Montag, 16. Februar 2026

189

      Ahora bien, y en lo atinente a la pared con mâs dureza para abrir los dos huecos, la

del cuarto fue la ideal para que el taladro la penetrara; aunque eso sî, y por ser un tala-

dro  senecto, el estrêpito serîa ineludible, pero de poca duraciôn por ser solamente dos

orificios a hacer. Poniêndome en funciôn de este trabajo agarro el taladro, empero de-

plorablemente  no  llegâbale la  corriente, razôn  por  la cual infôrmole a Metôn sobre 

esto. Segûn lo que me dice êl, y despuês de hacer un esfuerzo para recordar, la ûltima

vez que lo utilizô  fue cuando  mudôse para mi edificio, de lo que hace ya nada mâs y

nada menos que siete años, y que desde entonces hasta hoy estuvo al alcance del pol-

vo y de la  humedad. A  continuaciôn de esta verba, lo que ni me extraña ni me asom-

bra por no ser un consumista paradigmâtico de herramientas para un fin determinado

que funcionan  con electricidad, dîceme que me olvide de los huecos, ya que en reali-

dad no estaba interesado en comprar un nuevo taladro, pero que me daba las gracias

por la ayuda que pidiôme.

--Sabe usted, Metôn, que para cualesquier cosas que usted necesite puede contar con-

migo.

--Ya sê, Kosmos, ya sê, mas aun asî tu tiempo es tu tiempo, tu vida es tu vida, lo que

significa  que si en algûn momento  necesito tu ayuda y estâs ocupado, responsabili-

zândote con lo que te debes responsabilizar, el contar contigo no serîa posible, y que

no  por esto padecerîa de un  malestar que tampoco de una rabia por resentimiento.

--Pero que conste, Metôn, que mi verba nada tiene que ver con protocolarismo con el

objetivo de caer bien, de granjearme su afecto/simpatîa.

--Eso me consta, Kosmos, que sê el tipo de persona que eres. Y escucha esto: regresa

a tu apartamento libre de un pensar que traiga, como consecuencia, un anâlisis por el

cual tu tranquilidad se afecte o tu bienestar no llegue a su cien por ciento.

--Muchitantas gracias por su verba, Metôn, mas antes de regresar desêole una bonita

noche, que usted pueda dormir sin que salga a escena la imago de un taladro.

--Esto de que no salga a escena la imago de un taladro no es un deseo, sino mâs bien

una de las ocurrencias como producto de tu jueguito, pero estâ bien y ojalâ que no.

        Cuando lleguê a mi vivienda, y en cuestiones de segundos debido a esto: a que

sôlo son 16 escalones los  que separan el apartamento de Metôn del mîo, lo primero 

que  penetra por mis ôculos es el diploma de graduaciôn de Aspasia puesto en la pa-

red, razôn mâs que basta para quedar yo impresionado, porque nunca he sido testigo

visual de verla a ella con un martillo y clavo en sus manos. Puedo entender que tra-

tândose de algo significante hâgase lo que nunca hîzose, empero aun asî mâs tarde, 

despuês de (la cena o de) que cenemos  no faltarâ la pregunta correspondiente/ade-

cuada/ pertinente/ tempestiva.  

       Lo segundo que penetra por mis ôculos es el chelo encima del sofä. Al parecer

Aspasia  habîase  ocupado de  dejarlo como nuevo, porque  tan lîmpido estaba que 

cualquiera que lo viese pensarîa que recientemente fue comprado. Hasta donde sê,

y durante  todo el tiempo que el chelo  estuvo en la catedral barroca, una limpieza

asî  nunca fue posible, y no debido a la carencia de tiempo sino mâs bien a la indi-

ferencia, ya que como lo mâs relevante para Aspasia era la propina que ganâbase

diariamente, la que  utilizaba para pagarse una parte de su estudio musical, la lim-

pieza de su instrumento dâbale igual. 

       Suponer que a partir de hoy hay un cambio de realidad no es algo que merez-

ca la  pena cuestionarlo a travês/por medio de una confrontaciôn verbal, que tam-

poco enfatizarlo como si tratârase de un dar por cierto tenido en mente gracias a

un câlculo/examen rigurosamente hecho o estrictamente trabajado, que no menos

apoyado  por un garbo volitivo  que en su funciôn mâs conspicua calienta a aque-

llo que por ser garante de un beneficio, aun siendo êste un estîmulo (o un alicien-

te  para con-formar  imâgenes  superlativas) que no es sempiterno, incrementa la

sûmula de ciertas y determinadas ganancias existenciales: reconocimiento, acep-

taciôn, inclusiôn  de la bonanza  en un programa  ludicativo y al servicio de una 

amistad insoslayable por ser dadora de lo menester.  



 






    



 




     


Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...