No dirîa que imposible, aunque sî que inesperado que en el preciso momento en
que estaba por salir de mi apartamento suena del timbre de la puerta, no siendo otra
la criatura que tocôlo que Metôn. Debîase su presencia a su querer saber si ya yo ha-
bîa hablado con mi tîo para saber si conocîa a algûn cerrajero, empero cuando yo dî-
jele que justamente estaba por subir a su apartamento para comunicarle el ônoma del
cerrajero y su nûmero de telêfono, êl abriô la boca y sin dilaciôn dijo:
---No, no puede ser. Vaya casualidad! Muchas gracias, Kosmos! Agradecimiento eter-
no. Y cômo se llama y....
---Mire, Metôn, aquî tiene escrito en este papel su ônoma y su nûmero de telêfono, y
en todo caso al que debe agradecêrselo es a mi tîo, que yo solamnete servî de puen-
te.
---Aun asî, Kosmos, si no hubiese sido por ti aûn estuviese esperando a un cerrajero,
porque en realidad no tengo contacto directo con tu tîo, que tampoco sê dônde vive,
asî que como te dije, y lo vuelvo a repetir, agradecimiento eterno. Y disculpa que te
tenga que dejar, que si te dejo es por lo siguiente: por la llamada que ahora mismo le
harê, desde una cabina telefônica, a este Baquîlides.
---Metôn, espero que êste no haya sido cliente de su banco.
---No, Kosmos, no, el nombre no me suena conocido.
---Lo que sî dîgole claro, Metôn, que lo que sî no sê, porque mi tîo no escribiôlo en
este papel, como usted ve/observa/mira es si este nûmero es el de su casa, o sea pri-
vado, o el de su trabajo.
---Bueno, no lo sabes tû, pero lo sabrê yo. Pero kosmos, eso es importante?
---No trâtase de que sea relevante, sino de estas dos cosas: la primera, que si es el
nûmero de su trabajo aûn es muy temprano para que estê laborando; la segunda, si
es el privado, el de su casa, o el de su môvil, Baquîlides podrîa estar durmiendo y,
como tal, no le responderâ, entonces, Metôn, cômo usted podrîa saber si es el nû-
mero privado o el de su trabajo si estâ ausente su voz?
---Contra, Kosmos, tû analizas hasta la mînima cosa.
---Êsa es la res, Metôn. Y escuche usted, que dîgole esto: si respôndele Baquîlides,
y cuando usted suba, toque el timbre una vez, si no dos veces.
---De acuerdo, Kosmos, de acuerdo! Eso harê. Kosmos, y si te quedas dormido?
---Metôn, acabarâ usted de ir a la cabina?
---Hasta pronto!
Al pasar una hora ni una ni dos veces el timbre sonô, por lo que pensê que ol-
vidôse Metôn de tocarlo; pero en fin, que quien es dueño de sus actos es propietario
de su ôntica tranquilidad y de su imprescindible sosiego, no importa nada que no lo
haya tocado; empero al pasar dos sonô el timbre tres veces: era Aspasia, la que ade-
mâs de no haber cogido la llave padecîa de diarrea. De mâs estarîa decir adônde fue
corriendo, y donde estuvo el tiempo menester sentada. Al terminar preguntôme si yo
no tenîa nada sucio para lavar, respondiêndole que lo ûnico era el pantalôn que esta-
ba metido en la cesta del baño, pero pasô que cuando lo sacô de êsta fue testigo vi-
sual de la caîda al piso del anillo de plata con la serpiente grabada, caîda que fue el
motivo de la siguiente pregunta:
---Kosmos, se puede saber de quiên es este anillo, que hasta donde sê no es de Esme-
ralda?
---Aspasia, lo encontrê en el bus nocturno y es de Irene, la chica hurtada por Matilde
Ronco Espinoza.
---Y por quê estaba en el bolsillo de tu pantalôn?
---Quê tû crees? Para devolvêrselo.
---Ven acâ, Kosmos, desde cuândo tû eres tan altruista/caritativo/filântropo?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya secciôn de adjetivos!
---Responde a mi pregunta y deja la consideraciôn. Primero con Esmeralda; segundo,
con Irene?
---Câspita!! Tû celosa? Esto sî que es una novedad. Pues sabes quê? Sobre el pucho
te doy la direcciôn de la vivienda donde estâ Irene y....
---No la conozco, asî que no me la des. Pero puedes hacer una cosa: meter el anillo en
un sobre y mandârselo por correo.
---Otra forma de que llegue a sus manos, lo recupere. No hay problema, eso harê.
---Y cuâl es el porquê de que quieras/desees devolvêrselo?
---Por otra cosa que sucediô en el bus nocturno que no te (dije) he dicho.
---Y por quê no me lo dijiste?
---Porque la cosa que pasô estâ relacionada con una imago, y hace no mucho me di-
jiste algo en lo atinente a las imâgenes, no?
---Bien que te defiendes! No me extraña. No descarto la posibilidad de tu propia pro-
tecciôn a partir de tu buenîsima memoria. Te dejo saber algo: que le mandes el anillo
por correo me tranquiliza un poco, me devuelve la calma, me separa de un pensar por
una pre-ocupaciôn, por una resonancia ingrata proveniente de una fuerza mayor difi-
cilîsima de controlar, de menguar su potencia con ilusiones positivistas, con diaman-
tinas sentencias sacadas de tu novelôn.
Cuatro horas despuês, de las que dormî dos, arrumbê mis pasos hacia el correo,
y con el anillo metido en una cajita de cartôn que cubrî con un papel de regalo. Antes
de llegar al correo encontrême con Yelas, el sepulturero del cementerio del Cerâmi-
co, y quien dejôme saber con soltura que ya no soportaba mâs el estrêpito constante, y
hasta las siete de la nocturna, de las mâquinas de construcciôn, mas que a pesar de es-
te magno ruido no habîa perdido la costumbre de dormir de la una a las tres de la tar-
de, dos horas que amên, y segûn êl, no son las propicias/adecuadas/ideales para estar
en el cementerio, empero sin revelarme el porquê de lo anteriormente dicho. Seguido
a su pregunta de adônde yo iba, y de yo responderle que al correo y para quê, dejôme
saber que la criatura que robôle el anillo de plata a Irene habîa sucumbido el lunes en
la mañana, ocupândose êl de enterrarla el miêrcoles al mediodîa. Continuando con su
verba, infôrmame de que por tener de ôrdago amistad con Diopeites enterôse del suso-
dicho hurto dicho por la difunta criatura en el confesionario.
---Yelas, no sabîa que pudiera Diopeites, y a pesar de la amistad excelente que tiene
usted con êl, revelar ciertas y determinadas confesiones.
---Kosmos, nosotros crecimos juntos, y como tal nos conocemos con tiempo suficien-
te como para que êl sepa que aun haciendo lo que no debe hacer mi silencio estâ ga-
rantizado, por no decirte que por lo mismo la confianza que tiene conmigo es inmen-
sa.
---Puedo entender su verba, Yelas, cômo no? Pero, escuche, sepa usted que....Es igual,
no sepa nada, que a la postre y al cabo, de facto esto entre usted y êl no me incumbe.
---Y, Kosmos, dônde tû encontraste el anillo?
---En el bus nocturno, Yelas, y en plena madrugada.
---En el bus nocturno, uno con crecido misterio.
---Êsa es la res, Yelas.
---Y viajas en êl muy seguido, varias veces, en repetidas ocasiones, o sôlo de vez en
cuando?
---Pudiera responderle que alguna que otra vez. Yelas, y cômo usted sabe que el mis-
terio es de ese jaez?
---Kosmos, cômo no lo pudiera saber un sepulturero? Lâstima que no conoces a otro
para que le preguntes.
---Ya con conocerlo a usted es mâs que basto. Si usted dîcelo, cômo no creerle? Yelas,
y sabe usted cuândo termina el trabajo de excavaciôn?
---Hasta donde sê, Kosmos, en seis meses, aunque he escuchado que el trabajo un po-
co atrasado estâ, algo que dêbese al mal estado de las mâquinas de construcciôn.
---Imagînome que por senectas es que no estân en buen estado, no?
---Imaginas bien, Kosmos, por eso mismo es que no lo estân. Por lo que he visto, asi-
mismo me parece que el atraso se debe a la parsimonia de los trabajadores, algo que
claramente ni se publica ni se dice. Bueno, tû sabes cômo funciona el sistema.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!
---Con tu frase no hay dudas de que no solamente lo sabes, sino de que lo sabes bien.
Un placer volverme a encontrar contigo, pero lamentablemente tengo que ir adonde
voy.
---Al cementerio del Cerâmico!
---Asî es, Kosmos, asî es. Que tengas un bonito dîa.
---Lo igualito dîgole a usted, Yelas, que no otra cosa que pueda perjudicarlo y, enton-
ces, como consecuencia o resultado, su yendo resultarîa mâs pesado.
---Entendiêndote bien, quisiste decirme que la otra cosa que me dirîas...
---No complîquese usted, Yelas, vaya al cementerio exento de una complicaciôn.
---Estâ bien, Kosmos, estâ bien. Adiôs!
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen