Freitag, 30. Juli 2021

La cazuela de Vitelio (861)

      No habîa que someter el espacio circulizado a las normas establecidas por

el principio de la razôn, sino que mâs bien enfatizar la razôn para sacarle mâs

provecho al espacio circulizado, y dentro del cual estaban los pulvinares, zo-

na o lugar favorito de su majestad  Dido, quien concomitada por la campesi-

na  y Sunev, y claro estâ, acicateada por las dadorîas del conditio paradoxum,

dilucidaba sobre la preñez no sôlo desde el punto de vista de su (ya) experien-

cia lejana, sino tambiên desde su conocimiento de la especîfica y senil creen-

cia, de que el embarazo tiene atingencia con determinados lugares en los cua-

les habitan entidades ancestrales, las que en busca de un retorno hacen todo lo

posible por volver a vivificarse. La campesina, por lo anterior escuchado, con

la ayuda de las dos manos que raudo abriêronse en funciôn defensiva, cubriô-

se la barriga con un preciso espanto, asimismo que cambiô la posiciôn de lado

a la de sentada, pensando que con estâ quedarîa mâs protegida o exenta de per-

nicio alguno. Sunev, en cambio, a pesar de no creer en nada de eso, no diolo y

como imposible, y no debido a otra cosa que a su madre Cornelia, quien con-

cretamente no andaba por estos vericuetos crîpticos mas sî por otros caminos

de entrega y ofrendas a una deidad sumamente conocidîsima, de lo que dedû-

cese o sale que no sôlo lo visible eleva polvo y engendra espuma, sentidos al-

tera y disposiciones abraza, cautiva paulatinamente o seduce de repente.

---Usted me disculpa, Dido, mas la educaciôn que yo recibî en la granja no y

llegô tan lejos como para yo sentirme quieta con lo que usted acaba de decir.

----Te puedo entender, porque antes de yo saber de ciertas cosas pensaba muy

parecido a ti, pero te puedo decir que en la sombra hay todo un mundo feno-

menal y exclusivo; y hasta a veces ilustre, en dependencia claro estâ de su ni-

vel y composiciôn, que no revela su existencia como si fuese un conjunto de

latas dispuestas para ser unidas y haladas por la superficie de un terreno, sino

que mâs bien es todo lo contrario lo que destâcase en su proceder-----dîcele a

la campesina Dido.

----Y de dônde usted sabe lo que sabe, del mago hiperôsmico?---fisga la cam-

pesina.

----No no, el mago sôlo sabe de olores, no de totemismo...

----De quê?

----Ya estâs asustada, no quiero seguirte asustando....

----Me parece que la sensatez de Dido es vâlida, algo que elude el hecho de y

que no puedas dormir a raîz de concentrar un pensamiento en algo que desco-

noces---anuncia Sunev.

----En realidad les confieso que a pesat de la validez me parece que no voy a

poder dormir por estar preocupada con mi barriga---suelta la campesina.

----No tienes por quê estarlo, porque partiendo de una base funcional si en al-

go no crees sencillamente no se realiza. Todo suceder lo es por la creencia....

----O sea, Dido, que descreyendo una cosa no pasa?---pregunta la campesina.

----Lo que no quiere decir que la cosa no exista; pero sî, es algo como eso.

----Pero el leñador de Britania, quien te educô, tiene su misterio, no?

----Eso es cierto, Sunev, pero cuando me hablaba de cosas extrañas nunca, ja-

mâs le hice caso, por no decirte que casi siempre êsta fue una de las razones

por la que entraba en disputa, si no que en discusiôn con êl.

---Bueno, bueno, cambiemos el tema y dîganme entonces, con detalle, quê fue

lo que les ocurriô paseando por la sombra acarreada por las columnas----Dido

pregunta.

----Quiên empieza primero, tû o yo?---pregûntale Sunev a la campesina.

----Por supuesto que tû, te dejo el comienzo a ti---responde la campesina.






























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