Montag, 27. Mai 2024

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      Antes de llegar al bar nocturno encuêntrome con Caspar, el que allende de estar po-

seîdo  por un estado de jovialidad tremenda tenîa entre sus labios una mediana tagarna.

Sobre el pucho preguntêle el porquê del susodicho estado, respondiêndome sin dilaciôn

que por haber terminado su jornada laboral como camarero en el restaurante langostero,

trabajo  como tal que no agradâbale muchitanto y que solamente mantenîalo por la sen-

cilla  razôn de que no ganaba mal. Seguido infôrmame sobre el somero problemilla que

tuvo Matilde Ronco Espinoza con el pago de su cuenta, motivo por el cual fue menester

la  presencia del jefe, mas como ya yo sabîalo no resultôme un aliciente para amplificar

otra cosa al respecto, mas para no quedar en mutismo absoluto presêntole a los que con-

comitâbanme, o sea, a los  tres representantes de la gerontocracia ( Aristofôn, Tartare y

 Lurpak) de un barrio cercano a la catedral barroca, y a continuaciôn pregûntole si que-

rîa  ir con  nosotros al bar nocturno, el local de las sorpresas y variantes inesperadas, y

el que allende beneficia por la repeticiôn de un êxtasis ligero.

---Kosmos, cômo decir que no tratândose de un local asî?   

         Diez minutos despuês llegamos al bar. Al darse cuenta Caspar de que dos chicas

mirâbanme con destacada fijeza por curiosidad pregûntame si las conocîa. 

---Caspar, la de la derecha onômase Juliette; la de la izquierda, Esmeralda.

---Bonitas muchachas!! Vaya suerte que tienes, Kosmos.

---Caspar, hasta la suerte yo la comparto, asî que ven conmigo que te las presento, mas

antes dêjame decirle a los senectos que nos esperen adentro.

       Al cumplir a cabalidad con este hacedero decir dijele a Caspar que siguiêrame. Al

estar frente a las chicas êl abotonôse la camisa de mangas largas, porque al llevar deba-

jo de êsta sôlo una camiseta diole pena eyectar un estado de informalidad delante de los

ôculos de las fêminas, mas ignorando que êstas lo que no es formal es una de las cosas

que mâs les interesa o la que precisamente gûstales. Seguido a la presentaciôn el adjeti-

vo atractivo saliô por la boca de Esmeralda, razôn de que mîrase a Caspar con la misma

fijeza destacada que mirôme a mî. La mirada de aquêlla, y tan pudiente que pudiera en-

cantar sobre el pucho hasta a el que mâs sabe de materia esotêrica, como consecuencia

trajo que êste bajara su testa y observara el piso, el que estaba tan mojado como la ropa

de los representantes de la gerontocracia que mojâronse otra vez.  

         Una flor de Hydrangea macrophylla







         








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