Dienstag, 13. Mai 2025

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      Como la estaciôn de policîa no estâ muy lejos del correo---con precisiôn dirîa que

cincuenta metros es la distancia que media entre aquêlla y êste----, y en la misma dire-

cciôn  por la que  arrumbâbanse mis pasos, pasê por delante de su puerta, la que cuasi

siempre estâ abierta de par en par, lo señalativo/indicativo de que cada ciudadano pue-

de entrar como Pedro por su casa, mas que aun con esta posibilidad de confianza y de

soltura imposible que sâlgase como mismo penetrôse, ya que despuês/a continuaciôn/

seguido de entrar en verba con la autoridad padece cualquiera de un estado oneroso, y

con  êste es otra la posibilidad que tiênese, empero como pasê y no mirê hacia dentro

no pude ver a una criatura fêmina que salîa: a Irene, la que cuando me vio pronuncio

mi ônoma. [No harîa falta necesariamente conocerme bien para saber que yo no creo 

en la casualidad, por lo que entonces utilizar esta palabra, con el têlos/propôsito/la in-

tenciôn de llenar lo huero por una cuestiôn concisa de escasa (o de endeble) compren-

siôn, queda descartado]. A raîz  de parar en seco, o sea, que quitarle de sopetôn la ve-

locidad a mis pasos, lo primero que ella afirma son estas tres palabras: Vaya, quê ca-

sualidad!

---Irene, dêjote saber que yo creo en la causalidad.

---Causalidad, Kosmos? Y por quê?

---Porque precisamente mira lo que tengo aquî.

---Mi anillo! Y dônde lo encontraste?

---En el bus nocturno.

---Si tû supieras que acabo de hacer la denuncia del robo.

---Hipotêtico no es, porque me acabas de decir que la hiciste.

---Ya!! Tû y tu forma de rectificaciôn. Pero por quê lo tenîas en el bolsillo, y lo me-

tiste en esta cajita protegida por un papel de regalo?

---Porque primeramente pensê en devolvêrtelo personalmente, pero como Aspasia

pidiôme que te lo enviara por correo se me olvidô sacarlo de la cajita. Irene, debo

decirte que la criatura que te lo robô ya estâ en el segundo sistema desde el miêrco-

les.

---Y cômo tû lo sabes, Kosmos?

---Simplemente lo sê, Irene.

---Y quiên fue el ladrôn, o ladrona? Porque dijiste criatura, mas no si fêmina o mâs-

cula.

---La misma que llamôte por telêfono, y pidiôte mâs dinero por la informaciôn.

---No, verdad? Ah, entonces retiro la denuncia, porque si ya muriô de quê sirve êsta?

---Irene, precisamente por no servir de nada dêjala; allende, lo que es lo mâs pesado,

vas a tener que estar otro tiempo dentro de la estaciôn, estancia nada agradable.

---Tienes razôn. Para que me atendieran tuve que esperar largo tiempo, y depuês de

esperar êste me dijeron que harîan todo lo posible por encontrar...

---Ya conozco la retôrica del discurso, Irene, asî que no extrâñame el mêtodo cuasi

eufemîsitco que sale a puesto, a colocaciôn con su correspondiente adornamiento.

---Kosmos, te doy las gracias y un beso.

---Que no me molesto por eso!

---Me has traîdo la risa. Y dime: Nos tomamos un cafê?

---Tervetuloa, cafê!

---Cômo, Tervetuloa? Quê quiere decir?

---No es relevante, ejercito un idioma. 

---Pero lo tomamos o no?

---Mas no en el restaurante de las langostas, sino en el cafê onomado La ilusiôn y ubi-

cado en la avenida La Clasintoparia, una de las avenidas mâs importantes de esta ciu-

dad.

---Primera vez que escucho el nombre del cafê y de la avenida. 

---Pues sîgueme, que conmigo no te pierdes.

---De acuerdo. Te sigo.

        Los occupati de esta ciudad, tanto por la retahîla de cosas que hacen por cuestio-

nes del ethôs como por estar apegados al imperio informativo/comunicativo, olvidaron  

que hay una materia înclita que pudiera ayudarlos a tener una existencia exenta de eso

que, en alguna escena de mi novelôn, onomê lo atrapante-seductivo, aunque asimismo

mâs plena de riquezas diamantinas, ya que al vivirla con el vigor de la propia naturale-

za  ni el taumaturgo mâs docto convence de que de alguna manera indeleble no puêde-

se  escapar de lo que  domina o hechiza, ni el capitân de un barco de que solamente se

llega  a puerto utilizando  una sola ruta. Y si hablo de ellos es por este motivo: por ser 

tantos los que veo pasar, a fanegadas demostrando no otra cosa que la misma, que elu-

dir  mencionarlos no  serîa el solvento contra lo que me apremia y ocupa. Claramente

que Irene, quien  invitôme a tomar un cafê, mas que dîjele que no en el restaurante de

las langostas sino en el cafê llamado La ilusiôn, el que estâ ubicado en la avenida Cla-

sintoparia, una  de las avenidas mâs relevante de la ciudad, estaba completamente aje-

na al discurso de mi verba, aunque debo reconocer que en algûn que otro momento su

interês por la susodicha materia sale a puesto, a colocaciôn, mas que esta vez no lo tu-

vo, lo  que de tal guisa favorêceme o beneficia por no tener que ajustarme al tempesti-

vo embate de una marea efîmera, o al lloviznaso oportuno proveniente de una grisalla

breve.

      La numeral trivium sobresalîa en el cafê, porque la mayorîa de los aquî presentes

formaban  parte de un trîo, de la uniôn de tres personas, lo que por extensiôn yo dirîa

que descollaba en el local la triangulizaciôn. Cômo entonces no pensar en el triângu-

lo, la figura  geomêtrica  que [despuês del cîrculo] encântame, y a su vez paradigma 

estelar  de lo impar que no es formado (o no llega a formaciôn) ni por capricho ni co-

mo  derivante de la voluntad? De retornar a los tiempos en los que empecê a extraer/

sacar  datos de una sûmula de monografîas sobre el mundillo de la matemizaciôn, re-

cuerdo  una cosa interesante y merecedora  de mi atenciôn: la concatenaciôn posible

entre pensar y figura, o sea, entre un movimiento de la conciencia y una mîmesis es-

tâtica. Hasta cierto punto pudiera haber sido esta cosa la que diome pâbulo de incluir

en mi novelôn una instituciôn acadêmica (La Kosmona), baricento de formaciôn/des-

formaciôn/descontrucciôn del pensar y de la figura, mas con la fumbina que desde la

alcheringa  hasta el sol de hoy a dejado muestra de ser poderosa: la palabra, y con la 

que los contertulios ludicaban con el fin de mantener la fiesta. 

---Kosmos, Ya hablê con Sista para que le dijera a su madre Matilde Ronco Espino-

za que le venderîa el diario a ella.

----Y ya tienes una idea de cuânto vas a pedir por êl?

----En eso no he pensado todavîa, pero seguro que no se lo venderê barato, ya que

ademâs de la informaciôn y revelamientos que tiene, ella me lo robô.

----Irene, y por lo que entiendo, en el precio estarâ incluida la venganza por el hur-

to, no?

----Pudiera decirse asî.

----Si me permites decîrtela, te digo una cosa ora mismo.

----Claro que sî. Cuâl es?

----Que como yo conozco mejor que tû a Matilde te aconsejarîa que si vas a apre-

tar la rosca no la aprietes demasiado.

----Lo tendrê en cuenta, Kosmos. Gracias!

----Êsa es la res! Y dime: quê te parece el cafê?

----Te refieres al lîquido o al local?

----Al primero.

----Verdaderamente es un buen cafê, bueno, es que estamos en un buen cafê y, como

tal, el lôgico de que sea bueno. 

----Câspita! Ora en vez (de hablar) de la trivium es la numeral quadrivium.

----Y por quê?

----Porque has dicho dos veces buen y dos bueno.

----Ni habîa notado lo que acabas de decir. Se nota que al tanto de la palabras estâs.

----Sabes? A mi pâsame como al jardinero: estâ al tanto de las plantas.

----Cômo? Para ti la palabra es una planta?

----La palabra tiene una raîz, un desarrollo y un crecimiento.

----No si lo que se te ocurre a tî....

----Y acaso no tengo razôn?

----Lo que sî que tû tienes es imaginaciôn.

----Asimismo pudiera decirse, allende para sentirme mâs complacido.

----Ah! Sabês quê? Que posiblemente me quede tres meses mâs en al apartamento

de Lurpak.

----Alquiler que pagarâs con el peculio de la venta del diario, no?

----Asî es, Kosmos, asî, porque como te dije, y la primera vez que nos encontramos,

que sôlo contaba con el dinero justo para pagar los tres meses.

----Irene, y quê pasarîa en el caso de que....

----Kosmos, ya me hice esta pregunta, pero quisiera pensar que Matilde Ronco Es-

pinoza me pagarâ el diario sin regateo y demora.

---Sin dilaciôn tal vez, mas en lo atinente al precio lo pudiera negociar, por eso te di-

je que....

----No apriete mucho la rosca.

----Êsa es la res! Irene, te agradezco la invitaciôn, mas como fenezco de sueño debo

dormir un poco, asî que deseo que tengas un dîa especioso.

----De nada, Kosmos. Un placer, y te vuelvo a dar las gracias por lo del anillo. Ya en

otro momento nos veremos. Cuîdate!

----Igualmente, Irene, igualmente.

         Mas antes de salir dime cuenta de que la presencia de mâs criaturas en el cafê

sobrepasaba en cantidad a la numeral trivium, empero como cuasi los ôculos se me

cerraban, a pesar de haber tomado cafê, no estaba para ponerme a contar por grupos

la sûmula  exacta a la que  êstos llegaban de acuerdo a las personas que componîan-

los. Interesantemente, y en la parte derecha de la puerta del cafê, encuentro en el pi-

so el papel de regalo con el que envolvî la cajita donde estaba el anillo, pero no liso

sino engurrado, lo que quiere decir que Irene lo estrujô antes de botarlo, lo que real-

mente  no sê cuândo lo hizo. Al no ser la  pregunta cômo llegô el papel aquî de mo-

mento la adecuada/pertinente/tempestiva, y precisamente por el sueño que tenîa, de

sûbito/sobre el pucho dejê de hacêrmela mâs de una vez. A continuaciôn agachême

para coger el papel, y cuando lo abrî fui testigo visual de un nûmero de telêfono es-

crito por mî, el que de facto ignoro de quiên es. Este desconocimiento total, que no

absoluto por ser otra cosa con una definiciôn mâs compleja, y por ocupar/llenar un

espacio  donde prepondera una cuestiôn metafîsica, serîa mâs que un basto motivo

para un anâlisis coralino de mi propia nemôsine, la que ya un tanto senecta pudiera

estar perdiendo algo de su mirîfico, de su eficaz funcionamiento, estudio o examen

de  ella que empiezo a tener en cuenta, que no puedo obviar, tachonar con el ampo 

de una tiza ilusiva.




 



 







 




































   











 




 

























 





 










  

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