Entonces, y despuês de atiborrar la copa de Forligen con la dadorîa de Baco, dêjole
saber que el propietario de la bicicleta era el arquitecto Cristiano Olivio Gobîn, empero
asimisno que el anillo guardado en la mediana cajita azul Isabella no lo aceptô, motivo
de la no aceptaciôn que no ignoraba y razôn por la cual saquêlo, a puesto, a colocaciôn.
Maravillôme que a pesar de la atingencia que tuvo con Isabella, Forligen pensara que el
rechazo del anillo pudiera ser una forma de eludir el hacer creer el interês raudo por una
prenda de valor de oro o de plata, por lo que tûvele que recordar lo que pasô en la fiesta
del general, lo que es calaña de que Isabella siêntese mejor dando lo que hay que dar
(compasiôn, conflicto, amistad, sexo, etc ) en una ocasiôn determinada que seduciendo
por las prendas que llêvanse. Allende, de lo que fui testigo en vivo y en directo no hace
muchitanto en el bus nocturno, Isabella sabe/domina/conoce cômo enfocar lo que dice
sin darle pâbulo al interlocutor de recurrir a una verba oponente o a la refutaciôn, aun
no siendo lo que expresa con palabras tan mayûsculo como para ponerle corona, lum-
bre diamantina para reluzca o resalte.
--Lo que pasô en la fiesta del general. Vaya nochecita para la traiciôn!!
--Forligen, no creo que en realidad trâtese de felonîa, sino de una debilidad humana.
--Cômo Kosmos? Quê, defiendes a Isabella, la que poco conoces?
--Es cierto que no la conozco mucho, mas por lo que hemos conversado, hasta el mo-
mento, puêdote asegurar que es basto como para saber de ella, calcularla, en cuâl es-
quema encaja y en cuâl resbala.
--Entonces, y de acuerdo a lo que acabas de decir, tû crees que sea capaz de tener una
relaciôn con un camarero, con Emilio?
--Claramente que sî, amên que un camarero asimismo tiene lo que a ella hâcele falta.
Pero dime una cosa: tû tienes algo contra Emilio?
--Por quê tû crees que deberîa tenerlo?
--Câspita!! Me respondes con una pregunta.
--No, Kosmos, no, no tengo nada, pero sabes quê? No me caen muy bien los camare-
ros y, como tal, no los tolero/soporto.
--Forligen, esto es un prejuicio, o una falsa imago que te has hecho de ellos. Te pudie-
ra decir, y por experiencia propia, por lo empîrico, que mâs de una vez ha pasado que
la criatura considerada/valorada/tenida en cuenta por una opiniôn a priori puede termi-
nar siendo si no tu mejor amigo alguien que te darîa la posibilidad de entrar en diâlogo
o tener una comunicaciôn cercana en momentos dîficiles, de tristeza, cuando quien en-
tona o canta es el gallo de la melancolîa.
--Suenan bonitas/conmovedoras tus palabras, pero me llenas otra vez la copa?
--Age para mî mismo, age!!
--Verdaderamente este vinito estâ totalmente exento de adjetivo. Dônde lo compraste?
--En el negocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.
--Kosmos, es impostergable mi risa!!
--Pues no dêjesla para despuês, mâs tarde, pero cuando acabes de reîrte me puedes re-
velar el porquê de tu pregunta de si Isabella era capaz de tener una relaciôn con Emi-
lio?
--Mi risa jamâs ha sido muy larga; que se caracterice por su alargamiento es imposi-
ble; y, entonces, la respuesta a tu pregunta es la siguiente: porque alguno de los faran-
duleros del bar nocturno, y desconociendo, sin saber que mi relaciôn con Isabella
habîase roto, me informô de que habîa visto a êsta y a Emilio cogiditos de la mano.
[Taladrando en la piedra para encontrar la sustancia, una frase que ocurriôseme ha-
ce ya bastante cuando leîa un libro referente al trabajo de los alquimistas, que Emilio
haya llamado a Isabella en el ûltimo viaje en el bus nocturno, y en el que yo estaba
presente, no es otra cosa que la prueba de que tanto la esencia masculina como la fe-
menina habîan entrado en relaciôn, pero hasta este momento sin un desarrollo del po-
tencial y la capacidad con los que cuenta. Hasta este punto final mantiênese claro el
asunto, y como tal sin necesidad de destacarlo ni con un subrayamiento ni con una lî-
nea colorida tachando la letra, empero por lo que acaba de decir Forligen oscurêseme
un poco el tema, a no ser que la susodicha cogida de mano fuese vista por ese faran-
dulero dîas o semanas antes al viaje de Isabella en el bus nocturno, lo que de ser asî,
de esta manera, dilucidarîa que la llamada de Emilio tenîa una razôn, un sentido, el
porquê bâsico de su proyecciôn, aun desconociendo êl el medio de transporte en el
que estaba Isabella].
--Forligen, y no dîjote el farandularo cuândo fue que los vio?
--No, kosmos, no, no me lo dijo. Pero igual, que no me interesa.
--No sê por quê parêceme que......
--Que quê, kosmos?
--Olvîdalo, sâcalo de un pensar. Y dime: Tienes algo que hacer o algûn plan para las
doce del dîa?
---Ninguna de las dos cosas. Por quê preguntas?
---Porque posiblemente voy al apartamento de Cratino....
---Posiblemente?
---Es que como estâ en el hospital de...
---En el hospital? Le pasô algo?
---De seguirme interrumpiendo ....
---No te interrumpo mâs! A ver, di, habla, explica.
---Estâ en el hospital de maternidad, porque naciô su hija Julieta, y me llamô para in-
formarme de que a eso de las doce del dîa regresarîa a casa.
---Entonces vino al mundo en estos ûltimos dîas, no?
---Anoche, a la una y media de la madrugada.
---Cratino padre!! Increîble!! Dejândote hablar puedo saber el porquê de tu pregunta si
tenia algo que hacer o algûn plan para esa hora.
---Y si lo sabes, vienes conmigo o no?
---Claramente que sî! Pero como nos queda aûn tiempo, terminamos de tomarnos la bo-
tella?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya pregunta original que me
haces a mî.
---Kosmos, si te la hago no es a tî?
---Caîste en la zalagarda del lûdico incesante, el que no tiene Ende.
---Quê si no? Tu jueguito!!