Donnerstag, 29. Mai 2025

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      Y yendo a la feria nos cruzamos con una chica que llevaba puesta en su testa una

guirnalda  de laurel. En mi  caso pudiera decir que penetrô por mis ôculos como una

deidad  aquea en plena juventud, lo que  traduce que la especiosidad de sus partes de

una comparaciôn queda exenta, pero que no de la contemplaciôn menester que acica-

ta o atiza, que  mantiêneme guardiân de lo que onomo diamantino, lo que nada tiene

con un valor sino mâs bien con una cuestiôn sempiterna, sinônimo de duraciôn (o de

durabilidad en el tiempo); en el de Cratino, lo que no extrâñame porque conozco su

punto endeble, la direcciôn de su mirada fue la de soslayo, o sea, una mirada que no

dejarîa calaña afectiva/declarativa, de empollamiento de un entramado corporal, pe-

ro  a su vez no es indiferente a lo que seduce/sobresale/imanta, y en el de Aristarco,

que  mâs  bien es retraîdo  por su propia voliciôn, porque asî lo quiere y lo sustenta,

que  por una  experiencia concreta  que acarreôle un cambio de conducta, su mirada

fue con sorna y, como tal, desprovista  de un enganche funcional que atrapa a un ob-

jetivo tan pronto como lo acerca a sî, lo que implica tanto un cambio de posiciôn co-

mo  de comprensiôn, porque a partir del suceder de algo hay una modificaciôn/alte-

raciôn  de la capacidad de entender. Empero al ser Cratino un buen lector, como ya

he dicho varias veces, saca a puesto, a colocaciôn lo siguiente perteneciente a la mi-

tologîa:

---Me recuerdan las hojas de laurel a la perseguida por Febo, la que para eludir ser 

poseîda  por êste pidio a su padre, la deidad fluvial, que la convirtiera en ârbol de

laurel.

---Cratino, se puede saber de quê tû estâs hablando?

---Cratino, me das el beneplâcito para responder la pregunta?

---Concedido, kosmos, concedido, aprobado, dado.

---Aristarco, trâtase de Dafne (en griego Dâphnè o Dafnis), una ninfa orêade o nâya-

de, y la que con Apolo tuvo una historia de amor no muy grata que digamos.

---Ah, eso, pero que tiene que ver esta chica con la guirnalda con esta Dafne?

---Câspita! Aristarco, que ver solamente por las hojas de laurel de la guirnalda.

---Kosmos, y eso de orêade o nâyade quê es?

---Escucha, abre los oîdos. Existîan esta sûmula de ninfas: las orêades (habitaban en

los montes); las alseîdes ( habitaban en los bosques sagrados); las driadas o hamadria-

des (las relacionadas con las encinas), y las melindes o melias (las nacidas de gotas de

sangre de Urano. Entendiste?

---Bueno, ya estoy enterado. Y dônde se metiô la chica con la guirnalda?

---Cratino, tû sabes?

---Ni idea, Kosmos. Y tû?

---Lo ûnico que sê es que no sê nada!

---Vaya misterio! Esto sî que estâ misterioso.

---Sabes quê, Aristarco?

---Quê, kosmos?

---Que de lo que no se sabe no se habla.

---Y hay que saber quê es misterio?

---Acêrcate que te explico, dilucido con una inteligible verba.

        Y sucediô lo que esperaba: que ni aun con inteligible verba entendiô Aristarco,

razôn por la cual tuve que decirle que olvidârase de lo explicado, y que siguiera cre-

yendo que lo que sucediô es exactamente misterioso. Seguido a caminar aproxima-

damente  unos trescientos metros observo que Feliciano y Aristogitôn conversaban

en una esquina y debajo de una farola de las mâs senectas de la ciudad. Dirîa since-

ramente que esto de que estuvieran hablando en un final de calle con una farola no

fue justamente lo que despertôme la curiosidad, sino mâs bien por no saber que es-

tas dos criaturas conocîanse a pesar de haber tenido con ellas un intercambio corto

verbal: si con  Feliciano en el parque; con Aristogitôn, y no hace muchitanto, al ba-

jarnos del bus nocturno Esmeralda y yo. Con el objetivo de que no sintieran ese te-

dio acopas, el que pudiera aparecer cuando hâblase con dos desconocidos---no era

para Cratino tanto el no conocerlo, porque de facto el ûltimo dîa que êl y yo estu-

vimos en el parque, y sentados en el banco protegido por la sombra del sauce, en-

terôse  de que Feliciano  conocîa a su padre, el que pagâbale las confecciones de

los vestidos para Dinora, la querida de êste---o por la cuestiôn de compromiso con  

quien conôcese (conmigo), o sencilla y llanamente para  ludicar un rol  social [re-

petido  por la costumbre o por la hipocresîa], fue por lo  que le dije a Cratino y a 

Aristarco  que esperâranme  en la  feria, mas que en el caso de que dilacionârame 

mucho que se fueran, que ya mâs tarde, despuês les revelarîa el motivo/porquê de 

mi demora.

---Kosmos, estâ bien, de acuerdo, pero nos das un adelanto de esta desviaciôn tu-

ya?

---Cratino, ves  a esas dos criaturas que conversan en aquella esquina donde hay

una farola?

---A uno ya lo vî, a Feliciano, pero quiên es el otro?

--- Aristogitôn, el esposo de Helade.

---Y cuândo lo conociste?

---No hace mucho, y al bajarme del bus nocturno con Esmeralda.

---Y quê tû....

----Cratino, vas a dejar de preguntar? Ya te contarê en otro momento.

----Pues me debes dos revelaciones: êsta y lo que hables con esos dos que estâ allî.

---Êsa es la res, Cratino, dêbotelas!

---Esta bien, y hacemos lo acordado.

---Age en plural, age!

        Como la distancia no era muy larga lleguê adônde estaban Feliciano y Aristogi-

tôn en cuestiones de segundos, alegrândose êste por volverme a ver y aquêl eyectan-

do  semblante de asombro, porque segûn su verba nos hemos encontrado, dos veces

con êsta, fuera del  barrio, cuando en  realidad deberîa ser lo contrario precisamente

por ser vecinos. Con el telôs de no atizar la flama de un mêtodo conocido de pregun-

tas y respuestas, que de avivarlo pasarîa a un segundo plano el objetivo por el que vi-

ne, dîjele  a Feliciano que esperaba que êl estuviera mejor de la joroba de su pie dere-

cho.

---Sî, Kosmos, ya estoy mucho mejor, y puedo caminar un poco mâs râpido, pero de

vez en cuando tengo un poco de malestar. 

---Feliciano, el tiempo no sôlo pone en su lugar todas las cosas, sino que asimismo

es el solvento contra cualesquier pejigueras. Me entiende usted?

---Acaso has utilizado alguna metâfora?

---Acâbole de entender su pregunta rapidîsimo. Harîa falta una respuesta?

---No, kosmos, porque ya la entendiste asî. Y eso que viniste a vernos estando con tus

amigos? Uno de los dos era Cratino, el hijo de mi difunto conocido Teôfilo, el de la ra-

zôn perdida, no?

---El mismitico que viste y calza, y en lo atinente a esta pregunta, vine a ustedes por-

que ninguno de los dos dîjome que conocîanse.

---Kosmos, y quê tiene de malo o de bueno no habêrtelo dicho?

---Una muy suntuosa pregunta, Feliciano. Por quê? Porque usted explora, va a fondo

y profundiza.

---Kosmos, que si te dejamos seguir hablando esto terminarâ en un seminario, nos

conocemos de ya ni sê cuântos años.

---Una sûmula de años tal es una digna de admiraciôn a pesar de no saberla exacta.

Entonces quê, conoce Feliciano a su esposa Helade?

---Cômo, Aristogitôn, tû estâs casado?

---Disculpa, Feliciano, por no habêrtelo dicho nunca.

---Creo que metî la pata no, sino la pierna completa.

---No hace nada, Kosmos, que ya, y cuando nos conocimos en la nocturna, te dije

lo que te dije.

---Mas aun asî, Aristogitôn, siêntome Ascâlafo. Vaya pena, verecundia.

---Ascâlafo? Quiên es êse?

---No es relevante ni su identidad ni de dônde es oriundo.

---Pero si tû lo nombras por algo es, no es por gusto.

---Nômbrolo por sustituciôn de denunciante/delator.

---Kosmos, tû te vas demasido lejos.

---Aristogitôn, no queda cerca la existencia de este personaje, por lo que tengo que

re-montarme  a lo en lontananza. Y dîgame usted: quê con sus raîces de pamporci-

no?

---Quê debo responder, Kosmos? Porque de facto no son mîas.

---Si aûn, como un favor que usted hâcele a Helade, llêvaselas a la criatura que las

compra.

---Kosmos, este favor no es una constante, porque entonces no serîa un favor.

---Muy bien eyectado!

---Kosmos, sabes una cosa, ahora que entramos en contacto?

---Amplifîque la cosa, Feliciano, amplifîquela!

---Que supimos por Aristofôn que serâs el guardîan del museo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Quê, conocen ustedes a êl?

---Lo conocimos no hace mucho, porque somos miembros del grupo que...

---Ya sê del grupo que usted habla, del que trâtase, mas desde cuândo son miembros 

de êl?

---Desde hace dos semanas.

---Y cômo dieron con el grupo, cuâl hontanar fue posible para que ustedes supieran

de su existencia? 

---Kosmos, se te olvidô que conozco a tu vecino Metôn, el que forma tambiên parte

del grupo?

---Ya! Caî! Dime un trastazo contra la superficie horizontal.

---Kosmos, pero lo que sî no nos dijo ni Aristofôn ni Metôn el porquê de ser tû sele-

ccionado como guardîan.

---Aristogitôn, paso a la dilucidaciôn, en el caso de que ustedes permîtamenla.

---Cômo no, Kosmos? La escuchamos.








































 








 






  



   




 



















  

Montag, 26. Mai 2025

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      Una hora despuês encuêntrome con Cratino, el que esperâbame sentado en la base

de la escultura le penseur. Por yo haber llegado con cinco minutos de atraso fue nece-

saria la pregunta que hîzome, empero al saber el motivo por el cual no lleguê puntual

reconociô  que la tardanza estaba justificada, pero un motivo que lo entristeciô un po-

co  por esta causa: por la  carencia total de contacto corporal con Juliette por padecer 

êsta  de un estado pusilânime  constante debido a que tuvo que vender sus veinte caji-

tas  de mûsica a un precio môdico. Ostensiblemente que si algo tiene relevancia para 

alguien  perderlo acarrea el estado correspondiente, lo que puêdese entender con faci-

lidad, mas lo que sî no quedôme claro fue el porquê de la susodicha venta, porque en

el caso de que sea por la falta de peculio Cratino tiene una herencia con la que puede

vivir por largo tiempo, y dudas no me quedan de que es una criatura con suntuoso co-

razôn. Empero una cosa es êsta; otra, que no soy de los que quedan en mutismo cuan-

do de lo que trâtase es de saber, de sacar de la masa las lascas pertinentes, la de hacer

la pregunta tempestiva, la indefectible en este momento:

--Cratino, y puêdese saber por quê Juliette vendiô sus queridîsimas cajitas de mûsica?

---Kosmos, la misma pregunta se la hice a ella, y sabes lo que me respondiô? Que no

me metiera en sus cosas, que no fuera chismoso.

---Una respuesta como êsta deja calaña, no de que tenga Juliette algo contra ti, sino

mâs bien de que hay algo que resuena dentro de ella que engêndrale malestar, que la

incomoda o la saca de una estabilidad emocional.

---Pudiera ser, Kosmos, pero quê, quê es eso como tal?

---Cômo saberlo? Sôlo sê que es algo, porque nada no puede ser. A ver, respôndeme:

Sabes si ha tenido algûn problema con sus padres, con alguna criatura cercana, verbi

gratia?

---Que sepa no. Pero ahora que tû preguntas, si te puedo decir que la amistad con Es-

meralda ya no es la misma que antes.

---Câspita!! Aûn resuena aquel problemilla?

---Problemilla? Dirîa problemôn, porque tû sabes que ellas se llevaban como herma-

nas.

---Como bien que sabes, amigo mîo, aquî todo, en este mundo, o cuasi todo, es cues-

tiôn de tiempo.

---Sî, ya sê, Kosmos, porque el tiempo ubica, proporciona la posiciôn adecuada en un

espacio determinado, pero sabes quê? Que el que tiene que aguantarla/soportarla/tole-

rarla...

---Eres tû, indubitablemente, porque no soy yo, mas recuerda que la paciencia es una

magna virtud.

---Cômo olvidarlo, Kosmos.

---Y algo por saber, Cratino: a quiên vendiô las cajitas de mûsica?

---A un vendedor en la feria de antigüedades. Por quê preguntas? No me vayas a decir

que, y ya sabiendo a quiên, se las compraras para devolvêrselas a Juliette.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y de dônde sacar el peculio por

muy môdico que sea?

---Bueno, tû me dijiste que tu vecino Metôn te ayuda, no?

---Dîjetelo y te lo volverîa a decir, mas lo que no te he dicho es que no pedirîale pecu-

lio a êl para comprar algo que ya estâ vendido.

---Y por quê no? Ademâs, como puede saber êl que ya estâ vendido algo, a no ser que

se lo digas, claro?

---Cratino, aquî el que tiene que enfrentarse a una situaciôn determinada eres tû y, co-

mo tal, y para quitârtela de encima, amên que tû puedes por la herencia que tienes...

---Disculpa la interrupciôn, pero creo que aquî estâ la soluciôn contra lo que actual me

toca. Pero hay una cosa: cômo saber cuâl es ese vendedor?

---Escucha, Cratino. Para que sea una sorpresa, lo que podemos hacer es observar cada

una de las tiendas que hay en la feria del viernes, que seguro que encontramos al com-

prador de las cajitas.

---Y hoy es viernes. Vamos a la feria?

---Allî vamos, Cratino. Age en plural.

         Estando de acuerdo los dos, y con el fin de no llegar tan raudo a la feria, arrum-

bamos nuestros pasos por el camino mâs largo. Como caracterîzase por la inclinaciôn

que tiene puêdese contemplar una parte del puerto, mas en mi caso no es exactamen-

te esta contemplaciôn la que  estimûlame, sino  mâs bien la palabra puerto, como tal,

por ser una metâfora, de larga tradiciôn tanto aquea  como romana, para refugio. Que-

darîa decir intempestivo (o como una perogrullada) resaltar la atingencia que siempre

he tenido con la metâfora, empero sin hacer justicia con êsta como hîzolo un sobresa-

liente e înclito artîfice barroco, el que aûn resuena como matraca china a pesar de ser

por  muy pocos leîdo y entendido. En lo atinente a la inclinaciôn, y construida por fo-

râneos  trabajadores, lo que traduce que por mano de obra barata, y lo que conduce a

pensar en el beneficio que sacâronle, por este bajo precio, los funcionarios y agentes 

de una locaciôn concreta, cômo olvidar que servîanos de entretenimiento a mî y a los

de mi generaciôn? Y, entonces, pregûntole a Cratino:

---Te acuerdas cômo nos divertîamos tirândonos por esta inclinaciôn con los patines?

---Vaya tiempos aquellos, Kosmos, cômo olvidarlos. A ver, y tû te recuerdas quê me

pasô una vez?

---Que te fastidiaste el talôn de Aquiles, y tuviste mâs dolor que una lanza encajada

lanzada por êste.

---Bueno, que si no que tus exageraciones verbales.

---Câspita!! En todo caso de mis pinceladas trabajadas.

---Kosmos, tû crees que tengan sustentos los tiburones que llegan al puerto con el

agua contaminada?

---Cratino, y respecto a metâforas, los tiburones que estân adentro quieren salir; los

que êstan afuera entrar.

----Como que me recuerdas al artîfice inventor de los Ensayos, porque dijo algo pa-

recido, pero en vez de tiburones pâjaros y de puerto jaula.

----Contigo sî que no siempre funcionan los cambios o las transformaciones a partir

de una base ya establecida, que lôgicamente que sea asî por ser un buen lector.

----Sî, estâ bien, pero te revelo que aun (siendo como tû dices) con tanta lectura no

me recuerdo de todo lo leîdo.

----Cratino, eso pâsale a todo buen lector y precisamente por serlo.

----Tû me estâs fastidiando, no? Sabes, me suena incoherente. 

----Cratino que en condiciones de igualdad la respuesta mâs sencilla es la probable.

----Por lo que entiendo, la respuesta que me ibas a dar era compleja, no?

----Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

----Kosmos, mira quiên viene por ahî?

----El caballero de....?

----Ningûn caballero, en todo caso un lacayo de su propia enfermedad: de la tubercu-

losis.

----Aristarco!! Rato que no lo veîa.

----Ni yo tampoco. 

----Ya te dije que Sista lo dejô por Irene?

----No me acuerdo.

----Câspita! Eso no lo has leîdo.

----Entonces ahora nada tiene que ver que sea buen lector. Tus tâcticas verbales me

ayudan a permanecer en el juego.

----Claro (que lo sê), cômo no saberlo?

        Aristarco pisô un charco antes de llegar a nosotros; mojôse la bota sin transmitir

asco, porque no impoluta estaba el agua, pero insôlito resulta que a pesar de la incli-

naciôn el agua del charco no se saliô.

---Viejo amigo, de dônde vienes o adônde vas?

---Kosmos, vengo del puerto, y ahora con un pie mojado.

---Acabo de atisbar el accidente.

---Si tû le llamas accidente a meter un pie en un charco....

---Quê tal, Aristarco, cômo te lleva la vida?

---Cratino, que cômo me lleva la vida? En todo caso cômo me llevô con ella. Y adôn-

de van ustedes, al puerto? Si, porque estâ inclinaciôn termina allî.

---Pero nosotros no llegamos hasta el final de la inclinaciôn, porque antes nos desvia-

mos.

---En direcciôn a?

---La feria de los viernes.

---Puedo ir con ustedes?

---De mi parte no hay oponencia; de la tuya, Kosmos?

---Tampoco que no es tan poco como aparenta ser.

---Quê si no, Kosmos, quê?

---Êsa es la res, Aristarco.










































 










  




 





































  

Montag, 19. Mai 2025

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      Siete minutos despuês lleguê a mi apartamento. Lo primero que preguntôme Aspa-

sia fue sobre el  envîo del anillo a Irene, respondiêndole yo que como encontrême con

ella  mandârselo por correo no hizo falta. Conociêndola como la conozco tuve que di-

lusidarde dônde fue el encuentro, mas con el propôsito de no atizar la llama de su celo-

sîa  sî que no dîjele lo de la invitaciôn a tomar cafê, lo que allende eludirîa darle pâbu-

bulo de que hiciêrame mâs de una pregunta, aun estando su estado anîmico algo ende-

ble  por la  cuestiôn de la diarrea. Reconociô  que un encuentro en un lugar como este

(la estaciôn de policîa) inquieta/desespera/exacerba, amên de resultar ingrato por esto

indefectible  que caracterîzale: el color  verde tanto de las paredes como el de los uni- 

formes, a lo que ûnese ese jaez de mirada austera/penetrante y poco  confiable, empe-

ro por ser un reconocimiento que yo considero una perogrullada ni fueme menester ni

imprescindible sacar a puesto, a colocaciôn una de mis ocurrencias, de mis pinceledas,

de mis provocativas dadorîas procesadas por la maquinarîa de mi magîn.

---Kosmos, cuando es el silencio el que en ti impera eso quiere decir que....

---Que al ñudo serîa decir lo siguiente: punto a la raya y que continûe la letra.

---Sabes quê? Que me parece que debes cerrar un poco los ojos, los que se te cierran

solos.

---Y tû quê vas a hacer?

---Kosmos, lo que sî no voy a hacer es ir a la catedral barroca a tocar el chelo.

---Lo que traduce que harâs/harîas cualesquier cosas quedândote en casa.

---Exacto!

---Nos vemos, despuês, mâs tarde, Aspasia.

          Siempre fue de mi interês sacarle provecho a todo lo que sucede acopas, empe-

ro esta vez, y seguido a poner la testa en la almohada, lo que sucediô inesperado cau-

sôme  pejiguera: las explosiones de dinamitas provenientes de la zona donde hâcense

las excavaciones, lo que significa que en vez de sacarle provecho al retumbante estrê-

pito maldije al responsable de poner los explosivos, lo que de nada servirîa porque no

me  oye. Cômo entonces  poder dormir con este ruido mayûsculo? Con el objetivo de

darle  un poco de viveza a mis ôculos, cuâl mejor solvento que asperjarlos en seguida

con el agua frîa del grifo? Poniêndome en funciôn de esto penetro en el baño, pero al

estar Aspasia duchândose mis ôculos abriêronse tanto que el sueño se me quitô, moti-

vo  por el cual dîjele que su cuerpo es como un elixir mejor que cualquier solaz en la

cama o en el sofâ, verba que ella valorô como una forma persuasiva y con el propôsi-

to concreto de hundirme en lo humectante que, como tal, quita la aridez. A la postre y

al cabo es y no es lo que valora, o sea, que de acuerdo a estas dos posibilidades la pre-

valencia de un existente o coge fuerza o no la coge, o termina afogarando o queda co-

mo  un estîmulo cuando se le recuerda, o enciende la vehemencia o esclaviza a la pa-

siôn dentro de las rejas de una cârcel prioritaria, en el sentido, claramente, de un auto

encierro por voliciôn, o da lo que se quiere o sustituye con alguna mentira, o ralentiza

un proceso o transforma en pavesa lo que fruiciôn parecîa. Y en fin, que de seguir par-

lando de una lista ahogarîame con mis propias palabras, salî del baño y me fui a mi es-

tudio, centro/hontanar mirîfico de las fluencias diamantinas.

     El ûltimo de los supuestos cantores [que granjeôse la fama gracias a su talento que

no por mediaciôn de una amistad con influencia] fue expulsado del escenario de la sa-

la  de concierto  mâs prestigiosa/relevante  de esta ciudad, y el que no quiso colaborar 

con la prensa debido a lo siguiente: a que si ordinarimente las noticias que salen de ês-

ta o estân exageradas o transformadas, extraordinariamente engendran la duda, porque 

mâs allâ de lo comûn/habitual creer con certeza  en algo cuesta onerosos pensamientos. 

Esa informaciôn penetrô por mis oîdos seguido a encender la radio que tengo en mi es-

tudio tantîsimamente inveterada, empero como aûn funciona bien y puedo----si de vez 

en cuando con alguna interferencia no querêllome por la ataraxia que caracterîzame--- 

escuchar mûsica cuando estoy leyendo no aprêmiame cambiarla por otra de fabricaciôn 

actual. Mas eso sî, lo que no saliô por (su) la bocina fue el porquê de haberlo echado del 

susodicho  lugar, lo que  no creo que tenga algo que ver con la sensatez, sino (que) mâs

bien con alguna estrategia bien pensada para eludir la resonancia de sus seguidores mâs

fieles, de sus erastes a su canto. Tal vez mi compinche Forligen sepa un poco mâs, estê

mâs enterado al respecto por estar dentro del mundillo musical (o de la mûsica), aun sa-

biendo  que êl le desagradan ciertas cosas porque con ellas no puede hacer nada, lo que

por extensiôn tiene atingencia con un fundamento prâctico garante de un equilibrio: de

nada  sirven  las tenencias/posesiones convertidas en carga. Como cuasi todo tiene rela-

ciôn (o estâ relacionado), cômo no tener presente/en cuenta una latinizaciôn que yo pu-

diera apellidar infinita, en el sentido de que nunca acâbase/limîtase ni por lo que de fac-

to le es ajeno: sub galli cantum, mas que yo pincelo para darle mâs colorido: antes del

cantar del gallo lo sacaron de la escena.

        Al parecer, y a pesar de su valoraciôn a raîz de la verba que dîjele: que su cuerpo

es  como un elixir mejor que cualquier solaz en la cama o en el sofâ, Aspasia quedôse 

con  ganas de tener  fruiciôn y por venir a mi estudio en ese estado (taxativamente) de 

eleutherîa, lo  que tradûcese  como que el huevo quiere sal. Mas si esto es interesante

mâs  lo es la danza que pusieron en la radio, la que  recordôme la danza lasciva aquea

que solamente bailaban las gentes desvergonzadas en estado de embriaguez: el cordax,

la  que como tal, y mâs de una vez, saquê a puesto, a colocaciôn en mi novelôn. Aun-

que  Aspasia no  tenga conocimiento musical de esta danza no estâ ajena a su nombre

por conocerlo de mi novelôn, empero como acabo de decir que musicalmente no pue-

de reconocerla ni sus piernas ni su cintura tendrîan ese acicate como para dejar calaña

de un movimiento seductivo, lo que no quiere decir que por esto su forma de imantar-

me no sea posible, porque de facto es aguja al imân con solamente observar cômo con

su pericia se mueve, cômo penetra en mî previo a que un contacto comience a desarro-

llarse, a que expulse su temperatura el volcân del mor.



 











 





 

















  


Dienstag, 13. Mai 2025

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      Como la estaciôn de policîa no estâ muy lejos del correo---con precisiôn dirîa que

cincuenta metros es la distancia que media entre aquêlla y êste----, y en la misma dire-

cciôn  por la que  arrumbâbanse mis pasos, pasê por delante de su puerta, la que cuasi

siempre estâ abierta de par en par, lo señalativo/indicativo de que cada ciudadano pue-

de entrar como Pedro por su casa, mas que aun con esta posibilidad de confianza y de

soltura imposible que sâlgase como mismo penetrôse, ya que despuês/a continuaciôn/

seguido de entrar en verba con la autoridad padece cualquiera de un estado oneroso, y

con  êste es otra la posibilidad que tiênese, empero como pasê y no mirê hacia dentro

no pude ver a una criatura fêmina que salîa: a Irene, la que cuando me vio pronuncio

mi ônoma. [No harîa falta necesariamente conocerme bien para saber que yo no creo 

en la casualidad, por lo que entonces utilizar esta palabra, con el têlos/propôsito/la in-

tenciôn de llenar lo huero por una cuestiôn concisa de escasa (o de endeble) compren-

siôn, queda descartado]. A raîz  de parar en seco, o sea, que quitarle de sopetôn la ve-

locidad a mis pasos, lo primero que ella afirma son estas tres palabras: Vaya, quê ca-

sualidad!

---Irene, dêjote saber que yo creo en la causalidad.

---Causalidad, Kosmos? Y por quê?

---Porque precisamente mira lo que tengo aquî.

---Mi anillo! Y dônde lo encontraste?

---En el bus nocturno.

---Si tû supieras que acabo de hacer la denuncia del robo.

---Hipotêtico no es, porque me acabas de decir que la hiciste.

---Ya!! Tû y tu forma de rectificaciôn. Pero por quê lo tenîas en el bolsillo, y lo me-

tiste en esta cajita protegida por un papel de regalo?

---Porque primeramente pensê en devolvêrtelo personalmente, pero como Aspasia

pidiôme que te lo enviara por correo se me olvidô sacarlo de la cajita. Irene, debo

decirte que la criatura que te lo robô ya estâ en el segundo sistema desde el miêrco-

les.

---Y cômo tû lo sabes, Kosmos?

---Simplemente lo sê, Irene.

---Y quiên fue el ladrôn, o ladrona? Porque dijiste criatura, mas no si fêmina o mâs-

cula.

---La misma que llamôte por telêfono, y pidiôte mâs dinero por la informaciôn.

---No, verdad? Ah, entonces retiro la denuncia, porque si ya muriô de quê sirve êsta?

---Irene, precisamente por no servir de nada dêjala; allende, lo que es lo mâs pesado,

vas a tener que estar otro tiempo dentro de la estaciôn, estancia nada agradable.

---Tienes razôn. Para que me atendieran tuve que esperar largo tiempo, y depuês de

esperar êste me dijeron que harîan todo lo posible por encontrar...

---Ya conozco la retôrica del discurso, Irene, asî que no extrâñame el mêtodo cuasi

eufemîsitco que sale a puesto, a colocaciôn con su correspondiente adornamiento.

---Kosmos, te doy las gracias y un beso.

---Que no me molesto por eso!

---Me has traîdo la risa. Y dime: Nos tomamos un cafê?

---Tervetuloa, cafê!

---Cômo, Tervetuloa? Quê quiere decir?

---No es relevante, ejercito un idioma. 

---Pero lo tomamos o no?

---Mas no en el restaurante de las langostas, sino en el cafê onomado La ilusiôn y ubi-

cado en la avenida La Clasintoparia, una de las avenidas mâs importantes de esta ciu-

dad.

---Primera vez que escucho el nombre del cafê y de la avenida. 

---Pues sîgueme, que conmigo no te pierdes.

---De acuerdo. Te sigo.

        Los occupati de esta ciudad, tanto por la retahîla de cosas que hacen por cuestio-

nes del ethôs como por estar apegados al imperio informativo/comunicativo, olvidaron  

que hay una materia înclita que pudiera ayudarlos a tener una existencia exenta de eso

que, en alguna escena de mi novelôn, onomê lo atrapante-seductivo, aunque asimismo

mâs plena de riquezas diamantinas, ya que al vivirla con el vigor de la propia naturale-

za  ni el taumaturgo mâs docto convence de que de alguna manera indeleble no puêde-

se  escapar de lo que  domina o hechiza, ni el capitân de un barco de que solamente se

llega  a puerto utilizando  una sola ruta. Y si hablo de ellos es por este motivo: por ser 

tantos los que veo pasar, a fanegadas demostrando no otra cosa que la misma, que elu-

dir  mencionarlos no  serîa el solvento contra lo que me apremia y ocupa. Claramente

que Irene, quien  invitôme a tomar un cafê, mas que dîjele que no en el restaurante de

las langostas sino en el cafê llamado La ilusiôn, el que estâ ubicado en la avenida Cla-

sintoparia, una  de las avenidas mâs relevante de la ciudad, estaba completamente aje-

na al discurso de mi verba, aunque debo reconocer que en algûn que otro momento su

interês por la susodicha materia sale a puesto, a colocaciôn, mas que esta vez no lo tu-

vo, lo  que de tal guisa favorêceme o beneficia por no tener que ajustarme al tempesti-

vo embate de una marea efîmera, o al lloviznaso oportuno proveniente de una grisalla

breve.

      La numeral trivium sobresalîa en el cafê, porque la mayorîa de los aquî presentes

formaban  parte de un trîo, de la uniôn de tres personas, lo que por extensiôn yo dirîa

que descollaba en el local la triangulizaciôn. Cômo entonces no pensar en el triângu-

lo, la figura  geomêtrica  que [despuês del cîrculo] encântame, y a su vez paradigma 

estelar  de lo impar que no es formado (o no llega a formaciôn) ni por capricho ni co-

mo  derivante de la voluntad? De retornar a los tiempos en los que empecê a extraer/

sacar  datos de una sûmula de monografîas sobre el mundillo de la matemizaciôn, re-

cuerdo  una cosa interesante y merecedora  de mi atenciôn: la concatenaciôn posible

entre pensar y figura, o sea, entre un movimiento de la conciencia y una mîmesis es-

tâtica. Hasta cierto punto pudiera haber sido esta cosa la que diome pâbulo de incluir

en mi novelôn una instituciôn acadêmica (La Kosmona), baricento de formaciôn/des-

formaciôn/descontrucciôn del pensar y de la figura, mas con la fumbina que desde la

alcheringa  hasta el sol de hoy a dejado muestra de ser poderosa: la palabra, y con la 

que los contertulios ludicaban con el fin de mantener la fiesta. 

---Kosmos, Ya hablê con Sista para que le dijera a su madre Matilde Ronco Espino-

za que le venderîa el diario a ella.

----Y ya tienes una idea de cuânto vas a pedir por êl?

----En eso no he pensado todavîa, pero seguro que no se lo venderê barato, ya que

ademâs de la informaciôn y revelamientos que tiene, ella me lo robô.

----Irene, y por lo que entiendo, en el precio estarâ incluida la venganza por el hur-

to, no?

----Pudiera decirse asî.

----Si me permites decîrtela, te digo una cosa ora mismo.

----Claro que sî. Cuâl es?

----Que como yo conozco mejor que tû a Matilde te aconsejarîa que si vas a apre-

tar la rosca no la aprietes demasiado.

----Lo tendrê en cuenta, Kosmos. Gracias!

----Êsa es la res! Y dime: quê te parece el cafê?

----Te refieres al lîquido o al local?

----Al primero.

----Verdaderamente es un buen cafê, bueno, es que estamos en un buen cafê y, como

tal, el lôgico de que sea bueno. 

----Câspita! Ora en vez (de hablar) de la trivium es la numeral quadrivium.

----Y por quê?

----Porque has dicho dos veces buen y dos bueno.

----Ni habîa notado lo que acabas de decir. Se nota que al tanto de la palabras estâs.

----Sabes? A mi pâsame como al jardinero: estâ al tanto de las plantas.

----Cômo? Para ti la palabra es una planta?

----La palabra tiene una raîz, un desarrollo y un crecimiento.

----No si lo que se te ocurre a tî....

----Y acaso no tengo razôn?

----Lo que sî que tû tienes es imaginaciôn.

----Asimismo pudiera decirse, allende para sentirme mâs complacido.

----Ah! Sabês quê? Que posiblemente me quede tres meses mâs en al apartamento

de Lurpak.

----Alquiler que pagarâs con el peculio de la venta del diario, no?

----Asî es, Kosmos, asî, porque como te dije, y la primera vez que nos encontramos,

que sôlo contaba con el dinero justo para pagar los tres meses.

----Irene, y quê pasarîa en el caso de que....

----Kosmos, ya me hice esta pregunta, pero quisiera pensar que Matilde Ronco Es-

pinoza me pagarâ el diario sin regateo y demora.

---Sin dilaciôn tal vez, mas en lo atinente al precio lo pudiera negociar, por eso te di-

je que....

----No apriete mucho la rosca.

----Êsa es la res! Irene, te agradezco la invitaciôn, mas como fenezco de sueño debo

dormir un poco, asî que deseo que tengas un dîa especioso.

----De nada, Kosmos. Un placer, y te vuelvo a dar las gracias por lo del anillo. Ya en

otro momento nos veremos. Cuîdate!

----Igualmente, Irene, igualmente.

         Mas antes de salir dime cuenta de que la presencia de mâs criaturas en el cafê

sobrepasaba en cantidad a la numeral trivium, empero como cuasi los ôculos se me

cerraban, a pesar de haber tomado cafê, no estaba para ponerme a contar por grupos

la sûmula  exacta a la que  êstos llegaban de acuerdo a las personas que componîan-

los. Interesantemente, y en la parte derecha de la puerta del cafê, encuentro en el pi-

so el papel de regalo con el que envolvî la cajita donde estaba el anillo, pero no liso

sino engurrado, lo que quiere decir que Irene lo estrujô antes de botarlo, lo que real-

mente  no sê cuândo lo hizo. Al no ser la  pregunta cômo llegô el papel aquî de mo-

mento la adecuada/pertinente/tempestiva, y precisamente por el sueño que tenîa, de

sûbito/sobre el pucho dejê de hacêrmela mâs de una vez. A continuaciôn agachême

para coger el papel, y cuando lo abrî fui testigo visual de un nûmero de telêfono es-

crito por mî, el que de facto ignoro de quiên es. Este desconocimiento total, que no

absoluto por ser otra cosa con una definiciôn mâs compleja, y por ocupar/llenar un

espacio  donde prepondera una cuestiôn metafîsica, serîa mâs que un basto motivo

para un anâlisis coralino de mi propia nemôsine, la que ya un tanto senecta pudiera

estar perdiendo algo de su mirîfico, de su eficaz funcionamiento, estudio o examen

de  ella que empiezo a tener en cuenta, que no puedo obviar, tachonar con el ampo 

de una tiza ilusiva.




 



 







 




































   











 




 

























 





 










  

Samstag, 10. Mai 2025

151

       No dirîa que imposible, aunque sî que inesperado que en el preciso momento en

que  estaba por salir de mi apartamento suena del timbre de la puerta, no siendo otra

la criatura que tocôlo que Metôn. Debîase su presencia a su querer saber si ya yo ha-

bîa hablado con mi tîo para saber si conocîa a algûn cerrajero, empero cuando yo dî-

jele que justamente estaba por subir a su apartamento para comunicarle el ônoma del

cerrajero y su nûmero  de telêfono, êl  abriô la boca y sin dilaciôn dijo: 

---No, no puede ser. Vaya casualidad! Muchas gracias, Kosmos! Agradecimiento eter-

no. Y cômo se llama y....

---Mire, Metôn, aquî tiene escrito en este papel su ônoma y su nûmero de telêfono, y 

en todo caso al que debe agradecêrselo es a mi tîo, que yo solamnete servî  de puen-

te.

---Aun asî, Kosmos, si no hubiese sido por ti aûn estuviese esperando a un cerrajero,

porque en realidad no tengo contacto directo con tu tîo, que tampoco sê dônde vive,

asî que como te dije, y lo vuelvo a repetir, agradecimiento eterno. Y disculpa que te

tenga que dejar, que si te dejo es por lo siguiente: por la llamada que ahora mismo le

harê, desde una cabina telefônica, a este Baquîlides. 

---Metôn, espero que êste no haya sido cliente de su banco.

---No, Kosmos, no, el nombre no me suena conocido.

---Lo que sî dîgole claro, Metôn, que lo que sî no sê, porque mi tîo no escribiôlo en

este papel, como usted ve/observa/mira es si este nûmero es el de su casa, o sea pri-

vado, o el de su trabajo.

---Bueno, no lo sabes tû, pero lo sabrê yo. Pero kosmos, eso es importante?

---No trâtase de que sea relevante, sino de estas dos cosas: la primera, que si es el

nûmero de su trabajo aûn es muy temprano para que estê laborando; la segunda, si

es  el privado, el de su casa, o el de su môvil, Baquîlides podrîa estar durmiendo y,

como tal, no  le responderâ, entonces, Metôn, cômo usted podrîa saber si es el nû-

mero privado o el de su trabajo si estâ ausente su voz?

---Contra, Kosmos, tû analizas hasta la mînima cosa.

---Êsa es la res, Metôn. Y escuche usted, que dîgole esto: si respôndele Baquîlides, 

y cuando usted suba, toque el timbre una vez, si no dos veces.

---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo! Eso harê. Kosmos, y si te quedas dormido?

---Metôn, acabarâ usted de ir a la cabina?

---Hasta pronto!

         Al pasar una hora ni una ni dos veces el timbre sonô, por lo que pensê que ol-

vidôse Metôn de tocarlo; pero en fin, que quien es dueño de sus actos es propietario

de su ôntica tranquilidad y de su imprescindible sosiego, no importa nada que no lo

haya tocado; empero al pasar dos sonô el timbre tres veces: era Aspasia, la que ade-

mâs de no haber cogido la llave padecîa de diarrea. De mâs estarîa decir adônde fue

corriendo, y donde estuvo el tiempo menester sentada. Al terminar preguntôme si yo

no tenîa nada sucio para lavar, respondiêndole que lo ûnico era el pantalôn que esta-

ba  metido en la cesta del baño, pero pasô que cuando lo sacô de  êsta fue testigo vi- 

sual  de la caîda al piso del anillo de plata con la serpiente grabada, caîda que fue el

motivo de la siguiente pregunta:

---Kosmos, se puede saber de quiên es este anillo, que hasta donde sê no es de Esme-

ralda?

---Aspasia, lo encontrê en el bus nocturno y es de Irene, la chica hurtada por Matilde

Ronco Espinoza.

---Y por quê estaba en el bolsillo de tu pantalôn?

---Quê tû crees? Para devolvêrselo.

---Ven acâ, Kosmos, desde cuândo tû eres tan altruista/caritativo/filântropo?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya secciôn de adjetivos!

---Responde a mi pregunta y deja la consideraciôn. Primero con Esmeralda; segundo,

con Irene?

---Câspita!! Tû celosa? Esto sî que es una novedad. Pues sabes quê? Sobre el pucho

te doy la direcciôn de la vivienda donde estâ Irene y....

---No la conozco, asî que no me la des. Pero puedes hacer una cosa: meter el anillo en

un sobre y mandârselo por correo.

---Otra forma de que llegue a sus manos, lo recupere. No hay problema, eso harê.

---Y cuâl es el porquê de que quieras/desees devolvêrselo?

---Por otra cosa que sucediô en el bus nocturno que no te (dije) he dicho.

---Y por quê no me lo dijiste?

---Porque la cosa que pasô estâ relacionada con una imago, y hace no mucho me di-

jiste algo en lo atinente a las imâgenes, no?

---Bien que te defiendes! No me extraña. No descarto la posibilidad de tu propia pro-

tecciôn a partir de tu buenîsima memoria. Te dejo saber algo: que le mandes el anillo

por correo me tranquiliza un poco, me devuelve la calma, me separa de un pensar por

una  pre-ocupaciôn, por una resonancia ingrata proveniente de una fuerza mayor difi-

cilîsima  de controlar, de menguar su potencia con ilusiones positivistas, con diaman-

tinas sentencias sacadas de tu novelôn.

          Cuatro horas despuês, de las que dormî dos, arrumbê mis pasos hacia el correo,

y con el anillo metido en una cajita de cartôn que cubrî con un papel de regalo. Antes

de  llegar al  correo encontrême con  Yelas, el  sepulturero del cementerio del Cerâmi-

co, y quien dejôme saber con soltura que ya no soportaba mâs el estrêpito constante, y

hasta las siete de la nocturna, de las mâquinas de construcciôn, mas que a pesar de es-

te  magno ruido no habîa perdido la costumbre de dormir de la una a las tres de la tar-

de, dos horas que amên, y segûn êl, no  son las propicias/adecuadas/ideales para estar 

en el cementerio, empero sin revelarme el porquê de lo anteriormente dicho. Seguido

a su pregunta de adônde yo iba, y de yo responderle que al correo y para quê, dejôme

saber que la criatura que robôle el anillo de plata a Irene habîa sucumbido el lunes en

la mañana, ocupândose êl de enterrarla el miêrcoles al mediodîa. Continuando con su

verba, infôrmame de que por tener de ôrdago amistad con Diopeites enterôse del suso-

dicho hurto dicho por la difunta criatura en el confesionario.

---Yelas, no sabîa que pudiera Diopeites, y a pesar de la amistad excelente que tiene 

usted con êl, revelar ciertas y determinadas confesiones.

---Kosmos, nosotros crecimos juntos, y como tal nos conocemos con tiempo suficien-

te  como para  que êl sepa  que aun haciendo lo que no debe hacer mi silencio estâ ga-

rantizado, por  no decirte  que por lo mismo la confianza que tiene conmigo es inmen-

sa.

---Puedo entender su verba, Yelas, cômo no? Pero, escuche, sepa usted que....Es igual,

no sepa nada, que a la postre y al cabo, de facto esto entre usted y êl no me incumbe.

---Y, Kosmos, dônde tû encontraste el anillo?

---En el bus nocturno, Yelas, y en plena madrugada.

---En el bus nocturno, uno con crecido misterio.

---Êsa es la res, Yelas.

---Y viajas en êl muy seguido, varias veces, en repetidas ocasiones, o sôlo de vez en

cuando?

---Pudiera responderle que alguna que otra vez. Yelas, y cômo usted sabe que el mis-

terio es de ese jaez?

---Kosmos, cômo no lo pudiera saber un sepulturero? Lâstima que no conoces a otro

para que le preguntes.

---Ya con conocerlo a usted es mâs que basto. Si usted dîcelo, cômo no creerle? Yelas,

y sabe usted cuândo termina el trabajo de excavaciôn?

---Hasta donde sê, Kosmos, en seis meses, aunque he escuchado que el trabajo un po-

co atrasado estâ, algo que dêbese al mal estado de las mâquinas de construcciôn.

---Imagînome que por senectas es que no estân en buen estado, no?

---Imaginas bien, Kosmos, por eso mismo es que no lo estân. Por lo que he visto, asi-

mismo  me parece que el atraso se debe a la parsimonia de los trabajadores, algo que

claramente ni se publica ni se dice. Bueno, tû sabes cômo funciona el sistema.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Con tu frase no hay dudas de que no solamente lo sabes, sino de que lo sabes bien.

Un placer volverme a encontrar contigo, pero lamentablemente  tengo que ir adonde

voy.

---Al cementerio del Cerâmico!

---Asî es, Kosmos, asî es. Que tengas un bonito dîa.

---Lo igualito dîgole a usted, Yelas, que no otra cosa que pueda perjudicarlo y, enton-

ces, como consecuencia o resultado, su yendo resultarîa mâs pesado.

---Entendiêndote bien, quisiste decirme que la otra cosa que me dirîas...

---No complîquese usted, Yelas, vaya al cementerio exento de una complicaciôn.

---Estâ bien, Kosmos, estâ bien. Adiôs!

































 




 






















 




 









 




  





Dienstag, 6. Mai 2025

150

      Al contarle a Aspasia lo de la imago que eyectôse en el bus, o sea, la de ella haciên-

dose el tatuaje de la mariposa en en pubis, lo primero que preguntôme fue que si yo la

estaba  cogiendo  para mis cosas, las repetidas y con un têlos determinado, pero al res-

ponderle que no, que esta vez no estaba ludicando y, como tal, mi decir nada tenîa que

ver  con el juego, ella entonces pidiôme un poco mâs de informaciôn, impepinable ca-

laña de su interês por saber, por lo que dîjele que quien hacîale el tatuaje era el difunto

zapatero Cliôn. Y cômo no esperar su asombro con este decir? Pero como yo sê que a

la zaga del telôn hay mâs de una posibilidad de realizaciôn de las cosas, allende que y

fuera del alcance del razonamiento, de la lôgica y de la voliciôn, dejêle saber, con una

verba  inteligible, lo que  intempestivo podrîa servirle de ayuda (o de apoyo) para que

su estado atônito fuese breve, que de todas maneras este estado ni resuelve ni solventa

nada; al contrario, impide (o bloquea) el  desarrollo de la comprensiôn. Comprensiôn,

una palabra magna; de desbarrarse por la escala humana la denominô mayûscula, pero

en el caso de intercalarla/interponerla en la mar poiêsica onômola cupular.

---Kosmos, pero a pesar de tu ayuda se me hace difîcil entender cômo es posible que

alguien que fue zapatero....

---Aspasia, y disculpa la interrupciôn, ya que como sê cômo va a terminar tu verba en

funciôn de una interrogativa ocasional no hâceme falta escucharla hasta que llegue al

punto final, mas la cosa, como tal, es un poco compleja por estar bastante lejos o de la

coherencia  o de una asociaciôn entre dos normales sucesos fâciles de captar por el ra-

zonamiento.

---Y dime: Tû quê hiciste durante el tiempo que durô esa imago?

---Contemplarla, observarla, ya que mâs nada puêdese hacer.

---Pues sabes quê? Me hubiera tapado los ojos, porque no tendrîa el valor de mirarla.

---Aspasia, es  como mirar una pelîcula, lo que in casu proyectada por un oculto pro-

yector.

---Sî, estâ bien, pero en una pelîcula uno no se ve a sî mismo.

---Si le dices esto a un actor, a una actriz, te buscarîas....

---Kosmos, pero precisamente no soy actriz.

---Câspita!! Y ora dime tû: aûn mantienes el deseo de hacerte el susodicho tatuaje?

---En realidad no he pensado mucho en eso, no lo he tenido muy presente. Y de dôn-

de sacaste que es un deseo?

---Pensê que era eso.

---Fue simplemente algo que me pasô por la testa.

---Mas te lo harîas o no? 

---No sê, Kosmos, no sê. Algunas veces digo que me voy a hacer algo y despuês no

me lo hago.

---Cômo no saberlo, Aspasia? Por eso fue que te preguntê, que tû sabes que no pre-

gunto por gusto, que no pregunto por (solamente) preguntar.

---Cômo olvidarlo, Kosmos, cômo? Y cuâl plan tienes para hoy?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---Como que no te hice una buena pregunta.

---No trâtase de buena o mala, sino que mâs bien por ser una que no deberîas hacer-

me, porque estâs claramente consciente de que yo carezco de plan alguno; y aun mâs,

que no soy erastes de los planes.

---Tû con lo espontâneo, con la soltura, con el hacer en cualesquier momentos sin pla-

nificaciôn.

---Êsa es la res, Aspasia. 

          A continuaciôn dîjele lo del encuentro con el esposo de Helade, y despuês con 

Helade y Efîaltes, resultândole un tanto senecto el ônoma del cônyuge de Helade.

---Aspasia, te resulta no, es un ônoma viejo, con demasiada senilidad.

---Aristogitôn!! Pudiera haber sido el nombre para un personaje de tu novelôn. Y tû

sabîas que Helade estaba casada?

---No, Aspasia, en lo atinente a este estatus no sabîa nada, acâbome de enterar no ha-

ce mucho, con la aurora, aunque ausente el canto del gallo.

---No sê quiên tenga uno en la ciudad.

---Mondo lirondo, que suena tu bombo!

---Por quê lo dices?

---Porque el bombo sirve para darle firmeza al paso en marcha por la calle del juego.

---No entiendo tu metâfora?

---Aspasia, ni en las cercanîas, ni en los derredores hay gallo alguno, por lo que tu de-

cir de que no sê quiên tenga uno en la ciudad traduce tu participaciôn con paso en mar-

cha por la calle del juego.

---Ah, eso. Pero, espera, espera. Y el gallo del general quê? Me acabo de acordar.

---Ese gallo hace un tanto que no estâ en este sistema.

---Ah no? Y cuândo muriô?

---Aspasia, hace un tanto.

---Kosmos, y por quê en tu pantalôn hay olor a perfume de mujer?

---Porque Esmeralda puso su testa sobre mis piernas en el bus.

---Verdad? No me digas? Y por quê no me lo habîas dicho?

---Porque no me habîas preguntado sobre el susodicho olor.

---Y de no preguntârtelo me lo hubieras dicho?

---Yo solamente respondo a las preguntas que me haces.

---Pero serâs descarado, fresco, atrevido? Te mofas de mî delante de mî?

---Hay otra manera de mofarme sin que me veas? Cuâl sentido, entonces, tendrîa la

mofa?

---Mira, sabes quê? Me voy a tocar el chelo.

---Age, Aspasia, age!!

---Me cuentas mâs tarde quê pasô con Esmeralda, quê hiciste con ella, o que ella te

hizo a ti?

----No hay nada que contar, porque ella estuvo cuasi todo el tiempo en el bus en el

mundo de morfi.

----Y en lo que ella dormîa, tû no la tocaste?

----Cômo, Aspasia, eyectas una de tus fantasîas? Porque uno siente lo propio aun su-

cediendo en otro/tra.

----Quê? En fin, me largo a la catedral barroca.

       No mucho despuês de haberse ido Aspasia, y porque carecîa de sueño, bajê para

recoger el correo en el buzôn. Al abrir êste fui testigo visual de la cantidad de publici-

dad  que habîa, algo que diome pâbulo de pensar que el mundo actual estâ dominado

por  el imperativo del mercado que vende no ya para cubrir necesidades bâsicas, sino

que deplorablemente para hacer a todo trance un capital vendiendo cualesquier cosas,

descollando entre êstas las de fabricaciôn plâstica. Vaya diferencia con los tiempos se-

nectos en los que era el cristal el que tenîa la corona, mas como lo ûnico que perdura

es el cambio muchitando es mejor vivir con lo que hay que estar uno o querellândose

continuamente  o teniendo en  cuenta lo que en el pasado fue posible. De tal guisa, y

metido entre la cantidad susodicha, habîa un sobre de tamaño mediano con el ônoma 

de  mi tîo, empero  si  digo de tal suerte no es por ser êste el remitente, sino mâs bien

por  no ser otra  publicidad, una mâs. En realidad resultôme raro que mi tîo tomârase 

el debido tiempo  para escribirme, que  dejara de escuchar mûsica clâsica para entrar 

en relaciôn con la verba, mas como el sobre ya estaba en mi buzôn, lo trajo el cartero

cumpliendo  con el cometido de hacer  bien su trabajo, quê otra cosa no me quedarîa

por hacer que la de sacar el papel que estaba adentro? Quisiera dejar ostensible, y sin

alzamiento de la voz, que como tengo el ethos de fumarme un cigarro haga lo que ha-

ga el sobre lo abrirîa en mi estudio, donde puedo fumar exento del regaño (o de la pe-

sadez) de un vecino, porque en la escalera del edificio estâ vedado soltar el humo por

la  boca. Non plus ultra de unos pocos segundos sentême frente a la mesa de mi estu-

dio, y con el correspondiente cuidado abrî el sobre, ya que no soy de esos que impôr-

tale un comino dirimirle la forma a la parte superior del sobre, que de facto es la par-

te  destinada a la  salida  del papel. Seguido  a abrir el sobre dime cuenta de una cosa

que  mi tîo desconoce: que no hace falta mucho papel si lo que escrîbese es corto, al-

go que traduce que êl ni tiene idea de lo que significa un gasto innecesario. Esto dîgo-

lo por lo siguiente: por lo que barrûntame y sôlo ocupa espacio en medio de una hoja

formato A4: Kosmos, ya tengo al cerrajero para el problemilla de la caja fuerte de tu

vecino  Metôn; su nombre es Baquîlides, y su nûmero de telêfono es el que observan

tus ojos. Quien te escribe te saluda. Entonces quê fâltame? Tocar el timbre del aparta-

mento de mi vecino. 



   




  









    































 





















 








       




199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...