Donnerstag, 13. Juli 2023

1149, 90

 (en la ciudad del ocio)


           Con el objetivo de saber si aûn estaba libre la plaza de empleado de

limpieza entrô en conversa Endimiôn con Sarambo, mas por no estar acos-

tumbrado aquêl a hablar en voz alta tuvo que hacer un esfuerzo para poder

mantener una comunicaciôn inteligible, ya que con el estrêpito de los bibe-

rius  a esa hora en la taberna era imposible que un interlocutor oyese clara-

mente en el caso de hablarse bajito, siendo êsta la razôn de que despuês de

quince minutos de hablar cuasi gritando sintiera una pejiguera en el gazna-

te. Durante este tiempo de intercambio semântico entêrase Sarambo de dos

cosas: la primera, que Endimiôn habîa renunciado del todo a la posibilidad

que diole Dolfopân Colunnecio de unirse a la tribu germânica; la segunda,

la que de facto recordôle a Sarambo lo que sucediôle a êl mismo, que la ex-

pulsiôn de Bedriaco fue debido a un acto de agresividad y con el propôsito

de lenificar la actitud austera de Dido de no dejarlo regresar jamâs a la cor-

te como cocinero. Y entonces dijo Sarambo:

---Como a los dos nos echaron de Bedriaco tenemos un motivo en comûn.

---Cuâl es el motivo, Sarambo?---preguntô Endimiôn.

---Odiar a la reina!!

---Sarambo, usted me disculpa, pero al parecer tal odio usted no lo ha ma-

terializado.

---Adônde quiere usted llegar, Endimiôn, o que me quiere decir?

---Que el odio ha sido pensado pero no puesto en prâctica. Ademâs, sabe

usted una cosa? No deberîa usted odiar a Dido, porque...

----Porque quê, Endimiôn, porque quê?

----Porque ella le autorizô abrir una tienda en Bedriaco que lleva Angelicus.

----Cômo? Cômo usted lo supo?

----Yo escucho bastante, Sarambo; hablo menos para escuchar mâs.

----Me parece que con usted hay que tener cuidado con el decir, con lo que

se dice, pero quiero que sepa una cosa: Dido recibe ganancias.

----Lo que es normal, no?

---Endimiôn, usted puede empezar hoy mismo con el trabajo de limpieza?

---Cuândo, ahora?

---Mâs tarde, cuando cierre el local.

---Sî, de acuerdo!! A quê hora?

---Yo le aviso, porque no siempre cierro a la misma hora.

---Espero entonces, espero!!

---Mientras no sê que harîa usted, si quedarse aquî y irse a mi casa.

---Lo segundo, lo segundo!!

---Muy bien!, ya que allî podrâ conversar con Kîntlico de Kostâ y con Tubli-

des de Malamonta, los que sôlo salen de noche a la zona de Omonia.

---La zona de Omonia?

---Esa misma!! La zona que tiene que ver con las dadorîas venucianas.

---Ah, las que no dejan dormir o las enemigas de Morfeo.

---Cômo?, si precisamente por dejar un cansancio es que uno cae en la cama

exhausto.

---Mire, Sarambo, lo espero en su casa.

---Pues espêreme allî, Hasta entonces.


         Un rato despuês, y dejado saber por Kîntlico de Kostâ, entêrase de una

cosa Endimiôn: Jancia escribiôle una esquela a Sunev para decirle que el ûlti-

mo alquiler que pagâbale era el del mes en curso, algo que debîase especîfica 

y concretamente a que îbase a vivir  para siempre con el jefe de la nueva for-

maciôn de la tribu germânica Dolfopân Colunnecio.

--Kîntlico, y que tengo yo que ver con Jancia, con la que ni tan siquiera inter-

cambiê palabra alguna?---pregunta Endimiôn.

---Es que mire usted, Endimiôn, como aquî en la ciudad del ocio cuasi nunca

suceden cosas la mâs mînima que pase conviêrtese en noticia.

---Pero, Endimiôn, a mî sî me parece que algo tiene usted que ver con Jancia,

---Tû crees, Tublides, y quê es?---indaga Kîntlico de Kostâ.

---Dîgalo usted, Tublides, por favor---pide Endimiôn.

---Que por haber hecho con ella el viaje junto desde Bedriaco hasta aquî...

---Disculpe que lo interrumpa, pero le puedo asegurar que entre nosotros no

pasô ni la mâs râpida mirada ni el guiño de ojo mâs atrevido. Crees usted que

por bonita atrae la atenciôn de todos los hombre por igual? Ah. a propôsito de

atenciôn, me dijo Sarambo que ustedes sôlo salen de noche a la zona de Omo-

nia.

---Êsa es la zona donde hay mâs atenciôn aquî en la ciudad del ocio---dice Tu-

blides de Malamonta.

---Y debido a la cantidad de atenciôn que hay cômo no salir de noche a tal zo-

na?

---Y Sarambo nunca ha salido con ustedes a esta zona?---fisga Endimiôn.

---De vez en cuando sî, cuando no estâ de mal  humor y asî no se queja de lo

cara que es la zona.

---Sabes que me parece, Tublides?

---Quê, Kîntlico, quê?

---Que respecto a lo caro ahora se va a quejar mâs, o lo va a tener mâs en cuen-

ta en el futuro.

---Estâs queriendo decir que con el paso del tiempo por ser mâs viejo tendrâ y

mâs mal humor?

---No!! Me referîa a que como ya no estarâ Jancia para ayudar con el pago del

alquiler Sarambo tendrâ que pagarlo solo.

---Si voy entendiendo, la cosa es que Sarambo, y al pagar mâs, sentirîa mâs el

pago en la zona de Omonia?---pregunta Endimiôn.

---Pero ya esto nada tiene que ver con el buen o mal humor.

---Claro que no, clarîsimo, Kîntlico!! 

---Y dîganos, Endimiôn: Sarambo le dio el puesto de limpieza?

---Asî es, Tublides, asî es, me lo dio.

---Y cuândo comienza usted a laborar en la taberna?

---Me dijo Sarambo que hoy en la noche cuando cierre el local, mas que me y

avisaba porque no siempre lo cierra a la misma hora.

---Eso es cierto, completamente real---dice Kîntlico de Kostâ.

---Lo que pasa es, Endimiôn, que los biberius, y cuando estân ebrios, para que

salgan de la taberna cuesta trabajo.

---Entiendo!. A ver, dîganme una cosa: ustedes sabîan que Sarambo fue expul-

sado de Bedriaco?

---Por supuesto, Endimiôn, por supuesto!!--afirma Tublides de Malamonta.

---Por supuesto, no, porque cômo iba a suponerlo yo?

---Usted estâ igual que los poetas, o sea, poniendo la primera persona al final?

---Porque la ponga al final nada con la poesîa que ver tengo.

---Es usted un finalista, en el sentido que deja para el final tanto al verbo co-

mo a la primera persona.

---Eso es muy original de su parte, Kîntlico, pero ni poeta ni finalista.

---Endimiôn, y por quê sacô a relucir la pregunta de que si sabîamos de la ex-

pulsiôn de Sarambo?---pregunta Tublides de Malamonta.

---Porque el sacar de un lugar tambiên tiene que ver conmigo.

---Quê? Asimismo usted fue expulsado de allî?

---Y hace poco, recientemente. En otro momento explico el porquê.

---Pues sabe usted una cosa, Endimiôn, nosotros nos expulsamos solos del es-

trecho de España..

---Pero, Kîntlico, no es lo mismo que te expulsen al expulsar per se. Y cuâl es

la razôn?

---Un accidente que hubo con un sigynôn.

---Cômo, un accidente? Y si un accidente...

---Endimiôn, porque muriô una persona en este accidente.

---Y las leyes del estrecho de España no pudierôn reconocer que fue un acci-

dente?

---Con êstas no tuvimos que ver nada, sino con el hermano del fallecido, y el

me querîa matarme a mî.

---O sea, la ley de la venganza?

---Êsa, esa misma!!

---Quê les parece si ingerimos algo, que yo ya estoy famêlico?

---No sê a Endimiôn, Tublides, pero a mî me parece una que muy buena idea.

---Bien, Kîntlico. Y a usted, Endimiôn?

---Tublides, yo digo lo mismo que Kîntlico.

---Perfecto!! Entonces voy a preparar algo.
























 




































































  

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