Mittwoch, 23. August 2023

1154, 95.

(versiôn)      


       Con exigua pericia letrada mas tan inteligible que pudiêraselo envidiar

un escritor con dominio metafôrico, escrîbele Endimiôn a Dido una esquela

en la que dêjale saber lo del robo de las monedas al quedarse profundamen-

te  dormido en una senecta dureta. Aclârale que las monedas eran el salario

del mes dado personalmente por Sarambo, y precisamente en el tempestivo

momento en que comenzaba a verse la Luna, la que a pesar de lumbrar con

reciedumbre de su luz escapô el ladrôn. Mas lo que sî no revelô semântica-

mente fue lo de la conversa tenida con Diôtima, la carrusiana mâs vieja del

lupanar de la zona de Omonia, y quien diole un prêstamo que deberîa en un

mes devolverle. Al canto de leer la esquela pregûntase la reina quê pasâbale

por su testa a Endimiôn, cuâl era su intenciôn al barruntarle sobre lo que en 

lontananza sucediôle, algo con lo que de facto ella nada tiene que ver. Y en-

tonces, y con el objetivo de clarar alguna que otra duda, hâcele la acostum-

brada señal al cibioscates para que acercârase a los pulvinares, ya que êste

conociô  muchitanto mejor a Endimiôn, fue por sensatez su incesante y cer-

canîsimo cômplice. 

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