Donnerstag, 29. Januar 2026

188

       Entonces, y despuês de atiborrar la copa de Forligen con la dadorîa de Baco, dêjole

saber que el propietario de la bicicleta era el arquitecto Cristiano Olivio Gobîn, empero

asimisno  que el anillo guardado en la mediana cajita azul Isabella no lo aceptô, motivo

de la no aceptaciôn que no ignoraba y razôn por la cual saquêlo, a puesto, a colocaciôn.

Maravillôme que a pesar de la atingencia que tuvo con Isabella, Forligen pensara que el

rechazo del anillo pudiera ser una forma de eludir el hacer creer el interês raudo por una

prenda de valor de oro o de plata, por lo que tûvele que recordar lo que pasô en la fiesta

del general, lo  que es  calaña de que  Isabella  siêntese mejor dando lo que hay que dar

(compasiôn, conflicto, amistad, sexo, etc ) en  una ocasiôn determinada que seduciendo

por las prendas que llêvanse. Allende, de lo que fui testigo en vivo y en directo no hace

muchitanto  en el bus nocturno, Isabella sabe/domina/conoce cômo enfocar lo que dice

sin  darle  pâbulo al  interlocutor de recurrir a una verba oponente o a la refutaciôn, aun

no siendo  lo que expresa  con palabras tan mayûsculo como para ponerle corona, lum-

bre diamantina para reluzca o resalte.

--Lo que pasô en la fiesta del general. Vaya nochecita para la traiciôn!!     

--Forligen, no creo que en realidad trâtese de felonîa, sino de una debilidad humana.

--Cômo Kosmos? Quê, defiendes a Isabella, la que poco conoces?

--Es cierto que no la conozco mucho, mas por lo que hemos conversado, hasta el mo-

mento, puêdote  asegurar que es basto como para saber de ella, calcularla, en cuâl es-

quema encaja y en cuâl resbala.

--Entonces, y de acuerdo a lo que acabas de decir, tû crees que sea capaz de tener una

relaciôn con un camarero, con Emilio?

--Claramente que sî, amên que un camarero asimismo tiene lo que a ella hâcele falta.

Pero dime una cosa: tû tienes algo contra Emilio?

--Por quê tû crees que deberîa tenerlo?

--Câspita!! Me respondes con una pregunta.

--No, Kosmos, no, no tengo nada, pero sabes quê? No me caen muy bien los camare-

ros y, como tal, no los tolero/soporto.

--Forligen, esto es un prejuicio, o una falsa imago que te has hecho de ellos. Te pudie-

ra decir, y por experiencia propia, por lo empîrico, que mâs de una vez ha pasado que 

la criatura considerada/valorada/tenida en cuenta por una opiniôn a priori puede termi-

nar siendo si no tu mejor amigo alguien que te darîa la posibilidad de entrar en diâlogo

o tener una comunicaciôn cercana en momentos dîficiles, de tristeza, cuando quien en-

tona o canta es el gallo de la melancolîa.

--Suenan bonitas/conmovedoras tus palabras, pero me llenas otra vez la copa?

--Age para mî mismo, age!!

--Verdaderamente este vinito estâ totalmente exento de adjetivo. Dônde lo compraste?

--En el negocio de Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn.

--Kosmos, es impostergable mi risa!!

--Pues no dêjesla para despuês, mâs tarde, pero cuando acabes de reîrte me puedes re-

velar el porquê de tu pregunta de si Isabella era capaz de tener una relaciôn con Emi-

lio?

--Mi risa jamâs ha sido muy larga; que se caracterice por su alargamiento es imposi-

ble; y, entonces, la respuesta a tu pregunta es la siguiente: porque alguno de los faran-

duleros del bar  nocturno, y  desconociendo, sin  saber  que mi  relaciôn con Isabella 

habîase roto, me  informô de  que habîa  visto a êsta y a Emilio cogiditos de la mano.

    [Taladrando en la piedra para encontrar la sustancia, una frase que ocurriôseme ha-

ce ya  bastante cuando leîa un libro referente al trabajo de los alquimistas, que Emilio

haya  llamado a Isabella  en el ûltimo  viaje en el  bus nocturno, y en el que yo estaba

presente, no  es otra cosa que la  prueba de que tanto la esencia masculina como la fe-

menina habîan entrado en relaciôn, pero hasta este momento sin un desarrollo del po-

tencial y la capacidad  con los que cuenta. Hasta  este punto final mantiênese claro el

asunto, y como tal sin necesidad de destacarlo ni con un subrayamiento ni con una lî-

nea colorida tachando la letra, empero por lo que acaba de decir Forligen oscurêseme

un  poco el  tema, a no ser que la susodicha cogida de mano fuese vista por ese faran-

dulero dîas o semanas  antes al viaje de Isabella en el bus nocturno, lo que de ser asî, 

de esta manera, dilucidarîa  que la llamada de Emilio tenîa una razôn, un sentido, el 

porquê  bâsico de su  proyecciôn, aun desconociendo êl el medio de transporte en el 

que estaba Isabella].

 --Forligen, y no dîjote el farandularo cuândo fue que los vio?

--No, kosmos, no, no me lo dijo. Pero igual, que no me interesa. 

--No sê por quê parêceme que......

--Que quê, kosmos?

--Olvîdalo, sâcalo de un pensar. Y dime: Tienes algo que hacer o algûn plan para las

doce del dîa?

---Ninguna de las dos cosas. Por quê preguntas?

---Porque posiblemente voy al apartamento de Cratino....

---Posiblemente?

---Es que como estâ en el hospital de...

---En el hospital? Le pasô algo?

---De seguirme interrumpiendo ....

---No te interrumpo mâs! A ver, di, habla, explica.

---Estâ en el hospital de maternidad, porque naciô su hija Julieta, y me llamô para in-

formarme de que a eso de las doce del dîa regresarîa a casa.

---Entonces vino al mundo en estos ûltimos dîas, no?

---Anoche, a la una y media de la madrugada.

---Cratino padre!! Increîble!! Dejândote hablar puedo saber el porquê de tu pregunta si

tenia algo que hacer o algûn plan para esa hora.

---Y si lo sabes, vienes conmigo o no?

---Claramente que sî! Pero como nos queda aûn tiempo, terminamos de tomarnos la bo-

tella?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya pregunta original que me

haces a mî.

---Kosmos, si te la hago no es a tî?

---Caîste en la zalagarda del lûdico incesante, el que no tiene Ende.

---Quê si no? Tu jueguito!!












 



 



 



 
















 





Montag, 19. Januar 2026

187

      Faltando cinco minutos para las nueve de la mañana, Cratino llâmame no para pregun-

tarme si podîa pasar, sino mâs bien para darme la noticia del nacimiento de su hija Julieta

a  las dos de la madrugada, y seguido me informa de que a pesar de no haber  sido un par-

to fâcil y râpido Juliette estaba bien, aunque eso sî un poco endeble y famêlica, razôn por

la cual estaba recibiendo la atenciôn menester. Respecto  al momento que pudiera yo ver

a Julieta  solamente serîa posible  cuando la familia regresara a casa, verba que êl agrega 

por  saber que los hospitales no son de mi agrado, y que ni aun recibiendo un salario con-

siderable  yo aceptarîa  laborar en el  sector de la salud, empero por quedarse sin carga su

môvil es que câese la llamada, côrtase  la comunicaciôn sin haberle dado tiempo a despe-

dirse. En  realidad esto no tiene mucha relevancia, pero sî resultôme raro que algo asî pa-

sârale a êl, a no ser que  por haber tenido una nocturna agitada, movida y totalmente fue-

ra de su ritmo de cada dîa haya olvidado el cable para cargar el môvil, Hubiêseme gusta-

do especular sobre el  porquê de êl no usar el môvil de Juliette, que no creo que dos mô-

viles  descârguense a la misma vez, pero como tenîa algo que hacer, o mejor dicho, que

terminar, porque de facto era en lo que estaba (ocupado) antes de la llamada de mi buen 

amigo, lo de  hacer suposiciones  dejô de ser un hipotêtico que de momento ocupara un 

primerîsimo plano.   

      Regresando a mi libreta de notas, toda una guîa necesaria y una ayuda tremenda pa-

ra no olvidar tanto lo que ocûrreseme como lo que pudiera tener un desarrollo de acuer-

do a la caracterîstica conspicua de los personajes, y en el caso en el que estoy el del Piti

y Daniela, transformar a êstos en protagonistas ----la cosa de concaternarlos en una sola 

escena, como  ya  dije, mantiênese  como la  mâs  ideal/propicia/tempestiva, porque asî 

quedarîa fijada a la  ficciôn de una representaciôn donde el desprendimiento, la soltura, 

el dejar ir y el aceptar son fundamentales para el ponderamiento de la conducta-----me  

da un tremendîsimo  deleite por ser dos criaturas que formaron parte de esa dimensiôn

del tiempo que no regresa, y en la que mi presencia como mancebo/escolario destacô-

se, que asimismo  atrajo a  todo  aquel  que por conocimiento no dudarîa de que de co-

mûn yo  tenîa poco debido al sobresalir de un dominio  [de ciertas y determinadas co-

sas] que no era habitual con tan poca edad, que no llegarîase a tener con un nivel pri-

mario dependiente de la pedagogîa con la que (posiblemente, porque ningûn didâsca-

los pudiera  asegurar que cien por ciento sea asî) paulatinamente adquiêrese un basto 

saber, la precisiôn de un contenido y la apreciaciôn de una perîstasis que le da vigoro-

sidad de un discurso. 

        Ahora bien, y sin enfatizar la derivante que sale de esta frase con algo de repeti-

ciôn en mi novelôn: de lo que no se puede hablar es mejor callar, porque si es verdad

que  del Piti solamente recuerdo que sucumbiô debido a su caîda de cabeza en la cis-

terna, tambiên es cierto que puêdolo esbozar mentalmente hasta sacarle el mayor pro-

vecho al dibujo que de êl hâgome y como un mancebo dominado por su propia natu-

raleza, especîfico dato y sumamente ûtil para ampular un perfil con marejadas del ca-

râcter  incesantes. Referente a Daniela, de la que tengo un mejor conocimiento, y co-

mo tal puedo decir con mâs soltura y seguridad narrativas lo que me plazca, pero has-

ta cierto  punto un decir  no exento de la ficciôn beneficiosa por una cuestiôn mîa de 

soltar la madeja  semântica hasta  sacar del ovillo el hilo recogido, que su problemilla 

radicaba mâs bien en la desconfianza extrema que en apresuramientos demostrativos 

de envidia, razôn por la cual êrale menester una dilucidaciôn totalmente diferente de

la que dâbale su progenitora y para lograr un fin concreto: el de mantenerla separada

de los chicos del barrio, a pesar de que con êstos ludicaba al lûdico de los escondidos,

y no solamente una vez a la semana sino cuasi todas las siete nocturnas de êsta.

      Interesantemente, y en lo que escribîa en mi libreta de notas paar de ideas que pa-

reciêronme no tan banales para darle comienzo a la escena susodicha, escucho un rui-

do en la cocina. Estando en êsta soy testigo visual de la caîda del frutero, algo de fac-

to crîptico porque êste estaba en el centro que no en un borde [de los cuatro] de la me-

sa. Quedôme  descartada la posibilidad de un pneuma con reciedumbre, ya que como

estaba cerrada la ventana por dônde iba a penetrar, pero no imposible la presencia de

los lares capitales, que de tanto que hablê en mi novelôn  de ellos es posible que por 

dejarlos  de mencionar estên  en funciôn de llamar la atenciôn, aun no teniendo nada 

que  ver mi  apartamento  con la corte de Dido, con el palacio en Bedriaco donde los 

lares  podîan estar en  cualesquier partes de êste. Resumiendo la cosa, porque de quê

servirîame profundizar en la cuestiôn de la protecciôn si no tengo la necesidad de es-

tar/sentirme protegido, cogî las frutas y las volvî a poner en el frutero; pero, lo que sî

que es totalmente insôlito, la manzana no la encontrê, no estaba en el piso. 






  






 









 








     







  

Mittwoch, 14. Januar 2026

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        Cuando lleguê a mi apartamento Aspasia pintâbase las uñas, pero con el fin de que

yo  dijêrale lo que êrale menester  escuchar dejô lo que estaba haciendo, parôse frente a

mî y preguntôme que parecîame la nueva ropa interior que habîase comprado. 

--Aspasia, te queda divina, y por lo mismo como que empiezo a sentir unas ganas pro-

fundas de.....

--Ya sê de quê, Kosmos, pero lamentablemente ahora no es posible que mates tus ganas,

porque hoy es un dîa importante para mî.

--Câspita!! Y por quê es relevante?

--Porque hoy recibo el diploma en la escuela de mûsica.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y por quê no me lo dijiste?

--Kosmos, si que te lo dije, pero como tu estâs en tu mundo no me extraña que se te ha-

ya olvidado.

--Repâmpanos!! Vay testa la mîa!! Felicidades!! A ver, acêrcate para darte un beso.

--Kosmos sôlo un beso, asî que no intentes apretarme con tus brazos, que tiempo hay

despuês para estar juntos.

--De acuerdo, Aspasia, solamente un toque de labios. Ah, y antes de irte tengo que dar-

te algo que estâ en mi bolso.

--Y quê es?

--Mira, aquî estâ, una manzana.

--No, verdad? Y cômo supiste que deseaba comerme una?

--Aspasia, yo sôlo me acordê de que tû de vez en cuando ingieres una.

--Espero que tambiên te hayas acordado de que me como una manzana en la noche.

--Sî, Aspasia, sî, no lo he olviddo.

--Muy bien!! Entonces pônla en el frutero.

--Sobre el pucho pôngola ahî.

--Ah, y despuês que la pongas ven al cuarto para que me subas el zîper del vestido.

--Interesante/acicateante/excitante/emocionante/apasionante!!

--Ya te dije que.....

--Que tiempo hay despuês para estar juntos!

--Exacto!! Asî que nada de pegadera ni de manos que se hunden en la piel del gozo.

--Ni de manos que se hunden en la piel del gozo! Te quedô (poiêsico) mirîfico/suntuo-

so.

--Tû sabes que alguna que otra vez tengo verba que es de tu agrado, se me ocurre lo

que consideras digno de aplausos.

--Aplauosos, Aspasia, a-plau-sos!! Una pincelada buenîsima y, por lo tanto, dejante de

resonancia.






  

















 

Montag, 5. Januar 2026

185

      Quince minutos despuês, y con el fin de cortar camino, me metî en uno de los callejo-

nes mâs  senectos de la ciudad. Recuerdo que en mis tiempos de escolario este era el ca-

llejôn ideal para el lûdico de los escondidos, juego que disfrutaba muchitanto y en el que

participaban tanto varones como hembras. Por mi afân de descubrimiento, de empezar a

conocer  el cuerpo  femenino, un dîa pedîle a Daniela que escondiêrase conmigo. A raîz

de esta peticiôn ella dejô calaña de reticencia al decirme que porque fuera yo un conoci-

do  del barrio no era suficiente para estar a solas conmigo, razôn por el cual tuve que ha-

cer  todo lo posible para  convencerla de que no pasarîa nada, de que no aprovecharîa la

ocasiôn  para hacer lo que otros chicos ya hacîan con sus amiguitas. A pesar de esta ver-

dad  ella seguîa  desconfiando, no estaba  segura, por lo que pensê que lo ûnico que me 

quedaba por decir era prometerle que la respetarîa. Y quê si no que por las cosas que pa-

san  no pude lograr lo que querîa: despuês de prometerle lo que dije soltô una sonrisa y

estuvo de acuerdo en esconderse conmigo, mas como eran cuasi las diez de la nocturna

tuvo  que regresar a su casa porque su progenitora llamôla a gritos. Pero que no hâyalo

logrado no quiere decir que descartara la posibilidad de esconderme con ella en alguna

que  otra nocturna, mas sucediô que mâs nunca participô en este juego, y no porque no

quisiera, sino que mâs bien porque su progenitora prohibiôselo.

    Saliendo de este recuerdo del ayer concentro mi vista en el suelo que pisaba, ya que

al  ser el de un callejôn viejo habîa que tener cuidado, lo que traduce que caminar con

soltura resultaba imposible. La mejor manera de avanzar sin que periclitara la salud de

los pies era la parsimônica, un yendo  que por ser  con calma garantiza la dilaciôn, pe-

ro  como no tenîa prisa en llegar a mi apartamento la demora no preocupâbame. Estan-

do  exactamente en la mitad del callejôn, punto en el medio [que por una cuestiôn ma-

temâtica  no  me  desagrada] y como tal ûtil para la divisiôn de dos de la distancia, ob-

servo  el rodamiento de una  manzana, empero sin ser sobre el pucho testigo visual de 

la  mano que la tirô. De tal guisa la  manzana  chocô con mi calzado, siendo entonces

que aparece Rosamunda con la guirnalda de laurel y dîceme:

--Kosmos, esto sî que es increîble, totalmente inesperado: que hayan sido tus zapatos

los que pararon la manzana.

--Verdad  que insôlito, Rosamunda, mas no fuera de algûn programa que no podemos

controlar.

--Oh, no tuve cuenta tal programa.

--Aparte  de este programa, quisiera  dejarte saber algo que tiene que ver con la mito-

logîa.

--No sê por quê me parece que se trata de Eris.

--Aplausos, Rosamunda, a-plau-sos!! 

--Entonces, Kosmos, ya lo sê, asî que no hace falta que me lo dejes saber. Pero aquî

tengo que subrayar una cosa: el lanzamiento de la manzana nada tiene que ver con la

discordia, ni con  juicio ni con guerra, sino mâs  bien con deshacerme de ella lo mâs

râpido posible en el mismo lugar que fue dada.

---En el mismo lugar que....Te explicas, Rosamunda?

---Sî! Escucha. Hace no mucho Aristarco se encontrô con Sista, y debido a que êsta la

acosa un peso de conciencia. Estuvieron  conversando  aproximadamente media hora,

y por lo que me contô Aristarco solamente fue interesante oir estas palabras: me gusta-

rîa que tus manos volvieran a bajar por mi espalda como una gota de miel que con len-

titud desciende. 

---Rosamunda, y si dîgotelo es  porque  estuve dos años y medio con ella, alguna que

otra vez, de vez en cuando Sista suelta pinceladas atrayentes, mas no con el fin de de-

mostrar que tiene talento para darle color a un expresiôn, sino mâs bien para lograr la

atenciôn que necesita.

--Entonces tû crees que Sista no tenga la atenciôn de Irene, la chica hurtada por la ma-

dre de aquêlla? 

--Te responderîa que las pocas veces que he hablado con Irene he podido comprobar,

y por lo que dice, que es una chica que se preocupa, que estâ al tanto...que no es indi-

ferente, mas  pudieran pasar dos cosas: o lo que dice es un montaje con el fin de que

quien la escucha tenga una buena opiniôn de ella, o verdaderamente es como lo dice

y no lo aplica con su pareja.

---Sabes a quiên me recordaste con estas palabras? A mi difunta madre Simaeta.

---Lo que no me extraña, Rosamunda, porque tu progenitora tuvo un gran conocimien-

to de la vida, una visiôn bastante amplia de lo que significa ser un ser humano, por no

decirte que en lo atinente a lo oculto su saber dejaba a cualquiera con la boca abierta.

---Kosmos, es una lâstima que no pueda seguir la conversa porque debo empezar con

el trabajo en la florerîa, asî que me despido con dos besos, y uno en cada mejilla para

que no falte el ponderamiento.

---Y cuâl mejilla es la primera, la izquierda o la derecha?

---La derecha!

---Câspita!! Totalmente de acuerdo.

---Y por quê has dicho câspita?

---Porque  me encanta la derecha, y como tal  pudiêrate decir esta frase anunciativa:

Primero la derecha; despuês la izquierda.

---Vibramos con la misma cuerda, porque a mî tambiên me encanta la derecha. Ah, y

antes de que se me olvide, me dijo Sofîa que tû le caiste bien.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Otro posible pez para mi an-

zuelo, u otro porciento de sal para un huevo.

---Un decoramiento verbal interesante, pero que no va a entender Sofîa. Quê le puedo

decir de forma mâs sencilla?

---Que ella por ser rubia encaja en mis preferencias.

---Ah, estâ bien, esto lo va a comprender mejor. Y me voy, asî que adîos.

---Y la manzana quê?

---Si no deseas ingerirla se queda en el piso.

---Ingerir la manzana yo? No, quê va!!

---Pues entonces que se quede donde estâ.







 






 










 





 






     




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...