Freitag, 11. Juli 2025

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       Hasta donde estoy informado el barrio La Chabola fue construido encima de un

barrio derruido que fue en tiempos lejanos tambiên uno de la prostituciôn. Referente

a este barrio inveterado, y onomado La bola por su construcciôn en forma de cîrculo

( o circular), por lo que no  me extrañarîa que coincidieran en un mismo punto tanto 

comienzo como final, contôme mi tîo un dîa sobre la carrusiana Margarita, una fêmi-

na  con patas largas y con un cabello rojizo que llegâbale cuasi al tafanario, y la que

preferîa la hamaca para tener lûdico amoroso y por la siguiente razôn: por la del mo-

vimiento de izquierda a derecha al ser una colgante cama, empero que un movimien-

to que simultâneamente al movimiento del cuerpo duplicaba el deleite, hacîa mâs sa-

brosa la fruiciôn. Mas segûn mi tîo, y algo que dîjome tan seriamente que mentira no

podîa ser, a este movimiento de la hamaca y el cuerpo a la misma vez tuvo que acos-

tumbrase, porque  al experimentarlo por primera vez acarreôle mareo, un ôbice con-

tra el deleite y la fruiciôn. Ahora bien, y por esto que contôme, no tendrîa yo que ser

adivino para saber el porquê de que en la sala de su apartamento tenga mi tîo una ha-

maca, y que en êsta hâyale (actualmente) pedido a Matilde Ronco Espinoza que deja-

ra caer su cuerpo, la que asimismo tiene patas largas y un crecido cabello pintado de

rojo, mas que no tan alongado como para llegarle hasta la parte del cuerpo susodicha.

En fin, y creo yo, una cuestiôn de resonancia, de atrâs, o de la sombra que impera in-

deleble.

     Como ya habîa dicho, el barrio la Chabola, y por donde he pasado (ya) tantas ve-

ces  que he perdido la cuenta exacta/concreta/precisa de la sûmula de atravesarlo de

un lado a otro, fue el aliciente para incorporar en mi novelôn (La cazuela de Vitelio)

una  zona descollante en agitamiento y excitaciôn: la de Omonia, y en la ciudad del

ocio (Apragôpolis). Etimolôgicamente, la  raîz de la palabra Omonia, algo que tam-

biên  ya saquê a puesto, a colocaciôn, serîa  del interês, de un tremendîsimo atracti-

vo de cualesquier criaturas que por naturaleza tengan una apellidada afogarada, que

si no  una con  tendencia al exhibicionismo, al mostramiento con soltura (o con sor-

na) de  componentes o elementos dados por el diseño de la natura, la que ni equivô-

case ni comete fallos. Mas lo que sî no he dicho es que quien envîciese con este ba-

rrio  lo primero  que pudiêrale pasar es que carezca de sueño; lo segundo, que piêr- 

dase como Martîn en el bosque, significando perderse no tener un control absoluto,

un  dominio de las precisiones y de las apreciaciones indispensables e imprescindi-

bles.

        De lo que sî no estoy claro es de una cosa: de si el ônoma la Chabola pûsose-

le a este barrio con el fin de que pegara, como un lûdico de palabra, con el nombre

la bola, como llamôse al barrio asimismo de la prostituciôn que fue derruido y an-

terior a la Chabola. Mas si digo que no estoy claro de esta cosa no es con el propô-

sito de sacar a puesto, a colocaciôn mi carencia de conocimiento al respecto, sino

mâs  bien con el fin de mantener la disposiciôn adecuada para adquirir la informa-

ciôn pertinente que permitirîame amplificar con mâs soltura/opulencia/riqueza so-

bre lo que existe en esta ciudad ya un tanto senecta, que asimismo acosada por el

polvo y cuasi frita por la pudiencia de los rayos apolîneos que câenle encima, y de

los que sâlvase, de vez en cuando, por el cambio climâtico que acopas traslada de

un continente a otro la caricia blanca, y por este traslado cômo yo no dirîa, dejarîa

de decir la palabra eureka, y la que resuena [en La cazuela de Vitelio] como matra-

ca china.

     Curiosamente, y al pasar por delante de dos carrusianas que conversaban como

si fuesen întimas amigas, escucho decir a la mâs alta de las dos que su progenitora

aprendiô muchîsimo de los hombres trabajando como prostituta en el barrio la Bo-

la, y que cuando soltâbase su cabello rojizo, el que casi llegâbale a las nalgas, po-

quitîsimos, contados con los dedos eran  los mâsculos  que dejaban calaña de indi-

ferencia. Y entonces, cômo  no dar como posible que la susodicha progenitora no 

era  otra que Margarita? A raîz de esta pregunta miro con fijeza a la carrusiana, y

despuês de ella darse cuenta que mirâbala pregûntame:

---Quê, te gusto o te caigo bien? 

---Te responderîa que ni una cosa ni la otra.

---Ah no, y entonces cuâl es el porquê de tu mirada?

---Porque por lo que acabo de escuchar, y salido de tu boca, me parece que tu pro-

genitora es Margarita.

---Pues sî, ella misma es. Y cômo sabes su nombre?

---Lo sê por esto. Escucha.




       



 



  




 







 







   

















Dienstag, 8. Juli 2025

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       A pesar de estar consciente de la contingencia que côrrrese, siempre por repeticiôn

he hecho lo mismo: dejar que mis piernas llêvenme a cualesquier lugares de la ciudad.

Pero cuando digo estar consciente de ella no refiêrome a que sea un riesgo pernicioso

por el que tendrîase que pasar, sino mâs bien al encuentro con un existencial expuesto

al cambio o a la tranformaciôn, dos têrminos que totalmente diferêncianse, aun mante-

niendo ciertos y determinados doctos que la diferencia es tan poca que cuasi ni nôtase.

      Yendo, lo que traduce avanzando, reduciendo la distancia que hay entre un punto y

otro, no estar inmôvil, me encuentro con Cristina, la que mejor se inclina cuando es la

ocasiôn propicia, y la que sin vacilaciôn pregûntame por quê hacîa rato que no pasaba

por su negocio de vinos. A continuaciôn del pensar adecuado, porque pudiera ponerse

molesta, o padecer  una pejiguera  en el caso de decirle la verdad, respôndole que por-

que actualmente era mi novia Aspasia quien ocupâbase de la compra de la dadorîa de

Baco, pero que como ella era amante de los centros comerciales por preferencia hacîa

la  compra aquî. Despuês  de escuchar esto, que asimismo de mirarme de soslayo, sil-

ba  la melodîa de una canciôn referente a los mentirosos, empero al ser testigo visual

de  que en mi semblante no apareciô una expresiôn de asombro, la que dejarîa calaña 

de que el que engaña reconociôse per se por el silbido, trata de engañarme ella con la

mâs tîpica de las seducciones raudas, y entonces hîceme el cenutrio, el que cayô en la

trampa; pero eso sî, que  de acuerdo a la profundidad de ciertas cosas adquiere exten-

siôn o una emociôn o un sentimiento, quedê como un participante en lo somero, moti-

vo por el cual volviô a mirarme, mas esta de vez de frente y muy cerca. Dos incompa-

tibles  hâlitos jamâs tuvieron prolongaciôn, no llegan al culmen de una fiesta, aun sin

pasar por alto que es el jolgorio que encântame, mas sin perder el control un solvento

es siempre posible, la medida justa prepondera. Como no tuvo el esperado êxito, o el

pretender alcanzarlo, Cristina dio media vuelta, pero en lo que iba hacia delante dejô-

me  inteligiblemente dicho que si la primera no, funciona la segunda, por lo que dîje-

me para mî una inveterada sentencia: es cierto porque es imposible. 

      Despuês de este encuentro mis piernas llevâronme a la Chabola, el barrio por an-

tonomasia de la prostituciôn. Claramente que en un barrio de este jaez a Jûpiter no se

le  ocurrirîa lanzar  uno de sus rayos, porque allende de feloniarse a sî mismo no atis-

barîa nîtidamente a la carrusiana que quisiera secuestrar, mas que de acuerdo al tiem-

po actual no llevarîasela trepada en un toro, sino en otro medio de transporte con mâs

celeridad. Por supuesto que esta verba forma parte de mi pudiente magîn, y amên que 

fantasmagôrica por pertenecer al arte de la Maya ôptica, empollada con ternura y cari-

ño porque sin ella mis pinceladas no serîan posibles. Estarîa de mâs decir que no es la

verba para todos los interlocutores, empero como no es tan fâcil separarme de ella sâ-

cola a puesto, a colocaciôn dando igual con la criatura que converse, lo que trae y ha

traîdo como consecuencia o la no comprensiôn o el entender ambiguo. En lo atinente

a  este barrio deberîa decir una cosa: que sirviôme de aliciente para incorporar en mi

novelôn  una zona en Apragôpolis (la ciudad del ocio) con la misma caracterîstica de

seducciôn (o seductiva): la de Omonia. Partiendo  de una base etimolôgica, esta pala-

bra  ya posee una imantaciôn diamantina que tendrîa en cuenta hasta el mâsculo o la

fêmina con poca asiduidad al ambiente donde sobresalen las propiedades naturales y

en funciôn de acicatear para despuês entrar en gozo, en el agitamiento y en mûltiples

gemidos, en la excitaciôn garante de un brinco y sonrisa finales. Ora bien, y en lo que

caminaba, no  solamente las carrusianas trataban de tentarme con una mirada afilada,

sino que asimismo cruzaban de una acera a la otra con la intenciôn concreta/especîfi-

ca de obligarme a verlas, razôn por la  cual tuve que suspirar profundamente para di-

rimir en mi testa una posible mîmesis de cômo entrarîa en lûdico con ellas en la habi-

taciôn o el cuarto  que tienen para el desarrollo de su trabajo afogarado, y con êste la

experiencia que tienen con la felaciôn, intimîsima humectancia con un poder absolu-

to de la cosa en-sî, de la res imprescindible. Empero si algo no esperaba era ver a las

amigas  que el general  invitô a la fiesta  de cumpleaños de su hija Esmeralda, de las 

que ahora mismo pienso que si por la ropa que llevaban en la susodicha fiesta damas 

de clase parecîan, por estar en este barrio mi parecer es otro.  















   

 
















   






Samstag, 5. Juli 2025

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      Un chiflido estrepitoso fue lo primero que escuchê al traspasar el umbral de la puer-

ta  del bar nocturno, y seguido a êste  la voz gritona de  Caspar que me informaba de la 

mesa  vacîa que estaba  a su lado, algo posible en este local previo a que las agujas del

reloj marquen las doce de la nocturna. De sorprenderme algo fue su presencia, por quê,

por estas dos cosas: la primera, porque este bar no es de su agrado; la segunda, porque

normalmente el deberîa estar cumpliendo con el cometido de atender a los comensales

del  restaurante de las langostas; pero, y de acuerdo a una sentencia que encântame/es-

timûlame: lo ûnico que perdura es el cambio, esperarîa  saber por êl el  porquê de que 

estuviera  aquî, por su  misma boca la causa o el motivo de su estancia en este sitio ca-

racterizado  por el bullicio y el  consumo de alcohol, por no decir que por descollante

olor a hierba afrodisîaca que perfûmalo. 

       Interesante que cuando Caspar vio a Rosamunda la mirô con una mirada con fir-

meza/persistencia, pero  no deseosa  sino con la revelante de que la conocîa de algu-

na parte, empero  que al no saber/acordarse de dônde la fijeza de sus retinas no man-

tûvose. Indubitable que no ocurrirîaseme hacerle la correspondiente pregunta, ya que 

amên  de no importarme  enterarme de su pasado, y con êste la sûmula tanto de suce-

sos como de oportunidades que tuvo de conocer a una chica, soy un erastes de la sen-

satez. Favorablemente no todo el mundo puede ser igual, si acaso con alguna notable

analogîa, mas aun asî con la diferencia justa, y lo digo porque Esmeralda saliô de de-

bajo de la mesa al terminar de recoger del suelo con una servilleta la endeble pavesa,

y sin  prudencia pregûntole a Caspar el porquê de su mirar. A continuaciôn de echar-

me  una miradita  Caspar, como  queriêndome decir que la respuesta era imposterga-

ble, ya que  de postergarse Esmeralda no dejarîalo tranquilo, disfrutar de su libertad,

si  es  que êsta es posible cuando tiênese una relaciôn del tipo que sea, responde que

habîa visto a Rosamunda con anterioridad, empero que su memoria no ayudâbalo.

---Pues, Caspar, me toca a mî hacerle una pregunta a Rosamunda.

---Cuâl, Esmeralda, cuâl?

---Esta, Rosamunda: tû has estado alguna vez en el restaurante de las langostas?

---Esmeralda, no soy amante de restauranes, sino de cultos y ritos. Y sabes quê, y

ahora que te veo bien, te reconozco del bosque de los liberales, que si tu amiga y tû

me viron allî, mis ojos la vieron a ustedes.

---Kosmos, entonces êsta es la chica que Juliette y yo vimos?

---Êsa es la res, Esmeralda.

---Cômo, Esmeralda? Por quê le preguntas eso a Kosmos?

---Oh, creo que sin quererlo metî la pata.

---Urgente necesito una aclaraciôn, sea la tuya o la de Kosmos.

       Y la cosa pûsose malita, porque si yo dejêle saber a Aspasia lo referente a cômo

conocimos Aristarco, Cratino y yo a Rosamunda, sî que no contêle que Cratino y yo

nos encontramos con Juliette y Esmeralda en el bosque de los liberales, y el mismîsi-

mo dîa en que êstas fueron testigo visual de la salida del bosque de Rosamunda. En-

tra en lûdico el asunto de que si yo saco a puesto, a colocaciôn este encuentro traicio-

narîa a Esmeralda y darîale pâbulo a Aspasia de que no solamente pusiêrase molesta

conmigo, sino asimismo de que pensara de que  yo tenîa fruiciôn con Esmeralda, que 

aunque sea êsta su buena amiga no creo que la perdone por segunda vez, que ni tam-

poco  a mî. Y en fin, cômo encontrar el solvento, el elixir ponderado, la mentira sufi-

ciente o el convencimiento irrefutable? Tengo que pensar con tiempo limitado?

        Y en lo que puse a trabajar mi maquinaria pensativa el bar completo quêdase sin

luz. Non plus ultra de aproximadamente cinco minutos, y con una oscuridad que ni se

veîa  el ampo de los dientes, ôyese una voz que informa del rayo que cayô en el trans-

formador  de la luz, pero que  como el restablecimiento de la luz elêctrica no se resol-

verîa  de  inmediato, y mucho menos con la falta de trabajadores en este sector, todos

los presentes deberîan abandonar el local, pero sin salir con copas, vasos o botellas, u

otra  cosa que pudiera servir/utilizarse como arma cortante. En lo atinente a esto ûlti-

mo, y sobre todos los consumidores de alcohol que ya habîan comprado una botella o

de vino o de otra dadorîa mâs fuerte, comenzaron a querellarse porque no era correc-

to que despuês de haber pagado el peculio correspondiente no se les permitiera llevar-

se la  susodicha botella. Sin  dilaciôn la voz clara que la prôxima vez que vinieran se

les darîa  una  botella  gratis, y que sentîa muchîsimo que el consumidor que comprô

mâs  de una no se le pueda regalar la cantidad exacta, aclaramiento que acarreô otras

quejas, que  asimismo  reacciones verbales vigorosas. En lo que pasaba esto, y como

no  veîase nada, yo aprovechê para desaparecer del bar, lo que benificiarîame por es-

to: por no enfrentarme al aprieto en que pûsome la aclaraciôn pedida de Aspasia, que 

como la conozco sê que no me la pedirîa mâs tarde, despuês: el problema de ella sue-

le ser mâs por complejo que realmente porque sospeche que existe una relaciôn entre

Esmeralda y yo, o sea, que  cuando  estâ presente en un grupo deja calaña de celosîa 

con  el fin de que no piensen de ella que no toma una actitud concreta frente a una si-

tuaciôn  determinada, lo que  dicho de otra manera es una forma de comportarse con 

la que granjêase la aceptaciôn y el respeto sociales, la valoraciôn a partir de un bare-

mo establecido y detalladamente pensado/estructurado. Y punto a la raya y que conti-

nûe la letra. Con quiên, conmigo mismo?


   





   

 




















 







 





        

 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...