Dienstag, 28. Oktober 2025

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     [Un poco que recordê las columnas de la alcheringa, porque las de la entrada del

museo inveterado eran corintias; asimismo eran las de la Kosmona, con la diferencia

de  que en la instituciôn la  sûmula de soportes llegaba a veinte. Quien no quiere ex-

presarlas directamente dice las cosas utilizando un mecanismo o eufemîstico, o deîc-

tico de acuerdo al manejo funcional que têngase con el lûdico en cuestiôn. Yo entien-

do por un mecanismo indicativo aquel que dirige a una masa verbal hacia un espacio

determinado, y donde  despuês de  acoplarse las  piezas necesarias para armar el cor-

pus semântico pâsase al desarrollo de lo que debe relucir/descollar/resaltar por resul-

tar un beneficio]

      La causa de que quedârame frente a la entrada del museo por unos minutos es la

siguiente: por la contemplaciôn  de las dos  especiosas columnas dôricas, las que fac-

to  sirviêronme de inspiraciôn para que en Bedriaco existiera una instituciôn (la Kos-

mona) en la  que en su interior  descollaba la sûmula de veinte columnas del mismo 

estilo arquitectônico, allende que una sûmula que despertôme la idea de que la gran 

sombra ludicara  un rol representativo dentro de la Kosmona. Remitirîame a otra in-

defectible  funciôn  que tuvieron estas columnas en las cortes mayestâticas, pero co-

mo no es el momento tempestivo [para hablar de esto]  postêrgolo, dêjolo para otro

kairos, porque por repeticiôn ya ni sê cuântas veces le di puesto, colocaciôn a la su-

sodicha otra funciôn.  

       Resultôme patêtico ser testigo visual del pêsimo estado del interior del museo,

una deplorable condiciôn verdaderamente impresionante no solamente para los asi-

duos a esta sala de exposiciones, sino para todo aquel que con un mînimo de sensi-

bilidad reaccione por un deterioro asî. Recuerdo que hace tres o cuatro años salîan

a relucir las consecuencias que trae el paso del tiempo, empero que no daban pâbu-

lo de preocupaciôn  a los responsables/encargados de  planificar una restauraciôn, 

de  llegar  a la decisiôn de si sî o si no el museo podîa continuar abierto. Quedarîa-

me  por decir otra cosa que tiene que ver con la atenciôn [sea ya diaria, semanal o 

mensual] que deberîa tener el que ocûpase de la limpieza: la capa de polvo que cu-

bre (a) cuasi todas las esculturas, que apodêrase de ellas como si las amara profun-

damente, como si quisiera embadurnarlas para un fin determinado..

--Kosmos, ven acâ, observa esto.

--Allâ voy, Cratino, por quê me llamas?

--Porque si no te llamo, cômo pudieras saber que hablo contigo?

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Me tiraste la curva y no le

di a la pelota con el bate.








 







     

Donnerstag, 16. Oktober 2025

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      So capa de que lograr el susodicho control dâbale un tremendîsimo fastidio de tes-

ta es que Cratino rompe con la posibilidad de secundar una fluencia verbal con poten-

cialidad y provocaciones, con oposiciôn y desafîo, con ese ampulamiento donde bene-

ficiosamente caben aportaciones y dadorîas diamantinas, mas como sê que êsta no es

la ûltima vez que nos encontramos---  que me dê igual el dônde traduce, y a pesar de 

que  cada sitio tiene su  magia o su misterio, que dondequiera que sea lo crîptico pue-

de  ser un enlace, una conexiôn entre dos criaturas que propônense llegar a una meta

especîfica----esperarê  por el mañana, por  el porvenir. Deberîa subrayar una sobresa-

liente cosa: la diferencia  que media entre la actitud de recogimiento de êl, o el recha-

zo a/por lo minûsculo que festeja su tamaño, y la disponibilidad abierta mîa de pene-

trar en cualesquier gollerîas, que a la postre y al cabo (tanto) las cosas superfluas (co- 

mo) y  las que timbran/dejan  resonanancia son para mî (tan) lumbrantes como estre-

llas.

      Y sobre las cosas que timbran/que dejan resonancia sucedîô una de jaez increîble:       

la de encontrarnos, y colgando de la rama de un ârbol, un especioso Rolex, empero de

tal guisa, y seguido al hallazgo de una cartera en un pantalôn tirado en el piso, la que

entre  algunas cartas estaba la de identidad, de inmediato supimos a quiên pertenecîa

el reloj: al abogado Triptolemo Eleusis, el que Cratino no conocîa y razôn por la cual

sobre  el pucho dêjele saber que fue un cliente del banco donde laborô Metôn, y que

gracias a êste Yelas pudo resolver râpidamente la propiedad de la casa que perteneciô

al zapatero Cliôn.

     No solamente fue el pantalôn lo que encontramos, sino que asimismo el calzado y

una blusa rota, resultândonos indubitable que en la cabaña habîa fruiciôn. Despuês de

mirar la blusa con atenciôn pareciôme que habîasela visto puesta a una fêmina, por lo

que puse mi memoria a funcionar, siendo entonces que di con la dueña: Isabela, la ex-

novia de Forligen.

---Pero Kosmos, crees que a Isabela hâgale falta peculio?

---Cratino, aquî pueden pasar dos cosas: la primera, que hâgale falta lo que acabas de

preguntar; la segunda, que no le importe entrar en relaciôn amorosa con una criatura

con muchitanta mâs edad que ella, pero si una o la otra quê nos importa. Movimiento

y cuerpo son de ella, no? Mas asimismo no descarto una tercera cosa.

---Que serîa.

---Que sean las dos cosas a la vez: que menestere peculio y que no impôrtele lo suso-

dicho.

---Bueno. Y dime: quê podemos hacer ahora?, porque al estar la cabaña ocupada se 

nos fastidio la penetraciôn en ella.

---Caminar por esta ciudad garante de unas cuantas cosas.

---Sabes que se me acaba de ocurrir?

---Amplifica quê, Cratino, am-pli-fî-ca-lo!

---Visitar el museo donde tambiên estâ la obra escultôrica de Praxiltes.

---Ah, ocurriôsete por la mîmesis que tuve, la de Afrodita de Knidos?

---No exactamente, sino mâs bien porque pronto cerrarâ el museo debido a una re-

novaciôn, ya que en las condiciones que estâ tanto es un pernicio para los visitan-

tes como para la sûmula de esculturas de escultores celebêrrimos.

---Cratino, y teniendo en cuenta una cosa, alêgrome por tu ocurrencia, porque en es-

ta ciudad sâbese cuândo se cierra mas que no cuândo vuelve a abrir lo cerrado, lo que

traduce que vamos a tener que esperar un largo tiempo para volver a ocular las esta-

tuas.

---Asî es, kosmos, asî mismo. 

---Pues en direcciôn hacia allî. Espero que tengas peculio para pagar la entrada.

---Tû como siempre sin dinero. Te pago la entrada y no me la debes.

---Muchitantîsimas gracias!!  

           Si nosotros sabemos que la distancia que separa el bosque de los liberales

del museo es de cuatrocientos metros, si que ni nos imaginamos que exactamente

en la mitad de esta distancia, o sea, a doscientos metros despuês de aquêl y a dos-

cientos antes de llegar a êste, nos encontrarîamos con Yelas y una criatura desco-

nocida  que eyectaba un porte y aspecto  buenos, enterândonos  por Yelas de que

tratâbase  del arquitecto del  nuevo museo, el que comenzarâ a construirse el año 

que viene si no hay ningûn inconveniente o algûn ôbice que lo impida, y onoma-

do Cristiano Olivio Gobîn. Sinceramente pudiera decir, lo que significa sin ironîa

o mofa alguna, que menos que el de un arquitecto el de un futbolista este ônoma

parecîa, empero con el fin de no acarrear una molestia o un enfado guardê mutis-

mo. Interesantemente, y dîgolo  porque sucediô una especie de transmisiôn men-

tal, Cratino  pregûntale al arquitecto  cômo era posible que llamârase asî, respon-

diendo êste con esta pregunta? 

--Y cômo tû crees que debe llamarse un arquitecto?

--A ver, con un nombre menos deportivo.

---Cômo, que encuentras deportivo mi nombre?

---Cristiano, y con todo el respeto que usted se merece, pero asî es.

---No es que faltes el respeto, sino mâs bien que me despiertas la curiosidad, ya

que jamâs/nunca nadie me dijo esto y, como tal, primera vez que lo escucho. De

dônde tû lo sacaste?

---Sabe usted lo que causa la repeticiôn de un nombre determinado a nivel mun-

dial? 

---Te pudiera responder que como estoy todo el dîa ocupado con mi trabajo carez-

co de tiempo para prestarle atenciôn a la repeticiôn, estar al tanto de lo que se re-

pite.

---Cratino, sê que tanto tû como kosmos son amantes de la pesquisa, pero te pu-

diera pedir un favor?

---Yelas, un favor, para usted, nunca serîa negado. Cûal?

---Que como no es el momento para este tipo de investigaciôn, que te olvides de

ella.

---Yelas, favor concedido.

---Kosmos, y de quê te rîes?

---Yelas, de nada que sêame ajeno, de lo que pertenêceme y callê.

---En fin, que nosotros seguimos camino al museo que dentro de poco cerrarâ.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê lo dices, Kosmos?

---Yelas, porque tal museo es nuestro destino, nuestra meta.

---Entonces caminemos juntos hacia el museo que vamos.














 










       


  




  





     

     

     



    

 










 
























Freitag, 10. Oktober 2025

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       Dirimirîase el cordôn que ûnenos de sacar êl a puesto, a colocaciôn una mentira

pincelada, aun tratândose lo anterior de un hipotêtico, mas que como posibilidad fu-

tura adhiêrese a la conciencia que en el presente trabaja con poquitîsimo cesar o que

procesa  todo aquello que le  da pâbulo de no  parar, de mantener activo su mecanis-

mo suntuoso/poderoso. La razôn de lo que he dicho es la siguiente: la revelaciôn de 

mi  buen amigo Cratino  de lo que leyô en el libro: la participaciôn de Juliette en un

mundo donde los pechos (cuasi) incesantemente desparrâmanse y el estimulante que

tienen  êstos no deja de  eyectar su  vigor como el tronco de un ârbol. A pesar de ser

una verba que a todo trance atiza la flama de la fantasîa no es conveniente (ni sensa-

to) concentrarse  en ella ( de faltar) si falta la  criatura fêmina  que escucharîale con 

agrado, y tal vez en un estado que mâs de un vez he apellidado a toda flor, situaciôn/

condiciôn indefectible/fundamental para el desarrollo con soltura o de una pericia o

de un estilo proporcionante de la dominaciôn del sujeto, control y dominio meneste-

res en un momento en que lo imperante no es un lûdico de fichas, de trebejos en un

tablero encima de una mesa. Y ostensiblemente que sabe una cosa Cratino: que esta

Juliette  del libro nada tiene que  ver con su novia; pero êl, y aunque no sea ese tipo

de mâsculo que en pûblico/en colectivo acariciando/besando/tocando deja la prueba

de  un conocimiento  profundo sobre algo que acarrea (la) satisfacciôn, posee/tiene 

una fantasîa  mayûsula, por lo que no es de extrañarme que haya bifurcado el conte-

nido con el fin de esbozar una imago complaciente/deleitosa de su atingencia venu-

siana con Juliette. 

---Kosmos, y aparte de lo que te dije, por quê algunos subrayamientos con un plu-

môn rojo? Es acaso esto nuevo?, porque hasta dônde sê tû jamâs subrayas con este

color?

---Cratino, tales subrayamientos no son mîos sino de Aspasia, razôn por la cual tûve-

le que decir que si volvîa a hacerlo cerrarîa la puerta de mi estudio con llave.

---Y quê te dijo ella?

---Que no hacia falta que la cerrara con llave, porque nunca mâs lo harîa.

---Y dônde estâ ella ahora?

---Fue a tu apartamento con el objetivo de preguntarle a tu novia sobre algo que me

pidiô de favor su progenitora.

---Cômo, que la madre de Juliette te pidiô de favor algo? Y dônde te encontraste con

ella?

---Exactivizo, Crativo, exactivizo! Ella apareciôse aquî no hace muchitanto.

---Me parece que me debes una dilucidaciôn, kosmos.

---Sobre el pucho te la doy. Abre oîdos!

           Cuando terminê con la dilucidaciôn moviô la lengua Cratino con el têlos de

decirme que no creîa que Juliette estuviera de acuerdo en autorizar que diêranle a su

madre su nûmero de telêfono, lo que significaba que Aspasia perderîa su tiempo en

ir al Karakorum solamente para hacer la pregunta correspondiente a su vieja amiga,

queriendo decir con vieja que una amiga que conoce desde hace muchitanto tiempo.

A continuaciôn agrega que el miêrcoles, y despuês de la cena, Juliette quemô todas

las  fotos de su  progenitora  que encontrô en una caja de cartôn que llevaba tiempo

debajo  de la cama, un acto sîmbôlico de destrucciôn que deja mâs que claro que la

relaciôn madre-hija este dîa se rompiô, se transformô en pavesas.

 ---Cratino, y se puede (pudiera) saber el porquê de que precisamente el miêrcoles,

seguido a la cena, y no otro dîa de la semana?

---Kosmos, en esa cena del miêrcoles notê a Juliette si por un lado demasiado exci-

tada por su embarazo; por el otro, extremadamente taciturna por tener un recuerdo

que no me dijo cuâl fue.

---Una combinaciôn (demasiado excitada--extremadamente taciturna) muy especial,

que raramente sucede/tiene lugar, con dos estados oponentes/incompatibles. Cratino,

no te dijo el recuerdo, mas por quê no le preguntaste? 

---Kosmos, tû sabes que cuando Juliette se encierra en sî misma es mejor quedarse

uno callado.

---No tanto asî, Cratino, sino mâs bien quedarse uno pensando la mejor forma de ha-

cer una pregunta, o sea, sin lastimar mâs lo que ya estâ lastimado o por un recuerdo

o  por lo que sea. Amigo mio, que parêcete si vamos a dar una vuelta por el bosque

de los liberales, que hace rato que no la damos por allî?

---Que tal vuelta me parece una buena, porque pudiera acopas traernos dadorîas que

asimismo beneficios por ser una oportuna.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Voy por mi bolsa y nos largamos.

     Una mîmesis rauda engendrôme un vuelo corto: la de Afrodita de Knidos (que no

como una obra artîstica de Praxiletes, sino en persona y de espalda) paseando por es-

te bosque apellidado de los liberales, allende que concomitada por un gallo. Sobre el

pucho, cômo pasar por alto que serîa la ganadora en el concurso de las Haloas?, por-

que siendo un paradigma especioso de Kallipygos el premio no se lo quita nadie. Pe-

ro con el fin de que Cratino tambiên volara dêjoselo saber, agregando êl que esta ima-

go (o figura) es asimismo muy funcional para que un vate se inspire y escriba un ten-

zôn  atiborrado de palabras edulcoradas y con elevada temperatura; sin embargo, y a

pesar  de esta  verba suya, comunîcame lo siguiente: que este tenzôn no lo leerîa por

este  motivo: por el de que tales, las susodichas palabras sî que serîan el aliciente pa-

ra  emprender  un  vuelo infinito. La contradicciôn (algunas veces) de su agente aca-

rrêame espeluznamiento, mas como en lo atinente a ella no muchitanto puedo hacer

que ingiênesela êl para lograr el control relativo de su segundo oculto, en la sombra.     


 







  




    




    








 



 













 





  

   

Donnerstag, 2. Oktober 2025

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      Al llegar a la pâgina 275 fîjome que Aspasia, y con un plumôn rojo, habîa subraya-

do algo que gustôle, subrayamiento  que posiblemente  hizo o en las nocturnas en que 

padece de vigilia o cuando yo no estoy presente en casa. Por el motivo de que mâs de

una  vez le he dicho que si desea leer mis libros  puede hacerlo, pero que el ûnico que

puede escribir en sus hojas y hacer marcas/destacamientos soy yo, es que tuve que de-

cirle que de volver a ver otro de sus subrayamientos cerrarîa con llave la puerta de mi

estudio tanto de noche como cuando salga de casa. Inmediatamente viene a mi estudio, 

pîdeme disculpa, y con una tremendîsima pericia verbal justifîcase, agregando que no

hacîa falta que yo pasârale la llave a la puerta, porque a partir de hoy solamente leerîa

mis  libros. Seguido a  estas palabras me da un  beso, y como ya estaba emperifollada

dîceme que largâbase a visitar a su amiga Juliette, soledad que aprovecharîa para con-

tinuar con la lectura del libro, con el disfrute por la verba que me da la posibilidad de

empollar ideas y de aprendizaje.

     La siguiente pâgina estaba repleta de instrucciones teôricas de cômo pasar a lo em-

pîrico  sin que  medie la persuasiôn, mas la pâgina 277 era un manual de cômo lograr

la persuasiôn sin necesidad de recurrir a instrucciones teôricas; lo que implica, porque

sin ella el convencer con razones requerirîa mâs trabajo, la aplicaciôn de ciertas/deter-

minadas  experiencias en el mundillo en que expândese/desarrolla una materia univer-

sal. Mas deplorablemente tuve que dejar de leer porque escuchê unos puñetazos en la

puerta, y seguido a êstos Cratino que preguntaba si yo estaba en casa.

---Câspita Cratino!, que hay un timbre, no?

---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero o tû tenîas los oîdos tapados o el timbre no funciona.

---Lo primero es imposible; lo segundo, posible, ya que al ser un timbre tan senecto

en cualquier momento fastidiarîase. Alguna novedad?

---Sabes quiên comprô los zapatos îngentes de Palante? Tu vecino Metôn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y cômo sabes que fue êl?

---Porque Feliciano me reconociô, hablamos un poco, y me dejô saber que Metôn los

comprô debido a que como tiene mucho dinero quiso gastar una cantidad pagando un

precio alto.

---Y cômo sûpolo Feliciano?

---Ah, eso sî que no lo sê, pero no da igual por quiên lo supo?

---Es que, y como bien sabes, mis preguntas tienen un orden. Y dime: quieres tomar o

comer algo?

---Aûn te queda mermelada de frambuesa?

---Ahî hay mermelada para seis meses, como mînimo, asî que sirvâse usted.

---Echo un poco en un vaso y la ingiero con una cucharita.

---El que por su antojo o capricho fenece el ingerir, in casu, beneficioso resûltale.

---Quê si no que la transformaciôn de una frase en otra?

---Êsa es la res, amigo mîo. 

        Y en lo que Cratino ingerîa la mermelada, y como la puerta quedôse abierta, mi

vecino Metôn preguntôme si podîa pasar y darle un descanso a sus piernas senectas 

antes de llegar a su apartamento, aun quedândole, para llegar a êste, la sûmula de es-

calones  de un solo piso. Seguido a que dîjele que sî, que podîa entrar, sentôse en el

sofâ, pero como asimismo estaba un poco agitado embrisôse el semblante con un fo-

lio que sacô de la bolsa que cuasi siempre utiliza cuando va de compras, empero pa-

sô  que del folio  saliôse una hoja que tenîa en la parte inferior derecha un cuño con 

una firma, allende que en la que salîan a relucir unas letras tan pequeñas que sin mis

espejuelos  eran imposibles leer, lo que fue la razôn [de sobre el pucho e inteligible-

mente] hacer esta pregunta:

---Metôn, revêlame usted de quê trâtase este papel?

---Kosmos, es una propiedad: la de los zapatos ingentes de Palante.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê lo dices?

---Porque acâbome de enterar que Feliciano dîjole a Cratino de que usted comprô

los zapatos, pero sin saber, acâ mi amigo, cômo sûpolo Feliciano.

---Kosmos, lo supo por mî, por la soltura de mi propia lengua.

---Por la soltura de su propia lengua. Interesante la forma de amplificarlo, de expre-

sarlo, de decirlo, de sacarlo a puesto, a colocaciôn. Mas dîgame: es verdad, segûn lo

que dîjole Feliciano a Cratino, de que usted comprô los ingentes zapatos para gastar

una  parte de su capital  asî por asî, por derrochar su peculio por el motivo de que el 

dinero sôbrale?

---Kosmos, en realidad no sê de dônde Feliciano sacô lo que dîjole a Cratino, pero

la verdad es que comprê los zapatos por este motivo: por el de tener en mi aparta-

mento el recuerdo de una persona que, y a pesar del conocimiento y la pericia que

tuvo para darle expansiôn y desarrollo a una materia con cierta y determinada im-

portancia, tuvo que pasar por un sufrimiento con peso y medida, de îndole ineluc-

table, porque contra su enfermedad no pudo luchar por haberla tenido en una êpo-

ca que carecîa de los recursos para impedir el sucumbimiento por un motivo endo-

crino. 

       Pudiera decir que estas palabras de Metôn sorprendiêronme por dos cosas: la

primera, por su saber sobre Palante, porque a pesar de los intercambios verbales

que he tenido con êl ni tan siquiera como alusiôn refiriôse a êste; la segunda, por

tener  en cuenta un  sufrimiento debido a una enfermedad endocrina, un no pasar

por alto que pudiera traducirse o como sensibilidad o como compasiôn, pero con

el fin de que no pensara que por mi asombramiento lo habîa subestimado pregun-

têle el porquê de que llevara consigo la propiedad de los ingentes zapatos, porque

de facto no fue hoy que los comprô.

---Kosmos, la respuesta es sencilla: porque como la cantidad de tiempo que tenîa 

que esperar para que me dieran la propiedad no la podîa soportar quedê con la per-

sona encargada de redactar las palabras oficiales en que pasarîa hoy a recoger es-

ta hoja protegida por este folio. 

---Pero la susodicha persona era la carrusiana?

---No no, ella solamente cumplîa con el cometido de la venta. Bueno, kosmos, ya

estoy en condiciones de subir a mi apartamento, y olvides que si necesitas algo....

---No lo he olvidado, Metôn, cômo olvidarlo? Que tenga usted un buen dîa.

---Igualmente ustedes dos. Adiôs!!

---Metôn, concomîtolo hasta la puerta.

---Gracias, kosmos, gracias!!

          Cuando regresê a la sala Cratino estaba en mi estudio echândole un vistazo al

libro que yo leîa antes de que êl llegara, mas como sê que es un buen lector y, como

tal, cômo no tener en cuenta que interrumpir la observaciôn de un lector con esta ca-

tegogorîa ni es correcto ni conveniente, dejêlo que continuara con ella. Yo entonces 

entreguême a la tarea de ir a la cocina para lavar tanto la cucharita como el vaso don-

de êl echô un poco de mermelada de frambuesa, y el que dejô en el mismo centro de 

la mesa de la sala y delante del sofâ. Interesante que mientras limpiaba estos utensi-

lios  tuve una mîmesis en  funciôn de abducciôn a mis retinas: la de un velo blanco 

donde quedôse la marca de unos labios pintados de rojo. Al canto no entrê a analizar 

(profundamente) el  porquê de esta imago, empero  con un examen somero lleguê a 

esta conclusiôn: que tanto el color de la mermelada de frambuesa como el de un pin-

ta labios rojo tienen vigorosidad, y siendo asî ambos pueden dejar una huella desco-

llante/perceptible /conspicua en un velo con/de este color.

        Al terminar con lo que hacîa puse la cucharita y el vaso en el lugar debido, ade-

cuado, y dêjame saber Cratino que leyô en la pâgina 272 que el personaje con el mis-

mo ônoma que el de su novia, o sea, Juliette, y despuês de haberse casado, entregôse

a su cônyuge desnuda y con un velo blanco, mas que sin quitarse êste diole un beso a

aquêl con sus labios pintados de rojo.

---Ay, Cratino!, si tû supieras la imago que acabo de tener en lo que lavaba lo que en-

suciaste.

---De cuâl imago se trata, kosmos?

---De la de un velo blanco con la marca de unos labios pintados del mismo color.

---No me digas, verdad?

---Como acaba de penetrar por tus oîdos, asî mismo, mas dicho sinceramente, y a pe-

sar de asimismo haber leîdo esta misma pâgina, esto del velo se me olvidô.

---O puede haber pasado otra cosa: que lo leîste, no le diste importancia, pero toda lec-

tura queda, fîjase al inconsciente, lo que pudiera dilucidar que la imago ya la tenîas, ya

formaba parte de una colecciôn de figuras empolladas en una zona exenta de control.

---Pudiera ser, Cratino, no lo descarto, empero cômo explicarîas el hecho de que fuera

aquî en la cocina; que no, verbi gratia para que la gracia resuene, en el baño, en el cuar-

to o en otro sitio?

---Kosmos, tu limpiaste un vaso con restos de mermelada de Frambuesa.....pero espera,

que no soy un contertulio de la Kosmona, tratas de comprobar, y por asociaciôn, si cla-

ro estoy de ciertas y determinadas cosas? Contra , vaya mêtodo que aplicas!

---Tû sabes que, y con este mêtodo, los resultados que obtiênense son favorables. Y en 

fin, Cratino, quê me (dices) puedes decir de lo que leiste?, que no fue muchitanto, por-

que de facto no estuviste demasiado tiempo en mi estudio.

---Lo siguiente, Kosmos. Escucha. 







 
















  




         





















  

 













 



  







  

  

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...