Un chiflido estrepitoso fue lo primero que escuchê al traspasar el umbral de la puer-
ta del bar nocturno, y seguido a êste la voz gritona de Caspar que me informaba de la
mesa vacîa que estaba a su lado, algo posible en este local previo a que las agujas del
reloj marquen las doce de la nocturna. De sorprenderme algo fue su presencia, por quê,
por estas dos cosas: la primera, porque este bar no es de su agrado; la segunda, porque
normalmente el deberîa estar cumpliendo con el cometido de atender a los comensales
del restaurante de las langostas; pero, y de acuerdo a una sentencia que encântame/es-
timûlame: lo ûnico que perdura es el cambio, esperarîa saber por êl el porquê de que
estuviera aquî, por su misma boca la causa o el motivo de su estancia en este sitio ca-
racterizado por el bullicio y el consumo de alcohol, por no decir que por descollante
olor a hierba afrodisîaca que perfûmalo.
Interesante que cuando Caspar vio a Rosamunda la mirô con una mirada con fir-
meza/persistencia, pero no deseosa sino con la revelante de que la conocîa de algu-
na parte, empero que al no saber/acordarse de dônde la fijeza de sus retinas no man-
tûvose. Indubitable que no ocurrirîaseme hacerle la correspondiente pregunta, ya que
amên de no importarme enterarme de su pasado, y con êste la sûmula tanto de suce-
sos como de oportunidades que tuvo de conocer a una chica, soy un erastes de la sen-
satez. Favorablemente no todo el mundo puede ser igual, si acaso con alguna notable
analogîa, mas aun asî con la diferencia justa, y lo digo porque Esmeralda saliô de de-
bajo de la mesa al terminar de recoger del suelo con una servilleta la endeble pavesa,
y sin prudencia pregûntole a Caspar el porquê de su mirar. A continuaciôn de echar-
me una miradita Caspar, como queriêndome decir que la respuesta era imposterga-
ble, ya que de postergarse Esmeralda no dejarîalo tranquilo, disfrutar de su libertad,
si es que êsta es posible cuando tiênese una relaciôn del tipo que sea, responde que
habîa visto a Rosamunda con anterioridad, empero que su memoria no ayudâbalo.
---Pues, Caspar, me toca a mî hacerle una pregunta a Rosamunda.
---Cuâl, Esmeralda, cuâl?
---Esta, Rosamunda: tû has estado alguna vez en el restaurante de las langostas?
---Esmeralda, no soy amante de restauranes, sino de cultos y ritos. Y sabes quê, y
ahora que te veo bien, te reconozco del bosque de los liberales, que si tu amiga y tû
me viron allî, mis ojos la vieron a ustedes.
---Kosmos, entonces êsta es la chica que Juliette y yo vimos?
---Êsa es la res, Esmeralda.
---Cômo, Esmeralda? Por quê le preguntas eso a Kosmos?
---Oh, creo que sin quererlo metî la pata.
---Urgente necesito una aclaraciôn, sea la tuya o la de Kosmos.
Y la cosa pûsose malita, porque si yo dejêle saber a Aspasia lo referente a cômo
conocimos Aristarco, Cratino y yo a Rosamunda, sî que no contêle que Cratino y yo
nos encontramos con Juliette y Esmeralda en el bosque de los liberales, y el mismîsi-
mo dîa en que êstas fueron testigo visual de la salida del bosque de Rosamunda. En-
tra en lûdico el asunto de que si yo saco a puesto, a colocaciôn este encuentro traicio-
narîa a Esmeralda y darîale pâbulo a Aspasia de que no solamente pusiêrase molesta
conmigo, sino asimismo de que pensara de que yo tenîa fruiciôn con Esmeralda, que
aunque sea êsta su buena amiga no creo que la perdone por segunda vez, que ni tam-
poco a mî. Y en fin, cômo encontrar el solvento, el elixir ponderado, la mentira sufi-
ciente o el convencimiento irrefutable? Tengo que pensar con tiempo limitado?
Y en lo que puse a trabajar mi maquinaria pensativa el bar completo quêdase sin
luz. Non plus ultra de aproximadamente cinco minutos, y con una oscuridad que ni se
veîa el ampo de los dientes, ôyese una voz que informa del rayo que cayô en el trans-
formador de la luz, pero que como el restablecimiento de la luz elêctrica no se resol-
verîa de inmediato, y mucho menos con la falta de trabajadores en este sector, todos
los presentes deberîan abandonar el local, pero sin salir con copas, vasos o botellas, u
otra cosa que pudiera servir/utilizarse como arma cortante. En lo atinente a esto ûlti-
mo, y sobre todos los consumidores de alcohol que ya habîan comprado una botella o
de vino o de otra dadorîa mâs fuerte, comenzaron a querellarse porque no era correc-
to que despuês de haber pagado el peculio correspondiente no se les permitiera llevar-
se la susodicha botella. Sin dilaciôn la voz clara que la prôxima vez que vinieran se
les darîa una botella gratis, y que sentîa muchîsimo que el consumidor que comprô
mâs de una no se le pueda regalar la cantidad exacta, aclaramiento que acarreô otras
quejas, que asimismo reacciones verbales vigorosas. En lo que pasaba esto, y como
no veîase nada, yo aprovechê para desaparecer del bar, lo que benificiarîame por es-
to: por no enfrentarme al aprieto en que pûsome la aclaraciôn pedida de Aspasia, que
como la conozco sê que no me la pedirîa mâs tarde, despuês: el problema de ella sue-
le ser mâs por complejo que realmente porque sospeche que existe una relaciôn entre
Esmeralda y yo, o sea, que cuando estâ presente en un grupo deja calaña de celosîa
con el fin de que no piensen de ella que no toma una actitud concreta frente a una si-
tuaciôn determinada, lo que dicho de otra manera es una forma de comportarse con
la que granjêase la aceptaciôn y el respeto sociales, la valoraciôn a partir de un bare-
mo establecido y detalladamente pensado/estructurado. Y punto a la raya y que conti-
nûe la letra. Con quiên, conmigo mismo?
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