Freitag, 5. September 2025

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      No extrâñame que el ônix que vieron mis ôculos estuviera en la parte derecha de la

tumba de Simaeta, porque por conceptualidad la derecha es mâs beneficiosa que la iz-

quierda, mas lo es (concreta/especîficamente) en este sentido: en el de permitir el des-

plazamiento y desarrollo  de las entidades del segundo sistema. Allende de esta verba,

 y sacado de una enciclopedia que hace años leî, mas que siempre la tengo encima de

la mesa de mi estudio por si quiero consultar [en el instante que un didâscalos--el que

ademâs de fascinarme desde el primer momento en que leî su libro capital es un para-

digma cupular de la justicia metafôrica---nombrô eternidad] lo que me interesa sin te-

ner que levantarme de la silla, porque en lo atinente a dudas y necesidad apremiantes 

de  informaciôn separar el tafanario de donde uno estâ sentado, y con el têlos de ir al

librero, significa  para mî  bastante porque  el movimiento pudiera ser la causa de un 

detrimento de la cosa en-sî,  esta diversidad de âgata (cuarzo duro), la que de facto no

tiene  parangôn con la  onomada heliotropo o jaspe sanguino [y muy utilizada por los

comandos de una localidad oriental como talismân], es la elegida para el esplendor de 

la infinita ciudad de arriba, y de la que no desciende el hombre por descender del pri-

mate.

---Cratino, y ti te conviene quedarte con este mineral.

---Ah sî? Y por quê, Kosmos?

---Porque tu voluntad es endeble.

---Y quê tiene que ver mi voluntad con este mineral?

---Cratino, este mineral proporciona sueños que sustentan el desarrollo y la fortifica-

ciôn de la voluntad.

---No me digas, verdad? Entonces me lo llevo. Pero dime, que tû sabes mâs de estas

cosas: lo puedo dejar caer en el bolsillo derecho sin cubrirlo con algo?

---No creo que sea relevante, mas si quieres tâpalo con el papel que tienen las flores.

---Las que pusiste en la parte derecha de la tumba.

---Êsa es la res, Cratino.

        Al salir del cementerio nos encontramos con Rosamunda, la que ademâs de de-

cirnos que el ramo de flores que traîa era para su difunta progenitora nos deja saber

que venîa a recoger el ônix que habîa puesto en la tumba de êsta. A raîz de escuchar

esto  Cratino y yo nos miramos sin eyectar en el semblante calaña de asombro, mas

antes  de que supiera  Rosamunda que nosotros nos apoderamos del mineral hâgole

esta pregunta:

---Rosamunda, ya estâs mejor?

---Kosmos, en realidad nunca estuve enferma, y si dije lo del resfriado fue para co-

germe el dîa libre y tener tiempo suficiente para venir al cementerio, que hoy es el

dîa del fallecimiento de mi madre. Ya me llamô Sofîa para decirme que devolviste

el florero.

---No hace muchitanto, cuestiôn de una hora mâs o menos, aproximadamente. 

---Y quê tal la comida con los padres de tu novia?

---Câspita!! Que no fue posible porque la madre de Aspasia no sentîase bien.

---Verdad? Quê lâstima! Pero bueno, cosas que pueden pasar. Y tû, Cratino, quê tal?

---Rosamunda, que dentro de unos meses serê padre.

---Muy bien, felicidades!

---Gracias, Rosamunda, gracias!!

---Y cuâl de ustedes dos tiene un familiar enterrado aquî?

---Rosamunda, los progenitores de nosotros estân sepultados aquî, mas no vinimos

por esta razôn, sino por otra.

---Por cuâl, kosmos, por cuâl? Algûn amigo, conocido, etc?

---Rosamunda por tu progenitora, para ponerle flores a ella.

---Me has dejado impresionada, kosmos, y gracias de corazôn por haberte acordado

del dîa que feneciô.

---De nada, Rosamunda, de nada, que tû sabes, y por lo que hablamos, cômo conocî

a tu madre y las palabras que dîjome en la plaza de la catedral barroca.

---Es cierto, kosmos, lo sê, cômo olvidarlo.

---Mas Rosamunda, tengo que decirte algo, tal vez deplorable, pero que sucediô sin

saber nosotros nada al respecto.

---Ah sî? Y quê es?

---El mineral, el ônix.

---No entiendo, kosmos, quê pasa con êl?

---Que Cratino lo tiene metido en el bolsillo. Rosamunda, quiên iba a pensar que te

pertenecîa a tî? 

---Kosmos, pero tû, una criatura con conocimiento, bien que sabes que aunque no se

sepa nada lo que estâ en la tumba de cualquier fallecido no se debe coger.

---Tienes toda la razôn, y mi disculpa es doble. A ver, Cratino, devuêlvele el ônix.

---Aquî lo tienes, Rosamunda.

---Envuelto en un papel y todo. Pero espera, que este papel es de la casa de flores 

donde trabajo.

---Êsa es la res!! Las flores las comprê allî.

        Sin demora Rosamunda coge el ônix y lo guarda sin quitarle el papel en su mo-

chila, y con el objetivo de yo saber estas dos cosas:  de dônde lo habîa sacado y si te-

nîa alguna informaciôn de este mineral, hâgole las dos tempestivas/necesarias/impro-

rrogables preguntas, respôdiendo  la primera que  pertenecîa a su progenitora, la que 

lo  tuvo muchitanto  tiempo como decoraciôn junto a otras piedras hermosas/conoci-

das; la  segunda, que  estaba completamente ajena al dato ya que su madre jamâs de-

jôselo  saber. Tras  escuchar esta ûltima respuesta, y para que ella supiera lo mismiti-

co que yo, barrûntole al respecto, quedândose maravillada con mi verba y, cuasi por

êsta, con  ganas de dar un grito. Seguido entêrome que tenîa, con una ligera diferen-

cia, el mismo problemilla de voluntad endeble que Cratino, motivo por el que cuan-

do  llegue a su casa, y  en vez de ponerlo donde estaba, pondrîa el ônix en la mesita

de  noche de su cuarto, y de esta manera  estarîa mâs cercano lo que el mineral pro-

porciona y que repito: sueños que sustentan el desarrollo y la fortificaciôn de la vo-

luntad.

---Quê si no, Kosmos: la repeticiôn?

---Kosmos, de quê habla Cratino?

---Rosamunda, de la repeticiôn, lo acaba de decir, no?

---Sî, ya sê!, no estoy sorda, pero por quê quê si no que ella?

---Porque êl sabe que la repeticiôn siempre estâ presente tanto en mis discursos co-

mo en el texto novelado, allende de ser un mêtodo que impacienta a cualquiera que

no  quiera que se le  impregne algo en la mente que no es de su propiedad, que asi-

mismo una forma diamantina de que mantengan su vigencia (o mantênganse vigen-

tes las dadorîas destacadas de) una sûmula de cosas con valor fundamental e impres-

cindibles. 

---Acabo de entender, entendî! Y kosmos, quê hacen ustedes ahora?

---Nosotros carecemos de plan alguno, Rosamunda, somos andantes con soltura.

---Andantes con soltura? Bueno, igual, tû sabes lo que dices.

---Êsa es la res! Cuâl es el motivo de la pregunta?

---Es que tuve la idea de invitarlos a tomar un cafê en el cafê La ilusiôn, donde tû y

yo nos tomamos uno hace tres dîas, cuando te prestê el florero y estabas con el ra-

mo de flores.

---Y el dîa que conocimos a Emilio, el que pensô que tu eras mi novia.

---Verdad que pensô eso? Y por quê? Te creyô romântico por las flores, o quê?

---Por esta cuerda anda la melodîa! Esto dîjomelo despuês que tû te fuiste, pero le

clarê que no era como pensaba.

---Hiciste bien, lo correcto.

---Cratino, sabes de quiên es amigo Emilio?

---Kosmos, espero tu respuesta.

---De Caspar! Lo conoce porque estudiaron juntos en la escuela de gastronomîa.

---Entonces quê, un amigo mâs?

---Ya veremos con el tiempo, con lo que estâ por-venir.

---Y quê me dicen, aceptan o no mi invitaciôn?

---De mi parte no hay oponencia, Rosamunda.

---De la mîa tampoco que no!

---De la tuya tampoco que no? No suena raro, kosmos, o es que es una repeticiôn de

la no negaciôn?

---Aplausos, Rosamunda, a-plau-sos!! 

---Pero una cosa: cojamos por la sombra yendo.

---Ustedes dos hacen buena pareja expresiva; dicen cosas fuera de lo comûn. Y Crati-

no, no te gusta el sol?

---Rosamunda, con lo que acabo de decir tû crees que sî?

---No! 

---Y si lo crees por quê preguntas?

---Cojamos por la sombra yendo!

---Ah, a ti tampoco, Kosmos?

---Êsa es la res, Rosamunda! Apolo sôlo en un sentido me gusta: en el mîtico-filosô-

fico.







 



















 

















 










 



















  




 




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