Sonntag, 9. Juli 2023

1148, 89.

         Entre la "mar semântica con olas de razôn apasionada", una pincelada

creada por el vate y debido a la fluyente perîstasis en puesto, en colocaciôn,

recuerda Vercingetôrix, aunque su reminiscencia no fue del todo transparen-

te, o lo suficientemente clara como para detectar los detalles, a la tribu de y

los  volcas tectôsages cuando llevaba a la Galia meridional el tesoro prove-

niente del hipotêtico y sacrîlego robo con violencia del templo de Febo. En-

tonces, o a raîz de esta reminiscencia, algo que de facto no resultarîa extra-

ño, Kosmos sûbito clara que el Aurum Tolosanum fue la causa de perder la

batalla  contra los  teutones los romanos, empero que sôlo continuarîa la le-

tra si los contertulios estaban de acuerdo en dialogar sobre Arausio. 

          Como parte del lûdico enfatiza el didâscalos filosôfico la relevancia

que tiene el acto de levantar la mano como calaña de que todos los conter-

tulios estân de acuerdo con algo, empero como a lo referente aparecen tres 

oponencias, las  que corresponden a Temîganes, Asonis y Perrasiestes, me-

nester es el cambio en hacer la forma del sufragio.

---Entonces quê les parece si escribimos en un papelito un sî y un no, y de

acuerdo a lo que cada cual crea marca con una X o êste o aquêl?

---Esta forma me parece mejor, didâscalos, pero dîgame una cosa: los pa-

pelitos dônde los echamos?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

---Una buena pregunta, Temîganes, porque aquî en la Kosmona no existe

ningûn recipiente côncavo o cuadrado---dice Asonis.

---Asonis, y sôlo en tales recipientes con tal forma pueden echarse papeli-

tos?---pregunta el didâscalos filosôfico.

----Câspita!!; que yo tengo, contra la aporîa, el mejor solvento.

----Y cuâl serîa, Kosmos.

---Serîa no, es: el frutero de Junco que trâjome Jancia de la ciudad del ocio

y como dâdiva de Sarambo para êste que estâ aquî, o sea, yo.

---Pero no lo tienes aquî sino en palacio, tû que no estâs allâ,  no?

--- Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que no pêsanme

las piernas, didâscalos.

---Por lo que se entiende que puedes moverlas sin dificultad?

---Y risas de Kosmos.

---Kosmos, y lo vas a buscar ahora?---pregunta Perrasiestes de Mocarês.

---Cenutrio, lo que dêjase para despuês dêjase...

---Cômo, dêjase dos veces, con una no basta?

---Kosmos, por favor, ve en busca del frutero de Junco--pide el didâscalos

filosôfico.

---Al avîo, al avîo!!, dîgome a mî mismo.


             Al llegar a palacio Kosmos con el primero que entra en conversa-

ciôn breve es con uno de los dos soldados que concomitô a Kôs en la sali-

da reciente, y el que sûbito informôle de que su nieto apoderôse de las ro-

pas de Arete al haberlas dejado êsta en la orilla de Albula, aunque asimis-

mo de lo que habîa visto en vivo, en directo y a todo color. Mas si de algo

queda atônito el soldado es de que Kosmos riêrase tan profundamente a la

vez que miraba el firmamento en busca de no sâbese quê cosa, motivo por

el cual no dejô de calificar esta reacciôn de insôlita. Pero Kosmos, el que

allende de ser erastes conspicuo de eyectar tanto cosas inesperadas como 

provocativas constata con su mêtodo de examen el nivel de conocimiento

que tiene el interlocutor, amplifica que lo increîble es tan sôlo debido a la

interpretaciôn que tiênese de la "cosa en sî", lo que traduce que de acuer-

do a lo que interprêtese asî  serâ vista  (o considerada) la susodicha cosa,

y la que como tal distînguese del fenômeno. No obstante le da las gracias

muchitantas al soldado y dêjale saber que hablarâ con su nieto.

           Al pasar por los pulvinares Kosmos, Dido estaba en pleno disfrute

al ingerir el conejo preparado por el cocinero de Irlanda y, claro estâ, por

ser  indefectible, teniendo a  su lado la botellita de conditum paradoxum.

Al despertârsele la curiosidad por saber quê hacîa Kosmos en palacio, ya

que  normalmente êl  nunca aparece a esta hora, Dido lîmpiase los labios

con un mâppae y hace la siguiente pregunta:

---Y eso tû por aquî ahora, momento en que ademâs estân mâs fuertes los 

rayos apolîneos?

---Vine en busca de mi frutero de madera de Junco que estâ en mi cuarto.

---Quê, comen ahora en la Kosmona frutas?

---En el futero dejarânse caer los papelitos del sufragio.

---Cômo, sufragio en la instituciôn, desde cuândo?

---Nada circunspecto mas sî lûdico!!

---Ah, ya me parecîa raro, extraño e intempestivo. Quieres un pedazo de

conejo?

----Tû sabes que yo a esta hora no como nada. Has visto a Kôs, tienes la

idea de dônde puede estar?

----Estâ castigado en su cuarto por haberse llevado las ropas de Arete.

----Me acaba de contar uno de los soldados que saliô con êl sobre eso. 

----Tal vez es el mismo que dîjoselo a Sunev.

----No creo que sea el mismo, porque quê sentido tiene que dîgaselo a los

dos, a la madre y al abuelo.

----Kosmos, quê importa el sentido? 

----Que quê importa? Tû quieres oîr un discurso breve?

---Deja deja, que no estoy para discursos sino para el conejo. De verdad

que no quieres un trozo?

---Ya te dije que no.

---No. Tû me dijiste: tû sabes que a esta hora no como nada, no que no.

---Exacto!! Estaba poniendo a prueba tu nemôsine.

---Tû como siempre con tus exâmenes y pruebas; no cambias!!

---Câspita!!, que el cambio es lo ûnico que perdura, segûn el no claro de

Êfeso.

---Si estâs aquî para empezar con tus marradas verbales...

---Estoy yo aquî por haberme tû hecho una pregunta primera, no?, que si

no hubiese seguido de largo sin parar hasta llegar a mi cuarto.

---Buena memoria que tienes; la que no cambia.

---No estâs para discursos mas que sî para juego?

---De quiên se me habrâ pegado? Quiên me contagiô?

---Y risas de kosmos que pregunta: y ya sabe el cocinero lo que hizo su no

vîa en la rama del ârbol en Albula?

---A no ser que se lo hayan contado los soldados, lo que no creo. Mas Kos-

mos, si lo supiera quê?, que tû sabes que el cocinero no estâ en nada.

---Êsa es la res, es un fe-li-cia-no. Y Arete, ya regresô a palacio a toda flor?

---A toda flor no, sino cubierta con una manta.

---Y de dônde la sacô?

---Se la dio uno de los dos soldados.

---Entonces el que diosela no es el que hablô conmigo, sino el otro.

---Y cômo lo sabes?

---Lo sê porque no me dijo el que conmigo hablô que habîasela dado.

---Y si fue êl y no quiso decîrtelo?

---Y por quê ocultarlo?

---Quê sê yo, Kosmos, quê sê yo!! Cômo voy a saberlo?

---A lo mejor por la resonancia de palacio, la ascâlafa!!

---La ascâlafa funciona sôlo si alguien sabe algo y lo dice.

---Cierto!! Solo decires transmite despuês que alguien los dijo.

---Sôlo asî es posible que transmita.

---Te transmito que me voy!!

---Tu transmisiôn la puede saber todo palacio.

---Y risas de Kosmos.


        Y entonces yêndose a su cuarto para coger el frutero de madera de Jun-

co piensa Kosmos: la hyponoia del cognitio sensitiva, como la primera expe-

riencia de Kôs compatible con el mundillo venusiano o con atingencia y con

êste, como que pudiera embrollarlo en un sueño de imâgenes sofocantes, las

que de facto atizan o dan vida a un sentimiento, aunque sea êste de momento

para êl totalmente desconocido, inalcanzable y dador. Por otras razones, pero

sin perder el tener en cuenta que toda primera experiencia que funciona para-

lelamente con el mundillo susodicho pudiera penetrar por los ôculos hasta de

êstos apoderarse con rapidez ineludible, es que ciertos y determinados inicia-

dos cubrîanse sus ojos con înfulas, las que no quitâbanse hasta estar seguros

de  la ausencia absoluta del entramado proyectante, el que por sustituciôn no 

es otra cosa que el corpus que eyecta sus tenencias mâs întimas.



 











 






























    



  






 















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