Sonntag, 2. Juni 2024

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        Una semana despuês dêjame clara y corta la noticia Metôn de que mudôse para el

apartamento  encima del mîo, razôn por la cual no pude de dejar de amplificar esta lo-

cuciôn  adverbial latina: mutatis mutandis. Por  ser el ûnico vecino simpâtico, sincero,

un poco vicioso y fiel a la nocturna, cômo  responderle que no a su pregunta de que si

podîa preparle un cafê fuertecito y sin azûcar? Estando en la cocina, y al lado mîo tan

erecto  como la mismîsima hasta clavada en el lugar donde los ciento ocho jueces (los

centunviros) celebraban  sus reuniones, dîceme que habîa visto desde su balcôn el pa-

raguas que yo puse en mi balcôn en funciôn de que no llegaran a una parte de êste los

rayos apolîneos. Si nada que ver con la endopatîa, sino que mâs bien con la manîa de

remitirse a algo utilizando inteligible circunloquio, comienza a hablar sobre la mirîfi-

ca  alta Engadina y de lo que  repîtese sin que puêdase evitar por no depender de uno

mismo, de una  causativa ôntica. Al canto dime cuenta de que por sus ôculos penetrô

lo escrito en la parte de arriba del paraguas: El eterno retorno de las cosas. Seguido a

reîrnos hasta cuasi perder la respiraciôn, porque en realidad Nietzsche supo de un lû-

dico  sempiterno  en lo existencial, dilucidêle sobre este tema de este artîfice, [el que

empezô  por la filologîa y terminô mal], y dêjele saber dônde hallê el paraguas que y

asimismo que su propietario (Teôfilo, el de la razôn ganada) me lo dadivô. En lo ati-

nente a este sujeto êl no sabîa nada, empero su ônoma recordôle a un cliente del ban-

co con el mismo nombre y boxeador.

      Aspasia, la que llegô tan fresca como las flores de abril y coruscante como un y

diamante egipcio, no dilacionô en coger una taza mediana y llenarla de cafê. Como

cuando quiere hace siempre lo mismo, lo repite como para buscarme la lengua, que

haya saludado a Metôn primero que a mî no era de extrañarme, que a tenor de un or-

den de las cifras el resultado mantiêne igual; y el que yo, que como ya sâbese que y

para  sacarle provecho somêtolo a una sumatoria indefectible, pondrîale flores para

rendirle el mâs excelso honor, si es que puedo utilizar este rimbombante adjetivo en

este  caso que fluye (o fluyente). Interesada  en saber sobre los  representantes de la

gerontocracia del barrio cercano a la catedral barroca, y de los que hablâronle Esme-

ralda y Juliette, las que pasaron a saludarla cuando tocaba el chelo, hâceme dos pre-

guntas: dônde  los habîa conocido y por quê despuês de conocerlos los invitê al bar

nocturno?

 ---Verdaderamente que tienes una tremenda relaciôn con el juego, de lo que sale la

causalidad que los hayas conocido jugando dominô.

----Mâs o menos por ahî asî es la res, Aspasia.

----Mâs o menos, Kosmos? Estâ bien. Y lo de la invitaciôn quê?

----Que no te dijeron a cabalidad tus amigas al respecto, porque de facto yo no los 

invitê, sino mâs bien que hablê del bar al hacerme Aristofôn una pregunta. Y dime:

te contô Esmeralda sobre Caspar?

----Sî sî, ya estoy enterada de que tiene una relaciôn con êl, y que gracias a ti lo co-

nociô. Bueno, me voy a duchar.

----Al avîo, Aspasia, al-a-vî-o!!

----Eso, kosmos, eso mismo.

         Considerô Metôn tempestivo decirme que por la edad que êl tiene bien que asi-

mismo pudiera ser un representante de la gerontocracia, uno mâs de los que exhiben

su senilidad por callejones, calles, avenidas y barrios disîmiles de la ciudad, mas con

la diferencia de que por tener un capital conspicuo pudiera tener el privilegio de y en

su senectud gastar todo el peculio que diêrale la gana sin restricciones o preocupacio-

nes, sin asir un bolîgrafo para sacar cuentas con el propôsito de tener un control de la

paupêrrima pensiôn con la que tendrîa que llegar al fin del mes; empero yo, que sî la

cuenta saco en otra direcciôn y con un ûnico objetivo, dirîa que ya es un privilegiado

al tener el capital que posee, o sea, que la diferencia radica en tener o no tener. 

---Kosmos , te recuerdas que perdî una parte considerable de mi capital cuando cam-

biô la moneda?

---Câspita, Metôn, que usted dejômelo saber en la puerta de mi apartamento. 

---Excelente memoria que tienes.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Yo no tengo un capital empe-

ro sî suntuosa nemôsine. Por quê hîzome usted la pregunta?

---Porque de no haber perdido esa parte ahora tuviera mâs capital.

---Repâmpanos!! Y acaso el actual que tiene no es basto?

---Se nota que tû no tienes capital, porque de tenerlo râpido me hubieras entendido.

---Metôn, usted sabe que muchitantas de mis preguntas hâgolas con el têlos de medir

mâs de una cosa, que si no con el de saber la riqueza expresiva de un interlocutor...

----La riqueza êsa? 

----Metôn, la dilucidaciôn es un poco compleja, y como tal pudiêrale acarrear fastidio

de testa.

----Me alegra saber que me cuidas, que no quieres causarme algo desagradable. Y di-

me Kosmos: cunândo puedo echarle un vistazo a tu novelôn?

---En cuanto lo termine de leer Aspasia sobre el pucho avîsole.

---Espero, Kosmos, que lo que me sobra es tiempo.

---Y acaso todos los pensionados no dirîan lo mismo?

---Eso no lo sê.

---Entonces usted conoce, domina, sabe algo.

---Y por lo mismo te digo que te acordaste de Sôcrates.

---Aplausos, Metôn, a-plau-sos!! Dîgole que si le es menester una ayuda estoy dispues-

to a ofrecêrsela.

---Y bien que me viene, porque el reguero que hay en mi apartamento es tremendîsimo,

ademâs que los muebles que tengo todos son pesados.

---Lo que traduce que son muebles antiguos.

---Asî es, Kosmos. Gracias anticipadas!! Y cuândo puedes ayudarme?

---Metôn, a mî el tiempo me sobra como a usted; pero hay una cosa, que por fundamen-

tal debe saberla porque si no no pudiera ayudarlo, debe usted avisarme con tiempo para

yo saber el dîa y la hora, porque precisamente como sôbrame el tiempo me voy a cual-

quier parte sin que el tiempo sea pre-ocupaciôn mental.

---De acuerdo, Kosmos, harê lo que debo hacer para encontrarte aquî. Ah, y sabes sî el

abogado se contactô con Yelas?

---Êsa es la res, Metôn, y hasta ya tiene Yelas la propiedad de la casa que perteneciô al 

zapatero Cliôn.

---Quê bien!! Me alegro por Yelas. Lamentablemente ya tengo que irme, que de "tener"

trabajo tengo bastante. Gracias por el cafê, y te aviso con tiempo.

---De nada, Metôn, y hasta entonces.








































 





 




      







 





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