Donnerstag, 29. August 2024

89 (de las once a las doce)

        Precisamente a las once y un minuto Anabel dejô caer la dadorîa de Baco en nues-

tras copas. Al terminar de llenarlas quêdaseme mirando, y al canto de su aclaraciôn de

que  no mirâbame por cuestiones de atracciôn sino porque yo fui el causante de que el

interês  por su ônoma despertârasele al comunicarle la procedencia de êste, dêjame sa-

ber lo siguiente: cuando tuve unos minutos de pausa agarrê el telêfono con la intenciôn

de buscar mâs informaciôn sobre mi nombre, por lo que me entero de que Ana, empero

con la A inicial minûscula, no es solamente un prefijo griego sino que tambiên, y apro-

ximadamente, una medida de un metro.

--Maravîllame que ya estês enterada, mas siêndote sincero no esperaba de ti una bûsque-

da como êsta, pero ya que estâ hecha te corrijo lo ûltimo que dijiste: no es que aproxima-

damente una medida de un metro, sino que es una medida de aproximadamente un metro.

--Kosmos, y acaso no estamos diciendo casi lo mismo? 

--Estamos dentro del mismo cîrculo verbal, mas cuasi es una cosa que tiene una seme-

janza, mas no es la significancia concreta/exacta/justa que lêese en el diccionario.

--Kosmos, si te tuviera como profesor jamâs te soportarîa; es mâs, porque no ser since-

ra me dejarîa molestia, te hubiese odiado despuês de escucharte la primera vez.

--Mejor el hipotêtico de profesor jugando que el de maestro en serio. A ver, Anabel, di-

me sobre el significado del prefijo aqueo.

--De nuevo mi decir, para quê, para que lo rectifiques?

--De nuevo es una de las tres significancias del prefijo.

--Bueno, Kosmos, las otras dos dilas tû.

--Contra y sobre. 

--Cratino, tu buen amigo no es fâcil.

--Ya sê, Anabel, pero por conocerlo y porque es mi buen amigo te dirîa lo siguiente: 

que tampoco es difîcil, mas que sî gûstale lo que no es fâcil por resultarle/considerarlo 

estimulante.

--De todas maneras, Kosmos, te agradezco lo que me dijiste referente a mi nombre, que

ya te dije que nunca lo habîa escuchado.

--Yo con la palabra y con los significados, Anabel.

--Y cômo no creerte? Bueno, sigo en lo mîo, que aun tengo una hora de trabajo.

--Cômo, que la fiesta se acaba a las doce?

--Cratino, no dije la fiesta sino mi trabajo. La fiesta continûa, pero sin nosotras cuatro.

--Y por quê no, Anabel? Porque nos pagan hasta las doce.

--Pero se pueden quedar en la fiesta, no?

--No sê por quê me parece que lo que tû quieres es otro tipo de fiesta.

--Quê dices? Quê va!! Anabel, mi orificio estâ asegurado; no quiero otro. Y, Kosmos,

no me mires asî, ni que se te ocurra nuevamente decir eso del pactum...

--Câspita!! No hace falta que dîgalo, porque de facto lo estâs escuchando, si no cômo

es que puedes remitirte a êl? De lo que no escûchase puêdese hablar?

--Vaya, un concreto paradigma de tus transformaciones.

--Los dejo con su jerga, que como les dije aûn no he terminado. Chao!!

--Jerga, Anabel?

--Sî, Cratino, jerga.

--Estâ bien. Chao!!

           A tenor de que los huecos engendran dependencia, que si no la costumbre mâs

apreciada por ser garante de un resultado [aunque efîmero] liberador de ciertas y deter-

minadas presiones existenciales, razôn por la cual nunca dîrîase como una afêresis que

suprime una o varias letras, es que puedo (perfecta/ tempestivamente) comprender que

lo que dîjole Cratino a Anabel cuenta con un motivo estructurado y a su vez co-depen-

diente  de una visiôn/imago que (tal vez) por repeticiôn enlaza como un nudo [ que de

no ser gordiano imposible que atraiga a un conquistador] supuestamente hecho con un

têlos conocido, mas que a la vez no tan fâcil de ser analizado como si tratârase de una

meta  que deberîa alcanzar un corredor con mirîfico calzado y entrenamiento sofocan-

te. Asimismo doy en el hito, porque la versatilidad de Cratino es algunas veces/de vez

en cuando tan evidente que pasarla por alto es imposible, que su problema no es tanto

el del falso apego sino el que acarrea una consecuencia por êl mismo pincelada: si me

escapo de lo humectante que refresca y satisface (no todos los dîas) tendrê que sopor-

tar este caro pensamiento: la felonîa tiene un precio que cuêstame pagar.

       En lo atinente a la felonîa siempre la creî funcional, razôn por la cual en mi nove-

lôn sale a puesto, a colocaciôn repetidamente; el que la comete puede darse cuenta no

solamente  de la sûmula de posibilidades que existen para demostrar habilidad con el 

manejo de la persuasiôn, sino que asimismo del realismo con vigencia de que el hom-

bre no estâ hecho para participar en una sola fiesta cupidosa. Ostensible quêdame es-

te otro realismo: no todos los hombres la prefieren/desean por requerir trabajo y tiem-

po, aunque en algunos casos atenciôn por arraigar el gusto o por florecer la obsesiôn,

la  vehemencia del alma del todo desenfrenada. Tomando como paradigma a mi reto-

ño (en el novelôn) Kosmithôs, la felonîa de êl mâs bien encaja en una categorîa infan-

til, lo  que no traduce  que no sea funcional sino que carece de una pericia dejada por 

la  experiencia, el  hontanar de un conocimiento mayûsculo. In casu, y como ya cono-

cen los que leyeron mi novelôn, por estar con la campesina su traiciôn fue un incesto,

mas que uno sabido mucho tiempo despuês, mas que aun asî êste es indeleble. Pûso-

se de manifiesto un inveterado aforismo que revela una transmisiôn/influencia genê-

tica? De tal palo tal astilla, porque quê hay con la felonîa mîa? No la justificarê, mas

si yo estuve con Cornelia a la vez que estaba con Rubria fue porque estâ dejaba cala-

ña de inseguridad/desasosiego, y por lo mismo no del todo su fragancia, su carne y el

ampo de su piel pertenecîanme. Punto a la raya y que continûe la letra? Que Rubria y

Cornelia fueron buenas amigas, lo que no quiere decir que ni una ni la otra hayan per-

donado mi tempestiva felonîa, aunque las dos fueron madres por el fluido espermato-

zôico que de mi saliô.  

---Kosmos quê, bullicio en el silencio?

---Cratino, mâs o menos êsa es la res.

---Y se puede saber quê sacaste de êl?

---Te lo dirê en otro momento, que con la cantidad que ya tengo dentro de la dadorîa 

de Baco pudiera ser que lo transforme todo.

---Con la cantidad que ya tengo dentro de [...]. Kosmos, y acaso puedes tenerla fuera?

---Cratino, tû sabes que encântame este jueguito taxativo; o mejor dicho, el jueguito 

como resultado de una interpretaciôn taxativa.

---Por eso mismo lo comparto contigo, contigo lo puedo jugar, no con Anabel.

---Me has dado pâbulo de risa.

---Pues cuando termines de reîrte quiero preguntarte una cosa.

---Amplifica la pregunta, amplifîcala, que no me rîo con los oîdos.

---No te parece extraño que ni Dasid ni Matilde Ronco Espinoza no nos hayan saluda-

do ni echado una miradita?

---Cratino, yo erastes de los estoicos: o todo en su momento o en un momento nada y,

en medio, la indiferencia, la que aquî funciona neutral, [claro queda/estâ por la posi-

ciôn que tiene].

---Lo que traduce que no te extraña nada, no? Deplorablemente no puedo ser como tû.

---Vaya perogrullada!! Tremenda!!

---Hacîa rato que no decîas esta palabrita. Ya, no me digas nada, que todo en su momen-

to.

---Lo que te iba a decir que no te dije porque me dijiste que no te dijera nada.

---Te quedô regia esta amplificaciôn. Kosmos, creo que vamos a tener que cambiar de 

sitio, porque las inseparables vendedoras nos miran con fijeza.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vamos hacia allî, hacia aquella

esquina luminada por una antorcha.

---De acuerdo! Vamos!!





























     




 



 


 



 



 










  













 









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