Samstag, 24. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (858)

     El nuevo barrunte que llegô a puesto, a colocaciôn, dejô una tremeda reso-

nancia no sôlo en la Kosmona sino que asimismo en la corte: Kosmithôs serîa

tîo, porque su hermana la campesina quedô embarazada de Teariôn; y padre a

su  vez, porque Sunev  tambiên tenîa barrigôn, êl que nunca quiso ni una cosa 

ni la otra. Harîa falta trompetizar lo que dice un arcaico dicho? Ostensible pa-

ra Kosmos quedaba la mîmesis de incorporar esto a su novela, una que por su

caracterîstica y pimpancia repasadas seguro que dejarîa rimbombancia de las 

buenas, allende que un aliciente para arropar un discurso de los que apellîdan-

se plûmbeos con un telos correspondiente y una polêmica asegurada.

----Quantum satis!!, Kosmos abuelo, el desamante de la cantidad de esa îndo-

le---suelta el tîo de Kosmos.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, vaya austeridad la tu-

ya con el uso del adjetivo!!---afirma Kosmos.

----Seguro que austeridad, Kosmos, seguro?

----Negada de momento la respuesta, est res magna tacere---y risas de Kosmos.


     Hasta cierto punto, con su tildante adecuada y su revelancia a toda flor, de y

entre los escolios que ya podîan leerse dentro del texto escrito, habîan par de y

ellos dedicados a subtîtulos con destacada medida, y en los que podîan encon-

trarse la palabrilla "huevo", la que como sîmbolo de hontanar de vida tiene un

puesto privilegiado en algunos sistemas creacionales, engendrativos sin empo-

llamiento, y (tal vez?) bien conocidos por doctos de una materia que subraya y

apoya al mundo: el subrayado es con tinta negra; el apoyo, con una forma o es-

pecie de idolatrîa honorîfica. Como vêse, esto ya viene anunciando, que a raîz

de un sonido engêndrase un concierto, mas que previo a la inmediatez de aquêl

tiene que haber alguien que lo produzca.

     Como un brinco de sapo en una hoja de malanga, el eunuco Posides recogiô

del suelo cada uno de los arilos de tejo devueltos por el guacamayo polîcromo,

mas cuando alzô la cabeza diôse un trastazo en êsta con una de las puntas de la

mesa, golpetazo que hîzole recordar el dado contra el suelo el dîa que cayôse y

de la cima del Taxus, algo que por parangôn es demasiado exagerado, pero co-

mo êste fue posible lo dejô como tal, o sea, posible y cierto. Al depositar en un

envase metâlico (el cual tenîa grabado la imago de un dragôn chino) los arilos

recogidos, no dilacionô en guardarlos en un lugar seguro, separados de algûn y

tipo de alcance, no fuera a ser que por despiste, entretenimiento o borrachera êl

mismo se los volviera a comer tomândolos como aceitunas, lo que resultarîa ser

en tal caso un fenecimiento doble y por la misma causante.

     Como unas castañuelas las dos futuras madres, ambas primîparas, daban un

paseo por entre las columnas de palacio, como si fuesen dos Eûmenides con la

buena simpatîa al servicio de la noche, aunque ninguna de las dos pensara ni le-

janamente analogarse con las ministras de Dike. En lo atinente a la campesina,

o en su caso, la frescura de la sombra la condujo a sacar de su memoria un inve-

terado suceso, y que a saber no es otro, que el referente al dîa que perdiô su vir-

ginadad seguido a mostrarse a toda flor frente (a)quel soldado de la guardia bâ-

tara, el que por reacciôn o impulso le fue ineludible controlar un sentimiento y

sûbito cayôle encima, la posicionô horizontal sobre un cûmulo de pajas en un y

recinto de la granja, y como un Cupido feroz, con ganas y sin uniforme, colô su

flecha por la canasta de los dioses. No serâ el dîa que estâ recordando uno inol-

vidable? Tendrîa para ella algûn sentido hacerle caso a la sentencia heraclitana:

Unus dies par omni est? Quê va!! No podrîa ser igual lo que de una forma es y

distinto. En el caso de Sunev no fue el embrisamiento de la sombra el que aca-

rreôle un movimiento conciencial (o concienzudo) que pudiera acercar un dato

o un detalle considerativo, con lumbre endeble o llamita de farola, sino que tra-

tôse mâs bien de una proyecciôn conspicua la que hizo centralizar su visualiza-

ciôn, no siendo otro el objetivo al alcance de sus retinas, que el corpus de su y

madre Cornelia tan especioso como siempre, algo dejante de un asombro por e

imaginârselo mâs senil. Llegado a un punto ambas diêronse cuenta de que esta-

ban en el mismo lugar de donde habîan partido, de lo cual sacô la conclusiôn y

Sunev, mâs informada por sus lecturas de ciertas y determinadas cosas descono-

cidas para la campesina, de que el paseo entre las columnas no fue lîneal sino y

circular, quedando entonces flagrante que principio y fin coinciden.

----La imago del cîrculo!! Quê dirîa tu padre Kosmos al respecto?----pregûnta-

le Sunev a la campesina.

----Cômo, de quê hablas?

----No me hagas caso, nada importante. Mira quiên se acerca---dice Sunev se-

ñalando.

----Pero Dido despierta a estas horas?

----En carne y hueso, que de momento se acabô la sombra.

----Y ustedes por quê no estân en la cama?----indaga Dido.

----No podrîamos nosotras a usted formularle la misma interrogativa?---Sunev

pregunta.

----Pues saben una cosa?, que cuando dos preguntas se unen la respuesta entra y

en conflicto; y entonces, para eludir el efecto, no les parece bien irnos a los pulvi-

nares?

----Yo carezco de sueño---dice la campesina.

----Y yo tambiên----agrega Sunev.

----Entonces a los pulvinares, que a mî me pasa lo mismo---colofona Dido.

















 







 








  













 


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