Y vaya las cosas que suceden cuando uno menos (se) las espera: cinco minutos des-
puês de encontrar el lugar propicio para escondernos se va la luz, por lo que entonces era
innecesario continuar ocultos, mas aun asî Cratino tuvo razôn al decir que no era conve-
niente abandonar el sitio donde estâbamos, ya que cualesquier criaturas con una linterna
pudiera conocer nuestros semblantes. Entonces, y sin mâs nada que decir, quedô la movi-
lidad anulada. Pude comprender la verba de Forligen, la que saliô a puesto, a colocaciôn
al pasar una hora, respecto a su estado de desasosiego por motivo de su poquîsima pacien-
cia, aunque asimismo por la llenura que tenîa que engendrâbale como un nudo en el gaz-
nate, pero aûn sin provocarle êste ganas de arrojar el contenido del estômago, Sintiendo
compasiôn por êl dîjele que se fuera a su casa, que a la postre y al cabo lo que hacîamos
carecîa de trascendencia por formar parte de un lûdico en el que participâbamos volunta-
riamente, y que en lo atinente al resultado de la observaciôn informarîale lo mâs raudo po-
sible.
El efîmero recuerdo de la academia militar debiôse a la media vuelta que dio Forligen
a continuaciôn de despedirse de nosotros, con la diferencia que la dio hacia la izquierda y
no hacia la derecha, como la daba yo unas cuantas veces al dîa durante todo el tiempo que
estuve en aquêlla; y la que, algo que ya sâbese por las varias veces que lo he dicho, puêde-
se contemplar desde el balcôn del apartamento de Cratino en el edificio construido encima
del macizo montañoso ( karakorum). En realidad este cambio de lado no es el que de facto
interêsame, sino mâs bien la perfecciôn de la media vuelta, mas por lo que sê Forligen ni
hizo el servicio militar ni fue cadete y, entonces, dônde aprendiô a darla sin defecto?
--Kosmos, pero es permitido dar la media vuelta hacia la izquierda?
--De recordar bien, Cratino, no, ni aunque la persona sea zurda. Pero quê relevancia tie-
ne ora tu pregunta si Forligen no estâ bajo el imperativo de la disciplina militar?
--Importancia? Importancia no tiene, sôlo que te pregunte para saber, porque el mismo ca-
so de Forligen es el mîo: ni pasê el servicio militar ni fui cadete.
--Cratino, aûn conservas la foto mîa con el uniforme de cadete?
--Cômo no conservarla si cada vez que la mirô me da risa.
--Risas, Cratino, risas!! Si yo me reîa de mi mismo cuando la veîa, cômo esperar que tû
no te rîas cuando la ves.
--Pues sabes quê? Dejêmos lo de la risa, porque empieza a suceder una cosa seria.
--Cuâl?
--Mira hacia allâ, quiên va en busca de la bicicleta.
--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! El abogado Triptolemo.
--Kosmos, quê duda pudiera haber? El anillo de compromiso es para Isabella.
--Cratino, aquî hay pezuña en jaula.
--Por quê la metâfora, Kosmos?
--Porque si es como tû dices, por quê no estâ Isabella con el abogado?
--Y cômo puedo saber eso?
--Pues tendrîas que dudar de que si lo que tû dijiste es por motivo de algo concreto, o
por suposiciôn de que tiene que ser asî porque la bicicleta pertenece a êl. Escucha. Pa-
rece encajar una cosa con la otra: un hombre encuêntrase en un bistro con una fêmina.
Êsta es mâs joven que êl y menestera de algo convincente, o de algo persuasivo que no
acarrêele inseguridad, sino mâs bien un estimulante poderoso que tachonarîa el pensar
de que solamente es deseada por la juventud que tiene y por las formas frescas que so-
bre el pucho imantan; pero, amigo mîo.....
--Kosmos, a esta hora con este discurso?
--Cratino, el tiempo dirâ la ûltima palabra y, como te dije, parece encajar, pero...
--Pero que ya es suficiente, bastante con la observaciôn, asî que me voy a dormir unas
horas, que la vigilancia me ha causado sueño.
---Repâmpanos!! Buen dormir y hasta el prôximo vernos.
---Lo mismo, y hasta entonces.
Como no soy un lector que lee con la lumbre de una vela, quê harîa regresando a
mi apartamento?, allende que demasiado temprano para irme a dormir, siendo êsta la
razôn por la que decidî caminar hasta la primera estaciôn del bus nocturno, mi medio
de transporte favorito porque en êl suceden cosas extraordinarias y crîpticas, mas co-
mo aûn faltaba una hora y media para que el bus saliera a dar su recorrido tratê de ca-
minar lo mâs despacio posible, de avanzar con una lentitud a la que mis piernas no es-
taban acostumbradas. Y yendo asî hacia donde iba, que no despacio para llegar lejos,
oigo una voz fêmina que llâmame dos veces, no siendo otra la criatura que Isabella y
cubriendo su testa con un velo del mismo color que la pequeña cajita con el anillo de
compromiso, o sea, azul, un kairos favorable para preguntarle lo siguiente:
---Isabella, puêdese saber si el anillo de compromiso era para ti?
---Kosmos, y cômo tû lo sabes?
---Lo sê, porque cuando salimos del bistro Forligen, y al agacharse para sacarse una
piedrecita del calzado, diose cuenta que debajo del asiento de una bicicleta habîa una
cajita azul pequeña con este anillo.
---Y cômo sabes que la bicicleta era del abogado?
---Por la vigilancia que montamos Forligen, Cratino y yo.
---Bueno, te responderîa que sî, que el anillo era para mî, pero despuês que el aboga-
do me dijo sobre êl tuve la inseguridad de si aceptarlo o rechazarlo.
---Ora que me dices esto, no hace falta que me digas que lo rechazaste.
---Y por quê no?
---Porque no estabas junto al abogado cuando êste cogiô su bicicleta.
---Ya, lo que sabes por la vigilancia que montaron.
---Êsa es la res!
---Y quê haces ahora, adônde vas?
---A la primera estaciôn del bus nocturno.
---El bus nocturno? Quê bus es êse?
---Uno en el que suceden cosas extraordinarias y crîpticas.
---Verdad? Me interesa eso, a pesar de ser una estudiante de medicina. Puedo ir conti-
go?
---Claro que sî! Cômo no?