Donnerstag, 20. November 2025

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       Y vaya  las cosas  que suceden  cuando uno menos (se) las espera: cinco minutos des-

puês de  encontrar el lugar propicio para escondernos se va la luz, por lo que entonces era 

innecesario  continuar  ocultos, mas  aun asî Cratino tuvo razôn al decir que no era conve-

niente  abandonar el sitio  donde estâbamos, ya que cualesquier criaturas con una linterna 

pudiera  conocer nuestros semblantes. Entonces, y sin mâs nada que decir, quedô la movi-

lidad anulada. Pude  comprender la verba de Forligen, la que saliô a puesto, a colocaciôn

al pasar una hora, respecto a su estado de desasosiego por motivo de su poquîsima pacien-

cia, aunque  asimismo por la llenura que  tenîa que engendrâbale como un nudo en el gaz-

nate, pero  aûn sin  provocarle  êste ganas de arrojar el contenido del estômago, Sintiendo

compasiôn   por êl dîjele  que se fuera a su casa, que a la postre y al cabo lo que hacîamos

carecîa  de trascendencia  por formar parte de un lûdico en el que participâbamos volunta-

riamente, y que en lo atinente al resultado de la observaciôn informarîale lo mâs raudo po-

sible.

      El efîmero recuerdo de la academia militar debiôse a la media vuelta que dio Forligen

a continuaciôn de despedirse de nosotros, con la diferencia que la dio hacia la izquierda y

no hacia la derecha, como la daba yo unas cuantas veces al dîa durante todo el tiempo que

estuve en aquêlla; y la que, algo que ya sâbese por las varias veces que lo he dicho, puêde-

se contemplar desde el balcôn del apartamento de Cratino en el edificio construido encima

del macizo montañoso ( karakorum). En realidad este cambio de lado no es el que de facto

interêsame, sino  mâs  bien la perfecciôn de la media vuelta, mas por lo que sê Forligen ni

hizo el servicio militar ni fue cadete y, entonces, dônde aprendiô a darla sin defecto?

--Kosmos, pero es permitido dar la media vuelta hacia la izquierda?

--De recordar bien, Cratino, no, ni aunque la persona sea zurda. Pero quê relevancia tie-

ne ora tu pregunta si Forligen no estâ bajo el imperativo de la disciplina militar?

--Importancia? Importancia no tiene, sôlo que te pregunte para saber, porque el mismo ca-

so de Forligen es el mîo: ni pasê el servicio militar ni fui cadete.

--Cratino, aûn conservas la foto mîa con el uniforme de cadete?

--Cômo no conservarla si cada vez que la mirô me da risa.

--Risas, Cratino, risas!! Si yo me reîa de mi mismo cuando la veîa, cômo esperar que tû 

no te rîas cuando la ves.

--Pues sabes quê? Dejêmos lo de la risa, porque empieza a suceder una cosa seria.

--Cuâl?

--Mira hacia allâ, quiên va en busca de la bicicleta.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! El abogado Triptolemo.

--Kosmos, quê duda pudiera haber? El anillo de compromiso es para Isabella.

--Cratino, aquî hay pezuña en jaula.

--Por quê la metâfora, Kosmos?

--Porque si es como tû dices, por quê no estâ Isabella con el abogado?

--Y cômo puedo saber eso?

--Pues tendrîas que dudar de que si lo que tû dijiste es por motivo de algo concreto, o

por suposiciôn de que tiene que ser asî porque la bicicleta pertenece a êl. Escucha. Pa-

rece encajar una cosa con la otra: un hombre encuêntrase en un bistro con una fêmina.

Êsta es mâs joven que êl y menestera de algo convincente, o de algo persuasivo que no

acarrêele inseguridad, sino mâs bien un estimulante poderoso que tachonarîa el pensar

de que solamente es deseada por la juventud que tiene y por las formas frescas que so-

bre el pucho imantan; pero, amigo mîo.....

--Kosmos, a esta hora con este discurso?

--Cratino, el tiempo dirâ la ûltima palabra y, como te dije, parece encajar, pero...

--Pero que ya es suficiente, bastante con la observaciôn, asî que me voy a dormir unas

horas, que la vigilancia me ha causado sueño.

---Repâmpanos!! Buen dormir y hasta el prôximo vernos.

---Lo mismo, y hasta entonces.

       Como no soy un lector que lee con la lumbre de una vela, quê harîa regresando a

mi apartamento?, allende que demasiado temprano para irme a dormir, siendo êsta la

razôn por la que decidî caminar hasta la primera estaciôn del bus nocturno, mi medio

de transporte  favorito porque en êl suceden cosas extraordinarias y crîpticas, mas co-

mo aûn faltaba una hora y media para que el bus saliera a dar su recorrido tratê de ca-

minar lo mâs despacio posible, de avanzar con una lentitud a la que mis piernas no es-

taban  acostumbradas. Y yendo asî hacia donde iba, que no despacio para llegar lejos,

oigo una voz fêmina que llâmame dos veces, no siendo otra la criatura que Isabella y

cubriendo su testa con un velo del mismo color que la pequeña cajita con el anillo de

compromiso, o sea, azul, un kairos favorable para preguntarle lo siguiente:

---Isabella, puêdese saber si el anillo de compromiso era para ti?

---Kosmos, y cômo tû lo sabes?

---Lo sê, porque cuando salimos del bistro Forligen, y al agacharse para sacarse una

piedrecita del calzado, diose cuenta que debajo del asiento de una bicicleta habîa una

cajita azul pequeña con este anillo.

---Y cômo sabes que la bicicleta era del abogado?

---Por la vigilancia que montamos Forligen, Cratino y yo.

---Bueno, te responderîa que sî, que el anillo era para mî, pero despuês que el aboga-

do me dijo sobre êl tuve la inseguridad de si aceptarlo o rechazarlo.

---Ora que me dices esto, no hace falta que me digas que lo rechazaste.

---Y por quê no?

---Porque no estabas junto al abogado cuando êste cogiô su bicicleta.

---Ya, lo que sabes por la vigilancia que montaron.

---Êsa es la res!

---Y quê haces ahora, adônde vas?

---A la primera estaciôn del bus nocturno.

---El bus nocturno? Quê bus es êse?

---Uno en el que suceden cosas extraordinarias y crîpticas.

---Verdad? Me interesa eso, a pesar de ser una estudiante de medicina. Puedo ir conti-

go?

---Claro que sî! Cômo no?


















 









 




 




















 

        






Freitag, 14. November 2025

180

      Y quê buenîsimo muchitanto saber que Triptolemo en el pasado (autodidâcticamen-

te) tocô la guitarra elêctrica y compuso algunos temas, lo que traduce que posee un in-

herente talento musical, y el que tal vez/a lo mejor no desarrollô por este motivo: por el

de tener (claramente) decidido desde aquel entonces estudiar para ser abogado. Y si es-

to lo doy como una posibilidad, mejor dicho, si esto sâcolo a puesto, a colocaciôn como

una posibilidad no es otro el porquê que el siguiente: porque cuando entrô en verba con

Forligen  no dijo la razôn  por la cual no aprovechô su talento. Sea como fuere es igual,

ya que lo mâs relevante es el presente, dimensiôn del tiempo que por estar en medio de

las dimensiones pasado y futuro, donde la resonancia de lo que fue y del câlculo/la idea/

la ilusiôn de lo que serâ ludican un rol significativo, es la justa, la conveniente, la propi-

cia para  hacer un anâlisis coralino que favorece/enriquece el existencial actual, y valo-

rado êste  como el indefectible para que a la virtud no fâltale su ejercicio---sin el ejerci-

cio constante  de la potencia no es garante un cien por ciento de la eudemonîa---cuales-

quier dudas de que si hîzose lo correcto o no o tendrîan menos peso, o simple/llanamen-

te quedarîan anuladas.

       Dejo a un lado los empollamientos causales, si es que puedo apellidarlos asî hasta

el momento en que un academikus plantee un problema deîctico que sea blanco de mis

preferencias nominativas, para informar que como no pudimos ingerir todita la comida,

y  para que no fuese botada, que no son pocas las criaturas que sucumben en este mun-

do---segûn Leibniz es entre los posibles el mejor---por carencia de sustentos/de alimen-

taciôn, hice  taxativamente lo que dîjome  el camarero: que el caso de que quisiêramos

algo mâs  que levantâramos la mano. A pesar del poquitîsimo trabajo en el bistro, por-

que  si cuando llegamos los presentes  podîan contarse con los dedos, como dije, pero

ahora sôlo  terminaban de comer Isabela y Triptolemo, el camarero vino siete minutos

despuês  justificando su  dilaciôn con cierta  pericia en el manejo de la protocolaridad,

a la  que de facto no  enfrentême por la llenura que tenîa que impedîa que la verba flu-

yese con vigorosidad y soltura. Y en fin, que esto preguntêle:

--Nos puede facilitar algo para llevarnos la comida que no pudimos comer por ser mu-

chitanta?

---Claramente que sî! Pero antes de traerles lo que necesitan debo, y por una cuestiôn

del programa, preguntarles si desean tomar cafê o algûn postre.

---Cômo, un ûltimo plato? Quê va!! Nada de mâs platos que estamos hasta el gaznate

atiborrados de sustento.

---Pido disculpa por mi pregunta, pero debî hacerla por la cuestiôn susodicha. Regre-

so râpido con lo que pueden llevarse la comida que no se pudieron comer.

---Seguro que raudo regresa? 

       Como ya habîa pensado en esto no cogiôme de sorpresa: que como yo era el ûni-

co que tenîa una bolsa tendrîa que  llenarla con los tres medianos potes plâsticos con

la comida  que no  pudimos comer, mas como la distancia que separa el bistro de mi

apartamento  es de  doscientos metros, o sea, una  distancia corta, el peso de la bolsa

no afectarîame  mucho, no serîa el  motivo de algûn  malestar en los hombros, o que 

en la clavîcula quedara la marca de la  correa. Formando parte del trato al cliente, el

camarero  nos concomitô hasta la puerta, la abriô y nos dijo que esperaba volvernos

a ver, que nuestra presencia se repitiera, porque era un honor para el colectivo de la-

boro del bistro  que el cliente diera muestra de preferencia, y la que a su vez favore-

ce al incremento del prestigio, de la reputaciôn del pequeño restaurante asiâtico, pe-

ro con el fin de eludir una promesa, una esperanza, yo solamente dîjele que la comi-

da estaba exquisita---a pesar de no ser un erastes de la comida asiâtica, reconozco lo

que hay que reconocer---, mas que era demasiada.

---No es la primera vez que un cliente que no es de Kuala Lumpur, o de alguna loca-

lidad asiâtica, se queja  por la cantidad de comida, pero te digo una cosa: aquî tene-

mos un buzôn de quejas y sugerencias, asî que si lo deseas...

---No, camarero, no, no es necesario, queda entre nosotros, porque en realidad desa-

grâdanme tal buzôn.

---Y a mî tambiên, pero como el restaurante no es mîo no puedo quitar el buzôn de

donde estâ. No sê si me entiendes? Me entendiste?

---Cômo no entender una verba facilîsima, sin circunloquios y complicaciones?

---Muy bien, entonces les deseo que tengan una buena noche y hasta la prôxima.

---Gracias muchitantas!! Igual, buena nocturna, camarero.

        Aproximadamente a veinte metros del bistro Forligen agâchase para sacar una

piedrecita de la suela del zapato, mas como frente a êl habîa una bicicleta tirada en

el suelo fîjase que habîa una cajita metida en la parte de abajo del asiento y de color

azul. Interesado  en saber lo que  protegîa la cajita la coge y la abre, y tanto Cratino

como yo somos testigos visuales de cômo abre la boca, pônese la mano derecha de-

lante y afirma: no, no puede ser, increîble!

---Forligen, quê es lo que ser no puede, lo que insôlito es?

---Kosmos, este anillo de compromiso âureo. Pero lo que acabo de afirmar mâs bien

es debido a que esta cajita estê escondida aquî.

---Forligen, y si analizamos la res, podemos llegar un poco lejos, educir posibles de

acuerdo a lo examinado de la cosa.

---Tampoco es que ahora tengamos que convertirnos en investigadores por una caji-

ta con un anillo de compromiso.

---Cratino, quê tû crees, o que aportas?

---Kosmos, que primero tendrîamos que saber a quiên pertenece esta bicicleta, por-

que el anillo no parece barato.

---Interesante tu decir, porque si el anillo no parece barato quiere decir que el que lo

comprô tiene basto peculio para comprarlo; pero, y lo que despiêrtame la reflexiôn,

porque traslâdase de un lugar a otro con una bicicleta?

---Tû quieres decir que quien tenga suficiente dinero no monta bicicleta?

---Êsa es la res!

---No lo creo asî, tû estâs esquematizando.

---Esquematizando o exactivando?

---Kosmos, sea como fuere mantengo mi verba de que primero tendrîamos que.....

---Que saber quiên es el propietario/dueño de la bicicleta.

---Câspita!! Lo que nos sobra es tiempo y lo que nos espera es madrugada.

---De acuerdo, Kosmos, pero por lo menos busquemos un lugar desde el que poda-

mos observar sin ser vistos.

---De mi parte, Forligen, no hay oponencia. Y de la tuya, Cratino?

---Tampoco, Kosmos, tampoco.
























 








  













 






 






  



Dienstag, 11. November 2025

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      Media hora despuês, y cuando el camarero vino con una bandeja que soportaba el

peso de los tres platos y el de la botella de vino, nos impresionô la cantidad de comida

que por ethôs sirven en este bistro, por lo que tuve la necesidad de hacerle esta pregun-

ta al camarero:

--Y todas las criaturas que vienen a este bistro dejan el plato limpio?

--Las de Kuala Lumpur son las ûnicas, y hasta repiten; pero, y por supuesto, coman y

hasta donde  puedan, que de todas es igual, porque estê el plato limpio o no el precio 

es el mismo, no cambia en absoluto ni se puede regatear.

--Negociar un precio en un restaurante? Nunca lo escuchê.

--Con el tiempo que llevo trabajando aquî te puedo decir que sî ha sucedido, sobre to-

do con gentes atrevidas, sin conciencia de respeto y petulantes por el oficio que tienen

que les  da poder. Y en fin, les deseo un buen apetito, y si quieren algo mâs solamente

tienen que levantar la mano.

--Parêceme que la mano se va a quedar abajo, mas sî necesito que me traiga un plato

extra.

--Pequeño, mediano o grande?

--Grande!

---Regreso enseguida.

      Y vaya quê causalidad, el plato era de la misma marca que las tazas de cafê con le-

che que yo tengo: Winterling, razôn por la cual hîceme estâ pregunta en voz alta: Por 

quê en este bistro, y en vez de asiaticas, las tazas que hay son de Deutschlad?

--Kosmos, me parece que esto estâ al revês: un paîs asiâtico comprândole a Alemania.

--Amigo mîo, en este mundo actual hay viramientos por todas partes.

--Kosmos, y cuâl es la  importancia de la marca del plato, si como plato da lo mismo

que sea de cualquier parte?

--Forligen, tu pregunta remite a la funciôn del plato, y en este sentido tienes razôn, pe-

ro no todo el mundo confôrmase con esta funciôn.

--O sea, tû no te conformas.

--Has captado correctamente! 

--Pero te pregunto: por quê no te conformas?

--Forligen, retira la pregunta, si es que no quieres oîr un discurso.

--Cratino, un discurso por una cosa tan simple?

--Lamentable que tû, y conociendo bastante bien a Kosmos, hagas esta pregunta.

--Forligen, de verdad quieres que te la responda?

--Deja, Kosmos, deja, quêdate callado.

--Forligen, y no te vires ahora, porque chocarîas con su mirada, pero Isabela no deja

de mirar hacia acâ.

--Cratino, te agradezco el aviso, pero de que mire no me importa, ya no me importa.

      Un rato despuês, y a pesar de lo que dijo, Forligen dejô muestra de inquietud por

lo  siguiente: por la  llegada de una criatura  que no dejô de caminar hasta llegar a la

mesa donde Isabela comîa, pero como Cratino y yo habîamos visto su carta de iden-

tidad, en el bosque de los liberales, sabîamos quiên era: el abogado Triptolemo Eleu-

sis.

--Kosmos, Cratino, por quê ustedes se miran?

--Forligen, porque nosotros sabemos de quiên trâtase la criatura que estâ con tu ex-

novia.

--Ah sî? Y quiên es. Kosmos?

--El abogado Triptolemo Eleusis!

--Nunca imaginê que Isabela relacionârase (pudiera relacionarse y) con una persona 

con ese oficio.

--Nôtase/resalta/descolla que lo tuyo es la mûsica.

--Kosmos, quê tû me quieres decir con esto, que...

--Que de tu magîn salen las musicalidades atrayentes, que no un conocimiento concre-

to/especîfico/preciso de lo que puede hacer una fêmina o cuando tiene necesidad de al-

go, o cuando desea lograr lo que se propone (propuso) sin que ludique un rol significan-

te (significativo) la sûmula de las edades.

--Kosmos, ya sê que como mûsico estoy en otro mundo, pero/lo que no quiere decir que

sea un ignorante.

--Ignorante no es el tempestivo adjetivo.

--Ah no, y entonces cuâl me pega?

--Dejêmoslo aquî, que ya tienes bastante con saber que Isabela no quiere saber mâs na-

da de ti.

      Mâs porque êrale menester, que hacerlo con la intenciôn de llamar la atenciôn, y sin

aûn haber terminado de ingerir toda la comida, Forligen saca la guitarra del nuevo estu-

che comprado en el extranjero, y a continuaciôn de la afinaciôn debida, porque segûn el

aunque la  guitarra estê  protegida desafînase un poco por la temperatura, interpretô una

de sus  ûltimas canciones con un texto no sôlo espeluznante sino que asimismo comple-

jo. Insôlitamente acêrcase a la mesa de nosotros Triptolemo, coge una silla y la pone jus-

tamente  frente por frente a Forligen, y como a un niño que cântanle para que duêrmase

escuchô  la canciôn. Llegada  a su final êsta, Forligen hâcele dos inteligibles preguntas,

refiriêndose la primera al porquê del interês por escuchar algo nada fâcil de entender; la

segunda, al escaso sentido de la caballerosidad con una fêmina que sin reparo/negaciôn/

oponencia  permitiô un  comensal en su mesa. Mas antes de responder Triptolemo saca

del bolsillo derecho de su saco un tabacôn exento de la cinta (o del sello) que revela la

marca, y con un fôsforo cuasi del mismo tamaño del producto de la planta solanâcea lo

prende, y entonces dice:

---Mûsico, claramente que sê cômo te llamas, porque si fuiste novio de Isabela cômo

no saberlo.

---Eso quiere decir que Isabela se lo dijo ahora?

---Y tiene alguna importancia cuândo me lo dijo? Escucha, Forligen, no estoy aquî pa-

ra ponderar algo que ya no tiene remedio, que fue parte de tu pasado y, como tal, un in-

deleble recuerdo, sino mâs bien para preguntarte, y en el caso de que la tengas, si es po-

sible comprarte una grabaciôn de tus temas. Pero antes de que me respondas, te respon-

do tus dos preguntas.

--Oîgo sus respuestas, Abogado.

--La atracciôn por tu canciôn, que no es lo mismo que interês, y a pesar de que estâ lle-

na de metâforas, dêbese a que mucho antes de ser abogado tocaba la guitarra, empero

no acûstica sino elêctrica, y tambiên componîa como tû. Respecto a la segunda pregun-

ta nada tiene que ver el sentido de caballerosidad, y si dejê sola por unos minutos a Isa-

bela  fue porque ella misma me dijo que no pasaba nada si el deseo mîo era el de escu-

charte de cerca.

--Gracias por sus respuestas! Y por su pregunta le informo de que sî, que tengo varias

grabaciones de mis temas, pero que no de las recientes canciones.

--Pero tendrâs grabaciôn de êstas, no?

--Sî, claro, pero demora mâs o menos seis meses.

--Entiendo! Bueno, hâgamos una cosa: nos ponemos de acuerdo, fijâmos una fecha pa-

ra pasar por tu casa y oîr tus grabaciones viejas, y si me gustan te las compro sin rega-

tear el precio. Estâ bien?

--Perfecto!! Dême su nûmero de telêfono para dejarle saber cuândo puede pasar.

-- 078 456 56 78. 

--Ya lo tengo!  

--Entonces espero tu llamada.

--Quede seguro de ella.

--Magnîfico!! 






 



 



 







 



 





   

















 























      

Sonntag, 9. November 2025

178

    O no tienes ganas de algo y lo tienes, o al revês, tienes ganas de algo y no lo tienes,

siendo lo segundo el caso de nosotros, porque tenîamos ganas de ingerir alimentos, pe-

ro  como Aspasia ni estaba en el apartamento ni cocinô nada no pudimos ingerir êstos,

siendo êste el motivo por el que decidimos ingerirlos afuera, y en un bistro a doscien-

tos metros de mi edificio propiedad de un oriundo de Kuala Lumpur, o sea, que en es-

te  pequeño restaurante  solamente hay  comida asiâtica, una que no es muchitanto de  

mi gusto, empero cuando el hambre impera como que el gusto pasa a un segundo pla-

no, o que si no no tiênesele muy en cuenta. 

    Al penetrar en el bistro contadas eran las criaturas presentes, siendo una êstas nada

mâs y nada menos que Isabela. Con el fin de sacarle provecho a la oportunidad, Forli-

gen pregûntanos si nos molestâbamos porque êl en vez de comer con nosotros comie-

ra con ella, aun sin estar completamente seguro de que fuese posible su deseo, respon-

diêndole  yo que con probar  no piêrdese nada, que el tiempo no piêrdese si de lo que

trâtase es de recuperar/volver a tener el cuerpo que una vez fue dador de placer, la ra-

zôn  de que soñârase con êl por el beneficio que procura, por el bienestar que levanta:

por la eudemonîa que engendra?

     Finalizando mi verba con una interrogante con la que aludo al estagirita, Cratino

salta como mi viejo sapo en una hoja de malanga, mas sin empollar una consecuente

reafirmaciôn que diêrame pâbulo de sacar a puesto, a colocaciôn mi repetido epîmo-

ne, retôrica figura: punto  a la raya y que  continûe la letra. Seguido a la no fluencia 

de la verba, de su detenimiento, de su no continuar por la carencia de estîmulo, Cra-

tino no reprôchame por yo no haber intentado persuadirlo, y como cuasi siempre ha-

go con otros interlocutores, con una tâctiva expresiva compleja y, en algunos casos,

ambigua, lo que calaña no es de otra cosa que de su actitud versâtil en momentos en

que yo por un porquê, o sea, por un motivo, o dejo de entrar en diâlogo o de pronun-

ciar con soltura mis indefectibles pinceladas.

        Cinco minutos despuês, y como el camarero no aparecîa, fui en busca de la car-

ta del menû y la del vino, y en lo que regresaba a la mesa con êstas soy testigo visual

de una cosa: de que Forligen estaba sentado en la mesa de nosotros, allende que con

un semblante tan triste que daba pena, razôn por la cual Cratino lo consolaba con una

verba adecuada/correspondiente/pertinente/tempestiva. Y entonces dîceme Cratino al

yo poner las cartas en el mismo centro de la mesa:

--Kosmos, es que Isabela no quiere saber mâs nada de êl.

--Ay, el mor!! Tanto que es hontanar de placer como de dolor.

--Contra Kosmos, en vez de que con otra menguas su dolor con una verba verosîmil?

--Gracias, Cratino, gracias!! Pero no me incrementa el dolor las palabras de Kosmos.

--Ya sê, Forligen, que tû conoces a Kosmos desde hace tiempo, y tal vez por estar ya

acostumbrado a escucharlo no te coge de sorpresa su carencia de compasiôn.

--Pero Cratino, y ademâs, lo que dijo Kosmos es asî como lo dijo. Reconozco que fui

el culpable de que Isabela me empezara a dejar de querer en aquella fiesta del general

en su casa.

--Forligen, quien te traicionô con otro fue ella y, por lo mismo, y en todo caso, quien

debiô de comenzar a quererla menos eres/serîas tû.

--Sî, Cratino, estâ bien, pero aun asî lo que pasô en aquella ocasiôn fue tan sôlo dador

de placer por unos minutos.

--Tû estâs seguro de lo que dices? No olvides que lo que empieza crece, se desarrolla

y....

--Y muere, Cratino, muere.

--Pero antes de que muera ten en cuenta las diferentes etapas por las que tiene que pa-

sar todo lo que empieza.

--Cratino, de lo que nosotros tenîamos ganas era de comer, que no de filosofar en un

bistro, no?

--Pues agarra la carta y êchale una miradita, y de tu gusto depende lo que desearîas in-

gerir.

--Cratino, y quê tû crees? Comiendo olvîdase el dolor?

--Kosmos, da pena tu pregunta?

--Câspita Cratino!! Cômo, que da dolor? 

--Sê que dolor, en el diccionario de la lengua española, es pena, que tambiên sufrimien-

to, pero tû te fuiste por el camino interrogativo mâs conveniente.

--Conveniente? Y para quê?

--Para tener motivo de decir uno de tus epîmones favoritos: punto a la raya y que conti-

nûe la letra.

--Risas, Cratino, ri-sas!!

--Y, Forligen, ya encontraste algo que te apetezca, aunque no sea un manjar exquisito, y

sî una especialidad asiâtica?

--Cratino, entre tû y kosmos la diferencia sarcâstica no es muy grande.

--Pues sabes quê? Ahora me toca la risa a mî.













  




 







  








  





  




  

Montag, 3. November 2025

177

     En realidad el mutismo de Cristiano Olivio Gobîn no me extraña, puedo entender-

lo, porque no es nada nuevo que una persona que no te conozca mueva su lengua con

soltura para revelar sobre el pucho o cosas personales o cosas que tienen que ver con 

su laboro, razôn por la cual no pudimos enterarnos del porquê de eyectar en su rostro

un jovial. A pesar  de que Yelas estuvo en desacuerdo con mi verba, porque segûn su

consideraciôn êl contôle sobre si mismo mâs que suficiente a Cristiano aun sin cono-

cerlo, ni tan siquiera hizôle una breve pregunta a êste, tratô de romper su silencio con

una interrogativa provocante, mas como a mî me da igual que estên a favor o en con-

tra de mi verba seguî mirando la  escultura como si no hubiese pasado nada, como si

no existiera ni Cristiano ni Yelas, que a la postre y al cabo la escultura es lo mâs rele-

vante, la dadora de un jovial acicateante. 

       Si en algo nos favoreciô el mutismo de Cristiano fue en lo siguiente: en que pudi-

mos escuchar la escandalosa conversa entre el empleado de limpieza y Diopeites. Me

consta  de que Diopeites, y por su oficio, jamâs alza la voz, mas como el intercambio

de verba era debido  a la înfula que colgaba del cuello de la escultura de Praxiletes la

subida  de tono fue menester por êl considerar una injuria lo que habîa sucedido. Ora

bien, porque yo haya dicho que pudimos escuchar la escandalosa conversa entre ellos

no  quiere decir que la oîmos  claramente, ya que la forma de hablar del empleado de

la limpiera era tan embrollada que no comprensîase nîtida/inteligiblemente lo que de-

cîa. De tal guisa, y por lo anterior dicho, la conversa no durô muchitanto, porque Dio-

peites decidiô que era mejor recuperar la înfula que seguir hablando.

      Cuando salimos del museo Yelas presêntale a Diopeites a Cristiano Olivio Gobîn,

y a continuaciôn de esto revêlame Diopeites que la înfula pertenecîa a un obispo com-

pinche de êl, empero lo que sî no dejôme  saber fue el porquê de que este compinche

no  viniera a buscarla, que  tampoco como habîa  sido posible que la dejara en el mu-

seo. Con la intenciôn de tener un conocimiento mînimo de Cristiano, Diopeites le pre-

gunta a êste paar de preguntas habituales, repetidas dentro de un esquema donde pre-

pondera  la teo-logîa, empero como  Cristiano es arquitecto, o sea, es  el responsable

de su propia creaciôn responde asî:

--Diopeites, no necesito ninguna fantasîa metafîsica, como que tampoco un mito, por-

que mi trabajo  nada tiene que  ver ni con aquêlla ni con êste, sino mâs bien con algo

que puedo  hacer de  acuerdo a mi talento, a mi experiencia y a mis estudios de arqui-

tectura, tres cosas que nadie me ha dado.

     Este cuasi decir que la creencia en lo que no puêdese comprobar, en lo que es creî-

ble por el hecho de una repeticiôn constante y sonante para un fin determinado no re-

suenan ni engendran atracciôn alguna, fue el motivo de que Diopeites mirara con fije-

za a Cristiano, pero como Diopeites tenîa el tiempo contado para regresar a la catedral

barroca solamente sacô a puesto, a colocaciôn esta verba:

--Cristiano, si en algûn momento usted necesita una ayuda siempre me encuentra en la

catedral barroca antes de las diez de la noche.

--No creo que la necesite, porque todos los dîas tengo tanto que hacer que lo que sî me

es necesario es dormir, caer en la cama y cerrar los ojos cinco horas como mînimo.

--Bueno, ya tengo que irme, pero no antes de desearle a todos que tengan un buen dîa.

     Unos pocos minutos despuês se fueron Yelas y Cristiano, y Cratino hîzome esta pre-

gunta:

--Kosmos, quiên tû crees que haya puesto la înfula en el cuello de la escultura?

--Câspita, Cratino! Esta pregunta no puêdotela responder, porque ni idea tengo de quiên

haya sido. Pero dime: por quê te interesa saberlo?

--No es que me interese, es que se me ocurriô la pregunta, porque esto de la înfula estâ

un poco misterioro.

--No solamente misterioso, sino que asimismo algo que hace pensar cômo fue posible

colocarla en el cuello de la escultura, porque como tu viste êsta es bastante alta.

--Sabes quê, no creo que llegue a ser un puzzle, porque con una escalera.....

--Amigo mîo no, no porque en el museo estân vedadas las escaleras.

--Y cômo tû sabes eso?

---El cômo no es relevante, Cratino. Confia en lo que dîgote.

---Pero no entiendo el porquê de que estên vedadas.

---El porquê no lo sê, êste sî que lo ignoro.

---Kosmos, y cômo, entonces, el empleado de la limpieza va a limpiar la testa de las

esculturas?

---Una buena pregunta, mas pregûntale al empleado. Y dime, tienes hambre?

---No mucha, pero si un poco. Por quê preguntas?

---Porque como sê que ya Aspasia debe de haber preparado algo de comida êsta al-

canza para alimentar a tres.

---O sea, que adonde vamos ahora es a tu apartamento, no?

---Êsa es la res!!

       Faltando poco para llegar a mi apartamento sucede algo inesperado: el encuentro

con Forligen, quien nos deja saber que regresô antes de tiempo del extranjero y por la

siguiente razôn: por la de no soportar el frîo, lo que traduce que no terminô de cumplir

con  el  contrato musical. Con el telos de entrar en verba para que contâranos sobre su

estancia afuera, y como traîa su  guitarra  protegida por un  nuevo estuche para que de 

paso interpretara alguno de sus temas recientes, lo invito a comer con nosotros, invita-

ciôn que no rechazô por estar famêlico.



 




















 













 




  




 

 








 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...