En realidad el mutismo de Cristiano Olivio Gobîn no me extraña, puedo entender-
lo, porque no es nada nuevo que una persona que no te conozca mueva su lengua con
soltura para revelar sobre el pucho o cosas personales o cosas que tienen que ver con
su laboro, razôn por la cual no pudimos enterarnos del porquê de eyectar en su rostro
un jovial. A pesar de que Yelas estuvo en desacuerdo con mi verba, porque segûn su
consideraciôn êl contôle sobre si mismo mâs que suficiente a Cristiano aun sin cono-
cerlo, ni tan siquiera hizôle una breve pregunta a êste, tratô de romper su silencio con
una interrogativa provocante, mas como a mî me da igual que estên a favor o en con-
tra de mi verba seguî mirando la escultura como si no hubiese pasado nada, como si
no existiera ni Cristiano ni Yelas, que a la postre y al cabo la escultura es lo mâs rele-
vante, la dadora de un jovial acicateante.
Si en algo nos favoreciô el mutismo de Cristiano fue en lo siguiente: en que pudi-
mos escuchar la escandalosa conversa entre el empleado de limpieza y Diopeites. Me
consta de que Diopeites, y por su oficio, jamâs alza la voz, mas como el intercambio
de verba era debido a la înfula que colgaba del cuello de la escultura de Praxiletes la
subida de tono fue menester por êl considerar una injuria lo que habîa sucedido. Ora
bien, porque yo haya dicho que pudimos escuchar la escandalosa conversa entre ellos
no quiere decir que la oîmos claramente, ya que la forma de hablar del empleado de
la limpiera era tan embrollada que no comprensîase nîtida/inteligiblemente lo que de-
cîa. De tal guisa, y por lo anterior dicho, la conversa no durô muchitanto, porque Dio-
peites decidiô que era mejor recuperar la înfula que seguir hablando.
Cuando salimos del museo Yelas presêntale a Diopeites a Cristiano Olivio Gobîn,
y a continuaciôn de esto revêlame Diopeites que la înfula pertenecîa a un obispo com-
pinche de êl, empero lo que sî no dejôme saber fue el porquê de que este compinche
no viniera a buscarla, que tampoco como habîa sido posible que la dejara en el mu-
seo. Con la intenciôn de tener un conocimiento mînimo de Cristiano, Diopeites le pre-
gunta a êste paar de preguntas habituales, repetidas dentro de un esquema donde pre-
pondera la teo-logîa, empero como Cristiano es arquitecto, o sea, es el responsable
de su propia creaciôn responde asî:
--Diopeites, no necesito ninguna fantasîa metafîsica, como que tampoco un mito, por-
que mi trabajo nada tiene que ver ni con aquêlla ni con êste, sino mâs bien con algo
que puedo hacer de acuerdo a mi talento, a mi experiencia y a mis estudios de arqui-
tectura, tres cosas que nadie me ha dado.
Este cuasi decir que la creencia en lo que no puêdese comprobar, en lo que es creî-
ble por el hecho de una repeticiôn constante y sonante para un fin determinado no re-
suenan ni engendran atracciôn alguna, fue el motivo de que Diopeites mirara con fije-
za a Cristiano, pero como Diopeites tenîa el tiempo contado para regresar a la catedral
barroca solamente sacô a puesto, a colocaciôn esta verba:
--Cristiano, si en algûn momento usted necesita una ayuda siempre me encuentra en la
catedral barroca antes de las diez de la noche.
--No creo que la necesite, porque todos los dîas tengo tanto que hacer que lo que sî me
es necesario es dormir, caer en la cama y cerrar los ojos cinco horas como mînimo.
--Bueno, ya tengo que irme, pero no antes de desearle a todos que tengan un buen dîa.
Unos pocos minutos despuês se fueron Yelas y Cristiano, y Cratino hîzome esta pre-
gunta:
--Kosmos, quiên tû crees que haya puesto la înfula en el cuello de la escultura?
--Câspita, Cratino! Esta pregunta no puêdotela responder, porque ni idea tengo de quiên
haya sido. Pero dime: por quê te interesa saberlo?
--No es que me interese, es que se me ocurriô la pregunta, porque esto de la înfula estâ
un poco misterioro.
--No solamente misterioso, sino que asimismo algo que hace pensar cômo fue posible
colocarla en el cuello de la escultura, porque como tu viste êsta es bastante alta.
--Sabes quê, no creo que llegue a ser un puzzle, porque con una escalera.....
--Amigo mîo no, no porque en el museo estân vedadas las escaleras.
--Y cômo tû sabes eso?
---El cômo no es relevante, Cratino. Confia en lo que dîgote.
---Pero no entiendo el porquê de que estên vedadas.
---El porquê no lo sê, êste sî que lo ignoro.
---Kosmos, y cômo, entonces, el empleado de la limpieza va a limpiar la testa de las
esculturas?
---Una buena pregunta, mas pregûntale al empleado. Y dime, tienes hambre?
---No mucha, pero si un poco. Por quê preguntas?
---Porque como sê que ya Aspasia debe de haber preparado algo de comida êsta al-
canza para alimentar a tres.
---O sea, que adonde vamos ahora es a tu apartamento, no?
---Êsa es la res!!
Faltando poco para llegar a mi apartamento sucede algo inesperado: el encuentro
con Forligen, quien nos deja saber que regresô antes de tiempo del extranjero y por la
siguiente razôn: por la de no soportar el frîo, lo que traduce que no terminô de cumplir
con el contrato musical. Con el telos de entrar en verba para que contâranos sobre su
estancia afuera, y como traîa su guitarra protegida por un nuevo estuche para que de
paso interpretara alguno de sus temas recientes, lo invito a comer con nosotros, invita-
ciôn que no rechazô por estar famêlico.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen