Dienstag, 23. September 2025

172

     (un dîa despuês)

     Marcaban las agujas del reloj las nueve y cuarto de la mañana. El tiempo estaba llu-

vioso y la temperatura lo bastamente fresca, razôn por la cual sentême en el balcôn pa-

ra ingerir mi ligero desayuno: dos humeantes tostadas, mantequilla y una taza mediana

de cafê con leche con la marca Winterling y con un ampo como el de la caricia blanca.

A travês  del cristal de la puerta del balcôn reflejâbase Aspasia peinândose frente al es-

pejo de la sala, empero como acababa de salir de la ducha su cuerpo estaba a toda flor.

No  quedôme  duda de que esta vez no llevaba puesta su bata de casa transparente con 

la intenciôn de hacerme una invitaciôn carnal, sino mâs bien que estaba exenta de ella

con  el objetivo  de hacerme sufrir, una  forma sadomasoquista  de vengarse debido a 

una  profunda discusiôn que tuvimos, lo que traduce que ella estaba recordando [tenîa 

vivito/ta en mente] el  conflicto/la colisiôn  verbal ya no para volver a vivir sino para 

acarrerme  dolor, por  lo que  en vez de decirla como siempre dîgola esta declaraciôn 

mîa: mâs  vale que  te ignoren/desprecien  a que  te  recuerden y te causen problemas, 

habrîa que ligeramente transformarla y pronunciarla asî: mâs vale recordar/ dar dolor 

que ignorar/despreciar. Y punto a la raya y que continûe la letra? No! Impepinable que

negativo. Por quê? Porque  entonces darîale el gusto que ella  querîa al saber el efecto

de su venganza  de jaez sadomasoquista. Claramente que no quedôme descartado que

con  este NO no serîa imposible otra de las suyas  maneras de desviaciôn...., mas tam-

biên que serîa posible que por mi negaciôn [a seguir con la verba despuês del punto a

la raya] sintiêrase ignorada/despreciada, motivo mâs que basto para que por dos o tres

dîas diêrase  importancia. Cuando terminê de desayunar ella ya no estaba frente al es-

pejo, y en lo que llevaba la taza a la cocina suena el timbre de la puerta. Al abrir êsta

quedême sorprendido debido a la criatura que veîan mis ôculos: Juliana, la progenito-

ra de Juliette y la actual novia del general, y la que despûes de saludarme dîceme:

---Kosmos, ya sê que jamâs esperarîas mi visita, pero si estoy aquî es para pedirte un

favor.

---Mas pîdole que antes de pedîrmelo pase usted y acomôdose en el sofâ.

---Gracias, kosmos, gracias!!

        Sin dilaciôn aparece Aspasia, y al verla Juliana dîcele unas palabras en honor a

su belleza, empero como sê que mâs debîase la presencia de Aspasia por el hecho de

saber quiên era esta mujerona, menos que por el orgullo que pudiera sentir por tales

palabras salidas de la boca de una mujer madura, encârgome yo de la tempestiva pre-

sentaciôn.

---Aspasia, ella es Juliana, la novia del general y progenitora de Juliette.

---Encantada, Juliana, un gusto conocerla, pero en serio que la madre de mi amiga

Juliette?

---Sî, Aspasia, sî, soy la madre de tu amiga, pero como la vida tiene sus cosas desde

hace veintitrês años no nos vemos.

---Lamentable que la vida tenga sus cosas, y ahora entiendo el porquê de que Julie-

tte, ni aun cuando estudiamos juntas, jamâs me dijo nada respecto a usted. Y dîgame:

le puedo brindar algo?

---Una taza de cafê, Aspasia, y sin azûcar.

       Y en lo que Aspasia fue en busca de la susodicha taza, Juliana revêlame que su-

po mi direcciôn por el general, y que estê se la dio por saber que Juliette estaba en el

cafê La ilusiôn veinticuatro horas antes concomitada por mi y los que estaban conmi-

go, pero que estaba por formar parte del colectivo y por ser una buena amiga mîa, Si-

guiô su verba con un plateamiento tan patêtico que tuve que bajar la cabeza, una cala-

ña de compasiôn que no pudiera ser indefectible cuando escucho palabras conmove-

doras, angustiosas, etc.., empero  que aun asî eran la base menester para el favor que

pedirîame, porque no pretenderîa ella que sin una forma funcional causante de sensi-

bilidad quede garante el decir que sî; y, allende de esto, queda otra cuestiôn que tam-

biên influye previo a la pronunciaciôn de este decir: la de que la primera/ûltima vez

que  me vio fue en la  fiesta de  cumpleaños de Esmeralda, lo que traduce que ni tan 

quiera conôceme lo suficiente como para venir a mi apartamento, amên que sin una

llamada para anunciar su visita, que de facto el general sabe mi nûmero de telêfono.

Terminado  este  anâlisis levanto la testa y llega Aspasia con la taza de cafê, e inme-

diatamente môjase los labios Juliana y seguido dîceme:

--Kosmos, el favor que te pido es el siguiente: que hables con Juliette y le digas que

llame, ya que a lo mejor tû pudieras convencerla de romper con su negaciôn de no

quererme hablar, de no tener contacto conmigo.

--Juliana, eso lo podrîa intentar, mas no garantîzole que ella ceda a lo que usted pi-

de solamente por ser una buena amiga mîa.

--Juliana, a mî me parece, y disculpe que me meta, ademâs de que Juliette es mejor

amiga mîa que de kosmos, que serîa mejor una conversaciôn entre nosotras.

---Verdad que tû harîas eso, Aspasia, verdad? Oh, te lo agradecerîa eternamente.

---Gracias por tal agradecimiento, Juliana, gracias! Y quede tranquila, que me ocu-

parê de eso. Y, kosmos, por quê no me dijiste lo del cafê La ilusiôn?

---Porque primero discutimos; segundo, porque cuasi que te acabas de vengar utili-

zando un mêtodo sadomasoquista y, entonces...

---Deja, Kosmos, deja de decir lo que pasa entre nosotros.

---Mas tû me preguntaste, no?

---Cierto que te preguntê, pero pensê que responderîas no tan inteligiblemente.

---Pues pensaste mal, porque de facto cuando te respondo asî me dices que no quie-

res tener fastidio de testa.

---Kosmos, Aspasia, siento estar oyendo lo que de ustedes el algo întimo, asî que es

mejor que me vaya, que no deseo estar en medio de una conversaciôn como la que

ustedes tienen. Gracias por el cafê, Aspasia, y por lo que vas a hacer, y êste es mi nû-

mero de telêfono.

---Perfecto, Juliana. La llamarê para informarle sobre el resultado de la conversaciôn

con su hija.

---Espero tu llamada, Aspasia. Y bueno, le deseo a las dos un bonito dîa, y un placer

conocerlos.

---Juliana, un saludo para el general.

---Le digo, Kosmos, le digo.

---Juliana, tambiên un placer para mî.

---Gracias, Aspasia, gracias!!

       Por estar el dîa lluvioso es que dîceme Aspasia que en vez de ir a tocar el chelo a

la catedral barroca llamarîa a Juliette para encontrarse con ella, en el caso, claro estâ,

de que pudiera o quisiera, de que no tuviera nada que hacer, lo que pareciôme a mî el

mejor solvento contra el posible tedio que tendrîa de quedarse sin hacer nada, allende

de convenirme por este porquê: porque lenificarîa la fuerza del algûn pensamiento de

îndole negativo, ya que respirar aire fresco es un efectivo antîdoto que quitale vigoro-

sidad  a la actuaciôn  del agente con su rol apabullante. 

     En lo que ella emperifollâbase, mas ora no frente al espejo de la sala sino en el del

cuarto, yo sentême a leer en mi estudio una monografîa sobre el autor de este libro y

titulado asî: Julliette o las prosperidades del vicio, no teniendo nada que ver esta Julie-

tte  con la amiga de  Aspasia. Como saben muy bien/de sobra  los que han leîdo a este

autor oriundo de Francia, su capacidad/ingenio/talento para demostrar abiertamente la

variedad de formas con las que tanto fêminas y mâsculos pudieran sentirse satisfechos/

conformes/felices queda sin parangôn con el mundo antiguo mayestâtico, en las cortes

donde la concupiscencia estaba al por mayor, al tolete hasta llegar al desperdicio










 



 

























  




 




 













  










     






 



   


  

       

        

Montag, 15. September 2025

171

      Y vaya sorpresa para Cratino y para mî, que no para Rosamunda por desconocerlos, 

que cuando llegamos al cafê La Ilusiôn estaban Caspar, Esmeralda y Juliette, razôn por

la  cual Emilio nos preguntô si deseâbamos sentarnos en la misma mesa que êstos o en 

la de al lado, empero como las mesas de este cafê no son tan grandes le respondî que ni

una  cosa ni la otra, sino  que mejor serîa unir las dos mesas; en el caso, claro estâ, que

no estuviese vedado, o solamente permitido si una criatura reserva una parte del cafê o

para un cumpleaños o por otro motivo significativo, siendo entonces que dîceme êl:

--No, Kosmos, no, no estâ vedado, asî que te ayudo con el trabajo de quitar de un lugar

la mesa para ponerla en otro.

    Cumplido este trabajo Emilio pregûntanos cômo querîamos el cafê, si sencillo o do-

ble u otra cantidad, mas como Rosamunda tenîa un termo en su mochila preguntôle si

era posible llenarlo , porque asî cada cual se servirîa a su gusto y en su momento.

---Rosamunda, êste es un pedido especial hasta ahora nunca escuchado, pero si es el

que prefieres dame el termo acâ.

---Ah, no se te olvidô mi nombre.

---Cômo olvidarlo, Rosamunda, si para evitar la facilidad que actualmente es posible

en  este mundo digitalizado me aprendo los pedidos  de memoria, y diariamente son 

unos cuantos.

---Verdad, Emilio? Increîble!! Mira, agarra el termo y con cuidado, que me costô ca-

rîsimo.

---De acuerdo! Regreso lo mâs pronto que pueda.

      A continuaciôn, yo presêntole a Rosamunda a Caspar, Esmeralda y Juliette, y se-

guido Cratino pregûntale a Juliette por quê no dejôle saber que vendrîa al cafê, cual

respuesta no fue otra que êsta:

---Cratino, porque  Esmeralda me llamô y me pidiô que la acompañara, pero sin de-

cirme que venîa con Caspar.

---Eso es verdad, Esmeralda?

---Claro que sî, Cratino, asî es.

---Y por quê no le dijiste que venîas con Caspar.

---Cratino, porque le dije a Esmeralda que no estaba seguro de si podîa venir o no, y

por una cuestiôn de trabajo en el restaurante de las langostas, una cuestiôn de turno.

---Asî que le pregunto a Esmeralda y me respondes tû, Caspar?

---Y quê, Cratino, si en realidad la respuesta es la misma? No puede ser otra, porque

no existe.

---Cratino, te encanta la provocaciôn, como a Kosmos.

---Câspita!! Juliette, yo no tengo vela en este entierro, asî que no me llames.

---Kosmos, no te he llamado, sôlo dije tu nombre.

---Juliette, si le sigues la corriente a Kosmos, sî que vas a quedar sepultada.

---Gracias por el aviso, Cratino! 

---Amigos mîos, paz y tranquilidad, que este decir para que te digan y que te digan 

para decir es escandaloso, hace bulla.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, Caspar!

---Por quê lo dices, Kosmos?

---Porque no pega con un camarero esta verba, porque de facto por su oficio labora 

donde hay muchitanta gente hablando, y esta uniôn de varias lenguas es acaso en-

gendrante de mutismo?

---Sî Kosmos, estâ bien, tienes razôn, pero es otro tipo de hablar, totalmente diferen-

te/distinto/desigual.

---Mira, Rosamunda, aquî estâ el termo, y traje tres tazas.

---Gracias, Emilio, gracias!

---Câspita!! La misma marca de las tazas que tengo yo: Winterling!

---Bueno, kosmos, es la ûnica marca que existe en esta ciudad, que se estâ disponi-

ble, al alcance de los que desean comprarla.

---Êsa es la res, Emilio.

       Despuês de servirnos el cafê, y debido a su embarazo, felicito a Juliette, felici-

taciôn como tal que dejôla frîa de pies a testa, y motivo de que mirârame y dijêrame:

---Kosmos, y desde cuândo te gustan los niños, porque como me ha dicho Cratino ni

tû ni Aspasia quieren ser progenitores?

---Juliette, lo que te dijo acâ, mi buen amigo, no es mentira, pero una cosa es la que

acabas de decir; otra, que no merezca una felicitaciôn quien desea ser o madre o pa-

dre.

---Ah, entonces si es por eso muchas gracias.

     Impactante que la felicitaciôn de Caspar, Esmeralda y Rosamunda haya salido a 

puesto, a colocaciôn como si  hubiêrase contado del uno al tres, o sea, que saliô de 

la  boca de ellos a la  misma vez, o como si  estuvieran preparados para decirla los  

tres juntos, por lo  que yo pensê que este  coincidir tenîa que ser el resultado de un

proceso que en el mutismo desarrôllase sin hacerse notar, o dicho de otra manera,

sin ocasionar algûn tipo de padecer por el cual una criatura sienta algo raro/inusual/

inefable y, por lo mismo, tenga que reaccionar.

---Kosmos, pudiera apostar una cierta y determinada sûmula de peculio a que tû es-

tâs pensando en algo.

---Cratino, no hace falta la apuesta, ya que sî, pensaba, mas por una cuestiôn de sen-

satez no lo revelo, no dêjolo saber.

---Kosmos, cômo por sensatez, si todos nosotros somos tus amigos?

---Yo sê lo que digo, Esmeralda, crêeme.

---Cômo no saber que tus pensamientos son complejos, pero nosotros no te formarîa-

mos problema, que tampoco calificarîamos tu decir de forma peyorativa.

---Quêdame claro que no, mas aun asî câllome la boca.

---Kosmos, que aquî no hay moscas.

---Juliette, muy jocoso de tu parte, y por lo que te aplaudo, te diplomo y pongo co-

rona.

---Ah sî? Me parece que exageras, pero por quê?

---Porque (inconscientemente) estâs participando en un lûdico que conocemos muy

bien Cratino y yo.

---Los dos jugadores incesantes!!

---Lûdico? De cuâl se trata, kosmos?

---Rosamunda, de uno que empezô en mi novelôn y despuês de êste continûa.

---Y cuândo se acaba?

---La respuesta es imposible. Por quê? Porque no la sê. 

---Sabes, y algunas veces, Aristarco me responde lo mismo cuando le hago pregun-

tas respecto a su enfermedad: la tuberculosis.

---Conocemos su enfermedad, Rosamunda. Y dime, cômo estâ êl?, que no lo vemos

desde el dîa en la cola del cine.

---Bueno, en realidad algunas veces es muy amoroso, pero cuando tiene sus moles-

tias se acuesta a dormir, lo que me parece ilôgico.

---Y por quê parêcete asî?

---Porque que pueda dormir con molestias....

---Mas Rosamunda, êl te ha dicho si las molestias son insoportables/inaguantables?

---Nunca lo sê, pero con una enfermedad como êsa no deberîan ser asî?

---No creo que asî sean, porque quiên puede dormir con las susodichas molestias, a

no ser que tome algûn tipo de medicamento.

---No sê si lo toma o no.











 






 










 



 













 






 


 

Dienstag, 9. September 2025

170

      Llamôme la atenciôn la escolopendra, ônoma de diversos miriâpodos de los quilô-

podos  con dos patas en cada uno de los  veinticinco anillos (o segmentos) que tiene,

que  descendîa con destacada  pachorra por la base de la escultura de el pensador ( le

Penseur), por lo que diome la  impresiôn de que mientras mâs dilacionârase en llegar

al piso mejor para ella. [Imagînome el semblante que hubiera puesto Auguste Rodin

al ser testigo visual de lo mismo que estoy siendo yo]. Al acercarme un poco a la es-

cultura, y con el propôsito de ver de mâs cerca un movimiento que muy difîcilmente

encuêntrasele parangôn, la escolopendra detûvose como si quisiera que la contempla-

ra, momento de  yo pensar que entra ella y yo, y de alguna manera crîptica, era posi-

ble  una atingencia. Sin dilaciôn  pregûntame Cratino que era lo que estaba mirando,

mas al responderle de quê trâtabase dîjome que êl asimismo querîa verla, porque no

hacîa  mucho habîa leîdo una monografîa detallada y extensa hecha sobre esta diver-

sidad de miriâpodos. Como Rosamunda no estaba interesada en ver la escalopendra,

por  un motivo somero que no necesitaba refutaciôn, dîjole breve e inteligiblemente 

a Cratino que ella no acercâbase a la escultura, y que nos tomâramos todo el tiempo

menester en la observaciôn, quedando convencida de que no tendrîa tedio, porque al

volver a mirar el ônix, el que Cratino devolviôle despuês de clarar que fue ella quien

lo  puso en la tumba por haber pertenecido a su difunta progenitora Simaeta, aclara-

miento sacado a puesto, a  colocaciôn despuês de encontrarse con nosotros en el ce-

menterio del Cerâmico, ocasiôn que tambiên dîjonos que en realidad jamâs tuvo un

resfriado, mas que recurriô a la mentira, la que escuchô Sofîa sin detectarla, porque

querîa  cogerse el dîa libre y tener tiempo para ir al cementerio por el dîa de falleci-

miento de su madre, el aburrimiento no serîa posible, no pudiera aparecer, no serîa

el porquê de una actitud pesimista que apercolla por infundir un sentimiento de ne-

gativo jaez.

      Interesante que no mucho despuês de que Cratino observara la escalopendra, y 

tan cerca como yo, êsta dejara su estado estâtico y continuara el descenso por la ba-

se de la escultura, lo que prueba que no estuve equivocado al decir que entre ella y

yo era posible una atingencia de una manera crîptica. Quince minutos fue el tiempo

menester para que la escalopendra llegara al piso, siendo entonces que dîceme Cra-

tino  que dentro de esta diversidad de miriâpodos existen algunos ejemplares carac-

terizados  por la captaciôn râpida de energîa de quien los mira, lo que dilucida que

mâs  bien era por  esto, que no  por prueba de nada, que la escalopendra detuvo su  

paso, dejô de  avanzar hacia abajo cuando yo de ella estuve cerca. Como no estaba

con  ganas de entrar en liza verbal con êl no refutê/descartê su decir, y para que no

diêrase  cuenta de que no  empellonâbame una jovialidad interior como para entrar

en diâlogo, en la discursiva juguetona, le di mâs de un golpecito en el hombro dere-

cho. A continuaciôn  nos quedamos mirando cômo penetraba en un  herbazal la es-

calopendra, empero  segûn Cratino, y por haber leîdo la susodicha monografîa, re-

sultâbale extraño que se metiera en un lugar con hierba, porque en êsta pudiera em-

brollarse al enredarse con ella. 









       













  





 


Freitag, 5. September 2025

169

      No extrâñame que el ônix que vieron mis ôculos estuviera en la parte derecha de la

tumba de Simaeta, porque por conceptualidad la derecha es mâs beneficiosa que la iz-

quierda, mas lo es (concreta/especîficamente) en este sentido: en el de permitir el des-

plazamiento y desarrollo  de las entidades del segundo sistema. Allende de esta verba,

 y sacado de una enciclopedia que hace años leî, mas que siempre la tengo encima de

la mesa de mi estudio por si quiero consultar [en el instante que un didâscalos--el que

ademâs de fascinarme desde el primer momento en que leî su libro capital es un para-

digma cupular de la justicia metafôrica---nombrô eternidad] lo que me interesa sin te-

ner que levantarme de la silla, porque en lo atinente a dudas y necesidad apremiantes 

de  informaciôn separar el tafanario de donde uno estâ sentado, y con el têlos de ir al

librero, significa  para mî  bastante porque  el movimiento pudiera ser la causa de un 

detrimento de la cosa en-sî,  esta diversidad de âgata (cuarzo duro), la que de facto no

tiene  parangôn con la  onomada heliotropo o jaspe sanguino [y muy utilizada por los

comandos de una localidad oriental como talismân], es la elegida para el esplendor de 

la infinita ciudad de arriba, y de la que no desciende el hombre por descender del pri-

mate.

---Cratino, y ti te conviene quedarte con este mineral.

---Ah sî? Y por quê, Kosmos?

---Porque tu voluntad es endeble.

---Y quê tiene que ver mi voluntad con este mineral?

---Cratino, este mineral proporciona sueños que sustentan el desarrollo y la fortifica-

ciôn de la voluntad.

---No me digas, verdad? Entonces me lo llevo. Pero dime, que tû sabes mâs de estas

cosas: lo puedo dejar caer en el bolsillo derecho sin cubrirlo con algo?

---No creo que sea relevante, mas si quieres tâpalo con el papel que tienen las flores.

---Las que pusiste en la parte derecha de la tumba.

---Êsa es la res, Cratino.

        Al salir del cementerio nos encontramos con Rosamunda, la que ademâs de de-

cirnos que el ramo de flores que traîa era para su difunta progenitora nos deja saber

que venîa a recoger el ônix que habîa puesto en la tumba de êsta. A raîz de escuchar

esto  Cratino y yo nos miramos sin eyectar en el semblante calaña de asombro, mas

antes  de que supiera  Rosamunda que nosotros nos apoderamos del mineral hâgole

esta pregunta:

---Rosamunda, ya estâs mejor?

---Kosmos, en realidad nunca estuve enferma, y si dije lo del resfriado fue para co-

germe el dîa libre y tener tiempo suficiente para venir al cementerio, que hoy es el

dîa del fallecimiento de mi madre. Ya me llamô Sofîa para decirme que devolviste

el florero.

---No hace muchitanto, cuestiôn de una hora mâs o menos, aproximadamente. 

---Y quê tal la comida con los padres de tu novia?

---Câspita!! Que no fue posible porque la madre de Aspasia no sentîase bien.

---Verdad? Quê lâstima! Pero bueno, cosas que pueden pasar. Y tû, Cratino, quê tal?

---Rosamunda, que dentro de unos meses serê padre.

---Muy bien, felicidades!

---Gracias, Rosamunda, gracias!!

---Y cuâl de ustedes dos tiene un familiar enterrado aquî?

---Rosamunda, los progenitores de nosotros estân sepultados aquî, mas no vinimos

por esta razôn, sino por otra.

---Por cuâl, kosmos, por cuâl? Algûn amigo, conocido, etc?

---Rosamunda por tu progenitora, para ponerle flores a ella.

---Me has dejado impresionada, kosmos, y gracias de corazôn por haberte acordado

del dîa que feneciô.

---De nada, Rosamunda, de nada, que tû sabes, y por lo que hablamos, cômo conocî

a tu madre y las palabras que dîjome en la plaza de la catedral barroca.

---Es cierto, kosmos, lo sê, cômo olvidarlo.

---Mas Rosamunda, tengo que decirte algo, tal vez deplorable, pero que sucediô sin

saber nosotros nada al respecto.

---Ah sî? Y quê es?

---El mineral, el ônix.

---No entiendo, kosmos, quê pasa con êl?

---Que Cratino lo tiene metido en el bolsillo. Rosamunda, quiên iba a pensar que te

pertenecîa a tî? 

---Kosmos, pero tû, una criatura con conocimiento, bien que sabes que aunque no se

sepa nada lo que estâ en la tumba de cualquier fallecido no se debe coger.

---Tienes toda la razôn, y mi disculpa es doble. A ver, Cratino, devuêlvele el ônix.

---Aquî lo tienes, Rosamunda.

---Envuelto en un papel y todo. Pero espera, que este papel es de la casa de flores 

donde trabajo.

---Êsa es la res!! Las flores las comprê allî.

        Sin demora Rosamunda coge el ônix y lo guarda sin quitarle el papel en su mo-

chila, y con el objetivo de yo saber estas dos cosas:  de dônde lo habîa sacado y si te-

nîa alguna informaciôn de este mineral, hâgole las dos tempestivas/necesarias/impro-

rrogables preguntas, respôdiendo  la primera que  pertenecîa a su progenitora, la que 

lo  tuvo muchitanto  tiempo como decoraciôn junto a otras piedras hermosas/conoci-

das; la  segunda, que  estaba completamente ajena al dato ya que su madre jamâs de-

jôselo  saber. Tras  escuchar esta ûltima respuesta, y para que ella supiera lo mismiti-

co que yo, barrûntole al respecto, quedândose maravillada con mi verba y, cuasi por

êsta, con  ganas de dar un grito. Seguido entêrome que tenîa, con una ligera diferen-

cia, el mismo problemilla de voluntad endeble que Cratino, motivo por el que cuan-

do  llegue a su casa, y  en vez de ponerlo donde estaba, pondrîa el ônix en la mesita

de  noche de su cuarto, y de esta manera  estarîa mâs cercano lo que el mineral pro-

porciona y que repito: sueños que sustentan el desarrollo y la fortificaciôn de la vo-

luntad.

---Quê si no, Kosmos: la repeticiôn?

---Kosmos, de quê habla Cratino?

---Rosamunda, de la repeticiôn, lo acaba de decir, no?

---Sî, ya sê!, no estoy sorda, pero por quê quê si no que ella?

---Porque êl sabe que la repeticiôn siempre estâ presente tanto en mis discursos co-

mo en el texto novelado, allende de ser un mêtodo que impacienta a cualquiera que

no  quiera que se le  impregne algo en la mente que no es de su propiedad, que asi-

mismo una forma diamantina de que mantengan su vigencia (o mantênganse vigen-

tes las dadorîas destacadas de) una sûmula de cosas con valor fundamental e impres-

cindibles. 

---Acabo de entender, entendî! Y kosmos, quê hacen ustedes ahora?

---Nosotros carecemos de plan alguno, Rosamunda, somos andantes con soltura.

---Andantes con soltura? Bueno, igual, tû sabes lo que dices.

---Êsa es la res! Cuâl es el motivo de la pregunta?

---Es que tuve la idea de invitarlos a tomar un cafê en el cafê La ilusiôn, donde tû y

yo nos tomamos uno hace tres dîas, cuando te prestê el florero y estabas con el ra-

mo de flores.

---Y el dîa que conocimos a Emilio, el que pensô que tu eras mi novia.

---Verdad que pensô eso? Y por quê? Te creyô romântico por las flores, o quê?

---Por esta cuerda anda la melodîa! Esto dîjomelo despuês que tû te fuiste, pero le

clarê que no era como pensaba.

---Hiciste bien, lo correcto.

---Cratino, sabes de quiên es amigo Emilio?

---Kosmos, espero tu respuesta.

---De Caspar! Lo conoce porque estudiaron juntos en la escuela de gastronomîa.

---Entonces quê, un amigo mâs?

---Ya veremos con el tiempo, con lo que estâ por-venir.

---Y quê me dicen, aceptan o no mi invitaciôn?

---De mi parte no hay oponencia, Rosamunda.

---De la mîa tampoco que no!

---De la tuya tampoco que no? No suena raro, kosmos, o es que es una repeticiôn de

la no negaciôn?

---Aplausos, Rosamunda, a-plau-sos!! 

---Pero una cosa: cojamos por la sombra yendo.

---Ustedes dos hacen buena pareja expresiva; dicen cosas fuera de lo comûn. Y Crati-

no, no te gusta el sol?

---Rosamunda, con lo que acabo de decir tû crees que sî?

---No! 

---Y si lo crees por quê preguntas?

---Cojamos por la sombra yendo!

---Ah, a ti tampoco, Kosmos?

---Êsa es la res, Rosamunda! Apolo sôlo en un sentido me gusta: en el mîtico-filosô-

fico.







 



















 

















 










 



















  




 




Donnerstag, 4. September 2025

169

     El ônix que saliô a relucir (o que descollô frente a mis ôculos como un âgata que

proporciona  sueños que sustentan  el desarrollo y la fortificaciôn de la voluntad), y

despuês de poner las flores en la parte derecha de la tumba de Simaeta, despertôme

el pensamiento en los comandos del oriente que lo utilizan como talismân---aunque

dîgase que al llevarlo es garante de la invisibilidad (o de un pasar desapercibido) no

creo  que por esto sacrifîquense ciertos valores y desafîense a los portadores del he-

liotropo o jaspe sanguino, una variedad de este mismo mineral que hace visible has-

ta a los fantasmas---, empero que como amuleto ni aleja las energîas dispersas  que 

acarrean  los onîricos  atormentados  ni tampoco funciona como el mineral elegido 

para el esplendor de la ciudad celestial.

       Cratino, con toda su razôn y su independencia de conceptos, lo que no traduce

que de vez en cuando, alguna que otra vez los conceptos mîos resûltenles imprescin-

dibles, remitiôse  a la posible  bifurcaciôn que produce el ônix en el caso de ser me-

tido (o guardado) en una caja de cristal a la que siempre llêganle/caliêntanla los ra-

yos  apolîneos. A continuaciôn de esta verba amplificô algo interesante: que no ha-

cîa mucho Juliette preguntôle dônde podîa comprar un ônix, pregunta que no pudo

responderle por desconocer/no saber/ignorar dônde encontralo.

---Cratino, pero de preguntârmelo a mî tampoco tendrîa respuesta. Mas amigo mîo,

y tû asimismo lo sabes como yo, igual que lo que se busca se encuentra, tambiên se

encuentra lo que se pregunta, aun no siendo tu pregunta.

---Entonces quê, me puedo quedar con el ônix?

---Êsa es la res, Cratino! Quêdate con êl.

---Pero necesito algo para envolverlo.

---Siempre hay un solvento hasta para lo inesperado, para lo que sucede acopas.

---Y cuâl es êse?

---El papel que protege a las flores que pûsele a Simaeta.

---Verdad que sî, aun no siendo las flores un regalo. Pero Kosmos, las protege de quê?

---De la vigorosidad del viento y del acoso del polvo.

---Kosmos, y dônde mejor meto el ônix, en el derecho o en el izquierdo bolsillo?

---En el derecho, Cratino, en el derecho. Mas Cratino, tû sabîas lo que te iba a respon-

der?

---Por eso mismo te lo preguntê, y con la intenciôn de volver a escuchar una frase re-

petida tuya: lo que se sabe no se pregunta.

---Câspita!! Y cuâl es el porquê de volverla a escuchar?

---Porque seguimos en el juego, jugando.

---Mirîfico, Cratico, mi-rî-fi-co!!

---Bueno, y quê hacemos ahora?

---Caminar, ir por las calles sin un rumbo fijo, lo que es lo mismo a decir no negar la

soltura.

---Hagâmoslo, Kosmos, hagâmoslo!!

---Lo que serîa con otra verba esto: Age en plural, age!

---Quê si no que uno de tus conspicuos epîmones?

---Cômo, entonces, pudiera faltar?

---Dicho de otra forma: es indefectible.

---Asî es, Cratino, sin duda o sin sospecha.




















 

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...