Sobre una mesa de madera de abedul jamâs, que yo sepa o haya leîdo, se ha firmado
un pactum fornicationis, dejêle saber a Cratino porque pensô que lo que dîjele sobre la
mano del general que tocô el cabello de Matilde significaba no otra cosa que una secreta
atingencia entre êsta y aquêl.
--Kosmos, y acaso el abedul no relaciônase a menudo con un cambio y una renovaciôn?
--Cratino, tu pregunta es interesante, mas sabes una cosa? Aunque Beth tanto con uno
como con la otra relaciônese, y el acto mâs profundo asimismo es un cambio y una re-
novaciôn, su madera es tan sagrada, sobre todo para los celtas, que firmar un pactum co-
mo el susodicho para êstos resultarîa un sacrilegio. Cratino, pero puedes firmar uno con
Anabel, no?
--Y de dônde tû sacaste que quiero fornicar con ella, firmar un pactum fornicationis?
--Los ôculos no mienten, amigo mîo.
--Y tû quê, Kosmos, con Isabela? Mira que te vi mirândola, y cômo.
--Como un guardiân de Cupido que piêrdese entre las formas? Êstas son como un labe-
rinto. Entonces: vale la pena perderse?
--No me extraña de ti una pregunta como êsta.
--Lo que has dicho no es una respuesta.
--Claro, Kosmos, que vale la pena. Ese laberinto es del hombre, del mâsculo concupis-
te, guerrero al tanto de la dadorîa mâs pura y del gozo gratuito.
--Fruiciôn gratuita y dadorîa mâs pura siempre y cuando no sea una carrusiana.
--Quê, un axioma?
--Pudiera ser. Encaja/pega como eso.
--Encajar!! Por la conversa que tenemos/fluye/es tempestiva esta palabra deja una reso-
nancia tremenda.
--Câspita Cratino que me tengo que reîr. Espero que la resonancia no te deje sordo.
--Kosmos, si hasta ahora/el sol de hoy no me he quedado sordo....
--Eh? Entonces tal palabra no sale de tus oîdos?
--Estâ siempre adentro sin conversa que têngase, fluya o sea oportuna.
--Fascîname este lûdico con la verba; repetirlo como que no te dirîa [que hâceme feliz]
que es precisamente funcional sino indefectible.
--A mî no me hace falta que me lo digas. Cômo no saberlo? Es el jueguito que no te pue-
de faltar.
--Quê tû crees que te dirîa?
--Quê si no que lo siguiente: êsa es la res, Cratino!
--La mismitica, amigo mîo, êsa!
--Pero, Kosmos, lo indefectible no es funcional?
--Una suntuosa pregunta que menestera dilucidaciôn.
--Oh, no!! Dilucidaciôn de momento ninguna.
--Y entonces, por quê me hiciste la pregunta?
--Per se de vez en cuando me embarco.
--Deberîas salir con salvavidas para que no naufragues sobre la mar semântica.
--Ya le sacaste provecho al verbo embarcar?
--Sôlo a un verbo sâcole provecho?
--Ahora te digo: no me has respondido.
--Te respondo despuês, mâs tarde.
Por esto ûltimo que escuchô Cratino salir de mi boca es que dîceme que va a la
mesa con el objetivo de atiborrar un plato con todo lo que se le antojara ingerir. aun
sabiendo que pudiera tener pejiguera estomacal por ser su digestiôn lenta, razôn por
la cual nunca despuês de las siete de la nocturna come demasiado, repleta su barriga
con mâs de un sustento. Aunque sea mi buen amigo no tengo la obligaciôn de recor-
dârselo, ya que estâ bastamente crecidito para cuidarse por sî mismo, tener en cuen-
ta la consecuencia, para reflexionar sobre el aforismo a un gustazo un trancazo, a no
ser que sea masoquista y hâyamelo ocultado, mas aun asî el malestar que tendrîa que
soportar no serîa nada grato, de cuestiones de segundos para aguantarlo con total in-
diferencia.
El sepulturero Yelas, y al que aûn no habîa visto, me toca por la espalda en el pre-
ciso momento en que observaba cômo Cratino dâbase el gustazo de dejar caer en el
plato los alimentos. A continuaciôn de saludarme dândome un abrazo, y tan pudien-
te que parecîa uno con tentâculos de pulpo, infôrmame sobre el comenzado trabajo
de excavaciôn, aunque asimismo de lo que oyôle decir a los arqueôlogos: que el pa-
trimonio cultural que estaba sepultado pertenecîa al imperio romano. Cômo tales pa-
labras no pudieran ser el motivo de mi jovialidad si êste es el imperio que sale a co-
locaciôn, a puesto en mi novelôn? Agrega con destacada parsimonia verbal, que y a
pesar del susodicho trabajo su vivienda no corrîa el pernicio de ser derruida, ya que
de acuerdo a una pesquisa hecha en lo atinente al terreno no estaba dentro de los lî-
mites marcados en êste, lo que traduce que al anterior estudio realizado a esta inves-
tigaciôn no fue tan preciso, lo que no quiere decir que del todo estê mal hecho, sino
que tal vez hîzose con algo de prisa.
---Entonces, Yelas, usted debe sentir una tranquilidad tremenda, porque a pesar de
saber de que en el caso de que perdiera su nueva propiedad la ciudad le devolvîa to-
dito el peculio que usted dio por la casa, tener que buscar dônde vivir cada vez hâ-
cese mâs difîcil que asimismo mâs caro, sin contar con la cosa de que encontrar lo
que a uno gûstale no hâllase en una semana, o sea, que menestêrase tiempo.
---Asî mismo es, Kosmos, tienes toda la razôn. Te dirîa, algo que ni tan siquiera al
general dejê saber, que esta cuestiôn de si perdîa o no la casa me tenîa preocupado,
y que por lo mismo mâs de una vez no pude dormir, ni tan siquiera tenîa sueño, ga-
nas de poner la testa sobre la almohada.
---Câspita, Yelas!!, que si pônela debajo no va a poder bien respirar.
---Estâs bromeando, no?
---Disculpe usted, es que si no lûdico el que ahôgase soy yo.
---Ya que te conozco un poco, cômo no creerte?
---Y dîgame, Yelas: sabe algo de si periclita la posiciôn vertical de la escultura de le
Penseur?
---No sê nada, pero el trabajo de excavaciôn no llega hasta donde estâ êsta. Quê, te
preocupa la escultura?
---No trâtase de preocupaciôn sino de otra cosa.
---De cuâl?
---Es bastante compleja, Yelas, la otra cosa.
---Lo complejo y tû o tû y lo complejo.
---El orden de los factores no altera el producto, como reza un inveterado aforismo.
---Conozco el aforismo, Kosmos, el que es tan senecto como yo. Que sea sepulturero
no quiere decir que lo desconozca.
---No lo he subestimado, Yelas, por su oficio, mas si he de perdirle disculpa pîdosela.
---No hace falta que me la pidas.
---Yelas, parêcele bien que vayamos juntos a ingerir algo?
---Y por quê ha de parecerme mal?
---La respuesta con una pregunta! Entonces vamos los dos.
Mas antes de llegar a la mesa sorprêndeme una cosa: la presencia en la fiesta de
las vendedoras Helade y Efîaltes, motivo por el cuâl pregûntole ipso facto a Yelas quê
tipo de relaciôn tenîan con el general.
---Kosmos, lo que te dirê deberâ quedar entre nosotros.
---Amplifîquelo, Yelas, que yo soy una tumba. Age!!
---Concretamente no es una relaciôn, sino mâs bien que el general entrô en contacto
con ellas hace ya unos cuantos años, lo que se debiô a un problema que êl tuvo de fe-
cundaciôn y como tal se vio en la necesidad de acudir a ellas.
---Sî!! Ya sê que ellas venden productos que refuerzan la fecundaciôn. Asî que el ge-
neral tuvo tal problema. Unos cuantos años! Cuâl, de êstos, es la cantidad, Yelas?
---Si mal no recuerdo veinticinco.
---O sea, que Esmeralda aûn no habîa nacido, no?
---Correcto, Kosmos, aûn no. Te queda claro por quê pudo nacer?
---Câspita Yelas!! Porque el general, con los productos, solventô su problema. Y co-
nociô usted a la progenitora de Esmeralda?
---Te responderîa, que ni yo ni las personas amigas/cercanas de la vieja guardia que
conocî, aunque por otras criaturas me enterê/supe que la madre de Esmeralda era un
tanto misteriosa.
---Misteriosa? En quê sentido?
---Por lo que escuchê sôlo salîa de la casa de noche.
---Y quiên hacîa las compras de la comida?
---Una criada que era amiga de la difunta Simaeta.
---No dîgame que era amiga de êsta, verdad?
---Asî como lo escuhaste.
---Yo conocî a la difunta cuando mi tîo llevâbame de niño a la plaza de la catedral ba-
rroca, y las palabras que dîjome jamâs las olvidarê. Pero, Yelas, la misteriosa madre de
Esmeralda ya sucumbiô?
---Sî, pero no la sepultê porque fue cremada hace diez años. Y, Kosmos, mâs pregun-
tas?
---De momento mâs ninguna, Yelas.
De reojo fijême que las susodichas vendedoras mirâbanme con fijeza, mas como
las ignorê ni tan siquiera, y de tal guisa, hicieron lo posible, el intento por acercarse y
para entrar en verba. Al llegar a la mesa hâceme una seña Cratino para que sentârame
al lado de êl. A continuaciôn de coger un plato empiezo a seleccionar lo que deseaba
ingerir que estaba cerca del alcance de mis manos, mas en lo que hacîalo llegan Forli-
gen e Isabel y siêntanse a mi lado, y sin dilaciôn alguna, calaña de que estaban famêli-
cos, hacen lo mismo que estaba haciendo yo. Al comenzar a masticar las delicias sele-
ccionadas no pude eludir analizar una cosa: la formaciôn del cuarteto con el orden si-
guiente: Cratino, yo, Forligen e Isabel. Con la intenciôn no de inferir, sino que mâs y
bien de sacarle provecho a lo que analizaba, un senecto ethôs como bien saben cuasi
todos los que conôcenme, empiezo a pensar en cômo con un orden determinado fun-
cionarîa una ringlera de causas y efectos a raîz de un cruce de miradas una al lado de
la otra, empero dirîmese mi pensar por causa de lo siguiente: por la llegada de Ana-
bel con una botella de vino y que pregunta: les lleno a los cuatro sus copas vacîas?
---La mîa primero, Anabel, por favor.
---Cratino, hasta el tope?
---Sî, Anabel, hasta el tope. Kosmos, por quê me miras asî?
---Porque quê mejor que la dadorîa de Baco como acicateante que engendra el des-
pertar de una emociôn aunque no exista entre dos criaturas un pactum fornicationis.
---Kosmos, te encanta provocarme. Ya te dije que....
---Un pactum quê?
---Anabel, no le hagas mucho caso a lo que dice Kosmos, que quien lo conoce sabe
que cuando quiere salirse con las suyas hace todo lo posible para lograr lo que pro-
pônese.
---Entonces, Cratino, tû lo conoces bien por ser buen amigo de êl, no?
---Exacto, Anabel, exacto!!
---Anabel, mi copa sôlo hasta la mitad, por favor.
---De acuerdo! Y cômo te llamas?
---Mi nombre es Isabela.
---Quê nombre mâs bonito!
---Gracias, Anabel!
---Kosmos, y tu libro sobre el significado de los nombres dice algo sobre el nombre
de ella?
---Anabel, sobre Isabel sî, mas sobre Isabela no.
---Ah, estâ bien. Mira, Isabela, aquî tienes tu copa hasta la mitad.
---La copa mîa como la de Cratino, Anabel.
---Y tû eres?
---El guitarrista invitado a la fiesta del general.
---Sî ya sê, pero cômo te llamas?
---Forligen, Anabel, For-li-gen.
---Forligen? Quê nombre mâs raro!
---Es que me lo puso mi madre que es alemana.
---Ahhh!! Por eso me sonaba raro. Toma, Forligen, tu copa hasta el tope.
---Por el oro de las retamas y la purpura de los brezos!
---Por quê dices eso, Kosmos?
---Anabel, porque quedême para el final a pesar de ser el segundo de los cuatro de
izquierda a derecha.
---Kosmos, tû te quisiste quedar para el final.
---Êsa es la res, êsa!!
---Cômo?
---Anabel, ya te dije que no le hicieras mucho caso.
---Sî, Cratino, no se me ha olvidado. A ver, Kosmos, hasta dônde te la lleno?
---Hasta bien arribita.
---Cuâl es esa cantidad, Kosmos?
---Hasta el tope. Anabel. El tope no estâ acaso bien arribita?
---Ahora que me lo preguntas entiendo. Mira, aquî la tienes, hasta bien arribita.
---Muchitantas gracias!! Y tû no tomas con nosotros, y de paso hacemos un tintineo
de copas?
---Kosmos, pero sôlo dos deditos, que si tres me perjudica.
---Ya dos representan una medida semigruesa.
---Y brindamos por....
---El pactum fornicationis!!
---Verdad, Kosmos, verdad? Cômo que por êl si...
---Cratino, me dijiste que no le hiciera mucho caso a lo que dice Kosmos y, sin em-
bargo....
---Quê dirîa el presidente y lacayos de una însula?
---Kosmos, ahora me rîo, me muero de risa.
---Y por quê, Cratino? Quê es lo que te da risa?
---Ay si tû supieras, Anabel, si tû lo supieras. En fin, crêeme que tengo un motivo pa-
ra reîrme.
---Estâ bien. Te creo. Bueno, si desean mâs vino me llaman o me hacen una señal. Y,
kosmos, por quê me miras asî?
---Anabel, porque vas a oîr tu nombre varias veces o verâs la señal repetida.
Y viene Esmeralda y pregûntame no con muy buena jeta:
---Kosmos, por quê le preguntaste a Yelas si conocîa a mi madre?
---Por la conversa que tuvimos con fluyente verba.
---Y por quê jamâs me preguntaste a mî sobre ella, que mâs de una ocasiôn tuviste?
---Rectifico/exactivizo: mâs de un Kairôs para salir contigo, mas nunca uno para ha-
blar sobre el tema, ni tan siquiera para acercarme a êste.
---Hagamos una cosa: a partir de hoy, y si quieres saber algo de mi padre o de mi ma-
dre fallecida, me preguntas directamente a mî.
---Quêdame tan claro como carâmbanos transparentes que puntiagudos cuelgan!
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