A pesar de no ser la primera vez que los veo, que los contemplo/atisbo, los bien for-
mados componentes corporales de Aspasia, allende que a toda flor, penetraron por mis
ôculos como estrellas de una constelaciôn mâgica, razôn por la cual comencê a sentirme
como poseîdo por un hechizo en lo que caminaba de la puerta del cuarto a la cama. Una
detallada descripciôn no serîa lo mâs conveniente, porque si de contra que ya mi cuerpo
estaba cien por ciento listo para entrar en atingencia le doy mâs atizamiento a la flama
concupiscente con el fuelle de una dilucidaciôn minuciosa/exhaustiva, quê otra cosa no
pudiera pasarle que empezar a desprender/soltar humo por el exceso o la recarga de ca-
lor. Pues entonces quê? Nada de punto a la raya y que continûe la letra.
Una hora despuês tuve que levantarme por el motivo siguiente: por la sed que enor-
me/tremenda tenîa, una necesidad urgente de beber/tomar agua que jâmas/nunca antes
recuerdo haberla tenido; al contrario, lo que hasta cierto punto activa mi pensar, segui-
do al encuentro con la materia que sofoca, transforma breve y acicata sentîame como
repleto de este elemento vital. Pensando, educirîa que por el aforismo del oscuro oriun-
do de Êfeso el cambio lûdica aquî un rol fundamental, pero que en vez de ser uno que
caracterizarîase por una lôgica mâs bien distînguese por lo que posee/tiene de insôlito.
Aquî encuentro como pintojos de una identidad fuera de lugar, pero no en un sentido
extra-ordinario sino en uno que por estar sustentado por la disimilitud de factores cali-
ficativos sobrepasa la media, o sea, la medida (estructurada y) por la cual entra en ca-
ja/ encaja/tiene que ver/pega lo que normalmente onômase cotidiano.
Mas si por una parte esta necesidad; por la otra, la que a su vez es tambiên total-
mente nueva, en lo que bebîa agua frîa directamente de la botella de un malestar en los
Dydimoi comencê a padecer, lo que pudiera ser debido a los estirones y apretones que
les dio Aspasia no solamente para ella sentirse la dominante, sino que asimismo para
tener fruiciôn ocasionando algo de dolor, lo que en realidad es una bûsqueda de gozo
que satisface su infaltable actitud/conducta perversa. A la postre y al cabo no es un ma-
lestar tan fuerte como para no poderlo soportar; pero como estâ en la parte que con la
fecundaciôn tiene que ver en un mînimo porciento me preocupa, aun careciendo yo del
(mâs) minûsculo deseo de ser progenitor, de hinchar un barrigôn para traer al mundo
una identidad desconocida mâs engendrada por mî mismo. De mâs estarîa decir, y de
acuerdo a una fundamentaciôn estoica, que lo que pasa tiene que pasar porque pasando
pasa, por lo menos en su etapa mâs vigorosa y con su contenido mâs austero, lo que tra-
duce indubitablemente una invitaciôn al conformismo, o a practicar una virtud que ape-
llidarîa esencial, mas contando con la posibilidad del solvento al alcance de mis manos
el estoicismo queda en un segundo plano. Y cuâl es el susodicho solvento? Echarme
agua frîa en los Dydimoi.
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