Al contarle a Aspasia lo de la imago que eyectôse en el bus, o sea, la de ella haciên-
dose el tatuaje de la mariposa en en pubis, lo primero que preguntôme fue que si yo la
estaba cogiendo para mis cosas, las repetidas y con un têlos determinado, pero al res-
ponderle que no, que esta vez no estaba ludicando y, como tal, mi decir nada tenîa que
ver con el juego, ella entonces pidiôme un poco mâs de informaciôn, impepinable ca-
laña de su interês por saber, por lo que dîjele que quien hacîale el tatuaje era el difunto
zapatero Cliôn. Y cômo no esperar su asombro con este decir? Pero como yo sê que a
la zaga del telôn hay mâs de una posibilidad de realizaciôn de las cosas, allende que y
fuera del alcance del razonamiento, de la lôgica y de la voliciôn, dejêle saber, con una
verba inteligible, lo que intempestivo podrîa servirle de ayuda (o de apoyo) para que
su estado atônito fuese breve, que de todas maneras este estado ni resuelve ni solventa
nada; al contrario, impide (o bloquea) el desarrollo de la comprensiôn. Comprensiôn,
una palabra magna; de desbarrarse por la escala humana la denominô mayûscula, pero
en el caso de intercalarla/interponerla en la mar poiêsica onômola cupular.
---Kosmos, pero a pesar de tu ayuda se me hace difîcil entender cômo es posible que
alguien que fue zapatero....
---Aspasia, y disculpa la interrupciôn, ya que como sê cômo va a terminar tu verba en
funciôn de una interrogativa ocasional no hâceme falta escucharla hasta que llegue al
punto final, mas la cosa, como tal, es un poco compleja por estar bastante lejos o de la
coherencia o de una asociaciôn entre dos normales sucesos fâciles de captar por el ra-
zonamiento.
---Y dime: Tû quê hiciste durante el tiempo que durô esa imago?
---Contemplarla, observarla, ya que mâs nada puêdese hacer.
---Pues sabes quê? Me hubiera tapado los ojos, porque no tendrîa el valor de mirarla.
---Aspasia, es como mirar una pelîcula, lo que in casu proyectada por un oculto pro-
yector.
---Sî, estâ bien, pero en una pelîcula uno no se ve a sî mismo.
---Si le dices esto a un actor, a una actriz, te buscarîas....
---Kosmos, pero precisamente no soy actriz.
---Câspita!! Y ora dime tû: aûn mantienes el deseo de hacerte el susodicho tatuaje?
---En realidad no he pensado mucho en eso, no lo he tenido muy presente. Y de dôn-
de sacaste que es un deseo?
---Pensê que era eso.
---Fue simplemente algo que me pasô por la testa.
---Mas te lo harîas o no?
---No sê, Kosmos, no sê. Algunas veces digo que me voy a hacer algo y despuês no
me lo hago.
---Cômo no saberlo, Aspasia? Por eso fue que te preguntê, que tû sabes que no pre-
gunto por gusto, que no pregunto por (solamente) preguntar.
---Cômo olvidarlo, Kosmos, cômo? Y cuâl plan tienes para hoy?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!
---Como que no te hice una buena pregunta.
---No trâtase de buena o mala, sino que mâs bien por ser una que no deberîas hacer-
me, porque estâs claramente consciente de que yo carezco de plan alguno; y aun mâs,
que no soy erastes de los planes.
---Tû con lo espontâneo, con la soltura, con el hacer en cualesquier momentos sin pla-
nificaciôn.
---Êsa es la res, Aspasia.
A continuaciôn dîjele lo del encuentro con el esposo de Helade, y despuês con
Helade y Efîaltes, resultândole un tanto senecto el ônoma del cônyuge de Helade.
---Aspasia, te resulta no, es un ônoma viejo, con demasiada senilidad.
---Aristogitôn!! Pudiera haber sido el nombre para un personaje de tu novelôn. Y tû
sabîas que Helade estaba casada?
---No, Aspasia, en lo atinente a este estatus no sabîa nada, acâbome de enterar no ha-
ce mucho, con la aurora, aunque ausente el canto del gallo.
---No sê quiên tenga uno en la ciudad.
---Mondo lirondo, que suena tu bombo!
---Por quê lo dices?
---Porque el bombo sirve para darle firmeza al paso en marcha por la calle del juego.
---No entiendo tu metâfora?
---Aspasia, ni en las cercanîas, ni en los derredores hay gallo alguno, por lo que tu de-
cir de que no sê quiên tenga uno en la ciudad traduce tu participaciôn con paso en mar-
cha por la calle del juego.
---Ah, eso. Pero, espera, espera. Y el gallo del general quê? Me acabo de acordar.
---Ese gallo hace un tanto que no estâ en este sistema.
---Ah no? Y cuândo muriô?
---Aspasia, hace un tanto.
---Kosmos, y por quê en tu pantalôn hay olor a perfume de mujer?
---Porque Esmeralda puso su testa sobre mis piernas en el bus.
---Verdad? No me digas? Y por quê no me lo habîas dicho?
---Porque no me habîas preguntado sobre el susodicho olor.
---Y de no preguntârtelo me lo hubieras dicho?
---Yo solamente respondo a las preguntas que me haces.
---Pero serâs descarado, fresco, atrevido? Te mofas de mî delante de mî?
---Hay otra manera de mofarme sin que me veas? Cuâl sentido, entonces, tendrîa la
mofa?
---Mira, sabes quê? Me voy a tocar el chelo.
---Age, Aspasia, age!!
---Me cuentas mâs tarde quê pasô con Esmeralda, quê hiciste con ella, o que ella te
hizo a ti?
----No hay nada que contar, porque ella estuvo cuasi todo el tiempo en el bus en el
mundo de morfi.
----Y en lo que ella dormîa, tû no la tocaste?
----Cômo, Aspasia, eyectas una de tus fantasîas? Porque uno siente lo propio aun su-
cediendo en otro/tra.
----Quê? En fin, me largo a la catedral barroca.
No mucho despuês de haberse ido Aspasia, y porque carecîa de sueño, bajê para
recoger el correo en el buzôn. Al abrir êste fui testigo visual de la cantidad de publici-
dad que habîa, algo que diome pâbulo de pensar que el mundo actual estâ dominado
por el imperativo del mercado que vende no ya para cubrir necesidades bâsicas, sino
que deplorablemente para hacer a todo trance un capital vendiendo cualesquier cosas,
descollando entre êstas las de fabricaciôn plâstica. Vaya diferencia con los tiempos se-
nectos en los que era el cristal el que tenîa la corona, mas como lo ûnico que perdura
es el cambio muchitando es mejor vivir con lo que hay que estar uno o querellândose
continuamente o teniendo en cuenta lo que en el pasado fue posible. De tal guisa, y
metido entre la cantidad susodicha, habîa un sobre de tamaño mediano con el ônoma
de mi tîo, empero si digo de tal suerte no es por ser êste el remitente, sino mâs bien
por no ser otra publicidad, una mâs. En realidad resultôme raro que mi tîo tomârase
el debido tiempo para escribirme, que dejara de escuchar mûsica clâsica para entrar
en relaciôn con la verba, mas como el sobre ya estaba en mi buzôn, lo trajo el cartero
cumpliendo con el cometido de hacer bien su trabajo, quê otra cosa no me quedarîa
por hacer que la de sacar el papel que estaba adentro? Quisiera dejar ostensible, y sin
alzamiento de la voz, que como tengo el ethos de fumarme un cigarro haga lo que ha-
ga el sobre lo abrirîa en mi estudio, donde puedo fumar exento del regaño (o de la pe-
sadez) de un vecino, porque en la escalera del edificio estâ vedado soltar el humo por
la boca. Non plus ultra de unos pocos segundos sentême frente a la mesa de mi estu-
dio, y con el correspondiente cuidado abrî el sobre, ya que no soy de esos que impôr-
tale un comino dirimirle la forma a la parte superior del sobre, que de facto es la par-
te destinada a la salida del papel. Seguido a abrir el sobre dime cuenta de una cosa
que mi tîo desconoce: que no hace falta mucho papel si lo que escrîbese es corto, al-
go que traduce que êl ni tiene idea de lo que significa un gasto innecesario. Esto dîgo-
lo por lo siguiente: por lo que barrûntame y sôlo ocupa espacio en medio de una hoja
formato A4: Kosmos, ya tengo al cerrajero para el problemilla de la caja fuerte de tu
vecino Metôn; su nombre es Baquîlides, y su nûmero de telêfono es el que observan
tus ojos. Quien te escribe te saluda. Entonces quê fâltame? Tocar el timbre del aparta-
mento de mi vecino.
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