Dienstag, 8. Juli 2025

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       A pesar de estar consciente de la contingencia que côrrrese, siempre por repeticiôn

he hecho lo mismo: dejar que mis piernas llêvenme a cualesquier lugares de la ciudad.

Pero cuando digo estar consciente de ella no refiêrome a que sea un riesgo pernicioso

por el que tendrîase que pasar, sino mâs bien al encuentro con un existencial expuesto

al cambio o a la tranformaciôn, dos têrminos que totalmente diferêncianse, aun mante-

niendo ciertos y determinados doctos que la diferencia es tan poca que cuasi ni nôtase.

      Yendo, lo que traduce avanzando, reduciendo la distancia que hay entre un punto y

otro, no estar inmôvil, me encuentro con Cristina, la que mejor se inclina cuando es la

ocasiôn propicia, y la que sin vacilaciôn pregûntame por quê hacîa rato que no pasaba

por su negocio de vinos. A continuaciôn del pensar adecuado, porque pudiera ponerse

molesta, o padecer  una pejiguera  en el caso de decirle la verdad, respôndole que por-

que actualmente era mi novia Aspasia quien ocupâbase de la compra de la dadorîa de

Baco, pero que como ella era amante de los centros comerciales por preferencia hacîa

la  compra aquî. Despuês  de escuchar esto, que asimismo de mirarme de soslayo, sil-

ba  la melodîa de una canciôn referente a los mentirosos, empero al ser testigo visual

de  que en mi semblante no apareciô una expresiôn de asombro, la que dejarîa calaña 

de que el que engaña reconociôse per se por el silbido, trata de engañarme ella con la

mâs tîpica de las seducciones raudas, y entonces hîceme el cenutrio, el que cayô en la

trampa; pero eso sî, que  de acuerdo a la profundidad de ciertas cosas adquiere exten-

siôn o una emociôn o un sentimiento, quedê como un participante en lo somero, moti-

vo por el cual volviô a mirarme, mas esta de vez de frente y muy cerca. Dos incompa-

tibles  hâlitos jamâs tuvieron prolongaciôn, no llegan al culmen de una fiesta, aun sin

pasar por alto que es el jolgorio que encântame, mas sin perder el control un solvento

es siempre posible, la medida justa prepondera. Como no tuvo el esperado êxito, o el

pretender alcanzarlo, Cristina dio media vuelta, pero en lo que iba hacia delante dejô-

me  inteligiblemente dicho que si la primera no, funciona la segunda, por lo que dîje-

me para mî una inveterada sentencia: es cierto porque es imposible. 

      Despuês de este encuentro mis piernas llevâronme a la Chabola, el barrio por an-

tonomasia de la prostituciôn. Claramente que en un barrio de este jaez a Jûpiter no se

le  ocurrirîa lanzar  uno de sus rayos, porque allende de feloniarse a sî mismo no atis-

barîa nîtidamente a la carrusiana que quisiera secuestrar, mas que de acuerdo al tiem-

po actual no llevarîasela trepada en un toro, sino en otro medio de transporte con mâs

celeridad. Por supuesto que esta verba forma parte de mi pudiente magîn, y amên que 

fantasmagôrica por pertenecer al arte de la Maya ôptica, empollada con ternura y cari-

ño porque sin ella mis pinceladas no serîan posibles. Estarîa de mâs decir que no es la

verba para todos los interlocutores, empero como no es tan fâcil separarme de ella sâ-

cola a puesto, a colocaciôn dando igual con la criatura que converse, lo que trae y ha

traîdo como consecuencia o la no comprensiôn o el entender ambiguo. En lo atinente

a  este barrio deberîa decir una cosa: que sirviôme de aliciente para incorporar en mi

novelôn  una zona en Apragôpolis (la ciudad del ocio) con la misma caracterîstica de

seducciôn (o seductiva): la de Omonia. Partiendo  de una base etimolôgica, esta pala-

bra  ya posee una imantaciôn diamantina que tendrîa en cuenta hasta el mâsculo o la

fêmina con poca asiduidad al ambiente donde sobresalen las propiedades naturales y

en funciôn de acicatear para despuês entrar en gozo, en el agitamiento y en mûltiples

gemidos, en la excitaciôn garante de un brinco y sonrisa finales. Ora bien, y en lo que

caminaba, no  solamente las carrusianas trataban de tentarme con una mirada afilada,

sino que asimismo cruzaban de una acera a la otra con la intenciôn concreta/especîfi-

ca de obligarme a verlas, razôn por la  cual tuve que suspirar profundamente para di-

rimir en mi testa una posible mîmesis de cômo entrarîa en lûdico con ellas en la habi-

taciôn o el cuarto  que tienen para el desarrollo de su trabajo afogarado, y con êste la

experiencia que tienen con la felaciôn, intimîsima humectancia con un poder absolu-

to de la cosa en-sî, de la res imprescindible. Empero si algo no esperaba era ver a las

amigas  que el general  invitô a la fiesta  de cumpleaños de su hija Esmeralda, de las 

que ahora mismo pienso que si por la ropa que llevaban en la susodicha fiesta damas 

de clase parecîan, por estar en este barrio mi parecer es otro.  















   

 
















   






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