Dienstag, 7. Mai 2024

67, cap 6.

       El auto de Francis detiênese al encenderse la luz roja, mas como yo estaba en el se-

mâforo esperando la luminaria verde para cruzar la avenida escuchê lo siguiente dicho

por Dasid al sacar su testa por la ventanilla: 

---Kosmos, si quieres dar una vuelta môntate en el auto.

        En un periquete abrî  la puerta  de atrâs del lado izquierdo, y al ver que no estaba

el general entendî el porquê de que Dasid dijêrame lo que dîjome, porque no creo que

de estar êl presente eso de la vuelta hubiera sido posible. Una vez puesto en marcha el

vehîculo de transporte barrûntame Dasid que acababa de dejar al general en su casa de-

bido a la personal organizaciôn que estaba haciendo de la fiesta, y que como tal el auto

podîa rodar por toda la ciudad hasta la hora que a êl diêrale la gana. Como Yelas ya me

habîa  informado sobre êsta no resultôme algo nuevo, mas que sî que el general ausen-

târase de la academia para ocuparse de la organizaciôn del jolgorio, de la diversiôn en

su propia casa. Sabiendo que la sensatez es para ponerla en prâctica no preguntê nadi-

ta al respecto, aun convencido de que el general habîame cogido estima. Seguido a po-

ner la radio y de escuchar una emisiôn que trata sobre la forma de escribir y de hablar

actual en un mundo al servicio de la digitalizaciôn, observo a travês del retrovisor que

en el semblante de Dasid aparecen diferentes mohînes, disîmeles muecas que hasta lle-

garon  a impresionarme, mas que no por esto serîan un motivo para salir del auto, per-

derme  el paseo. De tal guisa que  la palabra (perteneciente a la lengua que apellîdase

muerta) curiositas es una de mis preferidas, y no solamente por la relevancia que tiene 

sino que asimismo por la dadorîa que ofrece, sî que preguntêle a Dasid cuâl era la atin-

gencia entre la emisiôn y sus mohînes. Y entonces dîceme:

---Kosmos, en el mundo en que vivimos hoy en dîa tanto el escribir como el hablar no

ayudan al desarrollo de la mente humana. Se escribe sans accent y se parlan tonterîas,

banalidades, estupideces, etc. Desgraciadamente ya no se puede volver atrâs, retroce-

der, pero sî te digo  que las muecas se me pegaron de mi padre, el que las hacîa como

reacciôn  a algo o que no le  gustaba o que le  parecîa  engañoso, ademâs (de ser) que 

eran muy tîpicas en los dublineses de su tiempo.

       Câspista!! Hasta el momento si que estoy consciente de que la verba pêgase por 

una  cuestiôn de la repeticiôn, amên que de ser êsta un mêtodo de convencimiento y 

manipulaciôn inveterados, empero que las muecas ....En fin, que al ser una sûmula de

cosas posibles quien menos excîtase eludirîa caer en lo compulsivo a partir de un im-

pulso  que impera, atrapa y domina. Hurgueteando el auto por dentro percibo debajo

de los dos asientos delanteros informaciones recortadas y sacadas de periôdicos, por

lo  que preguntême si el general dedicâbase a coleccionar datos o noticias proporcio-

nados por la media. Tratando de hacerlo con la correspondiente sorna con el objetivo

de que no viêrame Dasid a travês del retrovisor, apoderême de algunas de las susodi-

chas informaciones. Algunas referîanse a conflictos sociales, a problemas de cultura,

a cambios en la infraestructura de organismos del sector turîstico, a la colisiôn actual

de tropas militares, a la producciôn de medicamentos contra el câncer, a la limitadîsi-

ma producciôn de productos de limpieza, al canje de reos, al aniquilamiento total de

varias  plagas perniciosas, a la globalizaciôn de la economîa, y a la excavaciôn posi-

ble en un mes en un terreno en la parte oeste de la ciudad. Ostensiblemente que êsta

fue la noticia que mâs interesôme, porque tal terreno no es otro que el que yo conoz-

co por el estudio reciente de arqueologîa que facilitôme el difunto zapatero Cliôn.   

---Kosmos, esa noticia que lees es la de la posible excavaciôn?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo usted lo sabe, Dasid?

---Porque en la parte trasera hay dibujada una X.

---Y quê significa?

---No significa nada, Es tan sôlo una costumbre del general de marcar con la misma

letra las noticias que le interesan.

---Pero cômo usted supo que era precisamente la noticia susodicha?

---Porque me lo dijo el general, ademâs que la ûnica que ayer marcô.

---El retrovisor delata; analôgase a Ascâfalo.

---Si entendî bien, ese Ascâlafo es un delator, no?

---Êsa es la res, Dasid, êsa!!

---Kosmos, no te molesta que fume?

---Cômo molestarîame si yo asimismo fumo?

---Perfecto, entonces bajo la ventanilla.

---Pero no podrê concomitarlo con la fumadera porque...

---No tienes cigarros? Mira, toma uno de los mîos.

      Seguido a prender el cigarro y comenzar a quemarse la picadura, la que en cues-

tiones de breves minutos serîa pavesa, y a la parada del auto en un semâforo, el zum-

bido  de una abeja fue el motivo de que moviera mis ôculos en todas las direcciones,

empero  si Dasid dice que era insôlito que una abeja metiêrase en un lugar donde ha-

bîa humo; yo amplifico, que cômo olvidarlo si al cogerme de sorpresa diome tremen-

dîsimo susto, sobre lo que sucediôme hace ya unos cuantos años: la abeja que estaba

dentro  de un pantalôn que pinchôme un testîculo al ponerme êste. Al canto la risota-

da de Dasid a la vez que ponîa la velocidad, y a continuaciôn este decir:

---Kosmos, no conozco a nadie que le haya pasado algo como eso.

---Dasid, parece que en este mundo al alguien tiene que pasarle algo que a nadie pasô-

le, por lo que entonces fui yo el electi.

---Pobre el elegido!! Y te doliô mucho?

---Dolor ninguno que tampoco inflamaciôn, sôlo un sobresalto en el momento del pin-

chazo.

---Tuviste suerte, porque es una zona delicada. Dime: tienes hambre?

---Sî, estoy un poco famêlico.

---Pues hacemos una cosa: una parada en el primer restaurante que aparezca, y de paso

abrimos las cuatros ventanillas para que salga la abeja. Quê dices?

---Age, en plural, Dasid, age!!

        Y quê alegrôn para mî que el primero que apareciô fue el especializado en la pre-

paraciôn de la langosta, mas como el hambre que tenîa no era tanta solamente serîame

suficiente con un côctel de êsta, ademâs de que por costumbre jamâs almuerzo, lo con-

trario de Dasid que sî que almuerza hasta atiborrrarse el estômago de comida, empero

con la diferencia con la academia de que en êsta el no paga nada, come de gratis, pero

que en este restaurante tendrîa que pagar un gran precio para repletarse el componente

del aparato digestivo.

       De algo nuevo suceder en este restaurante, y por la razôn de que en horario de al-

muerzo las mesas no alcanzan para la cantidad de criaturas que vienen, es que sôlo con

reservaciôn es posible la entrada, mas como el portero conoce a Dasid, amên que sabe

que es el chofer del general, la abertura de la puerta no representa problema alguno ni

tampoco que aparezca una mesa en el caso de que todas ocupadas estên. 

       El camarero onomado Caspar, un tipo con buen porte y aspecto, ni muy grande ni

muy pequeño, mofletudo, y tan fuertemente perfumado que no hacîa falta ser un hipe-

rôsmico  para sentir el olor a distancia, nos condujo hasta una mesa posicionada en el

mismîsimo centro del restaurante. En lo que fue en busca de una botella de vino blan-

co, mucho  mejor que el rojo cuando lo que ingiêrese es langosta, dîceme en voz baja

Dasid que la ubicaciôn que tiene la mesa no gustâbale mucho, que mejor prefiere una

en algûn sucucho o en los costados, pero que como hoy no estaba para pagar un servi-

cio  de traslado olvidarîase de la cuestiôn respirando profundo, o contando del uno al

diez y vicerversa. De  mi parte no hubo pregunta alguna, porque a la postre y al cabo

a  mî me da igual la posiciôn de una mesa en un restaurante, empero que sî me llamô

la  atenciôn que  pidiera una botella completa, que aunque no estê presente el general

êl tiene que manejar, que conducir un auto, que asir el timôn y mirar la calle. A partir

de este no pasar inadvertido comenzaron a aparecer otras consideraciones, mas como

de tal guisa llegô Caspar con la botella y dos copas êstas quedaron para ser analizadas

otro dîa.


  




    


 







 

















 







   

           



 




    

Keine Kommentare:

Kommentar veröffentlichen

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...