Samstag, 5. Juli 2025

164

      Un chiflido estrepitoso fue lo primero que escuchê al traspasar el umbral de la puer-

ta  del bar nocturno, y seguido a êste  la voz gritona de  Caspar que me informaba de la 

mesa  vacîa que estaba  a su lado, algo posible en este local previo a que las agujas del

reloj marquen las doce de la nocturna. De sorprenderme algo fue su presencia, por quê,

por estas dos cosas: la primera, porque este bar no es de su agrado; la segunda, porque

normalmente el deberîa estar cumpliendo con el cometido de atender a los comensales

del  restaurante de las langostas; pero, y de acuerdo a una sentencia que encântame/es-

timûlame: lo ûnico que perdura es el cambio, esperarîa  saber por êl el  porquê de que 

estuviera  aquî, por su  misma boca la causa o el motivo de su estancia en este sitio ca-

racterizado  por el bullicio y el  consumo de alcohol, por no decir que por descollante

olor a hierba afrodisîaca que perfûmalo. 

       Interesante que cuando Caspar vio a Rosamunda la mirô con una mirada con fir-

meza/persistencia, pero  no deseosa  sino con la revelante de que la conocîa de algu-

na parte, empero  que al no saber/acordarse de dônde la fijeza de sus retinas no man-

tûvose. Indubitable que no ocurrirîaseme hacerle la correspondiente pregunta, ya que 

amên  de no importarme  enterarme de su pasado, y con êste la sûmula tanto de suce-

sos como de oportunidades que tuvo de conocer a una chica, soy un erastes de la sen-

satez. Favorablemente no todo el mundo puede ser igual, si acaso con alguna notable

analogîa, mas aun asî con la diferencia justa, y lo digo porque Esmeralda saliô de de-

bajo de la mesa al terminar de recoger del suelo con una servilleta la endeble pavesa,

y sin  prudencia pregûntole a Caspar el porquê de su mirar. A continuaciôn de echar-

me  una miradita  Caspar, como  queriêndome decir que la respuesta era imposterga-

ble, ya que  de postergarse Esmeralda no dejarîalo tranquilo, disfrutar de su libertad,

si  es  que êsta es posible cuando tiênese una relaciôn del tipo que sea, responde que

habîa visto a Rosamunda con anterioridad, empero que su memoria no ayudâbalo.

---Pues, Caspar, me toca a mî hacerle una pregunta a Rosamunda.

---Cuâl, Esmeralda, cuâl?

---Esta, Rosamunda: tû has estado alguna vez en el restaurante de las langostas?

---Esmeralda, no soy amante de restauranes, sino de cultos y ritos. Y sabes quê, y

ahora que te veo bien, te reconozco del bosque de los liberales, que si tu amiga y tû

me viron allî, mis ojos la vieron a ustedes.

---Kosmos, entonces êsta es la chica que Juliette y yo vimos?

---Êsa es la res, Esmeralda.

---Cômo, Esmeralda? Por quê le preguntas eso a Kosmos?

---Oh, creo que sin quererlo metî la pata.

---Urgente necesito una aclaraciôn, sea la tuya o la de Kosmos.

       Y la cosa pûsose malita, porque si yo dejêle saber a Aspasia lo referente a cômo

conocimos Aristarco, Cratino y yo a Rosamunda, sî que no contêle que Cratino y yo

nos encontramos con Juliette y Esmeralda en el bosque de los liberales, y el mismîsi-

mo dîa en que êstas fueron testigo visual de la salida del bosque de Rosamunda. En-

tra en lûdico el asunto de que si yo saco a puesto, a colocaciôn este encuentro traicio-

narîa a Esmeralda y darîale pâbulo a Aspasia de que no solamente pusiêrase molesta

conmigo, sino asimismo de que pensara de que  yo tenîa fruiciôn con Esmeralda, que 

aunque sea êsta su buena amiga no creo que la perdone por segunda vez, que ni tam-

poco  a mî. Y en fin, cômo encontrar el solvento, el elixir ponderado, la mentira sufi-

ciente o el convencimiento irrefutable? Tengo que pensar con tiempo limitado?

        Y en lo que puse a trabajar mi maquinaria pensativa el bar completo quêdase sin

luz. Non plus ultra de aproximadamente cinco minutos, y con una oscuridad que ni se

veîa  el ampo de los dientes, ôyese una voz que informa del rayo que cayô en el trans-

formador  de la luz, pero que  como el restablecimiento de la luz elêctrica no se resol-

verîa  de  inmediato, y mucho menos con la falta de trabajadores en este sector, todos

los presentes deberîan abandonar el local, pero sin salir con copas, vasos o botellas, u

otra  cosa que pudiera servir/utilizarse como arma cortante. En lo atinente a esto ûlti-

mo, y sobre todos los consumidores de alcohol que ya habîan comprado una botella o

de vino o de otra dadorîa mâs fuerte, comenzaron a querellarse porque no era correc-

to que despuês de haber pagado el peculio correspondiente no se les permitiera llevar-

se la  susodicha botella. Sin  dilaciôn la voz clara que la prôxima vez que vinieran se

les darîa  una  botella  gratis, y que sentîa muchîsimo que el consumidor que comprô

mâs  de una no se le pueda regalar la cantidad exacta, aclaramiento que acarreô otras

quejas, que  asimismo  reacciones verbales vigorosas. En lo que pasaba esto, y como

no  veîase nada, yo aprovechê para desaparecer del bar, lo que benificiarîame por es-

to: por no enfrentarme al aprieto en que pûsome la aclaraciôn pedida de Aspasia, que 

como la conozco sê que no me la pedirîa mâs tarde, despuês: el problema de ella sue-

le ser mâs por complejo que realmente porque sospeche que existe una relaciôn entre

Esmeralda y yo, o sea, que  cuando  estâ presente en un grupo deja calaña de celosîa 

con  el fin de que no piensen de ella que no toma una actitud concreta frente a una si-

tuaciôn  determinada, lo que  dicho de otra manera es una forma de comportarse con 

la que granjêase la aceptaciôn y el respeto sociales, la valoraciôn a partir de un bare-

mo establecido y detalladamente pensado/estructurado. Y punto a la raya y que conti-

nûe la letra. Con quiên, conmigo mismo?


   





   

 




















 







 





        

 

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...