Samstag, 31. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (862)

     Relevantes resonancias fueron despertândole a Kosmos la imago del artesa-

no y la del constructor, creacional permamente que dispara a fanegadas una llu-

via de cupulosa verba, hasta que llega a ser campana en el baricentro de las mil

y una centellas y del jolgorio de los truenos. Pero aquêllos tambiên, y de otra y

manera, resaltaban en el flamen seguido a una invocaciôn concreta al hacerse el

sacrificio al campo hasta completar la numeral doce.

----Allende que Tellus y Ceres, flamen, no?

----No te equivocas Kosmos, estâs claro, no fallas...

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, que de vez en cuando un

error jamâs estâ de mâs, de adorno o de sonajero.

----Ya sê, Kosmos, pero...

----Que punto a la raya y que continûe la letra, êsa es la res, êsa!!

----Entonces escucha: Vermactor para el primer arado del yermo; Raparator para

el segundo, e Inporcitor para la tercera y definitiva labranza. Incitor para la siem-

bra, Occator para el retoque del campo con el rastrillo, Satitor para la escardadu-

ra de la mala hierba con la azada, Subrincinator para arrancar los cardos, Messor

para la actividad de los segadores, Convector para el acarreo de las mieses, Con-

ditor para entrojar y Promitor para la entrega del grano y la troje.

----De tan bien que oî tengo los oîdos tupidos----dice Kosmos y rîe, mas agrega:

en este pastiche falta la presencia del demiurgo.

----Vaya supremacîa!! Di algo de êl, Kosmos, di!!

----Allâ voy, por quê me llamas?---y retorno de la risa.


      Sin que llegase a convertirse concreta y especîficamente en una monografîa

por la tematizaciôn en curso, Vercingetorix ligeramente informado sobre êsta sa-

ca a puesto, a colocaciôn componentes de las Sagas Nôrdicas, descollando por y

razones de interês y conveniencia las mannsfylgja menos que las kynfylgja, que

de facto son mâs protectora de una colectividad sometida a un condicionamiento

que defensoras absolutas de lo gayo en potencia dosificado y distribuido en lo în-

timo o en lo particular de las esencias, ousîas o sub(s)tancias.

      A raîz de la escucha se activa el magîn de Kosmos, razôn por la que desplaza

su decir sobre el demiurgo para poner en su lugar una idea sumamente coralina y

la que consiste en formar una numeral con chispa, ajetreo y fiesta, que no es otra

que la 777. Empero como se velera sobre lo creacional, a todo trance a la numeral

bûscale una justificaciôn, un motivo de que sea êsta y no otra, algo que encuentra

como sustancialidad para El bullicio en el silencio, para que siga avanzando mâs y

allâ de su mitad, con un supuesto viaje de Sabinsqui en el camarote nûmero siete,

te, el sêptimo dîa de un mes y con salida del navîo a las siete de la noche.

----Me parece, Vercingetorix, que usted es culpable de esta triple luminosidad, si

no que de que en tropel pueda pasar como flecha entre entidades desconocidas.

----Flamen, culpable por eso, no es mejor mâs luz que menos?---pregunta Vercin-

getorix.

----Por supuesto que sî, pero elaborada por el magîn de Kosmos [...] Sabe usted y

lo que vamos a tener que enfrentarnos despuês de trabajado tal supuesto y susodi-

cho viaje de Sabinsqui?

----De que Sabinsqui superarâ en visiôn a Visvakarman...

----Vaya brinco de sapo en una hoja de malanga!!, que el tramo separable entre las

Sagas Nôrdicas y Visvakarman es tremendîsimamente grande---señala Kosmos que

agrega: creo que por un instante dejamos tranquilo al que vigilaba a la vaca que pa-

sô el Bôsforo.

----Como que dentro de lo creacional etimologîas?

-----Êsa es la res, flamen, êsa!!---responde Kosmos.

----Entonces, Kosmos, tienes hacer para con el viaje de Sabinsqui?

----Câspita!!, que ya comienza el bullicio. Al avîo, al avîo!!

----Y risas de Vercingetorix y del flamen.

















 


















Freitag, 30. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (861)

      No habîa que someter el espacio circulizado a las normas establecidas por

el principio de la razôn, sino que mâs bien enfatizar la razôn para sacarle mâs

provecho al espacio circulizado, y dentro del cual estaban los pulvinares, zo-

na o lugar favorito de su majestad  Dido, quien concomitada por la campesi-

na  y Sunev, y claro estâ, acicateada por las dadorîas del conditio paradoxum,

dilucidaba sobre la preñez no sôlo desde el punto de vista de su (ya) experien-

cia lejana, sino tambiên desde su conocimiento de la especîfica y senil creen-

cia, de que el embarazo tiene atingencia con determinados lugares en los cua-

les habitan entidades ancestrales, las que en busca de un retorno hacen todo lo

posible por volver a vivificarse. La campesina, por lo anterior escuchado, con

la ayuda de las dos manos que raudo abriêronse en funciôn defensiva, cubriô-

se la barriga con un preciso espanto, asimismo que cambiô la posiciôn de lado

a la de sentada, pensando que con estâ quedarîa mâs protegida o exenta de per-

nicio alguno. Sunev, en cambio, a pesar de no creer en nada de eso, no diolo y

como imposible, y no debido a otra cosa que a su madre Cornelia, quien con-

cretamente no andaba por estos vericuetos crîpticos mas sî por otros caminos

de entrega y ofrendas a una deidad sumamente conocidîsima, de lo que dedû-

cese o sale que no sôlo lo visible eleva polvo y engendra espuma, sentidos al-

tera y disposiciones abraza, cautiva paulatinamente o seduce de repente.

---Usted me disculpa, Dido, mas la educaciôn que yo recibî en la granja no y

llegô tan lejos como para yo sentirme quieta con lo que usted acaba de decir.

----Te puedo entender, porque antes de yo saber de ciertas cosas pensaba muy

parecido a ti, pero te puedo decir que en la sombra hay todo un mundo feno-

menal y exclusivo; y hasta a veces ilustre, en dependencia claro estâ de su ni-

vel y composiciôn, que no revela su existencia como si fuese un conjunto de

latas dispuestas para ser unidas y haladas por la superficie de un terreno, sino

que mâs bien es todo lo contrario lo que destâcase en su proceder-----dîcele a

la campesina Dido.

----Y de dônde usted sabe lo que sabe, del mago hiperôsmico?---fisga la cam-

pesina.

----No no, el mago sôlo sabe de olores, no de totemismo...

----De quê?

----Ya estâs asustada, no quiero seguirte asustando....

----Me parece que la sensatez de Dido es vâlida, algo que elude el hecho de y

que no puedas dormir a raîz de concentrar un pensamiento en algo que desco-

noces---anuncia Sunev.

----En realidad les confieso que a pesat de la validez me parece que no voy a

poder dormir por estar preocupada con mi barriga---suelta la campesina.

----No tienes por quê estarlo, porque partiendo de una base funcional si en al-

go no crees sencillamente no se realiza. Todo suceder lo es por la creencia....

----O sea, Dido, que descreyendo una cosa no pasa?---pregunta la campesina.

----Lo que no quiere decir que la cosa no exista; pero sî, es algo como eso.

----Pero el leñador de Britania, quien te educô, tiene su misterio, no?

----Eso es cierto, Sunev, pero cuando me hablaba de cosas extrañas nunca, ja-

mâs le hice caso, por no decirte que casi siempre êsta fue una de las razones

por la que entraba en disputa, si no que en discusiôn con êl.

---Bueno, bueno, cambiemos el tema y dîganme entonces, con detalle, quê fue

lo que les ocurriô paseando por la sombra acarreada por las columnas----Dido

pregunta.

----Quiên empieza primero, tû o yo?---pregûntale Sunev a la campesina.

----Por supuesto que tû, te dejo el comienzo a ti---responde la campesina.






























Montag, 26. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (860)

 (monôlogo de Sabinsqui)


        Un lazo mâgico armonizando las cosas, menos que uniêndolas para dejar-

las fijas, como que asimismo la lumbrera numeral que saca lo no-claro de su y

tenebroso puestecillo. A esto ûnesele la autêntica divisora y mediadora del in-

finito tiempo, mesopotâmicamente asiento de culturilla ingente. Los que con y

la aurora despiertan entren en fruiciôn con ciertas proyecciones; mejoran los y

fallos escritos en algunas concepciones; dilucidan con basta fluencia de mayes-

tâtica verba, y no dejan sin vestidura lo minûsculo que aparenta insignificancia.

Direcciôn o rumbo: camino señalado, sin estar expuesto a la mofa transitoria de

un polichinela que enciende su cachimba entre hombres que no buscan con ayu-

da de farolas. Desvelamiento, numeral y sensaciones gratas, y hasta una acêmila

dispuesta a embalar su paso, empero sin que fuese menester un halôn de sus ore-

jas. Justa definiciôn de lo magno o lo quiditario? Se intenta a raîz de un cogitatio

sin que el înclito pensante de una ciudad lejana haya dejado influencia, a fanega-

das razones con afanes de por-venir, apremiante un casco para eludir mâs de un

golpe en la cabeza, motivos para la êgida sacar de un baûl o de un escaparate. Y

sine qua non, la armonîa comienza, lo preanimista trompetiza sin agregamiento

a la composiciôn fâctica de rasgos descuidados por la interpretaciôn permanente.

Yo, funciôn y serpentîn en lo jaleoso sobre el pucho salvador.







 

La cazuela de Vitelio (859)

      Por un lado el alegrôn del flamen del templo de Jano Quirino por saber que

al fin Kosmos avanzaba con semântica; por el otro quedô estupefacto, ya que le

resultô increîble que en tan sôlo una semana  El bullicio en el silencio estuviera

por la mitad. Algunos pincelamientos llamâronle muchitanto la atenciôn, como 

êse en boca de Sabinsqui, por paradigma, al decir una frase determinante o si no

que revelativa: Se empieza a romper el cascarôn del huevo bajo la sombra del y

Taxus, de la que deduce que la etapa primaria numerolôgica de Kosmos estâ de

fondo o de entramado con potencia, calaña entonces de que la unidad en el tiem-

po, una formaciôn que engarza tanto aspectos de ubicaciôn como de armonia, ya

bien serîa el sostên primordial del novelôn, su ser de rigor trabajado y pulido, do-

sificado o bruñido, y por lo mismo menos expuesto al toque limitado de un bare-

mo. Mas respecto al personajillo de Sabinsqui la memoria deja claro que tal ôno-

ma no êrale desconocido, que a esta criatura Kosmos habîala visto en onîricos y

ya arcaicos, algo que bien sabîa el flamen por la confesiôn que êl mismo escuchô

de boca del artîfice, hace ya un dîa de alcheringa y en el templo.

----Kosmos, y del pavo real quê, que hasta donde he leîdo no ha aparecido?

----Câspita, flamen!!, que entonces usted recuêrdase quiên es Sabinsqui.

----In casu cômo no, cômo voy a olvidarlo.

----El pavo real estâ transportado, asimismo que el vetturino Solger...

----No me extraña que regresen, que confluyan en tu trabajo, no?

----Usted, flamen, no me conoce de ayer, estâ informado de mi lineal existencial,

aunque tambiên prenatal....

----Como que dirîase que te conozco primero que tû a ti mismo...

----Nunca leî el cartel que cuelga del templo dêlfico!!

----Y risas del flamen y de Kosmos.

----Te acuerdas cuando me dijiste, que Sabinsqui era el director de la orquesta?

----Pero ora creo que hay un cambio de batuta y de repasado escenario.

----Pudiera ser entonces que no es el pavo real quien vigilia, si no tû el guardîân

con cincuenta ôculos abiertos?

----Y en lo infinito del tiempo hay un poder ser?

----No olvides de que el uno sigue siendo uno.

----Tampoco usted de que el siete es mi numeral mâs cercana.

----Estâs en sacrilegio!!

----Quê otra amplificaciôn saldrîa de un flamen?

----Cayô un rayo en un lago de Cantabria y se descubrieron doce hachas!!

----Y punto a la raya y que continûe la letra, que el doce es otra numeral de las y

conspicuas.

-----Todo es uno y uno es todo!!

-----Todo es nûmero, unidad de cosas mezcladas y concordancia de cosas discor-

dantes. Dêbole traer a puesto, a colocaciôn, para empezar, al înclito Filolao?

-----No hace falta, Kosmos, que yo soy flamen.

-----Hacer falta, eso no es incurrir en el error?

-----Kosmos, que no soy tu alumno para que me sometas a prueba.

-----Menos mal que no un discîpulo, el que por permanecer en tal condiciôn nun-

ca, jamâs re-compensarîa bien a su maestro.

-----Me debo reîr, Kosmos?

-----Age, flamen, age!!---y risas de Kosmos.


















 





  

Samstag, 24. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (858)

     El nuevo barrunte que llegô a puesto, a colocaciôn, dejô una tremeda reso-

nancia no sôlo en la Kosmona sino que asimismo en la corte: Kosmithôs serîa

tîo, porque su hermana la campesina quedô embarazada de Teariôn; y padre a

su  vez, porque Sunev  tambiên tenîa barrigôn, êl que nunca quiso ni una cosa 

ni la otra. Harîa falta trompetizar lo que dice un arcaico dicho? Ostensible pa-

ra Kosmos quedaba la mîmesis de incorporar esto a su novela, una que por su

caracterîstica y pimpancia repasadas seguro que dejarîa rimbombancia de las 

buenas, allende que un aliciente para arropar un discurso de los que apellîdan-

se plûmbeos con un telos correspondiente y una polêmica asegurada.

----Quantum satis!!, Kosmos abuelo, el desamante de la cantidad de esa îndo-

le---suelta el tîo de Kosmos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, vaya austeridad la tu-

ya con el uso del adjetivo!!---afirma Kosmos.

----Seguro que austeridad, Kosmos, seguro?

----Negada de momento la respuesta, est res magna tacere---y risas de Kosmos.


     Hasta cierto punto, con su tildante adecuada y su revelancia a toda flor, de y

entre los escolios que ya podîan leerse dentro del texto escrito, habîan par de y

ellos dedicados a subtîtulos con destacada medida, y en los que podîan encon-

trarse la palabrilla "huevo", la que como sîmbolo de hontanar de vida tiene un

puesto privilegiado en algunos sistemas creacionales, engendrativos sin empo-

llamiento, y (tal vez?) bien conocidos por doctos de una materia que subraya y

apoya al mundo: el subrayado es con tinta negra; el apoyo, con una forma o es-

pecie de idolatrîa honorîfica. Como vêse, esto ya viene anunciando, que a raîz

de un sonido engêndrase un concierto, mas que previo a la inmediatez de aquêl

tiene que haber alguien que lo produzca.

     Como un brinco de sapo en una hoja de malanga, el eunuco Posides recogiô

del suelo cada uno de los arilos de tejo devueltos por el guacamayo polîcromo,

mas cuando alzô la cabeza diôse un trastazo en êsta con una de las puntas de la

mesa, golpetazo que hîzole recordar el dado contra el suelo el dîa que cayôse y

de la cima del Taxus, algo que por parangôn es demasiado exagerado, pero co-

mo êste fue posible lo dejô como tal, o sea, posible y cierto. Al depositar en un

envase metâlico (el cual tenîa grabado la imago de un dragôn chino) los arilos

recogidos, no dilacionô en guardarlos en un lugar seguro, separados de algûn y

tipo de alcance, no fuera a ser que por despiste, entretenimiento o borrachera êl

mismo se los volviera a comer tomândolos como aceitunas, lo que resultarîa ser

en tal caso un fenecimiento doble y por la misma causante.

     Como unas castañuelas las dos futuras madres, ambas primîparas, daban un

paseo por entre las columnas de palacio, como si fuesen dos Eûmenides con la

buena simpatîa al servicio de la noche, aunque ninguna de las dos pensara ni le-

janamente analogarse con las ministras de Dike. En lo atinente a la campesina,

o en su caso, la frescura de la sombra la condujo a sacar de su memoria un inve-

terado suceso, y que a saber no es otro, que el referente al dîa que perdiô su vir-

ginadad seguido a mostrarse a toda flor frente (a)quel soldado de la guardia bâ-

tara, el que por reacciôn o impulso le fue ineludible controlar un sentimiento y

sûbito cayôle encima, la posicionô horizontal sobre un cûmulo de pajas en un y

recinto de la granja, y como un Cupido feroz, con ganas y sin uniforme, colô su

flecha por la canasta de los dioses. No serâ el dîa que estâ recordando uno inol-

vidable? Tendrîa para ella algûn sentido hacerle caso a la sentencia heraclitana:

Unus dies par omni est? Quê va!! No podrîa ser igual lo que de una forma es y

distinto. En el caso de Sunev no fue el embrisamiento de la sombra el que aca-

rreôle un movimiento conciencial (o concienzudo) que pudiera acercar un dato

o un detalle considerativo, con lumbre endeble o llamita de farola, sino que tra-

tôse mâs bien de una proyecciôn conspicua la que hizo centralizar su visualiza-

ciôn, no siendo otro el objetivo al alcance de sus retinas, que el corpus de su y

madre Cornelia tan especioso como siempre, algo dejante de un asombro por e

imaginârselo mâs senil. Llegado a un punto ambas diêronse cuenta de que esta-

ban en el mismo lugar de donde habîan partido, de lo cual sacô la conclusiôn y

Sunev, mâs informada por sus lecturas de ciertas y determinadas cosas descono-

cidas para la campesina, de que el paseo entre las columnas no fue lîneal sino y

circular, quedando entonces flagrante que principio y fin coinciden.

----La imago del cîrculo!! Quê dirîa tu padre Kosmos al respecto?----pregûnta-

le Sunev a la campesina.

----Cômo, de quê hablas?

----No me hagas caso, nada importante. Mira quiên se acerca---dice Sunev se-

ñalando.

----Pero Dido despierta a estas horas?

----En carne y hueso, que de momento se acabô la sombra.

----Y ustedes por quê no estân en la cama?----indaga Dido.

----No podrîamos nosotras a usted formularle la misma interrogativa?---Sunev

pregunta.

----Pues saben una cosa?, que cuando dos preguntas se unen la respuesta entra y

en conflicto; y entonces, para eludir el efecto, no les parece bien irnos a los pulvi-

nares?

----Yo carezco de sueño---dice la campesina.

----Y yo tambiên----agrega Sunev.

----Entonces a los pulvinares, que a mî me pasa lo mismo---colofona Dido.

















 







 








  













 


Freitag, 23. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (857)

   

EL BULLICIO EN EL SILENCIO (III PARTE)


   Cesando la risa de Kosmos, la que a todo trance sucede, por ser parte (como ya

sâbese) de la inveterada fiesta, la que asimismo incluye el lûdico como parte in-

defectible de una apreciada subrutina, amplifica êl mismo con soltura regalada de

la ya cuasi por la mitad iniciada novela hacîa nada mâs y nada menos que una se-

mana, y con la titularia que arriba impepinable lumbra con mayûsculas sus letras

erigidas. A raîz de la amplificaciôn clara, que si de empezar como comenzô la na-

rraciôn ocupo puesto, colocaciôn el sucumbimiento del guacamayo de Konfuza, lo

que debiôse al engullimiento del pajarraco polîcromo de una sûmula considerable

de arilos del Taxus con simiente y todo, y con êsta el correspondiente tosigamiento

de la taxina (alcaloide tôxico mortal) en poquîsimos minutos, no sôlo tuvo lugar el

suceso por razones atinentes a la pêrdida de la visiôn del guacamayo, sino tambiên

por un vînculo que aludirîa soterrado a una arcaica fluencia mîtica que plantea una

conexiôn que no falla siendo el kairôs el justo entre dos que salieron del juego y en

el mismo lugar, sitio de constantes transformaciones (ademâs) y de dadorîas cons-

picuas [ de las que dirîa Vercingetorix que son las propicias para un objetivo preci-

so o concreto al que afânase un buscador con algo de estudio y coralinos repasos?]

que atrapan o seducen sin interponerles cortapisas, sin que lo constructo impere pa-

ra crear un ambiente en el que tales dadorîas susodichas veânse solapadas, si no y

paulatinamente, en un periquete por el peso del palabrôn.

----Me parece, Kosmos, que si Konfuza algûn dîa êchale un vistazo a tu novela, lo

que menos le va a gustar es el inicio de êsta, no?

----Didâscalos, usted plantea un hipotêtico, un tal vez como a lo mejor posibilidad,

mas en el caso de que sus ôculos acêrquense de que gûstele o no me importa un....

----Deja deja, no lo digas, ya te captê.


    El eunuco Posides despertâbase para raudo padecer un asombro, y no por otra y

cosa, que por la presencia del guacamayo; sin embargo, que le consta como el pa-

sado que ve entre las hojas del Iubhar, menos que entre las de coclearia facilitadas

por Cornelia, cualquier objetivo frente a su vista no era del todo creîble hasta que

por permamencia quedârase un tiempo largo, lo que resultaba lo mismo a plantear-

se un imposible tremendo, porque a sabida cuenta donde estâ, si es verdad que to-

do es posible, tambiên lo es que como tal contiene engañifa. Empero sea como fue-

re, la cosa es [que se parte de un eje en derredor del que giran acumulamientos des-

tripados, que viene a decir lo igual a que es precaria la digestôn] un tantîsimo mâs

ingente de lo que pudiera ser garante de una extensiva de divisiones o zonas, proce-

so de alumbramiento gradual, de con-figuraciôn por la imago, mecanismo con esca-

la de môvil jaez, triunfo no del gallo sino de la proyeccion tenora. Pero gracias mu-

chitantas a este embrollo es que la cercanîa al pajarraco es de facto realizable; pudo

acaecer exenta de tropiezo o bifurcaciôn; dejô en la experiencia una resonancia va-

ronil, aunque por eunuco de mâsculo tuviera poco. Una vez tocado el guacamayo y

acariciado el pico, êste comenzô a soltar los arilos del tejo, instante capital en que y

el eunuco Posides toma conciencia de que el destino del guacamayo no era disîmil 

al de êl, de que por analogîa los dos salieron del primer sistema por el mismo moti-

vo, pero mediando la diferencia de la causa que los condujo al mismo ârbol. A con-

tinuaciôn llega Cornelia y entonces pregûntale al eunuco optando por la posiciôn y

en jarras:

----Y de dônde tû sacaste ese pajarraco, entrô volando por la ventana?

---De ninguna parte lo saquê, ni sê por dônde entrô, sôlo sê que al despertarme ahî

estaba posado---responde el eunuco a la vez que señala.

----Y cuâl explicaciôn tû le das a eso?

----Ven, acêrcate, que te explico---dice el eunuco Posides dando unos golpecitos so-

bre la superficie donde estaba.


     El vate ya sospechaba, por haberse adelantado a leer en el manuscrito este pasaje

un tanto crîptico, y claro estâ despuês de haberle dado Kosmos el pertinente beneplâ-

cito para hacerlo, de que El bullicio en el silencio retomarîa las reminiscencias del ar-

tîfice, pero las que de un cierto modus sôlo suceden en su entelequia, distinciôn que y

las separa de las empîricas, aunque êstas en algûn momento prêstense para elaborar y

un pastiche, algo que vendrîa a ser como un puzzle codificado al extremo, por lo que

llegarîa el altruismo a una redoma y preponderarîa una teleologîa bajo el mando del y

gusto, si no que con el de la aguja que con su ser de rigor pincela hasta los espasmos 

de una pata de rana en el laboratorio de Galvani, no ya decir a Purusha, el hombre de

un himno: el del Rigveda.

    Mas kosmos no da las claves concretas; adocena unos cuantos fundamentos, âurea

divisiôn en la que labora con la idea del ojo asomante; causa el excurso para evitar un

señalamiento desiderativo especîfico, oponencia contra empellones gustosos de inter-

ferir con determinada reciedumbre sobre la tela de una exposiciôn determinada que no

muestra lo desnudo sino que mâs bien lo prorroga para que su ampo no periclite, algo

que ya sâbese arraigado a un discurso ex profeso repasado, como quien calcula con an-

ticipaciôn la mitra que llega al cuello; mas sin que êsta, por apretôn, dirima una forma

y por efecto cause asfixia, lo hacedero que tal vez pudiera una mano convertir en con-

quista ajena, si apremiante una ilusiôn la garganta propiedad serîa, y quiên sabe si has-

ta de un gañan con mûsculos descollantes que sale a dar un paseo sobre al pucho a la y

llegada del crepûsculo, sin enlutar lo negruzco y sin portar flores de orquîdea. 





 



 




 


















 






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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...