[Un poco que recordê las columnas de la alcheringa, porque las de la entrada del
museo inveterado eran corintias; asimismo eran las de la Kosmona, con la diferencia
de que en la instituciôn la sûmula de soportes llegaba a veinte. Quien no quiere ex-
presarlas directamente dice las cosas utilizando un mecanismo o eufemîstico, o deîc-
tico de acuerdo al manejo funcional que têngase con el lûdico en cuestiôn. Yo entien-
do por un mecanismo indicativo aquel que dirige a una masa verbal hacia un espacio
determinado, y donde despuês de acoplarse las piezas necesarias para armar el cor-
pus semântico pâsase al desarrollo de lo que debe relucir/descollar/resaltar por resul-
tar un beneficio]
La causa de que quedârame frente a la entrada del museo por unos minutos es la
siguiente: por la contemplaciôn de las dos especiosas columnas dôricas, las que fac-
to sirviêronme de inspiraciôn para que en Bedriaco existiera una instituciôn (la Kos-
mona) en la que en su interior descollaba la sûmula de veinte columnas del mismo
estilo arquitectônico, allende que una sûmula que despertôme la idea de que la gran
sombra ludicara un rol representativo dentro de la Kosmona. Remitirîame a otra in-
defectible funciôn que tuvieron estas columnas en las cortes mayestâticas, pero co-
mo no es el momento tempestivo [para hablar de esto] postêrgolo, dêjolo para otro
kairos, porque por repeticiôn ya ni sê cuântas veces le di puesto, colocaciôn a la su-
sodicha otra funciôn.
Resultôme patêtico ser testigo visual del pêsimo estado del interior del museo,
una deplorable condiciôn verdaderamente impresionante no solamente para los asi-
duos a esta sala de exposiciones, sino para todo aquel que con un mînimo de sensi-
bilidad reaccione por un deterioro asî. Recuerdo que hace tres o cuatro años salîan
a relucir las consecuencias que trae el paso del tiempo, empero que no daban pâbu-
lo de preocupaciôn a los responsables/encargados de planificar una restauraciôn,
de llegar a la decisiôn de si sî o si no el museo podîa continuar abierto. Quedarîa-
me por decir otra cosa que tiene que ver con la atenciôn [sea ya diaria, semanal o
mensual] que deberîa tener el que ocûpase de la limpieza: la capa de polvo que cu-
bre (a) cuasi todas las esculturas, que apodêrase de ellas como si las amara profun-
damente, como si quisiera embadurnarlas para un fin determinado..
--Kosmos, ven acâ, observa esto.
--Allâ voy, Cratino, por quê me llamas?
--Porque si no te llamo, cômo pudieras saber que hablo contigo?
--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Me tiraste la curva y no le
di a la pelota con el bate.
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