Saliente sin esta vez la necesidad de [ desentrañar la madeja por la punta mâs reso-
nante] una urgente (o apremiante) disertaciôn profunda, porque ni razonamiento ni refle-
xiôn son imprescindibles de ya saberse el motivo---el grabado magistral en cuero--- por
el cual sucede/pasa/acaece una cosa, la verba en puesto, en colocaciôn trasladôme a una
dimensiôn donde el jolgorio de los filosofemas, entimemas y amplitud de morfemas so-
bresalîa seductor, mas sin poderme explicar el porquê de que este grabado magistral con
tan sôlo observarlo/contemplarlo/mirarlo causara el emerger de la palabra que en este
caso funcionô como un vehîculo/medio de transporte. Sea como fuere, la cuestiôn es
que si el momento es el adecuado para sacarle el mâximo provecho a esto que estâ suce-
diendo, quê mâs esperar que no sea la correspondiente fruiciôn de acuerdo al nivel en el
que estoy.
No estarîa de mâs decir que en mi novelôn (La cazuela de Vitelio) me vi embrolla-
do en escenas de îndole complejas no solamente por la selecciôn del vocabulario, sino
que asimismo por la opulencia de personajes con disîmiles caracterîsticas y afanes total-
mente distintos, amên que por el trabajo con los dos sistemas como re-presentaciôn del
tiempo en una sola dimensiôn, o sea, el presente, empero que esto del traslado a otra di-
mensiôn a causa de la verba saliente [por la observaciôn del grabado magistral] sî que
es completamente otra cosa, aunque (si acaso) por las riquezas que en ella encuêntranse
tenerla cerca me es favorable, viêneme como collar al cuello, sin que me apercolle, por
supuesto.
Entrando en materia, y sobre todo lo mâs (por antonomasia) dador, a la fiesta de
los filosofemas fue a la primera que me unî/peguê, lo que de facto dêbese a que las me-
tâforas raîces siempre tuvieron (y tendrân) para mî una tremendîsima relevancia, tam-
biên que esa atenciôn incesante por servirle de sustento a mis deseos de cambiar/trans-
formar sentidos a travês de la sustituciôn---ya dijo un înclito vate barroco una frase que
siempre he seguido, que dejô en mî una resonancia: sacar del cosmos una cosa para po-
ner otra---. Pero si por un lado esto; por el otro, esta sustituciôn pudiera dejar pintojos
de ambigüedad, lo equivalente a decir que la ocupaciôn de otro lugar pudiera traer co-
mo consecuencia imprecisiôn en la comunicaciôn, mas de tal guisa, y en el caso de mi
caso, los interlocutores con los que hablo o saben cômo exprêsome o son lo bastamente
torelantes como para no entrar en liza conmigo debido a una amplificaciôn confusa; por
carâcter o no mucha abundancia de conocimiento mirarîanme con mala jeta o con mohî-
nes darîanme a entender que el entendimiento fue exiguo, por lo que entonces no queda-
rîame otra cosa por hacer que decirles esta frase que sobre el pucho persuade: les expli-
co despuês, mâs tarde.
En esta villeggiatura lo senescente expresivo no tiene cabida, hueco, sitio, que tam-
poco lo que por un aumento de la temperatura llegarîa a padecer de pirexia, mas lo que
sî no serîa imposible es recurrir a la paralaje, ya que de tanto concentrar la mirada en
un objeto determinado es menester el cambio de su posiciôn y en dependencia del pun-
to de vista elegido, lo que de facto refuerza el magîn aun ya teniendo êste un vigoro-
so potencial. Recuerdo que tantîsimas veces hice uso de este cambio de posiciôn cuan-
do escribîa en la nocturna escenas para mi novelôn, aunque asimismo al marrar en dar
con la palabra adecuada, siendo esto lo llamado por mî un mal fecundativo de la fanta-
sîa, porque si êsta, una parte del magîn que ludica un relevante rol en el proceso creati-
vo, carece de un buen disparo preñativo no pudiera esperarse la exactitud o justeza de
un têrmino determinado/especîfico/concreto, de la voz o del vocablo.
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