El auto de Francis detiênese al encenderse la luz roja, mas como yo estaba en el se-
mâforo esperando la luminaria verde para cruzar la avenida escuchê lo siguiente dicho
por Dasid al sacar su testa por la ventanilla:
---Kosmos, si quieres dar una vuelta môntate en el auto.
En un periquete abrî la puerta de atrâs del lado izquierdo, y al ver que no estaba
el general entendî el porquê de que Dasid dijêrame lo que dîjome, porque no creo que
de estar êl presente eso de la vuelta hubiera sido posible. Una vez puesto en marcha el
vehîculo de transporte barrûntame Dasid que acababa de dejar al general en su casa de-
bido a la personal organizaciôn que estaba haciendo de la fiesta, y que como tal el auto
podîa rodar por toda la ciudad hasta la hora que a êl diêrale la gana. Como Yelas ya me
habîa informado sobre êsta no resultôme algo nuevo, mas que sî que el general ausen-
târase de la academia para ocuparse de la organizaciôn del jolgorio, de la diversiôn en
su propia casa. Sabiendo que la sensatez es para ponerla en prâctica no preguntê nadi-
ta al respecto, aun convencido de que el general habîame cogido estima. Seguido a po-
ner la radio y de escuchar una emisiôn que trata sobre la forma de escribir y de hablar
actual en un mundo al servicio de la digitalizaciôn, observo a travês del retrovisor que
en el semblante de Dasid aparecen diferentes mohînes, disîmeles muecas que hasta lle-
garon a impresionarme, mas que no por esto serîan un motivo para salir del auto, per-
derme el paseo. De tal guisa que la palabra (perteneciente a la lengua que apellîdase
muerta) curiositas es una de mis preferidas, y no solamente por la relevancia que tiene
sino que asimismo por la dadorîa que ofrece, sî que preguntêle a Dasid cuâl era la atin-
gencia entre la emisiôn y sus mohînes. Y entonces dîceme:
---Kosmos, en el mundo en que vivimos hoy en dîa tanto el escribir como el hablar no
ayudan al desarrollo de la mente humana. Se escribe sans accent y se parlan tonterîas,
banalidades, estupideces, etc. Desgraciadamente ya no se puede volver atrâs, retroce-
der, pero sî te digo que las muecas se me pegaron de mi padre, el que las hacîa como
reacciôn a algo o que no le gustaba o que le parecîa engañoso, ademâs (de ser) que
eran muy tîpicas en los dublineses de su tiempo.
Câspista!! Hasta el momento si que estoy consciente de que la verba pêgase por
una cuestiôn de la repeticiôn, amên que de ser êsta un mêtodo de convencimiento y
manipulaciôn inveterados, empero que las muecas ....En fin, que al ser una sûmula de
cosas posibles quien menos excîtase eludirîa caer en lo compulsivo a partir de un im-
pulso que impera, atrapa y domina. Hurgueteando el auto por dentro percibo debajo
de los dos asientos delanteros informaciones recortadas y sacadas de periôdicos, por
lo que preguntême si el general dedicâbase a coleccionar datos o noticias proporcio-
nados por la media. Tratando de hacerlo con la correspondiente sorna con el objetivo
de que no viêrame Dasid a travês del retrovisor, apoderême de algunas de las susodi-
chas informaciones. Algunas referîanse a conflictos sociales, a problemas de cultura,
a cambios en la infraestructura de organismos del sector turîstico, a la colisiôn actual
de tropas militares, a la producciôn de medicamentos contra el câncer, a la limitadîsi-
ma producciôn de productos de limpieza, al canje de reos, al aniquilamiento total de
varias plagas perniciosas, a la globalizaciôn de la economîa, y a la excavaciôn posi-
ble en un mes en un terreno en la parte oeste de la ciudad. Ostensiblemente que êsta
fue la noticia que mâs interesôme, porque tal terreno no es otro que el que yo conoz-
co por el estudio reciente de arqueologîa que facilitôme el difunto zapatero Cliôn.
---Kosmos, esa noticia que lees es la de la posible excavaciôn?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo usted lo sabe, Dasid?
---Porque en la parte trasera hay dibujada una X.
---Y quê significa?
---No significa nada, Es tan sôlo una costumbre del general de marcar con la misma
letra las noticias que le interesan.
---Pero cômo usted supo que era precisamente la noticia susodicha?
---Porque me lo dijo el general, ademâs que la ûnica que ayer marcô.
---El retrovisor delata; analôgase a Ascâfalo.
---Si entendî bien, ese Ascâlafo es un delator, no?
---Êsa es la res, Dasid, êsa!!
---Kosmos, no te molesta que fume?
---Cômo molestarîame si yo asimismo fumo?
---Perfecto, entonces bajo la ventanilla.
---Pero no podrê concomitarlo con la fumadera porque...
---No tienes cigarros? Mira, toma uno de los mîos.
Seguido a prender el cigarro y comenzar a quemarse la picadura, la que en cues-
tiones de breves minutos serîa pavesa, y a la parada del auto en un semâforo, el zum-
bido de una abeja fue el motivo de que moviera mis ôculos en todas las direcciones,
empero si Dasid dice que era insôlito que una abeja metiêrase en un lugar donde ha-
bîa humo; yo amplifico, que cômo olvidarlo si al cogerme de sorpresa diome tremen-
dîsimo susto, sobre lo que sucediôme hace ya unos cuantos años: la abeja que estaba
dentro de un pantalôn que pinchôme un testîculo al ponerme êste. Al canto la risota-
da de Dasid a la vez que ponîa la velocidad, y a continuaciôn este decir:
---Kosmos, no conozco a nadie que le haya pasado algo como eso.
---Dasid, parece que en este mundo al alguien tiene que pasarle algo que a nadie pasô-
le, por lo que entonces fui yo el electi.
---Pobre el elegido!! Y te doliô mucho?
---Dolor ninguno que tampoco inflamaciôn, sôlo un sobresalto en el momento del pin-
chazo.
---Tuviste suerte, porque es una zona delicada. Dime: tienes hambre?
---Sî, estoy un poco famêlico.
---Pues hacemos una cosa: una parada en el primer restaurante que aparezca, y de paso
abrimos las cuatros ventanillas para que salga la abeja. Quê dices?
---Age, en plural, Dasid, age!!
Y quê alegrôn para mî que el primero que apareciô fue el especializado en la pre-
paraciôn de la langosta, mas como el hambre que tenîa no era tanta solamente serîame
suficiente con un côctel de êsta, ademâs de que por costumbre jamâs almuerzo, lo con-
trario de Dasid que sî que almuerza hasta atiborrrarse el estômago de comida, empero
con la diferencia con la academia de que en êsta el no paga nada, come de gratis, pero
que en este restaurante tendrîa que pagar un gran precio para repletarse el componente
del aparato digestivo.
De algo nuevo suceder en este restaurante, y por la razôn de que en horario de al-
muerzo las mesas no alcanzan para la cantidad de criaturas que vienen, es que sôlo con
reservaciôn es posible la entrada, mas como el portero conoce a Dasid, amên que sabe
que es el chofer del general, la abertura de la puerta no representa problema alguno ni
tampoco que aparezca una mesa en el caso de que todas ocupadas estên.
El camarero onomado Caspar, un tipo con buen porte y aspecto, ni muy grande ni
muy pequeño, mofletudo, y tan fuertemente perfumado que no hacîa falta ser un hipe-
rôsmico para sentir el olor a distancia, nos condujo hasta una mesa posicionada en el
mismîsimo centro del restaurante. En lo que fue en busca de una botella de vino blan-
co, mucho mejor que el rojo cuando lo que ingiêrese es langosta, dîceme en voz baja
Dasid que la ubicaciôn que tiene la mesa no gustâbale mucho, que mejor prefiere una
en algûn sucucho o en los costados, pero que como hoy no estaba para pagar un servi-
cio de traslado olvidarîase de la cuestiôn respirando profundo, o contando del uno al
diez y vicerversa. De mi parte no hubo pregunta alguna, porque a la postre y al cabo
a mî me da igual la posiciôn de una mesa en un restaurante, empero que sî me llamô
la atenciôn que pidiera una botella completa, que aunque no estê presente el general
êl tiene que manejar, que conducir un auto, que asir el timôn y mirar la calle. A partir
de este no pasar inadvertido comenzaron a aparecer otras consideraciones, mas como
de tal guisa llegô Caspar con la botella y dos copas êstas quedaron para ser analizadas
otro dîa.
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