Montag, 22. Dezember 2025

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      Ora que pôngole cabeza, pienso coralinamente, en quê pudiera ayudarme Paulina sien-

do  la actual directora de la  escuela primaria El faro de luz por muy amable/ servicial que

sea, allende  que dispuesta a resolver cualquier problema que presêntese?, a no ser, lo que

mi tîo no dîjome, que sea posible que los expedientes de los escolarios de mi tiempo estên

al  alcance de ella, y claramente que entre êstos el mîo, y por esta vîa contar con una dado-

ra  documentaciôn, aun no siendo êsta basta como para satisfacer mi deseo de saber todito

lo que quisiera, mas como es una tarea laboriosa encontrar a maestros/maestras  (en el ca- 

so  de que estên vivos y con  una reluciente memoria) de  una êpoca en el pasado, y como

tal lejana, no quêdame otra que  hacer lo que dîjome Paulina: una cita despuês de llamarla

al  nûmero de  telêfono que  me dio (244 424 422 224) y que despertôme la curiosidad de

saber la numeral final al sumar todos estos nûmeros.

       Poniêndome en funciôn de esto, y de lo que no sacarîame ni las fêminas mâs înclitas

por su forma de caminar, o por dejar calaña de un yendo con majestuisodad (pimpansia)

de paso, y con la calculadora del môvil frente a mis ôculos, escribo lo siguiente: 2+4+4+

4+2+4+4+2+2+2+2+4, siendo  el resultado 36, y 3+6=9. Ahora bien, y segûn por lo que

que informa un libro que tengo con un tîtulo conspicuo ( La sabidurîa celta), el nueve se

asociaba con la elevada sabidurîa, aunque asimismo con lo juicioso y sensato; considerâ-

basele  como el nûmero con mâs energîa de todos y representaba el nûmero de iniciacio-

nes que deberîa superar un aprendiz para la enseñanza de las artes mîsticas.

       Dar  en el hito no hacîame falta, porque de facto comprendî que esto nada tenîa que

ver  con el descubrimiento  de algo, o con su definiciôn de acuerdo a la balumba que for-

ma, sino que mâs tenîa una atingencia (no ya con la enseñanza de las artes mîsticas, mas

que  sî con lo mîstico de mi mismo) con un proceso escolario que proporciônale a un ini-

ciante  el pertinente/adecuado/ correspondiente  desarrollo en  el mundillo de la transmi-

siôn de conocimiento; ademâs, lo que dêjame como envuelto en un paquete de regalo de

apellido  universal, mi  llegada al mundo  estuvo luminada por la luna, lo que por exten-

siôn  traduce lumbre y, lo que  pondrîale la tama al pomo, vaya causalidad que el ônoma

de  la escuela primaria  que tocôme sea el del El faro de luz, o sea, que la concomitancia

de lo que no es oscuro va conmigo a cualesquier lugares.

      Trayendo a puesto, a colococaciôn esta proposiciôn antigua: nada debe darse por im-

posible  de haber cosas  que se desconocen/ignoran/estân fuera de alcance, empecê a du-

dar de lo que dije, a poner en tela de juicio mi propia verba, ya que pudiera ser que de al-

guna manera llegarîa yo a saber algo (incluso fragmentadamente por una cuestiôn de ca-

rencia  de un orden lineal o del justo enfocamiento datativo que exactiviza) sobre mi ini-

cio escolario, sobre lo que fue y es indeleble, insacable del espacio (de tiempo) en el que

estuvo metido [ amên que] con el empollamiento de una temperatura de jaez mayûsculo.

     Interesantemente, y no hace muchitanto, echêle una miradita a una monografîa sobre

la îndole de las temperaturas, estudio que no solamente encantôme, sino que tambiên fue

la causa (del invento) de  que inventara un capîtulo para una novela que no existe, empe-

ro que supuestamente en una localidad donde el imperio de los bajos grados era insopor-

table/inquietante/perturbador para las criaturas que preferîan una piel color cartucho, un

deleite  por no tener que ponerse una sûmula de ropas, y un entusiasmo por no depender 

de  la verba de un especialista para cambiarle el rumbo a una perturbaciôn apabullante o

derruyente. Lo que eso sî, que aunque no molestârame sî que resultôme patêtico, este es-

tudio  no revelaba el ônoma del autor, o sea, que era un estudio anônimo, lo que pudiera

significar o  que el autor  decidiô hacerse  famoso en silencio, o que por estrategia de la

editorial  era mejor vender la  monografîa sin dar a conocer el nombre de quien la escri-

biô, lo que sê por Lavinia, el editor que revisô mi novelôn [La cazuela de Vitelio].






  




  





        



 






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