No extrâñame que el ônix que vieron mis ôculos estuviera en la parte derecha de la
tumba de Simaeta, porque por conceptualidad la derecha es mâs beneficiosa que la iz-
quierda, mas lo es (concreta/especîficamente) en este sentido: en el de permitir el des-
plazamiento y desarrollo de las entidades del segundo sistema. Allende de esta verba,
y sacado de una enciclopedia que hace años leî, mas que siempre la tengo encima de
la mesa de mi estudio por si quiero consultar [en el instante que un didâscalos--el que
ademâs de fascinarme desde el primer momento en que leî su libro capital es un para-
digma cupular de la justicia metafôrica---nombrô eternidad] lo que me interesa sin te-
ner que levantarme de la silla, porque en lo atinente a dudas y necesidad apremiantes
de informaciôn separar el tafanario de donde uno estâ sentado, y con el têlos de ir al
librero, significa para mî bastante porque el movimiento pudiera ser la causa de un
detrimento de la cosa en-sî, esta diversidad de âgata (cuarzo duro), la que de facto no
tiene parangôn con la onomada heliotropo o jaspe sanguino [y muy utilizada por los
comandos de una localidad oriental como talismân], es la elegida para el esplendor de
la infinita ciudad de arriba, y de la que no desciende el hombre por descender del pri-
mate.
---Cratino, y ti te conviene quedarte con este mineral.
---Ah sî? Y por quê, Kosmos?
---Porque tu voluntad es endeble.
---Y quê tiene que ver mi voluntad con este mineral?
---Cratino, este mineral proporciona sueños que sustentan el desarrollo y la fortifica-
ciôn de la voluntad.
---No me digas, verdad? Entonces me lo llevo. Pero dime, que tû sabes mâs de estas
cosas: lo puedo dejar caer en el bolsillo derecho sin cubrirlo con algo?
---No creo que sea relevante, mas si quieres tâpalo con el papel que tienen las flores.
---Las que pusiste en la parte derecha de la tumba.
---Êsa es la res, Cratino.
Al salir del cementerio nos encontramos con Rosamunda, la que ademâs de de-
cirnos que el ramo de flores que traîa era para su difunta progenitora nos deja saber
que venîa a recoger el ônix que habîa puesto en la tumba de êsta. A raîz de escuchar
esto Cratino y yo nos miramos sin eyectar en el semblante calaña de asombro, mas
antes de que supiera Rosamunda que nosotros nos apoderamos del mineral hâgole
esta pregunta:
---Rosamunda, ya estâs mejor?
---Kosmos, en realidad nunca estuve enferma, y si dije lo del resfriado fue para co-
germe el dîa libre y tener tiempo suficiente para venir al cementerio, que hoy es el
dîa del fallecimiento de mi madre. Ya me llamô Sofîa para decirme que devolviste
el florero.
---No hace muchitanto, cuestiôn de una hora mâs o menos, aproximadamente.
---Y quê tal la comida con los padres de tu novia?
---Câspita!! Que no fue posible porque la madre de Aspasia no sentîase bien.
---Verdad? Quê lâstima! Pero bueno, cosas que pueden pasar. Y tû, Cratino, quê tal?
---Rosamunda, que dentro de unos meses serê padre.
---Muy bien, felicidades!
---Gracias, Rosamunda, gracias!!
---Y cuâl de ustedes dos tiene un familiar enterrado aquî?
---Rosamunda, los progenitores de nosotros estân sepultados aquî, mas no vinimos
por esta razôn, sino por otra.
---Por cuâl, kosmos, por cuâl? Algûn amigo, conocido, etc?
---Rosamunda por tu progenitora, para ponerle flores a ella.
---Me has dejado impresionada, kosmos, y gracias de corazôn por haberte acordado
del dîa que feneciô.
---De nada, Rosamunda, de nada, que tû sabes, y por lo que hablamos, cômo conocî
a tu madre y las palabras que dîjome en la plaza de la catedral barroca.
---Es cierto, kosmos, lo sê, cômo olvidarlo.
---Mas Rosamunda, tengo que decirte algo, tal vez deplorable, pero que sucediô sin
saber nosotros nada al respecto.
---Ah sî? Y quê es?
---El mineral, el ônix.
---No entiendo, kosmos, quê pasa con êl?
---Que Cratino lo tiene metido en el bolsillo. Rosamunda, quiên iba a pensar que te
pertenecîa a tî?
---Kosmos, pero tû, una criatura con conocimiento, bien que sabes que aunque no se
sepa nada lo que estâ en la tumba de cualquier fallecido no se debe coger.
---Tienes toda la razôn, y mi disculpa es doble. A ver, Cratino, devuêlvele el ônix.
---Aquî lo tienes, Rosamunda.
---Envuelto en un papel y todo. Pero espera, que este papel es de la casa de flores
donde trabajo.
---Êsa es la res!! Las flores las comprê allî.
Sin demora Rosamunda coge el ônix y lo guarda sin quitarle el papel en su mo-
chila, y con el objetivo de yo saber estas dos cosas: de dônde lo habîa sacado y si te-
nîa alguna informaciôn de este mineral, hâgole las dos tempestivas/necesarias/impro-
rrogables preguntas, respôdiendo la primera que pertenecîa a su progenitora, la que
lo tuvo muchitanto tiempo como decoraciôn junto a otras piedras hermosas/conoci-
das; la segunda, que estaba completamente ajena al dato ya que su madre jamâs de-
jôselo saber. Tras escuchar esta ûltima respuesta, y para que ella supiera lo mismiti-
co que yo, barrûntole al respecto, quedândose maravillada con mi verba y, cuasi por
êsta, con ganas de dar un grito. Seguido entêrome que tenîa, con una ligera diferen-
cia, el mismo problemilla de voluntad endeble que Cratino, motivo por el que cuan-
do llegue a su casa, y en vez de ponerlo donde estaba, pondrîa el ônix en la mesita
de noche de su cuarto, y de esta manera estarîa mâs cercano lo que el mineral pro-
porciona y que repito: sueños que sustentan el desarrollo y la fortificaciôn de la vo-
luntad.
---Quê si no, Kosmos: la repeticiôn?
---Kosmos, de quê habla Cratino?
---Rosamunda, de la repeticiôn, lo acaba de decir, no?
---Sî, ya sê!, no estoy sorda, pero por quê quê si no que ella?
---Porque êl sabe que la repeticiôn siempre estâ presente tanto en mis discursos co-
mo en el texto novelado, allende de ser un mêtodo que impacienta a cualquiera que
no quiera que se le impregne algo en la mente que no es de su propiedad, que asi-
mismo una forma diamantina de que mantengan su vigencia (o mantênganse vigen-
tes las dadorîas destacadas de) una sûmula de cosas con valor fundamental e impres-
cindibles.
---Acabo de entender, entendî! Y kosmos, quê hacen ustedes ahora?
---Nosotros carecemos de plan alguno, Rosamunda, somos andantes con soltura.
---Andantes con soltura? Bueno, igual, tû sabes lo que dices.
---Êsa es la res! Cuâl es el motivo de la pregunta?
---Es que tuve la idea de invitarlos a tomar un cafê en el cafê La ilusiôn, donde tû y
yo nos tomamos uno hace tres dîas, cuando te prestê el florero y estabas con el ra-
mo de flores.
---Y el dîa que conocimos a Emilio, el que pensô que tu eras mi novia.
---Verdad que pensô eso? Y por quê? Te creyô romântico por las flores, o quê?
---Por esta cuerda anda la melodîa! Esto dîjomelo despuês que tû te fuiste, pero le
clarê que no era como pensaba.
---Hiciste bien, lo correcto.
---Cratino, sabes de quiên es amigo Emilio?
---Kosmos, espero tu respuesta.
---De Caspar! Lo conoce porque estudiaron juntos en la escuela de gastronomîa.
---Entonces quê, un amigo mâs?
---Ya veremos con el tiempo, con lo que estâ por-venir.
---Y quê me dicen, aceptan o no mi invitaciôn?
---De mi parte no hay oponencia, Rosamunda.
---De la mîa tampoco que no!
---De la tuya tampoco que no? No suena raro, kosmos, o es que es una repeticiôn de
la no negaciôn?
---Aplausos, Rosamunda, a-plau-sos!!
---Pero una cosa: cojamos por la sombra yendo.
---Ustedes dos hacen buena pareja expresiva; dicen cosas fuera de lo comûn. Y Crati-
no, no te gusta el sol?
---Rosamunda, con lo que acabo de decir tû crees que sî?
---No!
---Y si lo crees por quê preguntas?
---Cojamos por la sombra yendo!
---Ah, a ti tampoco, Kosmos?
---Êsa es la res, Rosamunda! Apolo sôlo en un sentido me gusta: en el mîtico-filosô-
fico.
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