(en la ciudad del ocio)
Un mes despuês de haber comenzado con el trabajo de limpieza en la
taberna, tiempo basto como para conocer este local como a las palmas de y
sus manos, Endimiôn recibiô su primer salario dado personalmente por Sa-
rambo. Seguido a sacar las monedas de una bolsita de cuero no pudo eludir
mirarlas con fijeza conspicua, como tampoco frotarse el pecho con una de
ellas, algo que siempre hizo su progenitor al tener en su poder el pago men-
sual, mas sin jamâs dilucidar el porquê de hacerlo. Empero Sarambo, testi-
go visual, presencia justificada, pensô que lo del frotamiento de la moneda
mâs tenîa que ver con una comprobaciôn que con una costumbre, la que de
facto cambiaba en locaciones paupêrrimas o primitivas, que si no en las so-
metidas a las exigencias austeras del imperativo mayestâtico, de la corona
que manda.
----Sarambo, sabe usted una cosa? Me gustarîa pasar por la zona de Omo-
nia, darme un gozo, una merecida diversiôn. Quê usted cree?
---Endimiôn, no es mi diversiôn ni mi gozo, aunque sî le advierto algo: no
se vaya con la primera que le pinte gracia, que le muestre los pechos desme-
suradamente o los muslos completos, ya que por lo que sê solamente hacen
eso las mâs descaradas y estafadoras.
---Le agradezco su advertencia, Sarambo. Entonces me debo ir con la que
enseña a discreciôn, con la que busca su dinero mas que de forma no tan y
escandalosa?
----Asî es, Endimiôn, usted me ha entendido correctamente.
----Entonces, y cuando termine esta noche de trabajar, me uno a Kîntlico y
a Tublides.
----Endimiôn, le doy la noche libre. asî que lo que decida hacer es cosa de
usted ahora o despuês.
----Gracias, Sarambo, gracias!! Y dîgame: no desearîa usted asimismo dar-
se un placer en la zona susodicha?
----De momento no puedo, o mejor dicho, no debo, ya que tengo mâs gas-
tos que otra cosa, ademâs que aûn me quedan cosas por hacer, o sea, que
aûn no he terminado con el trabajo diario en este local.
----Entiendo, Sarambo, entiendo. Bueno, que me voy a la casa y espero a
que salgan Kîntlico y Tublides. Tenga usted una buena noche y nos vemos
mañana.
----Lo mismo le digo, Endimiôn, lo mismo.
Mas antes de llegar a la casa le es menester a Endimiôn sentarse para
ver si quitâbasele el calambre que tenîa en la pierna izquierda. Al poner su
tafanario sobre la madera de una senecta dureta vuelve a sacar las monedas
de la bolsita de cuero para otra vez, de nuevo contemplarlas, pero en lo que
hacîalo quêdase profundamente dormido. Al despertarse, y por la voz cuasi
ronca de una señora que decîale: señor, señor abra los ojos que en esta dure-
ta estâ totalmente vedado dormir, dase cuenta que las monedas habîan desa-
parecido, a lo que sigue la acciôn salvaje de asir por el gaznate a la señora y
preguntarle:
----Dônde estân mis monedas, quê usted ha hecho con ellas?
----Suêlteme, por favor, que yo no sê nada de esas monedas. Quite sus ma-
nos de mi garganta que no puedo respirar.
---Cômo que usted no sabe nada, si las monedas estaban fuera de esta bolsi-
ta?
---Señor, yo sôlo lo despertê para ayudarlo, porque si la autoridad lo hubiese
visto durmiendo en esta dureta le hubiera puesto una multa tremenda.
---Difîcil creer en eso de que me querîa ayudar.
---Señor, ya sê que resulta dificil creerme, pero le aseguro que le digo la ver-
dad. Escuche, que le dirê una cosa: yo trabajo en un lupanar en la zona de....
----No me vaya a decir que de Omonia?
----Exacto!! Allî mismo estâ el lupanar. Lo conoce usted?
----Y usted tan vieja trabaja en un lupanar?
----Señor, que sea vieja no quiere decir que sea inûtil, que no pueda dar goce
o satisfacciôn. Me llamo Diôtima, la carrusiana mâs vieja del lupanar.
----Mi nombre es Endimiôn, y me gano la vida trabajando en la taberna de y
Sarambo.
----Es usted tambiên copero?
----No! Yo soy el encargado de la limpieza del local.
----Desde cuândo?
----Desde hace un mes.
----Y de cuâles monedas usted habla, Endimiôn?
----De las que estaban en esta bolsita de cuero.
----Y de dônde las sacô?
----De mi trabajo.
----Ah, entonces eran su salario?
----Asî mismo!! Eran, porque ya no lo son.
----Endimiôn, se nota que usted es nuevo en esta ciudad del ocio.
----Y cômo se nota eso?
----Porque cualquier habitante de aquî sabe que el robo estâ a la orden del
dîa.
----Yo le digo que me quedê dormido. Sabe usted en quê iba a gastar una
parte del salario?
----Y cômo pudiera yo saber eso?
----Precisamente en tal zona, en pagarle a una carrusiana.
----Por lo que usted me acaba (de)cir Sarambo no le pagô mal, porque esa
zona es cara.
----Y acaso hay una zona como êsa barata en este mundo?
----No lo sê, es posible.
----Dîgame, Diôtima: dônde reside la autoridad de esta ciudad?
----Cômo? Que usted piensa hacer una denuncia?
----Asî es, quiero hacerla.
----Pues sabe usted una cosa?
----Cuâl?
----Que va a perder su tiempo, asî que olvîdese de la denuncia. Y hâgame
caso que yo sê lo que le digo. Le van hacer pagar por cada papel que debe
llenar, y al final no pasa nada; se enriquecen ellos y no resuelven problema
alguno.
----Ellos?
----Sî!!, los que trabajan para la autoridad.
----Como que suena a corrupciôn.
----Suena?
----Y entonces quê usted creer que deba hacer?
----Hacer? Nada.
----Cômo que nada? Y si no tengo monedas cômo voy a vivir?
----No tiene usted amigos aqui en esta ciudad?
----Amigos no, conocidos.
----Entonces pida un prêstamo, el que va a resolverle mâs que la denuncia.
----No sê si me prestarîan monedas, nunca se las he pedido.
----Endimiôn, con probar no se pierde nada.
----Eso sî es verdad, tiene usted razôn. Y dîgame, diôtima: usted, que la aca-
bo de conocer, no me puede prestar algo?
----Puedo confiar en usted, Endimiôn?
----Mire, diôtima, donde trabajo ya usted lo sabe y, donde vivo, es en casa
de Sarambo.
----Bueno, no es la casa de Sarambo, sino la de Sunev.
----Sabe dônde estâ , no?
----Endimiôn, en esta ciudad todo se sabe.
----Perfecto!! Entonces sabe dônde encontrarme.
----Eso no dice mucho porque usted se puede ir.
----Le explicarîa mi situaciôn si caminamos juntos.
----Caminemos entonces y explîquemela, que aûn me falta una hora para
empezar a trabajar en el lupanar.
----Muy bien!! Vamos. Caminemos.
A raîz de caminar unos cuantos metros la reacciôn de Diôtima fue la
de abrazar a Endimiôn al enterarse de que habîa sido cocinero en la corte
de Dido, de que en êsta laborô por un tiempo a pesar de la estricta discipli-
na que caracteriza a una sede mayestâtica, allende del preciso programa de
horarios de alimentaciôn, razôn por la cual cualesquier cocineros que sean
responsables de satisfacer las bocas de los comensales de la casa de los re-
yes el tiempo que quêdales para divertirse o entretenerse suele ser poquîsi-
mo.
---Le confieso, Diôtima, que hacîa tiempo que no recibîa un abrazo como
el que usted me acaba de dar.
---Endimiôn, y sabe usted en realidad por quê se lo di? Porque yo asimis-
mo cocino, me encanta cocinar. ademâs que por reconocer que usted es un
hombre que prefiere ser mandado y no mandar.
---Me maravilla cômo usted analiza ciertas cosas, cômo tiene en cuenta lo
que a muchos se les escapa, cômo define a una personalidad a partir de re-
velaciones concretas o especîficas.
---Quê bien que le maraville, Endimiôn, y sabe usted quê es lo que ha sido
para mî una gran escuela? El trabajo que tengo, el que me ha dado la opor-
tunidad de aprender bastante, y no piense que porque sea carrusiana me va-
ya a la cama con cualquiera, o mejor dicho, me deje coger las partes sin an-
tes examinar al que me va a ver desnuda, como vine al mundo.
----Usted, como carrusiana, como que ha desarrollado una pericia, una ha-
bilidad valorativa que a mî me parece que es necesaria en un mundillo don-
de lo contingente nunca falta.
----Endimiôn, el riesgo es algo con lo que vivo cada dîa; lo tengo presente
las horas que trabajo en el lupanar.
----Bueno, Diôtima, ahora me desvîo, que por este camino a la derecha lle-
go mâs râpido a la casa. Un placer hablar con usted, y a lo mejor nos vere-
mos en otro momento. Tenga usted una linda noche.
---Igual usted, Endimiôn. Y mire, aquî tiene un prêstamo, que no es mucho
pero tampoco poco; tiene un mes para devolvêrmelo, asî que no se preocu-
pe ni se estrese por un mal pensamiento.
----Gracias, Diôtima, gracias!! Quede segura que serê puntual en devolvêr-
selo.
----Estâ bien. Y adiôs, Endimiôn, adiôs!!
----Adiôs, Diôtima, adiôs!!
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen