, Anabel!

---Kosmos, y tu libro sobre el significado de los nombres dice algo sobre el nombre

de ella?

---Anabel, sobre Isabel sî, mas sobre Isabela no.

---Ah, estâ bien. Mira, Isabela, aquî tienes tu copa hasta la mitad.

---La copa mîa como la de Cratino, Anabel.

---Y tû eres?

---El guitarrista invitado a la fiesta del general.

---Sî ya sê, pero cômo te llamas?

---Forligen, Anabel, For-li-gen.

---Forligen? Quê nombre mâs raro!

---Es que me lo puso mi madre que es alemana.

---Ahhh!! Por eso me sonaba raro. Toma, Forligen, tu copa hasta el tope.

---Por el oro de las retamas y la purpura de los brezos! 

---Por quê dices eso, Kosmos?

---Anabel, porque quedême para el final a pesar de ser el segundo de los cuatro de

izquierda a derecha.

---Kosmos, tû te quisiste quedar para el final.

---Êsa es la res, êsa!!

---Cômo?

---Anabel, ya te dije que no le hicieras mucho caso.

---Sî, Cratino, no se me ha olvidado. A ver, Kosmos, hasta dônde te la lleno?

---Hasta bien arribita.

---Cuâl es esa cantidad, Kosmos?

---Hasta el tope. Anabel. El tope no estâ acaso bien arribita?

---Ahora que me lo preguntas entiendo. Mira, aquî la tienes, hasta bien arribita.

---Muchitantas gracias!! Y tû no tomas con nosotros, y de paso hacemos un tintineo

de copas?

---Kosmos, pero sôlo dos deditos, que si tres me perjudica.

---Ya dos representan una medida semigruesa.

---Y brindamos por....

---El pactum fornicationis!!

---Verdad, Kosmos, verdad? Cômo que por êl si...

---Cratino, me dijiste que no le hiciera mucho caso a lo que dice Kosmos y, sin em-

bargo....

---Quê dirîa el presidente y lacayos de una însula?

---Kosmos, ahora me rîo, me muero de risa.

---Y por quê, Cratino? Quê es lo que te da risa?

---Ay si tû supieras, Anabel, si tû lo supieras. En fin, crêeme que tengo un motivo pa-

ra reîrme.

---Estâ bien. Te creo. Bueno, si desean mâs vino me llaman o me hacen una señal. Y,

kosmos, por quê me miras asî?

---Anabel, porque vas a oîr tu nombre varias veces o verâs la señal repetida.

         Y viene Esmeralda y pregûntame no con muy buena jeta:

---Kosmos, por quê le preguntaste a Yelas si conocîa a mi madre? 

---Por la conversa que tuvimos con fluyente verba.

---Y por quê jamâs me preguntaste a mî sobre ella, que mâs de una ocasiôn tuviste?

---Rectifico/exactivizo: mâs de un Kairôs para salir contigo, mas nunca uno para ha-

blar sobre el tema, ni tan siquiera para acercarme a êste.

---Hagamos una cosa: a partir de hoy, y si quieres saber algo de mi padre o de mi ma-

dre fallecida, me preguntas directamente a mî.

---Quêdame tan claro como carâmbanos transparentes que puntiagudos cuelgan! 







 



















 







 


    
























 












 











      





















199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...