Al llegar a la pâgina 275 fîjome que Aspasia, y con un plumôn rojo, habîa subraya-
do algo que gustôle, subrayamiento que posiblemente hizo o en las nocturnas en que
padece de vigilia o cuando yo no estoy presente en casa. Por el motivo de que mâs de
una vez le he dicho que si desea leer mis libros puede hacerlo, pero que el ûnico que
puede escribir en sus hojas y hacer marcas/destacamientos soy yo, es que tuve que de-
cirle que de volver a ver otro de sus subrayamientos cerrarîa con llave la puerta de mi
estudio tanto de noche como cuando salga de casa. Inmediatamente viene a mi estudio,
pîdeme disculpa, y con una tremendîsima pericia verbal justifîcase, agregando que no
hacîa falta que yo pasârale la llave a la puerta, porque a partir de hoy solamente leerîa
mis libros. Seguido a estas palabras me da un beso, y como ya estaba emperifollada
dîceme que largâbase a visitar a su amiga Juliette, soledad que aprovecharîa para con-
tinuar con la lectura del libro, con el disfrute por la verba que me da la posibilidad de
empollar ideas y de aprendizaje.
La siguiente pâgina estaba repleta de instrucciones teôricas de cômo pasar a lo em-
pîrico sin que medie la persuasiôn, mas la pâgina 277 era un manual de cômo lograr
la persuasiôn sin necesidad de recurrir a instrucciones teôricas; lo que implica, porque
sin ella el convencer con razones requerirîa mâs trabajo, la aplicaciôn de ciertas/deter-
minadas experiencias en el mundillo en que expândese/desarrolla una materia univer-
sal. Mas deplorablemente tuve que dejar de leer porque escuchê unos puñetazos en la
puerta, y seguido a êstos Cratino que preguntaba si yo estaba en casa.
---Câspita Cratino!, que hay un timbre, no?
---Ya sê, Kosmos, ya sê, pero o tû tenîas los oîdos tapados o el timbre no funciona.
---Lo primero es imposible; lo segundo, posible, ya que al ser un timbre tan senecto
en cualquier momento fastidiarîase. Alguna novedad?
---Sabes quiên comprô los zapatos îngentes de Palante? Tu vecino Metôn.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y cômo sabes que fue êl?
---Porque Feliciano me reconociô, hablamos un poco, y me dejô saber que Metôn los
comprô debido a que como tiene mucho dinero quiso gastar una cantidad pagando un
precio alto.
---Y cômo sûpolo Feliciano?
---Ah, eso sî que no lo sê, pero no da igual por quiên lo supo?
---Es que, y como bien sabes, mis preguntas tienen un orden. Y dime: quieres tomar o
comer algo?
---Aûn te queda mermelada de frambuesa?
---Ahî hay mermelada para seis meses, como mînimo, asî que sirvâse usted.
---Echo un poco en un vaso y la ingiero con una cucharita.
---El que por su antojo o capricho fenece el ingerir, in casu, beneficioso resûltale.
---Quê si no que la transformaciôn de una frase en otra?
---Êsa es la res, amigo mîo.
Y en lo que Cratino ingerîa la mermelada, y como la puerta quedôse abierta, mi
vecino Metôn preguntôme si podîa pasar y darle un descanso a sus piernas senectas
antes de llegar a su apartamento, aun quedândole, para llegar a êste, la sûmula de es-
calones de un solo piso. Seguido a que dîjele que sî, que podîa entrar, sentôse en el
sofâ, pero como asimismo estaba un poco agitado embrisôse el semblante con un fo-
lio que sacô de la bolsa que cuasi siempre utiliza cuando va de compras, empero pa-
sô que del folio saliôse una hoja que tenîa en la parte inferior derecha un cuño con
una firma, allende que en la que salîan a relucir unas letras tan pequeñas que sin mis
espejuelos eran imposibles leer, lo que fue la razôn [de sobre el pucho e inteligible-
mente] hacer esta pregunta:
---Metôn, revêlame usted de quê trâtase este papel?
---Kosmos, es una propiedad: la de los zapatos ingentes de Palante.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!
---Por quê lo dices?
---Porque acâbome de enterar que Feliciano dîjole a Cratino de que usted comprô
los zapatos, pero sin saber, acâ mi amigo, cômo sûpolo Feliciano.
---Kosmos, lo supo por mî, por la soltura de mi propia lengua.
---Por la soltura de su propia lengua. Interesante la forma de amplificarlo, de expre-
sarlo, de decirlo, de sacarlo a puesto, a colocaciôn. Mas dîgame: es verdad, segûn lo
que dîjole Feliciano a Cratino, de que usted comprô los ingentes zapatos para gastar
una parte de su capital asî por asî, por derrochar su peculio por el motivo de que el
dinero sôbrale?
---Kosmos, en realidad no sê de dônde Feliciano sacô lo que dîjole a Cratino, pero
la verdad es que comprê los zapatos por este motivo: por el de tener en mi aparta-
mento el recuerdo de una persona que, y a pesar del conocimiento y la pericia que
tuvo para darle expansiôn y desarrollo a una materia con cierta y determinada im-
portancia, tuvo que pasar por un sufrimiento con peso y medida, de îndole ineluc-
table, porque contra su enfermedad no pudo luchar por haberla tenido en una êpo-
ca que carecîa de los recursos para impedir el sucumbimiento por un motivo endo-
crino.
Pudiera decir que estas palabras de Metôn sorprendiêronme por dos cosas: la
primera, por su saber sobre Palante, porque a pesar de los intercambios verbales
que he tenido con êl ni tan siquiera como alusiôn refiriôse a êste; la segunda, por
tener en cuenta un sufrimiento debido a una enfermedad endocrina, un no pasar
por alto que pudiera traducirse o como sensibilidad o como compasiôn, pero con
el fin de que no pensara que por mi asombramiento lo habîa subestimado pregun-
têle el porquê de que llevara consigo la propiedad de los ingentes zapatos, porque
de facto no fue hoy que los comprô.
---Kosmos, la respuesta es sencilla: porque como la cantidad de tiempo que tenîa
que esperar para que me dieran la propiedad no la podîa soportar quedê con la per-
sona encargada de redactar las palabras oficiales en que pasarîa hoy a recoger es-
ta hoja protegida por este folio.
---Pero la susodicha persona era la carrusiana?
---No no, ella solamente cumplîa con el cometido de la venta. Bueno, kosmos, ya
estoy en condiciones de subir a mi apartamento, y olvides que si necesitas algo....
---No lo he olvidado, Metôn, cômo olvidarlo? Que tenga usted un buen dîa.
---Igualmente ustedes dos. Adiôs!!
---Metôn, concomîtolo hasta la puerta.
---Gracias, kosmos, gracias!!
Cuando regresê a la sala Cratino estaba en mi estudio echândole un vistazo al
libro que yo leîa antes de que êl llegara, mas como sê que es un buen lector y, como
tal, cômo no tener en cuenta que interrumpir la observaciôn de un lector con esta ca-
tegogorîa ni es correcto ni conveniente, dejêlo que continuara con ella. Yo entonces
entreguême a la tarea de ir a la cocina para lavar tanto la cucharita como el vaso don-
de êl echô un poco de mermelada de frambuesa, y el que dejô en el mismo centro de
la mesa de la sala y delante del sofâ. Interesante que mientras limpiaba estos utensi-
lios tuve una mîmesis en funciôn de abducciôn a mis retinas: la de un velo blanco
donde quedôse la marca de unos labios pintados de rojo. Al canto no entrê a analizar
(profundamente) el porquê de esta imago, empero con un examen somero lleguê a
esta conclusiôn: que tanto el color de la mermelada de frambuesa como el de un pin-
ta labios rojo tienen vigorosidad, y siendo asî ambos pueden dejar una huella desco-
llante/perceptible /conspicua en un velo con/de este color.
Al terminar con lo que hacîa puse la cucharita y el vaso en el lugar debido, ade-
cuado, y dêjame saber Cratino que leyô en la pâgina 272 que el personaje con el mis-
mo ônoma que el de su novia, o sea, Juliette, y despuês de haberse casado, entregôse
a su cônyuge desnuda y con un velo blanco, mas que sin quitarse êste diole un beso a
aquêl con sus labios pintados de rojo.
---Ay, Cratino!, si tû supieras la imago que acabo de tener en lo que lavaba lo que en-
suciaste.
---De cuâl imago se trata, kosmos?
---De la de un velo blanco con la marca de unos labios pintados del mismo color.
---No me digas, verdad?
---Como acaba de penetrar por tus oîdos, asî mismo, mas dicho sinceramente, y a pe-
sar de asimismo haber leîdo esta misma pâgina, esto del velo se me olvidô.
---O puede haber pasado otra cosa: que lo leîste, no le diste importancia, pero toda lec-
tura queda, fîjase al inconsciente, lo que pudiera dilucidar que la imago ya la tenîas, ya
formaba parte de una colecciôn de figuras empolladas en una zona exenta de control.
---Pudiera ser, Cratino, no lo descarto, empero cômo explicarîas el hecho de que fuera
aquî en la cocina; que no, verbi gratia para que la gracia resuene, en el baño, en el cuar-
to o en otro sitio?
---Kosmos, tu limpiaste un vaso con restos de mermelada de Frambuesa.....pero espera,
que no soy un contertulio de la Kosmona, tratas de comprobar, y por asociaciôn, si cla-
ro estoy de ciertas y determinadas cosas? Contra , vaya mêtodo que aplicas!
---Tû sabes que, y con este mêtodo, los resultados que obtiênense son favorables. Y en
fin, Cratino, quê me (dices) puedes decir de lo que leiste?, que no fue muchitanto, por-
que de facto no estuviste demasiado tiempo en mi estudio.
---Lo siguiente, Kosmos. Escucha.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen