Y yendo a la feria nos cruzamos con una chica que llevaba puesta en su testa una
guirnalda de laurel. En mi caso pudiera decir que penetrô por mis ôculos como una
deidad aquea en plena juventud, lo que traduce que la especiosidad de sus partes de
una comparaciôn queda exenta, pero que no de la contemplaciôn menester que acica-
ta o atiza, que mantiêneme guardiân de lo que onomo diamantino, lo que nada tiene
con un valor sino mâs bien con una cuestiôn sempiterna, sinônimo de duraciôn (o de
durabilidad en el tiempo); en el de Cratino, lo que no extrâñame porque conozco su
punto endeble, la direcciôn de su mirada fue la de soslayo, o sea, una mirada que no
dejarîa calaña afectiva/declarativa, de empollamiento de un entramado corporal, pe-
ro a su vez no es indiferente a lo que seduce/sobresale/imanta, y en el de Aristarco,
que mâs bien es retraîdo por su propia voliciôn, porque asî lo quiere y lo sustenta,
que por una experiencia concreta que acarreôle un cambio de conducta, su mirada
fue con sorna y, como tal, desprovista de un enganche funcional que atrapa a un ob-
jetivo tan pronto como lo acerca a sî, lo que implica tanto un cambio de posiciôn co-
mo de comprensiôn, porque a partir del suceder de algo hay una modificaciôn/alte-
raciôn de la capacidad de entender. Empero al ser Cratino un buen lector, como ya
he dicho varias veces, saca a puesto, a colocaciôn lo siguiente perteneciente a la mi-
tologîa:
---Me recuerdan las hojas de laurel a la perseguida por Febo, la que para eludir ser
poseîda por êste pidio a su padre, la deidad fluvial, que la convirtiera en ârbol de
laurel.
---Cratino, se puede saber de quê tû estâs hablando?
---Cratino, me das el beneplâcito para responder la pregunta?
---Concedido, kosmos, concedido, aprobado, dado.
---Aristarco, trâtase de Dafne (en griego Dâphnè o Dafnis), una ninfa orêade o nâya-
de, y la que con Apolo tuvo una historia de amor no muy grata que digamos.
---Ah, eso, pero que tiene que ver esta chica con la guirnalda con esta Dafne?
---Câspita! Aristarco, que ver solamente por las hojas de laurel de la guirnalda.
---Kosmos, y eso de orêade o nâyade quê es?
---Escucha, abre los oîdos. Existîan esta sûmula de ninfas: las orêades (habitaban en
los montes); las alseîdes ( habitaban en los bosques sagrados); las driadas o hamadria-
des (las relacionadas con las encinas), y las melindes o melias (las nacidas de gotas de
sangre de Urano. Entendiste?
---Bueno, ya estoy enterado. Y dônde se metiô la chica con la guirnalda?
---Cratino, tû sabes?
---Ni idea, Kosmos. Y tû?
---Lo ûnico que sê es que no sê nada!
---Vaya misterio! Esto sî que estâ misterioso.
---Sabes quê, Aristarco?
---Quê, kosmos?
---Que de lo que no se sabe no se habla.
---Y hay que saber quê es misterio?
---Acêrcate que te explico, dilucido con una inteligible verba.
Y sucediô lo que esperaba: que ni aun con inteligible verba entendiô Aristarco,
razôn por la cual tuve que decirle que olvidârase de lo explicado, y que siguiera cre-
yendo que lo que sucediô es exactamente misterioso. Seguido a caminar aproxima-
damente unos trescientos metros observo que Feliciano y Aristogitôn conversaban
en una esquina y debajo de una farola de las mâs senectas de la ciudad. Dirîa since-
ramente que esto de que estuvieran hablando en un final de calle con una farola no
fue justamente lo que despertôme la curiosidad, sino mâs bien por no saber que es-
tas dos criaturas conocîanse a pesar de haber tenido con ellas un intercambio corto
verbal: si con Feliciano en el parque; con Aristogitôn, y no hace muchitanto, al ba-
jarnos del bus nocturno Esmeralda y yo. Con el objetivo de que no sintieran ese te-
dio acopas, el que pudiera aparecer cuando hâblase con dos desconocidos---no era
para Cratino tanto el no conocerlo, porque de facto el ûltimo dîa que êl y yo estu-
vimos en el parque, y sentados en el banco protegido por la sombra del sauce, en-
terôse de que Feliciano conocîa a su padre, el que pagâbale las confecciones de
los vestidos para Dinora, la querida de êste---o por la cuestiôn de compromiso con
quien conôcese (conmigo), o sencilla y llanamente para ludicar un rol social [re-
petido por la costumbre o por la hipocresîa], fue por lo que le dije a Cratino y a
Aristarco que esperâranme en la feria, mas que en el caso de que dilacionârame
mucho que se fueran, que ya mâs tarde, despuês les revelarîa el motivo/porquê de
mi demora.
---Kosmos, estâ bien, de acuerdo, pero nos das un adelanto de esta desviaciôn tu-
ya?
---Cratino, ves a esas dos criaturas que conversan en aquella esquina donde hay
una farola?
---A uno ya lo vî, a Feliciano, pero quiên es el otro?
--- Aristogitôn, el esposo de Helade.
---Y cuândo lo conociste?
---No hace mucho, y al bajarme del bus nocturno con Esmeralda.
---Y quê tû....
----Cratino, vas a dejar de preguntar? Ya te contarê en otro momento.
----Pues me debes dos revelaciones: êsta y lo que hables con esos dos que estâ allî.
---Êsa es la res, Cratino, dêbotelas!
---Esta bien, y hacemos lo acordado.
---Age en plural, age!
Como la distancia no era muy larga lleguê adônde estaban Feliciano y Aristogi-
tôn en cuestiones de segundos, alegrândose êste por volverme a ver y aquêl eyectan-
do semblante de asombro, porque segûn su verba nos hemos encontrado, dos veces
con êsta, fuera del barrio, cuando en realidad deberîa ser lo contrario precisamente
por ser vecinos. Con el telôs de no atizar la flama de un mêtodo conocido de pregun-
tas y respuestas, que de avivarlo pasarîa a un segundo plano el objetivo por el que vi-
ne, dîjele a Feliciano que esperaba que êl estuviera mejor de la joroba de su pie dere-
cho.
---Sî, Kosmos, ya estoy mucho mejor, y puedo caminar un poco mâs râpido, pero de
vez en cuando tengo un poco de malestar.
---Feliciano, el tiempo no sôlo pone en su lugar todas las cosas, sino que asimismo
es el solvento contra cualesquier pejigueras. Me entiende usted?
---Acaso has utilizado alguna metâfora?
---Acâbole de entender su pregunta rapidîsimo. Harîa falta una respuesta?
---No, kosmos, porque ya la entendiste asî. Y eso que viniste a vernos estando con tus
amigos? Uno de los dos era Cratino, el hijo de mi difunto conocido Teôfilo, el de la ra-
zôn perdida, no?
---El mismitico que viste y calza, y en lo atinente a esta pregunta, vine a ustedes por-
que ninguno de los dos dîjome que conocîanse.
---Kosmos, y quê tiene de malo o de bueno no habêrtelo dicho?
---Una muy suntuosa pregunta, Feliciano. Por quê? Porque usted explora, va a fondo
y profundiza.
---Kosmos, que si te dejamos seguir hablando esto terminarâ en un seminario, nos
conocemos de ya ni sê cuântos años.
---Una sûmula de años tal es una digna de admiraciôn a pesar de no saberla exacta.
Entonces quê, conoce Feliciano a su esposa Helade?
---Cômo, Aristogitôn, tû estâs casado?
---Disculpa, Feliciano, por no habêrtelo dicho nunca.
---Creo que metî la pata no, sino la pierna completa.
---No hace nada, Kosmos, que ya, y cuando nos conocimos en la nocturna, te dije
lo que te dije.
---Mas aun asî, Aristogitôn, siêntome Ascâlafo. Vaya pena, verecundia.
---Ascâlafo? Quiên es êse?
---No es relevante ni su identidad ni de dônde es oriundo.
---Pero si tû lo nombras por algo es, no es por gusto.
---Nômbrolo por sustituciôn de denunciante/delator.
---Kosmos, tû te vas demasido lejos.
---Aristogitôn, no queda cerca la existencia de este personaje, por lo que tengo que
re-montarme a lo en lontananza. Y dîgame usted: quê con sus raîces de pamporci-
no?
---Quê debo responder, Kosmos? Porque de facto no son mîas.
---Si aûn, como un favor que usted hâcele a Helade, llêvaselas a la criatura que las
compra.
---Kosmos, este favor no es una constante, porque entonces no serîa un favor.
---Muy bien eyectado!
---Kosmos, sabes una cosa, ahora que entramos en contacto?
---Amplifîque la cosa, Feliciano, amplifîquela!
---Que supimos por Aristofôn que serâs el guardîan del museo.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Quê, conocen ustedes a êl?
---Lo conocimos no hace mucho, porque somos miembros del grupo que...
---Ya sê del grupo que usted habla, del que trâtase, mas desde cuândo son miembros
de êl?
---Desde hace dos semanas.
---Y cômo dieron con el grupo, cuâl hontanar fue posible para que ustedes supieran
de su existencia?
---Kosmos, se te olvidô que conozco a tu vecino Metôn, el que forma tambiên parte
del grupo?
---Ya! Caî! Dime un trastazo contra la superficie horizontal.
---Kosmos, pero lo que sî no nos dijo ni Aristofôn ni Metôn el porquê de ser tû sele-
ccionado como guardîan.
---Aristogitôn, paso a la dilucidaciôn, en el caso de que ustedes permîtamenla.
---Cômo no, Kosmos? La escuchamos.