Seguido a dejarle saber al general el porquê de que su hija Esmeralda vino estando
de jeta para decirme lo que me dijo, êl pîdeme que de momento olvidârame de intentar
acercarme a su hija, ya que conociêndola como la conoce serîa totalmente en vano utili-
zar palabras convincentes con el fin de sacarla del estado que tenîa, que padecîa exento
de un anâlisis adecuado. Clârame, asimismo, que de su progenitora aprendiô a formar
lîos y a entrar en liza por la mînima cosa que pareciêrale u ofensiva o que resultârale
ininteligible, aunque algunas veces por no hacerle el caso que esperaba, lo que entendîa
como indiferencia. A continuaciôn de hacer una pausa verbal para mojar sus labios con
su bebida favorita, o sea, el conâc, diome unos golpecitos en el hombro derecho y si di-
laciôn dîjome:
---Kosmos, cuasi todo es producto del carâcter, êste es el que engendra en la conducta
una sûmula de cosas. Y sabes quê? El carâcter de mi hija es el mismo que el que tuvo
su difunta madre. Tû mejor que nadie sabes el precio que (tiene) hay que pagar por de-
mostrar un carâcter de sublevaciôn, de rebeldîa en la academia, no?
--Câspita, general, cômo olvidarlo. Mas discûlpeme, pero usted ha dado un brinco tre-
mendo, de una cosa a la otra en un periquete.
--Kosmos, como mismo tû tienes tu mêtodo yo tengo el mîo; como mismo tû un pro-
pôsito yo una meta; como mismo tû una pericia para acarrearle al interlocutor un bre-
ve asombro, yo el dominio de la expresiôn que asombra al interlocutor por el salto da-
do: me entendiste?
---Ostensible/indubitablemente que sî!
---Me encantô tu respuesta. Sabes una cosa, Kosmos? Quiero presentarte a un editor,
presente en esta fiesta y muy buen compinche mîo de los viejos tiempos, y el que estâ
interesado en trabajos con cierta complejidad y alongamiento. Quê me dices?
---Que se lo agradezco, general, mas usted sabe que no tengo interês en publicar mi no-
velôn.
---Kosmos, no le he olvidado, pero quiên sabe la puerta que se te pueda abrir, la posibi-
lidad que puedas tener de ser conocido si no por tu novelôn por otro trabajo que escri-
bas. Tû no crees que todo sacrificio es merecedor de un precio, de una recompensa aun
no habiendo pensado en ella? A mî no me pasarîa por la mente escribir por nada, dedi-
carle tanto tiempo a algo que me quedase como recuerdo o como entretenimiento para
mis amigos. Quê va!! Vaya atentado contra un derecho de autor. Kosmos, si popular te
haces, vas a tener peculio seguro para el resto de tu vida.
---General, sus palabras son tan ciertas como la lumbre lunar en este momento, mas su
forma de pensar es muy disîmil a la mîa; alêjase bastante de mi manera de creer, de mi
configuraciôn conciencial, de mi naturaleza cuasi estoica, o sea, con destellos confor-
mistas, o desdeñamientos existenciales porque sê que las editoriales laboran en funciôn
de un interês, de una ganancia que sobrepasa el valor bâsico/reglamentado del centavo
a pagar por la cantidad de lîneas posibles en una hoja.
---Kosmos, por lo que he hablado contigo, por las veces que hemos tenido un intercam-
bio de verba, sê que eres un pensador que no encaja en los tiempos actuales, un artîfice
con mâs de una fuga, un escape peyorativo, pero si insistes en lo despreciativo, amigo
mîo jamâs tendrâs ninguna posibilidad de dar a conocer la pudiencia de tu imaginaciôn,
el sello de tu letra metafôrica/ornamentada, la potencia sui gêneris de tus componentes/
elementos superlativos.
---Dasid, esto es como lo llamado en psicologîa un constructo, mas dîgole una cosa: no
câusanme temor emisiones conceptuadas, que de facto escuche usted: si acaso es que y
por ellas mi lûdico es posible, mantiene su vigencia, desarrôllase sin intermitencias o
anomalîas irregulares, extiêndese como la raya que subraya descollamientos fundamen-
tales a pesar de la oponencia de los lectores mâs înclitos que estancarse prefieren a sol-
tarse a la contingencia que en locaciones desconocidas por cultura emerge, y que a su
vez sabotea conexiones que de facto representan un redondamiento de un point con re-
sonancia magna: el de capiton.
Quinces minutos despuês el general presêntame a Lavinia, el editor. Decidî conocer-
lo mâs por quitarme de encima el cacareo verbal de Dasid y el general que concretamen-
te por una cuestiôn ôntica, ya que tratândose de alguien que pudiera quitarle a mi nove-
lôn una gran parte de la vigorosidad que caracterîzale a raîz de su revisiôn y correcciôn,
cômo podrîa yo estar de acuerdo con una res como êsta, lo que traduce que jamâs acer-
carîame a êl por un deseo individual. A pesar de lo que acabo de decir, que una cosa no
quita a la otra, no pasê por alto, tuve en cuenta que su nombre, y en la alcheringa, fue el
desencadenante de una guerra por ser (haber sido nada mâs y nada menos que) el de la
hija de un rey latino y de Amata, y si primeramente prometida a Turno; despuês, al mî-
tico prîncipe troyano Eneas, motivo mâs que basto para la colisiôn de êgidas y espadas,
de las oponentes huestes.
--Señor Lavinia, espero que usted sepa que como mismo usted llâmase llamôse en tiem-
pos lejanos una fêmina que fue hija de un progenitor dentro de un mundillo mayestâtico.
---Cômo no saberlo, Kosmos, cômo desconocerlo? Pero tû no crees que es mejor hablar
del dîa que podemos encontrarnos para echarle un vistazo a tu novelôn?
---Dîgamelo usted, y ese dîa estarê presente a la hora señalada y frente a la persona que
verê.
---A ver, dêjame consultar la agenda que siempre tengo metida en el bolsillo derecho de
este saco. Quê te parece pasado mañana a la una de la tarde?
---Que viêneme de maravilla por no ser ni muy temprano ni muy tarde.
---Perfecto!! Entonces hasta entonces.
---Ya, tan râpido? Pensê que entrarîan en conversaciôn, y como tal que estarîan juntos
mâs rato.
---No hace falta, general, que pasado mañana sî que estaremos mâs tiempo juntos.
---Si Lavinia lo dice es porque conoce bien su trabajo.
---Como usted, general, el suyo.
---Lavinia, desea usted un poco de coñâc? Le puedo asegurar que le encantarâ.
---Le doy las muchas gracias, general. Me encanta esa bebida, pero de momento no de-
seo hacer hacer un pastiche de coñâc con vino rojo.
---Y en otro momento sî lo harîa? Pues avîseme si mâs tarde llega ese momento.
---No lo creo, general, porque ya cuasi que me estoy yendo, que mañana tengo cuatro
trabajos narrativos que revisar, asî que ese otro momento serâ no sê cuândo.
---Quê pena que usted cuasi que yêndose estâ, mas como soy un amante de la disciplina
celebro la que usted tiene con su trabajo.
---Gracias, general!! Y gracias asimismo por la invitaciôn a su fiesta, y aunque haya esta-
do solo la he pasado muy bien.
---Me alegro de que haya sido asî, Lavinia, o sea, que la haya pasado muy bien que no y
que haya estado solo.
---No hace falta esta explicaciôn, general, que jamâs se me ocurrirîa pensar que usted se
alegre porque no haya estado acompañado.
---Y dîgame, Lavinia: puede usted llegar sin problemas de desequilibrio a su casa?
---Bueno, tampoco es que he tomado tanto como para carecer de ponderamiento. Por quê
me preguntô, hîzome la pregunta?
---Porque si tuviera mareo mi chofer se encargarîa de dejarlo en la puerta de su casa.
---Usted es un buen amigo, pero no, no hace falta. Mas gracias, general!
---De nada!!
---Y, Kosmos, adiôs!! Y que no se te olvide que...
---Pasado mañana a la una de la tarde! Êsa es la res, Lavinia, êsa. Buena nocturna y espe-
cioso onîrico.
---Buena nocturna, Kosmos!
Cratino no podîa creer lo que dîjele: que pasado mañana a la una de la tarde encon-
trarîame con Lavinia.
---Cômo, Kosmos? Vas a dejar que ese editor le eche un vistazo a tu novelôn? Verdad?
---Una tempestiva/indefectible pregunta, mas sabes quê? Porque êchele un vistazo no
quiere decir que publîquese.
---Kosmos, mi pregunta no fue referente a publicaciôn.
---No lo fue, Cratino, empero como te conozco tan bien no extrâñame que hayas pensa-
do sacando una conclusiôn.
---Conclusiôn? Verdad? Y cuâl, a ver?
---Câspita Cratino!! Mondo lirondo que tû sabes que yo llego al fondo, que no soy de y
en la superficie quedarme.
---Cômo te vas a quedar en êsta si al fondo llegas? Quê te propones, que detecte alguna
de las marranadas verbales con las que pones a prueba de atenciôn/de buena escucha al
interlocutor?
---Quiên si no mejor que tû para hacerme esta pregunta? Quê te parece si llamamos, o le
hacemos una seña a Anabel para que venga a llenarnos las copas?
---Hagâmosle una seña, que con tantas voces activas a la vez tal vez no nos oye.
---Cratino, si lo que descolla es mutismo. Y no me digas nada que yo mismo, por un ac-
to volitivo, por un garbo ôntico, quise caer en tu zalagarda verbal.
---Estâ bien, Kosmos, no te digo nada. Llamêmosla, entonces.
---Y acaso no acabas de decirme algo?
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