Donnerstag, 25. Dezember 2025

184

      De forma conclusiva pudiera decir, que la conexiôn de una cosa con la otra no faltarîa 

jamâs en mis alongamientos verbales, aun sabiendo y estando consciente de que quien los

lea pudiera tener un motivo para creer que mi propôsito es el de engendrar una confusiôn,

que si no una complejidad para eludir la comprensiôn fâcil, el entendimiento sin esfuerzo.

No negarîa  que la susodicha conexiôn enlaza/une con una diversidad tanto de colores ex-

presivos  como de opulencias de recursos superlativos-peyorativos, pero êstos en funciôn

de estructurar  una fluencia expositiva que trae, como consecuencia, una reacciôn que no

expolia  la cosa como tal, sino  que mâs bien dêjala donde estâ, empero que no exenta de 

un porciento de valoraciones individuales de acuerdo a la gnosis que domine el interlocu-

tor  tempestivo. Añadirîa/agregarîa que  esto es  parte del lûdico  incesante/interminable/

infinito, repitiendo  que  por ser  de esta  manera es uno positivo que favorece/beneficia/

conviene al agente que protegido por la  sombra, su  vivienda por antonomasia, o revêla-

se por lo que dice o se esclaviza por aludir (o remitirse) a conceptos/definiciones que no

conoce, que en lontananza quêdanle.    

       Y vaya cosa la de empezar a ver salmones al pasar por una pescaderîa, pero en ima-

gos  que no porque estuvieran en venta, algo que pudiera dilucidar de la siguiente mane-

ra: como ya dije que el resultado final de la sûmula de los nûmeros era igual a 9, nueve

son las avellanas que comiô el salmôn, segûn el mismo libro que saquê a puesto, a colo-

caciôn  no hace muchitanto. No câbeme duda de que precisamente al pasar por la pesca-

derîa haya sucedido esto, lo que tal vez es debido a una programaciôn de îndole subrep-

ticia con un orden lôgico de presentaciôn, de eyectar en el justo/exacto momento lo que

se  relaciona (pescado pescaderîa-pescaderîa pescado), aunque no descatarîa la posibili-

dad  de  que por  causalidad asimismo  sea posible, lo que in casu estas imagos de sal-

mones quedan totalmente fuera de un contenido educativo que conduce o la sabidurîa o

que  siembra la base de un  aprendizaje dador de riquezas. Hasta cierto punto aquî pasa 

como en los onîricos: se ve la imagen una sola vez, amên que sin durar el tiempo basto

que  pudiera garantizar  una fruiciôn mayor. Concretando, lo relevante es el salmôn no

el ârido fruto, mas pasa que como no puedo escindir una cosa de la otra, porque ambas

son inseparables de la lînea verbal que afîncalas a un espacio determinado, ni lo imagi-

nable ni lo elucubrante, que en mî tienen reciedumbre destacada, como bien saben/do-

minan/conocen mis  compinches mâs cercanos, entrarîan en rol con el têlos especîfico

de hacer una trans-formaciôn. 

     Tantîsimamente tengo en mente al vate ilustre de las pinceladas barrocas, por quê?,

porque de un sopetôn, o de un solo empellôn lograba ir mâs allâ de un formalismo ex-

presivo (detenimiento estructurado del significado y del significante) con el propôsito 

sui gêneris  de engendrar una  modificaciôn, o sea, un decir de otra manera [ pero que 

de tal guisa y beneficiantemente] coloreando la verba. Amplifico sobre uno con un gi-

gante conocimiento cultural; ademâs que, y de acuerdo al incremento de la diversidad

a fanegadas de palabras ajenas al lenguaje comûn, con un control absoluto de una sû-

mula  vocabulârica digna de envidia, merecedora de corona, aunque por lo mismo ex-

puesta  tanto a la crîtica  barata como al ataque trivial de interlocutores/ras al servicio

de un sistema caracterizado por lo imperativo, por los caprichosos/impuestos edictos

sin posibilidad de enfrentarlos con un razonamiento.

    A pesar de los pesares, de ese aun asî que a la reflexiôn invita, toda esta gama pas-

tichada mantiene su valor, su armonioso vînculo con estructuras formadas de acuerdo

a  un principio bâsico de comunicaciôn verbal que permite el ornamento, que asimis-

mo  la ralentizaciôn de un protagonismo --sea ya en un primer plano o de trasfondo--

con relevancia capital, con un sentido proyectivo que duplica o lo atrayente o lo que

imanta, dos componentes que, y por extensiôn, no pudieran faltar por ser garantes de

una atenciôn, de un estar al tanto que incrementa el crecimiento de un apego, porque

lo que satisface o estimula es parte indeleble de lo que arraigado no pudiera desdeñar

el estar atado a lo que es imprescindible, que si no a lo que es dador de esa jovialidad

que atiza y, como tal, proporciona resonancia. 







  






  



       



   







Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...