Dienstag, 29. August 2023

1156, 97

       Por mor de la resonancia que dejôle el ûltimo tenzôn escrito por el vate,

allende que por la brillantez del verbo "escuchar" como si fuese la de una es-

trella fija, Kosmos recuerda que  "En el bullicio en el silencio" Sabinsqui an-

tes de comenzar su funciôn como actor trâgico contemplaba con tremendîsi-

ma jovialidad el firmamento, mirar con atenciôn que sustentaba bastamente

su magîn y dâbale pâbulo de cuasi siempre decir: quien sabe escuchar el mu-

tismo puede lumbrar como una estrella. No por gusto los que conocîan a Sa-

binsqui reconocîan que hacer amistad con êl (o intentar hacerla) casi que re-

sultaba difîcil, porque con eso de escuchar el mutismo importâbale un bledo

tener en cuenta el movimiento de la lengua de algûn antropo que acercârase-

le con el telos preciso de presentarse para darse a conocer, una comûn o ha-

bitual forma de empezar con la formaciôn del corpus amistoso; ademâs, ya

que por conocer asimismo es impepinable la captaciôn ôntica de la conduc-

ta en sociedad, considerâbanlo una criatura ermitaña, irascible y un paradig-

ma de continua seducciôn de fêminas, por lo que no es de extrañar que sus

atingencias con chicas fuese una constante indefectible, algo de lo que tan-

to  Scarnia como Dina, y mâs tarde la hija del especialista Cleobulo, Vesta-

lia  de Pêlope, pudieran hablar con ostensible certeza, sin equivocarse, sin

necesidad de falacia alguna, de ambagues confluyentes o de circunloquios

especîficos.

        Teniendo en cuenta el tiempo en que los actores trâgicos existieron y

fueron aplaudidos por espectadores de toda clase, el Venerabilis Inceptor

Macco saca a puesto, a colocaciôn lo que algunos emperadores hacîan se-

guido a terminar las funciones histriônicas y a escondidas, lo que traduce

que  subrepticiamente: comprar las mâscaras con las que eran representa-

dos e invitar a un âgape a los actores que vendiêronselas, mas un banque-

te  que aprovechaban para entrar en confianza con êstos y seguido hacer-

les una sûmula de preguntas con la intenciôn de conocer la forma de pen-

sar de ellos, lo que creîan del sistema mayestâtico.

----En lo atinente a lo que usted acaba de amplificar yo no sê nada, empe-

ro sî le dirîa que yo conocî a un actor trâgico que tirô una mâscara en el

odeôn de la ciudad del ocio; y el aldabate, el que apoderôse de la mâsca-

ra, fue detenido y procesado por los centunviros.

----Kosmos, los ciento ocho jueces que celebraban sus reuniones en un 

lugar que tenîa un asta clavado, pero tû hablas de un tiempo mâs recien-

te, y como tal la austeridad contra tales actores no es la misma.

----Macco, entonces los actores siguen existiendo y no que existieron.

----Concretamente, didâscalos, yo me referîa al comienzo de los actores,

al tiempo en que tenîan que hacer sus representaciones desafiando al im-

perativo de la sede real, de la corte.

----Lo que no se entiende, entonces, es una cosa.

----Cuâl Vercingetôrix, cuâl?

----Macco, que si hacîan sus representaciones desafiando al imperativo

de la sede real, cômo es que los actores atrevîanse a aceptar la invitaciôn

al banquete?

---No estâ de acuerdo usted con eso de que el que no se arriesga no triun-

fa?

----Pero, Macco, triunfar con tal imperativo real? 

----Claro que sî!! Vercingetôrix, no todos los actores que fueron invitados

al âgape fueron detenidos o desaparecidos despuês del anâlisis.

----Es posible que hayan sido comprados o manipulados.

----Dîganos una cosa, Macco: de dônde usted sacô esa informaciôn de lo

que hacîan algunos emperadores, algo que supônese debe ser una comple-

tamente secreta?---indaga el tîo de Kosmos.

----Señor yo tengo mis fuentes, mis relaciones, mis compinches que suel-

tan la lengua.

----Y quê me dice de su edad?

----Quê hay con ella?

----Que del tiempo que usted estâ hablando aûn no existîa usted.

----Y acaso la informaciôn no se transmite de generaciôn en generaciôn?

----Uno que dîcele al otro, el otro que tambiên dîcelo, el prôximo que no

câyase, y en fin...

----Que asî sucesivamente, Kosmos---dice Macco.

----Kosmos, y por quê detuvieron y procesaron al aldabate esos jueces?

--- Bury, porque despuês de apoderarse de la mâscara pûsosela y observô

a escondidas el juicio de Pilaris, el que hacîan los centunviros.

---Y quiên es Pilaris?

----Quiên fue: una prostituta!!


          De no seguir la fluencia verbal retocando aspectos afogarados que

formaron parte de la forma de ser, de la naturaleza de Pilaris, la que mâs

de una vez acarreôle insomnio a los clientes que con fijeza mirâbanle las

telas transparantes de mâs de uno de sus vestidos, fue gracias al vate que

apoderôse de la palabra al darse cuenta del posible cambio o del tempes-

tivo viraje semântico que estaba por suceder a raîz de la pregunta del Bu-

ry de quiên era la susodicha y difunta carrusiana. Previo a dar comienzo

a su desarrollo expositivo referente a su poiesis reciente, lo que vendrîa

siendo como un aclaramiento nada exiguo sobre la caracterîstica interna

de  su tenzôn ûltimo, agradeciôle a Kosmos el sîmil con el que comparô

la brillantez del verbo "escuchar", paralelismo conspicuo que a la postre

y al cabo es calaña de una pericia mayûscula, que si no de una sensibili-

dad que engendra resultados dignos de ser oîdos, y no solamente porque

valgan la pena sino porque asimismo son los que en la nemôsine queda-

rîan con fijeza, inmôviles y florecientes.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que usted cua-

si que me ha hecho sollozar, vate---dice Kosmos.

----Kosmos, espero que êsta no sea una de tus mofas eufemîsticas.

---Câspita, vate!! Cômo usted cree que en este momento sea una de mis

mofas de tal jaez posible? In casu mi actitud es circunspecta, la garante

de sensibilidad.

----Kosmos, de haber tû estudiado retôrica, convencerîas a la masa.

----Mondo lirondo que burlôn no me pongo!! Êsa es la res, êsa, Temîga-

nes de Alejandrîa.

----Intentarê creerte, harê un esfuerzo.

----Crîa reputaciôn y pon testa en la almohada!!

----Quid multa?---pregunta el tîo de Kosmos.

----No esperes mi risa, que ya amplifiquê que in casu mi actitud es cir-

cunspecta.

----Por quê no dejamos que el vate empiece con el desarrollo expositi-

vo de su poiesis?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Age, vate, age!! Empiêcelo!!









 



 
















 





   





 



 

Freitag, 25. August 2023

1155, 96

 (en la ciudad del ocio)

       Muchitanto mâs allâ de la segunda vigilia llegan al lupanar de la zona de

Omonia Kîntlico de Kostâ, Tublides de Malamonta y Endimiôn. Despuês de

esperar cinco minutos aparece Florentina, la que pensô que Kîntlico volverîa

a pagarle el peculio correspondiente antes de comenzar la relaciôn cupidosa,

lo  que traduce que primero el dinero; despuês, el gozo desenfrenado. Empe-

ro como Kîntlico no deseaba de nuevo pasar por el momento ingrato de tener 

que esconderse de Dolfopân Colunnecio por haberse acostado con la progeni-

tora de êste, por haberla disfrutado de arriba a abajo sin ningûn tipo de corta-

pisa, decide buscarse otra carrusiana que le dê deleite, que lo satisfaga con lo

humectante hasta que la lluvia dorada acarree un final feliz. Entonces Floren-

tina intenta seducir a Tublides de Malamonta, convercerlo de que un cuerpo

como el de ella era sumamente exclusivo tanto por la medida perfecta de sus

partes como por la fruiciôn que con êl podîase tener, pero como Tublides no

estaba dispuesto a tener que enfrentar la posible amenaza del jefe de la nue-

va formaciôn de la tribu germânica no dejôse seducir. Quedando sôlo como

posible cliente Endimiôn, Florentina pone en funcionamiento otra estrategia

que no soportarîa ni el hombre mâs fuerte, ni el que por caracterîstica tuvie-

se la de desdeñar un toque dejado con mano dulce y con experiencia en des-

pertar  un sentir coralino, o en provocar un atizamiento que paulatinamente

engendra un ampulamiento de venas por el fluir sanguîneo. Mas que de pa-

sar  una cosa sucede la siguiente: las ûnicas monedas para pasar el mes que

tenîa  Endimiôn eran las prestadas por Diôtima recientemente, lo que signi-

fica que de utilizarlas para pagar el costo de una carruasiana tendrîa que in-

geniârselas para hallarle el solvento a una situaciôn autocreada, allende que

una que traerîa como consecuencia el no poder pagar lo bâsico alimentario,

el sustento menester. Aun teniendo en cuenta lo anterior, algo que de facto

es  fundamental, Endimiôn vacilô un tanto, su voliciôn no dio calaña de râ-

pida firmeza, lo que entonces quiere decir que solamente una voz que hiciê-

rale  tomar conciencia serîa la indicada para sacarlo de algo asî como y de

un estado irresoluto. Por ciertas causalidades codificadamente posibles pa-

sados siete minutos escucha la voz, la que de tal guisa no es otra que cuasi

la ronca de Diôtima.

--Yo sê, Endimiôn, que de las seducciones son poquîsimos los machos que

escapan; las de Florentina, una carrusiana con excelente dominio de la pa-

labra y de sus manos, chupan como una esponja, pero no olvide usted que

lo poco que le prestê no es para despilfarrarlo en placeres, ademâs que ês-

tos son efîmeros mas comer es lo prioritario. Y no me entienda mal, o me

interprete con apuro, que no quiero decir que se aleje del placer, que no lo

tenga, pero de acuerdo a su situaciôn de momento deberîa utilizar las pres-

tadas monedas en comprar su comida.

---Tiene usted toda la razôn, Diôtima, sus palabras me han dado claridad,

me han catapultado de lo indeciso.

--Quê, Diôtima, tû quitândome un posible cliente? Increîble!! Con quiên

estâs? Pensê que estâbamos en el mismo bando.

---Florentina, no se trata de quitârtelo, porque de hecho no lo quiero para

mî, sino de que Endimiôn fue vîctima de un robo, y las monedas que tie-

ne yo se las prestê, las ûnicas con las que cuenta para pasar el mes prôxi-

mo.

---Vaya, que de Endimiôn haber pagado, pagarîa con las monedas de us-

ted, Diôtima---dice Tublides de Malamonta.

---Ademâs!! Pero crêame, Tublides, que eso no me importa tanto.

---Diôtima, usted no se habrâ enamorado de Endimiôn? La noto preocu-

pada por êl, tiene muy en cuenta lo que le pasô...

---Quê pregunta, Florentina!! No es nada de eso, nada!!

---Seguro, Diôtima, seguro?

---Cien por ciento, Florentina!!

---Bueno, yo los dejo, que no puedo perder en tiempo en conversaciones,

que si no gano yo tampoco puedo comer.

---No hay problema, Florentina. Buen anankê!!---afirma Kîntlico de Kos-

tâ.

---Que les parece si tomamos algo juntos?---pregunta Diôtima que agrega:

la invitaciôn de esta noche va por mî.

---De mi parte no hay negaciôn---dice Kîntlico de Kostâ.

---De la mîa tampoco---dice Tublides de Malamonta.

---Y de la suya, Endimiôn?---indaga Diôtima.

---Yo no tomo alcohol, sôlo agua.

---Sôlo agua? El agua dentro de poco va a costar mâs cara que el alcohol; y

bueno, que el que por su gusto muere la muerte...

---Deje, Diôtima, que yo conozco la frase---dice Endimiôn.

---Entonces vamos, vengan conmigo---dice Diôtima.


         Un rato despuês acopas aparece Viator. Su presencia ni imaginârsela

Endimiôn, razôn por la cual tratô de hacer todo lo posible por no ser visto,

lo que a su vez llamô la atenciôn de Diôtima quiên râpido pregûntale a ês-

te:

---Cuâl es el porquê de que usted se estê metiendo poco a poco en el rincôn,

se estê echando hacîa detrâs? Quê, desea protecciôn de la sombra?

---No, Diôtima, no!! Es que ha llegado una criatura con la que tuve malîsi-

ma relaciôn por haberme quitado el puesto de cocinero en la corte de Dido;

cuasi que estuve a punto de tener con ella conflicto, mas como el reglamen-

to de la reina es tan severo no pasê a la acciôn.

---Y cuâl es esa criatura de la que usted se esconde?

---Mire, Diôtima, aquella criatura que tiene los brazos cruzados y que mira

como en busca de la carrusiana que mâs le gusta; su nombre es Viator y no

sê quê asî aquî en Apragôpolis porque su ciudad es Cosura.

---Ah, la actual Pentalia!!---afirma Kîntlico de Kostâ.

---Ha estado usted allî?

---No, Endimiôn, no, pero sî conocî varios compradores oriundos de allî

que pasaron por mi tienda en el estrecho de España.

---Pero, Endimiôn, tal vez a Viator le gusta viajar, conocer, hacer amigos

por el mundo. Quê de extraño tiene que estê aquî en la ciudad del ocio. 

---No sê, Tublides, no sê, eso puede ser pero tambiên otra cosa.

---Mire, Endimiôn, mire!! Me parece que usted ha sido descubierto, porque

Viator viene hacia acâ---dice Diôtima.

---Quiên me iba decir a mî que nos encontrarîamos de nuevo, Endimiôn?

---Viator, y usted tiene el descaro de dirigirme la palabra despuês de lo que

me hizo, o sea, de quitarme el trabajo?

---Sabe usted, Endimiôn, que no fue asî, sino que lo que pasô fue otra cosa

que ahora no revelo, porque no conozco a las personas que le acompañan.

---Eso de que fue otra cosa no es una cosa clara, asî que dêjese de hacerse

el bueno, el no culpable, que usted sabe que yo sê lo que sê. 

---No es saludable guardar rescoldos, ademâs que perjudica el diâlogo del

alma consigo misma---dice Diôtima.

---Venga acâ señora, es usted filôsofa?---fisga Viator.

---Yo soy una carruasiana vieja que repite palabras de Platôn.

---Palabras de Platôn? Pensê que eran las suyas---dice Kîntlico de Kostâ.

---El diâlogo del alma consigo mismo es, segûn Platôn, el pensamiento.

---O sea, que asî es como define Platôn al pensamiento, no?

---Sî, Kintlico, sî.

---Endimiôn, yo ya no trabajo mâs en la corte de Dido---deja saber Viator.

---Êsa es la puniciôn, el castigo, la justicia de las deides, que si no que el 

mal regresa a quien lo aplica.

---Nada de eso, Endimiôn, ya que yo me fui de la cocina de la corte por y

problemas de salud. El actual cocinero de palacio es uno de Irlanda.

---No sabîa lo primero, mas sî lo segundo, lo que a su vez es el motivo por

el cual yo estoy aquî.

---El motivo?

---El motivo que yo conozco---dice Diôtima.

---Y cômo es que usted lo conoce?---indaga Viator.

---Porque Endimiôn me lo dijo en la primera conversa que tuvimos hace y

unas pocas horas.

---Y se puede saber cuâl es, Endimiôn?---pregunta Viator.

---No sea chismoso, que a usted no le digo nada.

---Nosotros estuvimos mâs de una vez en palacio---dice Kîntlico de Kostâ.

---Nosotros?---pregunta Viator.

---Sî!! Yo y êste que estâ a mi lado, que se llama Tublides de Malamonta.

---Yo sôlo conocî, y cuasi en mis ûltimos dîas de trabajo en la cocina, a Ver-

cingetôrix, el leñador de Britania y a Kosmos; ah, y claro, al cibiosactes.

---Al cibiosactes, y obligatoriamente, lo conocen todos los cocineros que y

han pasado por la cocina de la corte. Viator, y dônde usted los conociô?

---En la cocina, aunque ahora no recuerdo el porquê de la presencia de ellos

en êsta; pero en fin, es igual. Y dîganme: quiên pagô la primera ronda de co-

pas?

--Yo, Viator, yo!!---responde Diôtima que pregunta: por quê usted quiso sa-

berlo?

---Porque la segunda va por mî, y asî hablamos y nos conocemos.

---Quê? Quê usted se queda? Pues saben quê, yo desaparezco, me largo.

---No sea tan inmaduro, Endimiôn, que mejor deberîa ser un hombre mâs y

crecido, ya que lo que pasô ya pasô pasando---dice Diôtima.

---Como decîa un senil poeta: pasar que pasa pasando!! Acaso usted leyô a

este poeta, Diôtima?

---Viator, yo no leo poesîa, nunca me gusto, aparte que tiempo tengo muy y

poco para descansar.

---O sea, que ni tiene tiempo para leer algo, no?

---Asî mismo, Viator, asî es.

---Endimiôn, y esa bebida tan clara cuâl es?---pregunta Viator.

---Agua!! Yo no bebo alcohol. Y no me pregunte mâs nada, que si no le tiro

un vaso encima.

---A ver, Endimiôn, ven conmigo, que te voy a relajar, a quitar la tensiôn de

tus recuerdos.

---Y cômo le voy a pagar, con su dinero?

---No me tienes que pagar nada. Esta primera vez es gratis.

---Aprovecha, Endimiôn, aprovecha, que gratis es una sola vez---dice Tubli-

des de Malamonta.

--Vamos, Endimiôn, vamos a mi cuarto, que te dejarê como nuevo---dice Diô-

tima.

---Y ustedes desean seguir tomando lo mismo o desean otra bebida?

---No, Viator, seguimos con la misma---responde Kîntlico de Kostâ que agre-

ga: que las mezclas nunca fueron buenas.

---De acuerdo: Yo tambiên creo lo mismo. Voy por las copas y regreso ense-

guida.

---Aquî nos quedamos inmôviles, esperando---dice Tublides de Malamonta.


































 






















 













 

  




     

Mittwoch, 23. August 2023

1154, 95.

(versiôn)      


       Con exigua pericia letrada mas tan inteligible que pudiêraselo envidiar

un escritor con dominio metafôrico, escrîbele Endimiôn a Dido una esquela

en la que dêjale saber lo del robo de las monedas al quedarse profundamen-

te  dormido en una senecta dureta. Aclârale que las monedas eran el salario

del mes dado personalmente por Sarambo, y precisamente en el tempestivo

momento en que comenzaba a verse la Luna, la que a pesar de lumbrar con

reciedumbre de su luz escapô el ladrôn. Mas lo que sî no revelô semântica-

mente fue lo de la conversa tenida con Diôtima, la carrusiana mâs vieja del

lupanar de la zona de Omonia, y quien diole un prêstamo que deberîa en un

mes devolverle. Al canto de leer la esquela pregûntase la reina quê pasâbale

por su testa a Endimiôn, cuâl era su intenciôn al barruntarle sobre lo que en 

lontananza sucediôle, algo con lo que de facto ella nada tiene que ver. Y en-

tonces, y con el objetivo de clarar alguna que otra duda, hâcele la acostum-

brada señal al cibioscates para que acercârase a los pulvinares, ya que êste

conociô  muchitanto mejor a Endimiôn, fue por sensatez su incesante y cer-

canîsimo cômplice. 

Montag, 21. August 2023

1153, 94.

      (en la ciudad del ocio)


        Un mes despuês de haber comenzado con el trabajo de limpieza en la

taberna, tiempo basto como para conocer este local como a las palmas de y

sus manos, Endimiôn recibiô su primer salario dado personalmente por Sa-

rambo. Seguido a sacar las monedas de una bolsita de cuero no pudo eludir

mirarlas  con fijeza  conspicua, como tampoco frotarse el pecho con una de

ellas, algo que siempre hizo su progenitor al tener en su poder el pago men-

sual, mas sin jamâs dilucidar el porquê de hacerlo. Empero Sarambo, testi-

go visual, presencia justificada, pensô que lo del frotamiento de la moneda

mâs tenîa que ver con una comprobaciôn que con una costumbre, la que de

facto cambiaba en locaciones paupêrrimas o primitivas, que si no en las so-

metidas  a las exigencias austeras del imperativo mayestâtico, de la corona

que manda.

----Sarambo, sabe usted una cosa? Me gustarîa pasar por la zona de Omo-

nia, darme un gozo, una merecida diversiôn. Quê usted cree?

---Endimiôn, no es mi diversiôn ni mi gozo, aunque sî le advierto algo: no

se vaya con la primera que le pinte gracia, que le muestre los pechos desme-

suradamente o los muslos completos, ya que por lo que sê solamente hacen

eso las mâs descaradas y estafadoras.

---Le agradezco su advertencia, Sarambo. Entonces me debo ir con la que 

enseña a discreciôn, con la que busca su dinero mas que de forma no tan y

escandalosa?

----Asî es, Endimiôn, usted me ha entendido correctamente.

----Entonces, y cuando termine esta noche de trabajar, me uno a Kîntlico y

a Tublides.

----Endimiôn, le doy la noche libre. asî que lo que decida hacer es cosa de

usted ahora o despuês.

----Gracias, Sarambo, gracias!! Y dîgame: no desearîa usted asimismo dar-

se un placer en la zona susodicha?

----De momento no puedo, o mejor dicho, no debo, ya que tengo mâs gas-

tos que otra cosa, ademâs que aûn me quedan cosas por hacer, o sea, que

aûn no he terminado con el trabajo diario en este local.  

----Entiendo, Sarambo, entiendo. Bueno, que me voy a la casa y espero a

que salgan Kîntlico y Tublides. Tenga usted una buena noche y nos vemos

mañana.

----Lo mismo le digo, Endimiôn, lo mismo.


         Mas antes de llegar a la casa le es menester a Endimiôn sentarse para

ver si quitâbasele el calambre que tenîa en la pierna izquierda. Al poner su

tafanario sobre la madera de una senecta dureta vuelve a sacar las monedas

de la bolsita de cuero para otra vez, de nuevo contemplarlas, pero en lo que 

hacîalo quêdase profundamente dormido. Al despertarse, y por la voz cuasi

ronca de una señora que decîale: señor, señor abra los ojos que en esta dure-

ta estâ totalmente vedado dormir, dase cuenta que las monedas habîan desa-

parecido, a lo que sigue la acciôn salvaje de asir por el gaznate a la señora y 

preguntarle: 

----Dônde estân mis monedas, quê usted ha hecho con ellas?

----Suêlteme, por favor, que yo no sê nada de esas monedas. Quite sus ma-

nos de mi garganta que no puedo respirar.

---Cômo que usted no sabe nada, si las monedas estaban fuera de esta bolsi-

ta?

---Señor, yo sôlo lo despertê para ayudarlo, porque si la autoridad lo hubiese

visto durmiendo en esta dureta le hubiera puesto una multa tremenda.

---Difîcil creer en eso de que me querîa ayudar.

---Señor, ya sê que resulta dificil creerme, pero le aseguro que le digo la ver-

dad. Escuche, que le dirê una cosa: yo trabajo en un lupanar en la zona de....

----No me vaya a decir que de Omonia?

----Exacto!! Allî mismo estâ el lupanar. Lo conoce usted?

----Y usted tan vieja trabaja en un lupanar?

----Señor, que sea vieja no quiere decir que sea inûtil, que no pueda dar goce

o satisfacciôn. Me llamo Diôtima, la carrusiana mâs vieja del lupanar.

----Mi nombre es Endimiôn, y me gano la vida trabajando en la taberna de y

Sarambo.

----Es usted tambiên copero?

----No! Yo soy el encargado de la limpieza del local.

----Desde cuândo?

----Desde hace un mes.

----Y de cuâles monedas usted habla, Endimiôn?

----De las que estaban en esta bolsita de cuero.

----Y de dônde las sacô?

----De mi trabajo.

----Ah, entonces eran su salario?

----Asî mismo!! Eran, porque ya no lo son.

----Endimiôn, se nota que usted es nuevo en esta ciudad del ocio.

----Y cômo se nota eso?

----Porque cualquier habitante de aquî sabe que el robo estâ a la orden del

dîa.

----Yo le digo que me quedê dormido. Sabe usted en quê iba a gastar una

parte del salario?

----Y cômo pudiera yo saber eso? 

----Precisamente en tal zona, en pagarle a una carrusiana.

----Por lo que usted me acaba (de)cir Sarambo no le pagô mal, porque esa

zona es cara.

----Y acaso hay una zona como êsa barata en este mundo?

----No lo sê, es posible.

----Dîgame, Diôtima: dônde reside la autoridad de esta ciudad?

----Cômo? Que usted piensa hacer una denuncia?

----Asî es, quiero hacerla.

----Pues sabe usted una cosa?

----Cuâl?

----Que va a perder su tiempo, asî que olvîdese de la denuncia. Y hâgame

caso que yo sê lo que le digo. Le van hacer pagar por cada papel que debe

llenar, y al final no pasa nada; se enriquecen ellos y no resuelven problema

alguno.

----Ellos?

----Sî!!, los que trabajan para la autoridad.

----Como que suena a corrupciôn.

----Suena?

----Y entonces quê usted creer que deba hacer?

----Hacer? Nada. 

----Cômo que nada? Y si no tengo monedas cômo voy a vivir?

----No tiene usted amigos aqui en esta ciudad? 

----Amigos no, conocidos.

----Entonces pida un prêstamo, el que va a resolverle mâs que la denuncia.

----No sê si me prestarîan monedas, nunca se las he pedido.

----Endimiôn, con probar no se pierde nada.

----Eso sî es verdad, tiene usted razôn. Y dîgame, diôtima: usted, que la aca-

bo de conocer, no me puede prestar algo?

----Puedo confiar en usted, Endimiôn?

----Mire, diôtima, donde trabajo ya usted lo sabe y, donde vivo, es en casa

de Sarambo.

----Bueno, no es la casa de Sarambo, sino la de Sunev.

----Sabe dônde estâ , no?

----Endimiôn, en esta ciudad todo se sabe.

----Perfecto!! Entonces sabe dônde encontrarme.

----Eso no dice mucho porque usted se puede ir.

----Le explicarîa mi situaciôn si caminamos juntos.

----Caminemos entonces y explîquemela, que aûn me falta una hora para 

empezar a trabajar en el lupanar.

----Muy bien!! Vamos. Caminemos.


         A raîz de caminar unos cuantos metros la reacciôn de Diôtima fue la

de abrazar a Endimiôn al enterarse de que habîa sido cocinero en la corte 

de Dido, de que en êsta laborô por un tiempo a pesar de la estricta discipli-

na que caracteriza a una sede mayestâtica, allende del preciso programa de

horarios de alimentaciôn, razôn por la cual cualesquier cocineros que sean

responsables de satisfacer las bocas de los comensales de la casa de los re-

yes el tiempo que quêdales para divertirse o entretenerse suele ser poquîsi-

mo.

---Le confieso, Diôtima, que hacîa tiempo que no recibîa un abrazo como

el que usted me acaba de dar.

---Endimiôn, y sabe usted en realidad por quê se lo di? Porque yo asimis-

mo cocino, me encanta cocinar. ademâs que por reconocer que usted es un

hombre que prefiere ser mandado y no mandar.

---Me maravilla cômo usted analiza ciertas cosas, cômo tiene en cuenta lo

que a muchos se les escapa, cômo define a una personalidad a partir de re-

velaciones concretas o especîficas.

---Quê bien que le maraville, Endimiôn, y sabe usted quê es lo que ha sido

para mî una gran escuela? El trabajo que tengo, el que me ha dado la opor-

tunidad de aprender bastante, y no piense que porque sea carrusiana me va-

ya a la cama con cualquiera, o mejor dicho, me deje coger las partes sin an-

tes examinar al que me va a ver desnuda, como vine al mundo.

----Usted, como carrusiana, como que ha desarrollado una pericia, una ha-

bilidad valorativa que a mî me parece que es necesaria en un mundillo don-

de lo contingente nunca falta.

----Endimiôn, el riesgo es algo con lo que vivo cada dîa; lo tengo presente

las horas que trabajo en el lupanar.

----Bueno, Diôtima, ahora me desvîo, que por este camino a la derecha lle-

go mâs râpido a la casa. Un placer hablar con usted, y a lo mejor nos vere-

mos en otro momento. Tenga usted una linda noche.

---Igual usted, Endimiôn. Y mire, aquî tiene un prêstamo, que no es mucho

pero tampoco poco; tiene un mes para devolvêrmelo, asî que no se preocu-

pe ni se estrese por un mal pensamiento.

----Gracias, Diôtima, gracias!! Quede segura que serê puntual en devolvêr-

selo.

----Estâ bien. Y adiôs, Endimiôn, adiôs!!

----Adiôs, Diôtima, adiôs!!

















 


























































 


 




 









 

Sonntag, 20. August 2023

1152, 93.

          A continuaciôn del subrayamiento de "conclusiones râpidas a partir de

amplificaciones concisas", algo dicho por el didâscalos filosôfico y totalmen-

te exento de refutaciôn alguna, no dilaciona el vate en informar que ya dejaba

resonancia  en su testa un dictado de Apolo, razôn por la cual aquêl verbaliza

lo siguiente:

----Vate, en vez de a Asclepio le debe usted un gallo a Febo, ofrenda que se-

rîa garante de la puesta en su cabeza de una guirnalda en el monte Helicôn.

----Didâscalos, si ni las musas jamâs han sido premiadas por Febo cômo us-

ted cree que yo tendrîa tan coronado privilegio?

----Reconocidamente el gallo es una propiedad sîmbôlica del progenitor de

la deidad de la medicina---amplifica el Venerabilis Inceptor.

----El geraldo de la mañana, por lo que entonces es un animal apotrôpeo.

----Kosmos, diste un salto a Mesopotamia.

----Rectifico, didâscalos. Di un salto a las regiones con influencia mesopotâ-

mica. Êsa es la res!!

----Exactivizando, Kosmos?

----Bury, tomada la palabra taxativamente exactivizo.

----Sî, porque fuera de lo taxativo tiene otro significado para ti.

----Y repito, de nuevo digo lo que han oîdo en su tanto: êsa es la res, êsa!!

----En el segundo sistema su funciôn es la de conducciôn.

----El gallo conduce, didâscalos, en el sistema susodicho.

----A Caronte no le gustan los gallos, porque con êstos pierde peculio.

----Y entonces benefîcianse las almas pobres por no tener que pagar,

----El paupêrrimo y el gallo se amistan!! Que si no êste conviênele y a

aquêl.

----Conclusiones râpidas a partir de amplificaciones concisas.

----Estamos como en un cîrculo!!

----Quê, Kosmos, la concordancia entre fin y comienzo?---pregunta Macco.

----Un mismo punto sirve de coincidencia.

----O lo que es cuasi lo mismo, anâlogo decir: el punto del que se parte y al

que se llega es el mismo; es inmôvil.

----Lo de no-môvil es una perogrullada!!

----Pero tempestiva y, como tal, no es trivial utilizarla.

----Vate, y quê hay con el dictado apolîneo?---pregunta el didâscalo filosôfi-

co.

----Les digo cuando lo tenga completo, en toda su extensiôn o en su corres-

pondiente mesura.

----Age, vate, age!!---afirma Kosmos.


         Media hora despuês la palabra derivante de dicere y dictare da pâbulo

de que los contertulios aplaudan con destacada jovialidad; fue dicha por el

vate con la intenciôn de que êstos pusieran atenciôn, algo que trajo como y

consecuencia el abandono de una actividad discursiva basada en la utilidad

de las plumas una vez sacadas del gallo a que pertenecîan. Ostensiblemente

que aquî cobraba suma relevancia el uso que darîanle cada uno de los inte-

grantes del colectivo de la Kosmona, y si Temiganes, Asonis, Kosmos, Ver-

cingetôrix, el tîo de Kosmos, el vate y el didâscalos filosôfico las cogerîan 

para escribir; el Venerabilis Inceptor, el Bury, Perrasiestes y Kosmithôs pa-

ra que fuesen objetos de ornamentaciôn, de ritualizaciôn o para ceremonias,

excepto la de la apoteosis que no las necesita. Y en fin, que entonces dice y

el vate:


Los decires mâs precisos conducen a resoluciones raudas;

son allende un aliciente para (a)quêl que bien escucha,

aunque estên por ocasiôn sus oîdos separados del centrillo

verborrêico),

que no es otro que el dador en el centro de una mesa,

hontanar del que brotan floramientos con soltura.

Aquêllas aunque expuestas a la posible oposiciôn como

arco iris concavan es un azul espacio que de facto es tan 

justo y vasto como para hospedar estrellas con lumbre

seductiva: la palabra siendo brillosa acôgela un firmamento.

Mas que fue tanto un decir como la resoluciôn,

lo que no que significa asî que haya indeleblidad porque 

siempre hay porvenir),

que asimismo la suntuosa y gaya resonancia con la cual pasa

adelante cualesquier pronunciamientos dichos).

 

---Câspita vate!!, que Febo alêjase de lo deslavazado y organiza noû-

meno---dice Kosmos.

--Las ocurrencias tuyas no son fâciles de entender, mas si tû lo dices

me quedo cartujo.

---Capto sûbito su noûmeno o sobre el pucho doy con êl.

---Estoy de acuerdo con eso de que Febo alêjase de lo deslavazado....

---Entonces, Bury, con lo otro no?

---No, Kosmos, no!!

---No estar de acuerdo merece una dilucidaciôn, Bury.

---No necesariamente, porque fîjate, escucha: si yo no quiero darla se 

acabo, y punto.

---Vaya egoîsmo!!

---No eso, sino que ahorro palabras.

---Ahorrar palabras? Cômo, quê usted ha dicho?---indaga Kosmithôs.

---Dejar (de)cir no es ahorrar palabras?

---Cenutrio, es muy fâcil lo que usted acaba de preguntar.

---Kosmos, tû sabes que mis preguntas no son difîciles.

---Ya lo sê, cenutrio, mas que por saberlo no fue que lo dije. Sôlo sê que mi 

decir no lo ocultê diciêndolo.

---Kosmos, y quê dirîase con lo que has dicho?

---Venerabilis Inceptor, pregûntame usted adônde quiero llegar?

---Eso mismo!!

---Regularmente no tengo punto fijo; soy erastes de la aventura semântica.

---Aventura semântica!! Me gusta eso, kosmos---dice el vate.

---Vaya dibujo verbal!! Hay que leerlo con calma?

---Bury, si hay que leerlo hay que mirarlo y, segûn se mire, ofrecerâ o una

imago deformada o una correcta.

---Contra, Kosmos, anamorfosis?

---Eureka, Bury, ya notâse su participaciôn en el juego---dice el didâscalos

filosôfico.

---Ustedes contagian; invitan a hurguetear.
























 

 



















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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...