Dienstag, 3. März 2026

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          Saliente sin esta vez la necesidad de [ desentrañar la madeja por la punta mâs reso-

nante] una urgente (o apremiante) disertaciôn profunda, porque ni razonamiento ni refle-

xiôn  son imprescindibles de ya saberse el motivo---el grabado magistral en cuero--- por 

el cual sucede/pasa/acaece una cosa, la verba en puesto, en colocaciôn trasladôme a una

dimensiôn  donde el jolgorio de los filosofemas, entimemas y amplitud de morfemas so-

bresalîa seductor, mas sin poderme explicar el porquê de que este grabado magistral con

tan sôlo observarlo/contemplarlo/mirarlo causara  el emerger  de  la  palabra que en este

caso funcionô  como un  vehîculo/medio de  transporte. Sea  como fuere, la  cuestiôn es

que si el momento es el adecuado para sacarle el mâximo provecho a esto que estâ suce-

diendo, quê mâs esperar que no sea la correspondiente fruiciôn de acuerdo al nivel en el

que estoy.

        No estarîa de mâs decir que en mi novelôn (La cazuela de Vitelio) me vi embrolla-

do  en escenas de îndole  complejas no solamente por la selecciôn del vocabulario, sino

que asimismo por la opulencia de personajes con disîmiles caracterîsticas y afanes total-

mente distintos, amên que por el trabajo con los dos sistemas como re-presentaciôn del

tiempo  en una sola dimensiôn, o sea, el presente, empero que esto del traslado a otra di-

mensiôn  a causa de la  verba saliente [por la observaciôn del grabado magistral] sî que 

es completamente otra cosa, aunque (si acaso) por las riquezas que en ella encuêntranse

tenerla cerca me es favorable, viêneme como collar al cuello, sin que me apercolle, por

supuesto.  

           Entrando en materia, y sobre todo lo mâs (por antonomasia) dador, a la fiesta de 

los filosofemas fue a la primera que me unî/peguê, lo que de facto dêbese a que las me-

tâforas raîces siempre  tuvieron (y tendrân) para  mî una tremendîsima relevancia, tam-

biên que esa  atenciôn incesante por servirle de sustento a mis deseos de cambiar/trans-

formar sentidos a travês de la sustituciôn---ya dijo un înclito vate barroco una frase que

siempre he seguido, que dejô en mî una resonancia: sacar del cosmos una cosa para po-

ner otra---. Pero  si por un lado esto; por el otro, esta  sustituciôn pudiera dejar pintojos

de ambigüedad, lo  equivalente a decir que la ocupaciôn de otro lugar pudiera traer co-

mo consecuencia  imprecisiôn en la comunicaciôn, mas de tal guisa, y en el caso de mi

caso, los interlocutores con los que hablo o saben cômo exprêsome o son lo bastamente

torelantes como para no entrar en liza conmigo debido a una amplificaciôn confusa; por

carâcter o no mucha abundancia de conocimiento mirarîanme con mala jeta o con mohî-

nes darîanme a entender que el entendimiento fue exiguo, por lo que entonces no queda-

rîame otra cosa por hacer que decirles esta frase que sobre el pucho persuade: les expli-

co despuês, mâs tarde. 

       En esta villeggiatura lo senescente expresivo no tiene cabida, hueco, sitio, que tam-

poco  lo que por un aumento de la temperatura llegarîa a padecer de pirexia, mas lo que

sî  no serîa  imposible es  recurrir a la paralaje, ya que de tanto concentrar la mirada en 

un  objeto determinado es menester el cambio de su posiciôn y en dependencia del pun-

to  de vista  elegido, lo que  de facto refuerza el magîn aun ya teniendo êste un vigoro- 

so  potencial. Recuerdo que  tantîsimas veces hice uso de este cambio de posiciôn cuan-

do  escribîa en la nocturna escenas para mi novelôn, aunque asimismo al marrar en dar

con la palabra  adecuada, siendo esto lo llamado por mî un mal fecundativo de la fanta-

sîa, porque si êsta, una parte del magîn que ludica un relevante rol en el proceso creati-

vo, carece de un buen disparo preñativo no  pudiera esperarse la exactitud o justeza de 

un têrmino determinado/especîfico/concreto, de la voz o del vocablo.    




   







         


 



 




 

        





    


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