(un dîa despuês)
Marcaban las agujas del reloj las nueve y cuarto de la mañana. El tiempo estaba llu-
vioso y la temperatura lo bastamente fresca, razôn por la cual sentême en el balcôn pa-
ra ingerir mi ligero desayuno: dos humeantes tostadas, mantequilla y una taza mediana
de cafê con leche con la marca Winterling y con un ampo como el de la caricia blanca.
A travês del cristal de la puerta del balcôn reflejâbase Aspasia peinândose frente al es-
pejo de la sala, empero como acababa de salir de la ducha su cuerpo estaba a toda flor.
No quedôme duda de que esta vez no llevaba puesta su bata de casa transparente con
la intenciôn de hacerme una invitaciôn carnal, sino mâs bien que estaba exenta de ella
con el objetivo de hacerme sufrir, una forma sadomasoquista de vengarse debido a
una profunda discusiôn que tuvimos, lo que traduce que ella estaba recordando [tenîa
vivito/ta en mente] el conflicto/la colisiôn verbal ya no para volver a vivir sino para
acarrerme dolor, por lo que en vez de decirla como siempre dîgola esta declaraciôn
mîa: mâs vale que te ignoren/desprecien a que te recuerden y te causen problemas,
habrîa que ligeramente transformarla y pronunciarla asî: mâs vale recordar/ dar dolor
que ignorar/despreciar. Y punto a la raya y que continûe la letra? No! Impepinable que
negativo. Por quê? Porque entonces darîale el gusto que ella querîa al saber el efecto
de su venganza de jaez sadomasoquista. Claramente que no quedôme descartado que
con este NO no serîa imposible otra de las suyas maneras de desviaciôn...., mas tam-
biên que serîa posible que por mi negaciôn [a seguir con la verba despuês del punto a
la raya] sintiêrase ignorada/despreciada, motivo mâs que basto para que por dos o tres
dîas diêrase importancia. Cuando terminê de desayunar ella ya no estaba frente al es-
pejo, y en lo que llevaba la taza a la cocina suena el timbre de la puerta. Al abrir êsta
quedême sorprendido debido a la criatura que veîan mis ôculos: Juliana, la progenito-
ra de Juliette y la actual novia del general, y la que despûes de saludarme dîceme:
---Kosmos, ya sê que jamâs esperarîas mi visita, pero si estoy aquî es para pedirte un
favor.
---Mas pîdole que antes de pedîrmelo pase usted y acomôdose en el sofâ.
---Gracias, kosmos, gracias!!
Sin dilaciôn aparece Aspasia, y al verla Juliana dîcele unas palabras en honor a
su belleza, empero como sê que mâs debîase la presencia de Aspasia por el hecho de
saber quiên era esta mujerona, menos que por el orgullo que pudiera sentir por tales
palabras salidas de la boca de una mujer madura, encârgome yo de la tempestiva pre-
sentaciôn.
---Aspasia, ella es Juliana, la novia del general y progenitora de Juliette.
---Encantada, Juliana, un gusto conocerla, pero en serio que la madre de mi amiga
Juliette?
---Sî, Aspasia, sî, soy la madre de tu amiga, pero como la vida tiene sus cosas desde
hace veintitrês años no nos vemos.
---Lamentable que la vida tenga sus cosas, y ahora entiendo el porquê de que Julie-
tte, ni aun cuando estudiamos juntas, jamâs me dijo nada respecto a usted. Y dîgame:
le puedo brindar algo?
---Una taza de cafê, Aspasia, y sin azûcar.
Y en lo que Aspasia fue en busca de la susodicha taza, Juliana revêlame que su-
po mi direcciôn por el general, y que estê se la dio por saber que Juliette estaba en el
cafê La ilusiôn veinticuatro horas antes concomitada por mi y los que estaban conmi-
go, pero que estaba por formar parte del colectivo y por ser una buena amiga mîa, Si-
guiô su verba con un plateamiento tan patêtico que tuve que bajar la cabeza, una cala-
ña de compasiôn que no pudiera ser indefectible cuando escucho palabras conmove-
doras, angustiosas, etc.., empero que aun asî eran la base menester para el favor que
pedirîame, porque no pretenderîa ella que sin una forma funcional causante de sensi-
bilidad quede garante el decir que sî; y, allende de esto, queda otra cuestiôn que tam-
biên influye previo a la pronunciaciôn de este decir: la de que la primera/ûltima vez
que me vio fue en la fiesta de cumpleaños de Esmeralda, lo que traduce que ni tan
quiera conôceme lo suficiente como para venir a mi apartamento, amên que sin una
llamada para anunciar su visita, que de facto el general sabe mi nûmero de telêfono.
Terminado este anâlisis levanto la testa y llega Aspasia con la taza de cafê, e inme-
diatamente môjase los labios Juliana y seguido dîceme:
--Kosmos, el favor que te pido es el siguiente: que hables con Juliette y le digas que
llame, ya que a lo mejor tû pudieras convencerla de romper con su negaciôn de no
quererme hablar, de no tener contacto conmigo.
--Juliana, eso lo podrîa intentar, mas no garantîzole que ella ceda a lo que usted pi-
de solamente por ser una buena amiga mîa.
--Juliana, a mî me parece, y disculpe que me meta, ademâs de que Juliette es mejor
amiga mîa que de kosmos, que serîa mejor una conversaciôn entre nosotras.
---Verdad que tû harîas eso, Aspasia, verdad? Oh, te lo agradecerîa eternamente.
---Gracias por tal agradecimiento, Juliana, gracias! Y quede tranquila, que me ocu-
parê de eso. Y, kosmos, por quê no me dijiste lo del cafê La ilusiôn?
---Porque primero discutimos; segundo, porque cuasi que te acabas de vengar utili-
zando un mêtodo sadomasoquista y, entonces...
---Deja, Kosmos, deja de decir lo que pasa entre nosotros.
---Mas tû me preguntaste, no?
---Cierto que te preguntê, pero pensê que responderîas no tan inteligiblemente.
---Pues pensaste mal, porque de facto cuando te respondo asî me dices que no quie-
res tener fastidio de testa.
---Kosmos, Aspasia, siento estar oyendo lo que de ustedes el algo întimo, asî que es
mejor que me vaya, que no deseo estar en medio de una conversaciôn como la que
ustedes tienen. Gracias por el cafê, Aspasia, y por lo que vas a hacer, y êste es mi nû-
mero de telêfono.
---Perfecto, Juliana. La llamarê para informarle sobre el resultado de la conversaciôn
con su hija.
---Espero tu llamada, Aspasia. Y bueno, le deseo a las dos un bonito dîa, y un placer
conocerlos.
---Juliana, un saludo para el general.
---Le digo, Kosmos, le digo.
---Juliana, tambiên un placer para mî.
---Gracias, Aspasia, gracias!!
Por estar el dîa lluvioso es que dîceme Aspasia que en vez de ir a tocar el chelo a
la catedral barroca llamarîa a Juliette para encontrarse con ella, en el caso, claro estâ,
de que pudiera o quisiera, de que no tuviera nada que hacer, lo que pareciôme a mî el
mejor solvento contra el posible tedio que tendrîa de quedarse sin hacer nada, allende
de convenirme por este porquê: porque lenificarîa la fuerza del algûn pensamiento de
îndole negativo, ya que respirar aire fresco es un efectivo antîdoto que quitale vigoro-
sidad a la actuaciôn del agente con su rol apabullante.
En lo que ella emperifollâbase, mas ora no frente al espejo de la sala sino en el del
cuarto, yo sentême a leer en mi estudio una monografîa sobre el autor de este libro y
titulado asî: Julliette o las prosperidades del vicio, no teniendo nada que ver esta Julie-
tte con la amiga de Aspasia. Como saben muy bien/de sobra los que han leîdo a este
autor oriundo de Francia, su capacidad/ingenio/talento para demostrar abiertamente la
variedad de formas con las que tanto fêminas y mâsculos pudieran sentirse satisfechos/
conformes/felices queda sin parangôn con el mundo antiguo mayestâtico, en las cortes
donde la concupiscencia estaba al por mayor, al tolete hasta llegar al desperdicio