Donnerstag, 25. Dezember 2025

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      De forma conclusiva pudiera decir, que la conexiôn de una cosa con la otra no faltarîa 

jamâs en mis alongamientos verbales, aun sabiendo y estando consciente de que quien los

lea pudiera tener un motivo para creer que mi propôsito es el de engendrar una confusiôn,

que si no una complejidad para eludir la comprensiôn fâcil, el entendimiento sin esfuerzo.

No negarîa  que la susodicha conexiôn enlaza/une con una diversidad tanto de colores ex-

presivos  como de opulencias de recursos superlativos-peyorativos, pero êstos en funciôn

de estructurar  una fluencia expositiva que trae, como consecuencia, una reacciôn que no

expolia  la cosa como tal, sino  que mâs bien dêjala donde estâ, empero que no exenta de 

un porciento de valoraciones individuales de acuerdo a la gnosis que domine el interlocu-

tor  tempestivo. Añadirîa/agregarîa que  esto es  parte del lûdico  incesante/interminable/

infinito, repitiendo  que  por ser  de esta  manera es uno positivo que favorece/beneficia/

conviene al agente que protegido por la  sombra, su  vivienda por antonomasia, o revêla-

se por lo que dice o se esclaviza por aludir (o remitirse) a conceptos/definiciones que no

conoce, que en lontananza quêdanle.    

       Y vaya cosa la de empezar a ver salmones al pasar por una pescaderîa, pero en ima-

gos  que no porque estuvieran en venta, algo que pudiera dilucidar de la siguiente mane-

ra: como ya dije que el resultado final de la sûmula de los nûmeros era igual a 9, nueve

son las avellanas que comiô el salmôn, segûn el mismo libro que saquê a puesto, a colo-

caciôn  no hace muchitanto. No câbeme duda de que precisamente al pasar por la pesca-

derîa haya sucedido esto, lo que tal vez es debido a una programaciôn de îndole subrep-

ticia con un orden lôgico de presentaciôn, de eyectar en el justo/exacto momento lo que

se  relaciona (pescado pescaderîa-pescaderîa pescado), aunque no descatarîa la posibili-

dad  de  que por  causalidad asimismo  sea posible, lo que in casu estas imagos de sal-

mones quedan totalmente fuera de un contenido educativo que conduce o la sabidurîa o

que  siembra la base de un  aprendizaje dador de riquezas. Hasta cierto punto aquî pasa 

como en los onîricos: se ve la imagen una sola vez, amên que sin durar el tiempo basto

que  pudiera garantizar  una fruiciôn mayor. Concretando, lo relevante es el salmôn no

el ârido fruto, mas pasa que como no puedo escindir una cosa de la otra, porque ambas

son inseparables de la lînea verbal que afîncalas a un espacio determinado, ni lo imagi-

nable ni lo elucubrante, que en mî tienen reciedumbre destacada, como bien saben/do-

minan/conocen mis  compinches mâs cercanos, entrarîan en rol con el têlos especîfico

de hacer una trans-formaciôn. 

     Tantîsimamente tengo en mente al vate ilustre de las pinceladas barrocas, por quê?,

porque de un sopetôn, o de un solo empellôn lograba ir mâs allâ de un formalismo ex-

presivo (detenimiento estructurado del significado y del significante) con el propôsito 

sui gêneris  de engendrar una  modificaciôn, o sea, un decir de otra manera [ pero que 

de tal guisa y beneficiantemente] coloreando la verba. Amplifico sobre uno con un gi-

gante conocimiento cultural; ademâs que, y de acuerdo al incremento de la diversidad

a fanegadas de palabras ajenas al lenguaje comûn, con un control absoluto de una sû-

mula  vocabulârica digna de envidia, merecedora de corona, aunque por lo mismo ex-

puesta  tanto a la crîtica  barata como al ataque trivial de interlocutores/ras al servicio

de un sistema caracterizado por lo imperativo, por los caprichosos/impuestos edictos

sin posibilidad de enfrentarlos con un razonamiento.

    A pesar de los pesares, de ese aun asî que a la reflexiôn invita, toda esta gama pas-

tichada mantiene su valor, su armonioso vînculo con estructuras formadas de acuerdo

a  un principio bâsico de comunicaciôn verbal que permite el ornamento, que asimis-

mo  la ralentizaciôn de un protagonismo --sea ya en un primer plano o de trasfondo--

con relevancia capital, con un sentido proyectivo que duplica o lo atrayente o lo que

imanta, dos componentes que, y por extensiôn, no pudieran faltar por ser garantes de

una atenciôn, de un estar al tanto que incrementa el crecimiento de un apego, porque

lo que satisface o estimula es parte indeleble de lo que arraigado no pudiera desdeñar

el estar atado a lo que es imprescindible, que si no a lo que es dador de esa jovialidad

que atiza y, como tal, proporciona resonancia. 







  






  



       



   







Montag, 22. Dezember 2025

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      Ora que pôngole cabeza, pienso coralinamente, en quê pudiera ayudarme Paulina sien-

do  la actual directora de la  escuela primaria El faro de luz por muy amable/ servicial que

sea, allende  que dispuesta a resolver cualquier problema que presêntese?, a no ser, lo que

mi tîo no dîjome, que sea posible que los expedientes de los escolarios de mi tiempo estên

al  alcance de ella, y claramente que entre êstos el mîo, y por esta vîa contar con una dado-

ra  documentaciôn, aun no siendo êsta basta como para satisfacer mi deseo de saber todito

lo que quisiera, mas como es una tarea laboriosa encontrar a maestros/maestras  (en el ca- 

so  de que estên vivos y con  una reluciente memoria) de  una êpoca en el pasado, y como

tal lejana, no quêdame otra que  hacer lo que dîjome Paulina: una cita despuês de llamarla

al  nûmero de  telêfono que  me dio (244 424 422 224) y que despertôme la curiosidad de

saber la numeral final al sumar todos estos nûmeros.

       Poniêndome en funciôn de esto, y de lo que no sacarîame ni las fêminas mâs înclitas

por su forma de caminar, o por dejar calaña de un yendo con majestuisodad (pimpansia)

de paso, y con la calculadora del môvil frente a mis ôculos, escribo lo siguiente: 2+4+4+

4+2+4+4+2+2+2+2+4, siendo  el resultado 36, y 3+6=9. Ahora bien, y segûn por lo que

que informa un libro que tengo con un tîtulo conspicuo ( La sabidurîa celta), el nueve se

asociaba con la elevada sabidurîa, aunque asimismo con lo juicioso y sensato; considerâ-

basele  como el nûmero con mâs energîa de todos y representaba el nûmero de iniciacio-

nes que deberîa superar un aprendiz para la enseñanza de las artes mîsticas.

       Dar  en el hito no hacîame falta, porque de facto comprendî que esto nada tenîa que

ver  con el descubrimiento  de algo, o con su definiciôn de acuerdo a la balumba que for-

ma, sino que mâs tenîa una atingencia (no ya con la enseñanza de las artes mîsticas, mas

que  sî con lo mîstico de mi mismo) con un proceso escolario que proporciônale a un ini-

ciante  el pertinente/adecuado/ correspondiente  desarrollo en  el mundillo de la transmi-

siôn de conocimiento; ademâs, lo que dêjame como envuelto en un paquete de regalo de

apellido  universal, mi  llegada al mundo  estuvo luminada por la luna, lo que por exten-

siôn  traduce lumbre y, lo que  pondrîale la tama al pomo, vaya causalidad que el ônoma

de  la escuela primaria  que tocôme sea el del El faro de luz, o sea, que la concomitancia

de lo que no es oscuro va conmigo a cualesquier lugares.

      Trayendo a puesto, a colococaciôn esta proposiciôn antigua: nada debe darse por im-

posible  de haber cosas  que se desconocen/ignoran/estân fuera de alcance, empecê a du-

dar de lo que dije, a poner en tela de juicio mi propia verba, ya que pudiera ser que de al-

guna manera llegarîa yo a saber algo (incluso fragmentadamente por una cuestiôn de ca-

rencia  de un orden lineal o del justo enfocamiento datativo que exactiviza) sobre mi ini-

cio escolario, sobre lo que fue y es indeleble, insacable del espacio (de tiempo) en el que

estuvo metido [ amên que] con el empollamiento de una temperatura de jaez mayûsculo.

     Interesantemente, y no hace muchitanto, echêle una miradita a una monografîa sobre

la îndole de las temperaturas, estudio que no solamente encantôme, sino que tambiên fue

la causa (del invento) de  que inventara un capîtulo para una novela que no existe, empe-

ro que supuestamente en una localidad donde el imperio de los bajos grados era insopor-

table/inquietante/perturbador para las criaturas que preferîan una piel color cartucho, un

deleite  por no tener que ponerse una sûmula de ropas, y un entusiasmo por no depender 

de  la verba de un especialista para cambiarle el rumbo a una perturbaciôn apabullante o

derruyente. Lo que eso sî, que aunque no molestârame sî que resultôme patêtico, este es-

tudio  no revelaba el ônoma del autor, o sea, que era un estudio anônimo, lo que pudiera

significar o  que el autor  decidiô hacerse  famoso en silencio, o que por estrategia de la

editorial  era mejor vender la  monografîa sin dar a conocer el nombre de quien la escri-

biô, lo que sê por Lavinia, el editor que revisô mi novelôn [La cazuela de Vitelio].






  




  





        



 






Donnerstag, 18. Dezember 2025

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      Al penetrar en la vivienda de mi tîo, y antes de que dijêrale el motivo de mi visita, me

sentê en la hamaca, ya que siendo êl un erastes del tê fue en busca a la cocina de la tetera

y dos tazas. Con el fin de darle movimiento a la cama colgante comencê a balancearla sin

poner los pies en el piso, y sin dilaciôn de un salto encima de mis piernas cayô el gato, el

que mirôme de la misma manera que cuando estaba miccionando, mas cuando regresô mi

tîo de la cocina de otro brinco fue a parar a la cesta donde de vez en cuando duerme, ha-

lla beneficioso/imprescindible solaz.

      Como dos partes de una familia corta entramos en verba, aunque asimismo en contac-

to  despuês de un  considerable tiempo que no nos veîamos, que no nos contemplâbamos 

frente a frente, jeta cerca una de la otra en rol o representaciôn, sin que tuviese brillo

la escena donde tiene lugar el protagonismo. Por este intercambio de palabras supo inteli-

giblemente  mi tîo el porquê de mi presencia, mas lamentablemente dejôme saber que los

diarios  los habîa echado en la basura porque convirtiêronse en manjar de las cucarachas,

aunque  asimismo en una  tremenda pejiguera para el gato. Con el propôsito de eludirme

el pensar de que todo estaba perdido, dîceme que la directora actual de la escuela El faro

de  luz no era una amigona de êl, empero  que por conocerla con tiempo basto sabîa que

era una criatura amable y servicial, allende que siempre dispuesta a buscarle el solvento 

correspondiente/adecuado/tempestivo a cada situaciôn que presentârase y, como tal, que

fuera  a verla y le hablara de lo que yo querîa saber, pero que lo hiciera sin complejidad

y complicaciôn verbales, dos cosas que no soporta/tolera/admite....perdona. 

---Y puêdese saber su ônoma?

---Kosmos, se llama Paulina.

---Câspita!! Espero que no apellîdese Bonaparte.

---Eso no lo sê, Kosmos, pero quê tiene que ver el apellido?

---Que quê tiene que ver? Que Paulina Bonaparte es una criatura celebêrrima.

---Vas a empezar a jugar con tu conocimiento?

---Y todo lo que empieza no termina?

---A ver, kosmos, cômo termina el juego?

---Que de antecederle a Paulina el adjetivo santa, la martirizada en Roma en el s. III;

mârtir e hija de un carcelero....

---Sabes quê? Se terminô el jueguito.

---Êsa es la res! Acabôse ora, en este instante, que como tû sabes es....

---Eternidad, Kosmos, eternidad. Harto de escucharlo.

---No ya el de mi visita, sino el horror de mi repeticiôn.

---Como que me coges para tus cosas?

---Tû sabes que sâcole provecho a todito lo que escucho y pâsame.

---Quê, si no? FUERA DE JUEGO, irâs a ver a Paulina, la que ni es santa ni tiene el

apellido Bonaparte?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Se terminô o no el jueguito?

---Y por lo que te preguntê quiere decir que quiera continuar con êl? Solamente repe-

tî lo que dijiste.

---Y la repeticiôn no es....

---Kosmos, te acabarâs de largar?

---Risas, tîo, ri-sas!!

          Una hora despuês, y si este tiempo debido a que como êrame menester tomarme

un buen cafê pasê por el cafê la Ilusiôn, lleguê a El faro de luz. Diome pâbulo de jovia-

lidad  observar la escuela  primaria pintada, con todos los cristales de las ventanas lim-

pios y la cisterna entre rejas lujosas, mas êstas con una altura exactamente de un metro,

y  en funciôn, claramente, de  protecciôn. En lo atinente a la pintura y al acicalamiento

de los cristales son dos cosas que en mi periodo de escolario eran imposibles, y no por

carencia  de recursos o del personal adecuado, sino mâs bien porque la indiferencia, la

despreocupaciôn y el desinterês imperaban por aquellos años, preponderaban como as-

pectos caracterîsticos de un colectivo dirigente mâs al tanto de la austera disciplina, de

la  regañina o el castigo y del  alzamiento de la voz como mêtodo de engendrar intimi-

daciôn. Al parecer, y despuês  de una  sûmula considerable de años, este contacto con 

la  escuela refrescôme la nemôsine, porque cômo dilucîdase que si antes de estar aquî

no recordâbame de nada, ora pude acordarme de algo. 

      En lo que dejâbame llevar, o sea, en lo no hacîa un esfuerzo o no forzaba el traba-

jo independiente de la conciencia, a la zaga de mi una voz fêmina pregûntame que yo

pintaba en medio del patio de la escuela sin el benêplacito pertinente, razôn por la cual

di media vuelta--- por repeticiôn la misma que aprendî en la academia siempre y cuan-

do es necesaria---para responderle lo siguiente:

---Señora, esta fue mi escuela primaria, y precisamente por esto la miraba sin cansan-

cio.

---Puedo entender que sientas algo de nostalgia, pero por la cuestiôn de la responsabi-

lidad que tengo debo estar al tanto de todo desconocido que se presenta sin mi permi-

so.

---Sin su permiso? Entonces es usted la directora?

---Correcto!! Soy la directora. Por quê preguntas?

---Porque sê su ônoma.

---Porque sabes mi ônoma. A ver, cômo me llamo?

---Paulina!

---Y cômo supiste mi nombre?

---Concêdeme usted cinco minutos?

---De acuerdo!! Pero sôlo cinco, no mâs.

          Suelta con la verba, mas midiendo su extensiôn, dêjame saber Paulina que por 

la descripciôn fîsica que le di de mi tîo no acordâbase (de) que lo hubiese visto en al-

gûn momento  ni del pasado ni del presente, con lo que no querîa decirme que êl fue-

se un mentiroso, un  aprovechador de una  ocasiôn, u otra cosa parecida de la que se

valiô  para lograr  un cierto y determinado convencimiento, hacer creer lo que pudie-

se ser creîdo, la transformaciôn de una desilusiôn en esperanza.

---Paulina, a lo mejor regresa su nemôsine cuando menos espêreselo.

---Pero de todas maneras dale las gracias a tu tîo por lo que te dijo de mi. Y como te

dije....cuâl es tu nombre?

---Kosmos, Paulina, ni ônoma es Kosmos.

---Y como te dije, Kosmos, por la responsabilidad que tengo carezco de mâs tiempo,

asî  que si en otro  momento deseas pasar sôlo tienes que llamarme a este nûmero, y 

hacemos una cita. De acuerdo?

---Totalmente, Paulina, de acuerdo cien por ciento.

---Perfecto!! Entonces hasta entonces. 








 





         
























 



















  




  




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...