O no tienes ganas de algo y lo tienes, o al revês, tienes ganas de algo y no lo tienes,
siendo lo segundo el caso de nosotros, porque tenîamos ganas de ingerir alimentos, pe-
ro como Aspasia ni estaba en el apartamento ni cocinô nada no pudimos ingerir êstos,
siendo êste el motivo por el que decidimos ingerirlos afuera, y en un bistro a doscien-
tos metros de mi edificio propiedad de un oriundo de Kuala Lumpur, o sea, que en es-
te pequeño restaurante solamente hay comida asiâtica, una que no es muchitanto de
mi gusto, empero cuando el hambre impera como que el gusto pasa a un segundo pla-
no, o que si no no tiênesele muy en cuenta.
Al penetrar en el bistro contadas eran las criaturas presentes, siendo una êstas nada
mâs y nada menos que Isabela. Con el fin de sacarle provecho a la oportunidad, Forli-
gen pregûntanos si nos molestâbamos porque êl en vez de comer con nosotros comie-
ra con ella, aun sin estar completamente seguro de que fuese posible su deseo, respon-
diêndole yo que con probar no piêrdese nada, que el tiempo no piêrdese si de lo que
trâtase es de recuperar/volver a tener el cuerpo que una vez fue dador de placer, la ra-
zôn de que soñârase con êl por el beneficio que procura, por el bienestar que levanta:
por la eudemonîa que engendra?
Finalizando mi verba con una interrogante con la que aludo al estagirita, Cratino
salta como mi viejo sapo en una hoja de malanga, mas sin empollar una consecuente
reafirmaciôn que diêrame pâbulo de sacar a puesto, a colocaciôn mi repetido epîmo-
ne, retôrica figura: punto a la raya y que continûe la letra. Seguido a la no fluencia
de la verba, de su detenimiento, de su no continuar por la carencia de estîmulo, Cra-
tino no reprôchame por yo no haber intentado persuadirlo, y como cuasi siempre ha-
go con otros interlocutores, con una tâctiva expresiva compleja y, en algunos casos,
ambigua, lo que calaña no es de otra cosa que de su actitud versâtil en momentos en
que yo por un porquê, o sea, por un motivo, o dejo de entrar en diâlogo o de pronun-
ciar con soltura mis indefectibles pinceladas.
Cinco minutos despuês, y como el camarero no aparecîa, fui en busca de la car-
ta del menû y la del vino, y en lo que regresaba a la mesa con êstas soy testigo visual
de una cosa: de que Forligen estaba sentado en la mesa de nosotros, allende que con
un semblante tan triste que daba pena, razôn por la cual Cratino lo consolaba con una
verba adecuada/correspondiente/pertinente/tempestiva. Y entonces dîceme Cratino al
yo poner las cartas en el mismo centro de la mesa:
--Kosmos, es que Isabela no quiere saber mâs nada de êl.
--Ay, el mor!! Tanto que es hontanar de placer como de dolor.
--Contra Kosmos, en vez de que con otra menguas su dolor con una verba verosîmil?
--Gracias, Cratino, gracias!! Pero no me incrementa el dolor las palabras de Kosmos.
--Ya sê, Forligen, que tû conoces a Kosmos desde hace tiempo, y tal vez por estar ya
acostumbrado a escucharlo no te coge de sorpresa su carencia de compasiôn.
--Pero Cratino, y ademâs, lo que dijo Kosmos es asî como lo dijo. Reconozco que fui
el culpable de que Isabela me empezara a dejar de querer en aquella fiesta del general
en su casa.
--Forligen, quien te traicionô con otro fue ella y, por lo mismo, y en todo caso, quien
debiô de comenzar a quererla menos eres/serîas tû.
--Sî, Cratino, estâ bien, pero aun asî lo que pasô en aquella ocasiôn fue tan sôlo dador
de placer por unos minutos.
--Tû estâs seguro de lo que dices? No olvides que lo que empieza crece, se desarrolla
y....
--Y muere, Cratino, muere.
--Pero antes de que muera ten en cuenta las diferentes etapas por las que tiene que pa-
sar todo lo que empieza.
--Cratino, de lo que nosotros tenîamos ganas era de comer, que no de filosofar en un
bistro, no?
--Pues agarra la carta y êchale una miradita, y de tu gusto depende lo que desearîas in-
gerir.
--Cratino, y quê tû crees? Comiendo olvîdase el dolor?
--Kosmos, da pena tu pregunta?
--Câspita Cratino!! Cômo, que da dolor?
--Sê que dolor, en el diccionario de la lengua española, es pena, que tambiên sufrimien-
to, pero tû te fuiste por el camino interrogativo mâs conveniente.
--Conveniente? Y para quê?
--Para tener motivo de decir uno de tus epîmones favoritos: punto a la raya y que conti-
nûe la letra.
--Risas, Cratino, ri-sas!!
--Y, Forligen, ya encontraste algo que te apetezca, aunque no sea un manjar exquisito, y
sî una especialidad asiâtica?
--Cratino, entre tû y kosmos la diferencia sarcâstica no es muy grande.
--Pues sabes quê? Ahora me toca la risa a mî.
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