Montag, 30. Dezember 2024

119

        Llamôme la atenciôn el movimiento incesante de sus dedos entrecruzados durante

todo el tiempo que hablô con algo de melancolîa de su progenitora, que como ya sâbe-

se no es otra que la criada que trabajô unos cuantos años para la difunta esposa del ge-

neral. Mas observando el movimiento me doy cuenta de una cosa que trasladôme sobre

el  pucho a la Edad  que apellîdase de Oro: de la serpiente grabada en el anillo de plata

metido  en el dedo  anular de la mano derecha. Empero por quê especîficamente a esta

edad? Por lo siguiente: porque desde esta edad fue considerada la serpiente como hon-

tanar de sabidurîa. Que quede ostensible que para mî esta consideraciôn (de ôrdago) es

realmente la que mâs interêsame/imântame, lo que (saco a puesto, a colocaciôn y) dejo 

clarado  porque por aquella mismitica êpoca dîcese de este reptil que no arrastrâbase y

que tenîa el don de la palabra, y hasta que trataba al hombre como un paciente didâsca-

los  a un escolario  torpe, algo que amên de discutible/refutable suêname a disparate, y 

por quê no a (barrabasada intencional/funcional) triquiñuela persuasiva.

      Segûn la revelaciôn de Irene, porque al parecer diose cuenta de que mis ôculos tes-

tigos fueron del susodicho movimiento, desde muy temprana edad aprendiô de su pro-

genitora a que cuando el sentimiento que imperase fuera uno que, por consecuencia, a

un estado determinado de ânimo llevara, el mâs râpido solvento serîa hacer improvisa-

damente  algo con  alguna parte del cuerpo, lo que  realmente yo denomino sacar del 

cîrculo  a la pieza dominante, la que a la postre y al cabo, como pieza, forma parte de

un  lûdico codificado. Asimismo agrega que alguna de sus amistades creyeron que es-

te  hacer algo  improvisado con [...] mâs tenîa que ver con la cuestiôn de autodefensa

que  con una rauda soluciôn, mas que como a ella tal creer no engendrâbale ni la mâs

minûscula molestia venîale totalmente igual. Al subrayar que a pesar de venirle total-

mente de esta manera no significaba que podîa olvidarlo, yo dîjele que verdaderamen-

te  en el escenario mental existe un pastiche de posibilidades, y que como tal tanto el 

olvido puede que sî y que no suceder como un/el cesar de una potencia responsable de 

la vigencia pejiguerosa  de una imago/resonancia del pasado, mas un terminar que no

pudiera ser para siempre, sempiterno, lo traducente de que la potencia podrîa volver a

activarse, a volver con su funciôn, razôn por la cual [mâs de una vez y con su jaez vi-

goroso  dentro de una cascada dialogante, de verba] aparece en mi novelôn la palabra 

sombra, y la que, de vez en cuando, traslâdase/posiciônase a la zaga de las columnas

con el têlos tempestivo de participar en otro significante.

---Kosmos, y ese novelôn, como tû dices, estâ publicado o no?

---Irene, jamâs pensê escribirlo para publicarlo; mâs exactamente lo escribî para mî,

empero aûn estâ siendo revisado por un editor.

---Y cômo se entiende eso, si me acabas de decir que...

---Sî, ya sê....ya sê que suena paradôjico, pero por algo muy concreto, de lo que ora 

no deseo hablar, estâ donde estâ.

---No creo que si dices novelôn se trate de pocas pâginas.

---Êsa es la res, Irene. La sûmula de pâginas es de 1174 y tiene cinco partes.

---1174 pâginas? Cuântos años te llevô escribirlo?

---Cinco años!

---Y concretamente de quê trata?

---Câspita!! El tema es el mundillo/imperio inveterado romano; bueno, el tema de 

fondo, y del que parto para amplificar otras perîstasis.

---Y cuâl es el tîtulo?

---La cazuela de Vitelio!

---La cazuela de Vitelio?

---Sî! Escucha. Vitelio fue uno de los doce cêsares mâs relevantes del mundillo/im-

perio susodicho; hizo fabricar una cazuela ingente, ûnica en el perîodo del mandato

de estas celebêrrimas criaturas mayestâticas, por lo que al ser una cazuela de este ta-

maño ocurriôseme utilizarla como un utensilio que pudiera atiborrarse, empero y un

atiborramiento no de comida sino mâs bien de ideas, de temas, de reflexiones, de re-

sonancias dadoras, etc.

---Cômo dudar de tu fantasîa grande? Sabes quê, Kosmos? En este actual mundo, y

al servicio de la tecnologîa, una fantasîa, como la tuya, cômo no va a sobresalir? Te

felicito. Ya estâ vacîa tu copa.

---Pues sin preguntârmelo vuêlmela a llenar. Irene, innecesaria la pregunta, porque

con tu decir: ya estâ vacîa tu copa, la pregunta estâ hecha.

---Kosmos, me dejas con la boca abierta.

---De mâs preguntarte el porquê de (dejârtela) que dêjotela asî.

       En realidad ignoro el porquê de que mirârame como mirôme, como si yo hubie-

ra dicho algo con cierta ambigüedad, empero un mirar que de tal guisa fue corto, y

digo de tal suerte porque de haber durado mâs hubiêrame quedado inmediatamente

dormido por la pudiencia hechizante que salîa de sus ojos. Continûa la res con el de-

jarme saber que su madre llamôse igual que ella, motivo por el cual cuando el veci-

no, u otra criatura del barrio, necesitara hablar con alguna de las dos gritaba el ôno-

ma  especificando  esta distinciôn: Irene  madre o Irene hija, porque si no ambas al 

portal salîan. A raîz de escuchar esto no pude eludir la siguiente pregunta:

---Irene, y quê pasô con la casa, porque si pagarâs el alquiler de este apartamento y

por tres meses es que sucediô algo, no?

---Kosmos, es que mi madre no terminô de pagar la hipoteca, por lo que el banco se

quedô con la vivienda.

---Y tu progenitora no dejô testamentado que te dejaba la casa?

---No, Kosmos, no, no dejô testamentado nada porque la muerte la sorprendiô. Sabes,

fue mejor asî, porque en aquel tiempo no tenîa trabajo, y entonces, de dônde sacar el

dinero para pagarla? A no ser que vendiera mi cuerpo, mas esto no va conmigo.

---Irene, entonces has tenido que vivir como una gitana: hoy aquî, mañana allâ, etc?

---Algo como eso, Kosmos, y suerte que he tenido, porque hasta hoy no me ha falta-

do el techo, y he vivido con amigas que me han dejado un cuarto de gratis.

---Y por quê no acudes a esas amigas en vez de gastar tus ahorros pagando este nada

barato alquiler?

---Porque ya eso no es posible, Kosmos, ya que en este mundo cambian muchas co-

sas. Bueno, por lo menos tengo, por tres meses, un techo seguro, y algo que le agra-

dezco a Diopeites.

---A êl? Y eso por quê?

---Porque êl me puso en contacto con el propietario de este apartamento, un señor

llamado Lurpak.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê dices eso?

---Porque conozco a Diopeites y a Lurpak.

---Vaya casualidad!

---Y dime, Irene: no buscarîas un trabajo en estos tres meses?

---Eso harê, Kosmos.

---Y otra pregunta: no te interesa recuperar el diario, el que te pertenece?

---Claro que me interesa, pero no tengo prisa en volverlo a tener.

---Se lo pudieras vender o a Matilde o al general.

---Kosmos, venderlo no, porque mi madre antes de morir me dijo que lo llevara,

como recuerdo, siempre en mi cartera. Ya sê que necesitada de dinero estoy, pero

no puedo venderlo por lo que acabo de decirte. Y ahora discûlpame, pero debo un

rato dormir, que se me cierran los ojos.

---De acuerdo. Antes de irme te dejo escrito mi nûmero de telêfono.

---Gracias, Kosmos, gracias!!

---De nada! Un placer conocerte. Y gracias por la dadorîa de Baco, por las dos co-

pas que remôntanme a un mundo inveterado de festejo desenfrenado.

---A un mundo inveterado de festejo desenfrenado! Ah, ok. Te llamo por cualquier

cosa que necesite?

---Age, Irene, age!!


























  





 










 





 



   



 


   


    

 

Donnerstag, 26. Dezember 2024

118

       Al terminar con mis con-figuraciones mentales percâtome de una cosa: de una chi-

ca que avanzaba a trancas y barrancas arrastrando dos inmensas maletas, las que no po-

dîan  rodar por la ingente  cantidad de  nieve acumulada en la superficie. Como su testa

solapâbala una capucha no podîa verle el semblante, el rostro que tocôle por naturaleza

tener. Cômo yo, que soy un held, pudiera dar calaña de total indiferencia? Tan cêlere y

como  pude acêrqueme a ella, y con una verba inteligible dîjele que voluntariamente le

ofrecîa mi ayuda. Seguido y estas palabras deja de avanzar, suelta las dos maletas, quî-

tase  la capucha, y mirândome con fijeza dêjame saber que le quedaba poco para llegar

a su destino, mas  que aun asî dâbame las gracias. Empero quiên me dirîa que volverîa 

a ver a la chica hurtada por Matilde, a la que pertenêcele el diario e hija de la criada di-

funta que trabajô para la esposa fenecida del general? Por esta razôn estupefacto quedê

y hasta dije  en voz alta que no, que no podîa ser, siendo entonces que ella pregûntame

el porquê de yo haber dicho lo que dije. Despuês de darle una reducida respuesta amên

que  sensata, ella mirôme con algo de extrañeza, pusôse sus manos en la cintura, respi-

rô profundamente, y cuasi con dificultad de hablar amplificô una verba con la que dio-

me a entender la posibilidad de que yo fuera un detective privado. Y quê si no que mo-

rirme de la risa, mas que no fue muy larga para eludir que ella tomâralo como una mo-

fa mayûscula. Con el objetivo de menguar la fuerza de un carâcter por mî del todo des-

conocida, aun ya estando empapado de datos y detalles que pudieran serme ûtiles para

calcular  aproximadamente de quê tipo de vigorosidad trâtase, prendî un cigarro y sol-

tê el humo de la primera cachada como si por mi boca saliera un estîmulo que sobre el

pucho dirime cualesquier posibilidades de hacer evidente una funciôn apellidada inves-

tigativa, un acicateante que en seguida al parecer le gustô/cayo bien incluso ignorando

que  deshacîa las  susodichas cualesquier  posibilidades. Y en fin, que no sôlo pidiôme

que  dejârala fumar, sino que asimismo que acompañârala adônde iba. A raîz del pedir

este  comuniquêle que tenîa la necesidad de informarle a mis amigos que separâme de

ellos  por un tiempo  indeterminado, y que despuês de este comunicar regresarîa raudo 

a  posicionarme a su  lado, que igual en  esta ocasiôn si el de la izquierda o el de la de-

recha.  

         Quince minutos despuês llegamos al apartamento en el que ella se quedarîa por

tres meses, ya que al ser el  alquiler un poco caro el peculio que tenîa ahorrado alcan-

zâbale  solamente para  quedarse este tiempo, no mâs, y dinero que pudo guardar gra-

cias al trabajo que tuvo en una oficina de turismo. En lo atinente a esta oficina ella no

sabe que yo sê que es la misma donde aûn labora Sista, lo que si acaso dejarîale saber

en el momento tempestivo, lo que traduce que, y como un revelamiento hipotêtico, la

posibilidad de barruntarle al respecto llegarîa sin una condiciôn o un forzamiento aco-

pas. Seguido a dejar las dos ingentes maletas en el cuarto, cambiarse el vestuario hela-

do y recogerse el cabello, preguntôme  si deseaba tomar una copa de vino rojo, el que

saldrîa  de una botella que comprô cuando venîa para acâ, respondiêndole yo que quê

mejor  kairos para ingerir la bebida por antonomasia de Baco, el que impulsa y dador

de una fiesta. Claramente que esto ûltimo ella no lo entendiô, mas que sî que deseaba

tomar la susodicha copa. Al regresar de la cocina con dos copas, las que puso encima

de una mesa de cristal tan limpia que râpidamente descollorîa una pavesa caîda, tratô

de abrir la botella, de sacarle el corcho con un abridor malîsimo, empero como no pu-

do  pidiôme que hiciêralo yo. En lo que la abrîa pâsome un pensamiento de jaez pon-

derante, el que de  facto fue el motivo de que dilacionârame extrayendo el corcho: si

ella es zurda (persona no diestra, que no persona no grata); yo, derecho, como que  y

funcionarîa un equilibrio entre ambos con el que tal vez serîa posible entrar en comu-

nicaciôn (lo denominado por mî entrar en verba) con algo de soltura, o sea, sin ôbice

y sin cortapisa, allende que dos SIN propiciantes de un juego libêrrimo sin parangôn

con el lûdico de la Kosmona.

---Kosmos, al fin sacas el corcho. Por quê te demoraste tanto en una cosa tan fâcil de

hacer?

---Es que yo pienso hasta cuando hago una cosa como êsa.

---Y quê pensaste?

---No es relevante, un pensamiento de paso. Y dime: cuâl es tu nombre?

---Me llamo Irene.

---Irene! Sabes cuâl es la etimologîa de este ônoma?

---No, Kosmos, no!

---Del latîn, formado del griego, apacible.

---Interesante! Y me dices, Kosmos, cômo fue que te enteraste del diario?

---Por Dasid, el chofer del general y novio de Matilde, la madre de Sista.

          A continuaciôn de valorar de un poco impulsiva que asimismo de insensata la

revelaciôn de Sista a su madre de lo que supo del diario, Irene saca a puesto, a colo-

caciôn el dîa en que fue hurtada por Matilde, la que pudo lograr su objetivo, o sea, el

de robarle el diario, gracias a la ayuda de Sista, dîa que, segûn ella, jamâs olvidarâ y

no tanto por el robo sino mâs bien por el hecho de haber sido vîctima de la felonîa de

Sista, de la  traiciôn de la criatura fêmina que amô. Llegada la verba a este punto, cô-

mo  no dejarle saber yo que el susodicho dîa fui testigo visual del hurto con mis pris-

mâticos  desde el balcôn? Y cômo, y a raîz de escuchar lo anterior, Irene pudiera elu-

dir abrir su boca y tapârsela con su mano izquierda? Mas pasado su asombro recono-

ciô que en mî podîa confiar, que yo no era una de esas personas que denuncian pero

que  esconden el rostro, que tienen el valor de comunicarle a la autoridad lo que vie-

ron  mâs no la suficiente valentîa para dar la cara, razôn por la cual estaba orgullosa

de mî.

---Mondo lirondo que lo que has dicho llêgame fondo, Irene, mas sabes quê? Quê te

puedo amplificar que desde niño miraba y quedâbame callado, observaba y no abrîa

la boca, divisaba sin engendrar bullicio.

---Kosmos, se pueden contar con los dedos personas como tû en este mundo de puro

teatro, de representaciones falsas, de sombras.

       Escuchândola expresarse, cômo pasar por alto/no tener en cuenta que algo tiene

de pensadora? Claramente que no una con una formaciôn acadêmica distinguida, al-

go que nôtase por los têrminos utilizados, por el mêtodo deîctico que señala o indica,

verbi gratia, mas por lo menos su tendencia al anâlisis sale a relucir, a ocupar espacio 

dejando un color que ni es oneroso ni ambiguo(us) ni complejo. [Por el gallo que can-

ta, fuera de suplicios, llantos y juramentos, es que desde la verja se escucha un repeti-

do canto y, entonces, quê no seguido soltar como paradigma melôdico?]

--- Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Maravîllame, Irene, cômo an-

tes de llegar al punto alongas la raya.

---Aun sin entender lo que me acabas de decir, que seguro no lo dices por gusto, gra-

cias porque te maraville. Te digo que hasta el dîa de hoy no habîa oîdo hablar a nadie 

sin entenderlo.

---Irene, encântanme los pincelamientos, darle color a una expresiôn.

---Sî, kosmos, se nota que te encanta.

---Me interesarîa saber, Irene, una cosa.

---Cuâl?

---Cômo fue posible que Matilde y Sista supieran dônde tû estabas el dîa de la manis-

festaciôn.

---Kosmos, la verdad es que no lo sê, que ni tan siquiera le dije a Sista nada. 

---Supe que pagabas una suma de peculio a quien hubiera visto quiên robô al diario.

---Exacto!! Mas eso lo dije en plena calle para sacar una posible informaciôn. Unas

horas despuês pasô que recibî una llamada, y la persona masculina que me llamô me

dijo que êl sabîa algo al respecto, pero que su palabra valîa el doble de lo que yo dije

pagar. Al dejarle saber  que no tenîa esa cantidad, me dijo que me daba tres dîas para

que le pagara, y que si no queria buscarme problemas mayores que no dijera ni a un

familiar  ni a la autoridad nada, siendo este el motivo de mi falso hacer creer que ha-

bîa desaparecido.

---Câspita!! Capto sûbito. Mas, Irene, muchitanto no vale que hayas hecho creer eso

si de facto andas por la ciudad, que entonces ese mâsculo te puede reconocer.

---No soy de andar por la ciudad, Kosmos, pero te digo que hoy fue una excepciôn,

que no me puse la peluca porque no creo que con esta nieve sean muchos los que sal-

gan de su casa.

---Y si por alguna casualidad, y entre los pocos que salen, el que te conoce es uno de

êstos?

---Vaya casualidad, no? No sê por quê me parece que piensas demasiado.

---Te parece? 





 






 



 

 



   










 

 





 

 
















    



   












    



  

Montag, 23. Dezember 2024

117

      Era de esperarse que Cratino entrara en liza con Forligen al decir êste que su ûlti-

ma composiciôn habîasela dedicado a la nieve. [ Recuerdo  que una vez, y por aque-

llos años en el gimnasio (en alemân preuniversitario), revelôme  Cratino  que no de-

testaba la nieve, sino que mâs de ella no querîa saber nadita mâs debido a una ingra-

ta/desagradable  experiencia por la que tuvo  que pasar, la que nunca contôme ni tan

siquiera someramente]. Pero mâs interesante que la (mismîsima) verba que salîa por 

su boca, que ostensiblemente no una cualquiera sino una apabullante y a su vez pim-

pante, dos  categorîas no tan fâciles de mezclar, de hacer con ellas un pastiche digno

de reconocimiento, fue el mirlo que posôse acopas en el trineo. A raîz de esto [ y tan 

acicateante  que no pude  eludir pensar en un pueblo (bâsicamente) nômada, motivo 

por el cual acordême de Vercingetôrix] yo saquê a puesto, a colocaciôn lo de una le-

yenda  celta que habla de los tres mirlos de Rhiannon, los que al cantar acarrean co-

mo  un profundo  trance en quien escûchalos permitiêndole penetrar en el otro mun-

do, el que onomo, en mi novelôn, segundo sistema. A continuaciôn Cratino deja de

combatir semânticamente con Forligen, mîrame a mî y dîceme:

---El dulce canto del mirlo se escucha mejor a la hora del crepûsculo.

---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!

---Pero, Kosmos, un mirlo que sale a volar en este mes, ademâs de que con toda es-

ta nieve?

---Mondo lirondo, que yo asimismo me asombro.

---Y existen mirlos en esta ciudad? Me entero ahora.

---Câspita, Caspar! Si estâs viendo uno, cômo no va a existir?

---Ya sê, Kosmos, que no puedo ver algo que no existe.

---Atenciôn, Caspar, con la pregunta que te hizo Kosmos.

---Y por quê atenciôn, Cratino?

---Porque algunas no son para responder al pie de la letra, y mucho menos sin dila-

ciôn.

---No entiendo lo que me quieres decir.

---Ni que mi decir fuera metafôrico. 

---Caspar, es que como Cratino conôceme tan bien sabe que yo utilizo, de vez en 

cuando, un mêtodo interrogativo, o uno de interrogar, si lo prefieres, con el fin de 

sacarle a un interlocutor la verba por la cual es posible un anâlisis de lo que ha res-

pondido, responder que no puede ser disîmil de la gnosis del sujeto.

---Te voy conociendo mejor, kosmos.

---Eso espero, que la posibilidad la tienes. Êsa es la res!!

       Con este (repetidîsimo) epîmone mîo, y que puso punto final al diâlogo fluyen-

te, el mirlo volô en direcciôn a la latitud norte, punto cardinal que por antonomasia

es  el ideal para el desarrollo de las disciplinas mâs auteras y de los comportamien-

tos mâs exigentes, no por gusto tiene una ingente diferencia con las otras tres latitu-

des. Teniendo  en cuenta estas dos  cosas, que los que conôcenme saben, por lo me-

nos bâsicamente, que ludico mas que en serio, dîjele a mis concomitantes de arrum-

bar nuestros pasos hacia el norte. Como si no bastara con el hecho de haber sido no-

sotros  testigos de la  llegada del mirlo, y en un momento que no pudiêrasele apelli-

dar adecuado, cuando Forligen recuesta el trineo a un muñecôn de nieve aparece un

niño  arropado con una vestidura druîdica, y el que despuês de saludarnos pregûnta-

le a Forligen si podîa coger el trineo. Como êste no era de su propiedad, Forligen le

dice que podîa utilizarlo todo el tiempo que quisiese, y que cuando se cansara de ti-

rarse  por la misma  pendiente que quedârase con êl, siendo entonces la reacciôn de

el niño como la de alguien que, acopas, regâranle algo asî como asî, dâdiva que ca-

tapultada a mi sistema expresivo nombrarîala de la siguiente manera: con soltura y

regalada. Un niño que pudiera ser feliz ignorando totalmente quê es la felicidad no

deja  de ser para mi otra cosa que la pudiente engendrante de una indefectible reso-

nancia, porque  cômo no considerar/valorar/tener en  cuenta que la felicidad, y par-

tiendo de la definiciôn del inveterado estagirita, es precisamente el desarrollo de la

virtud durante toda una vida, o sea, que el niño, y ajeno completamente a esta defi-

niciôn, pônese en funciôn de una fruiciôn que es dadora, en cuasi el comienzo y de

su  vida, del estîmulo que es  garante de proporcionarle a una potencia lo menester

con lo cual, y  durante un tiempo DETERMINADO, forma parte de un superlativo

proceso  que por ingênito  triunfa exento de fumbina alguna, del gatillo que por ex-

tensiôn vence una vez que apretado saca del juego a posiciones endebles.

        Y en lo que îbamos hacia el norte, Cratino pregûntame que si yo creîa posible

que el niño fuera hijo de alguien con un conocimiento cultural bastante amplio, ya

que  ese niño, por sî solo, imposible  que sepa lo basto como para llevar puesta esa 

ropa, respondiêndole yo que no descartarîa la posibilidad de que allende del proge-

nitor y la progenitora pudiera algûn familiar haber elegido tal vestidura, y que si la

escogiô por algûn motivo serîa, ya que no solamente por la cuestiôn de una ampli-

tud  de conocimiento cultural es que prefiêrese una determinada(concreta/especîfi-

ca vestidura.

---Saben ustedes dônde hay una tienda que venda ese tipo de vestidura?

---Caspar, en esta ciudad sôlo hay una tienda como la que preguntas, empero dime:

Tu verba continuarîa con el siguiente desarrollo?: De ir a esa tienda y preguntar, a

lo mejor el vendedor conoce a la persona que la comprô, porque no creo que tanta

gente estê interesada es una vestidura druîdica.

---Correcto, Kosmos! Pero seguirîa con otras palabras, con las mîas.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las palabras cambian mas

su desarrollo queda sobre un tema u oportuno o conveniente.

---Pero, Caspar, eso de ir a esa tienda es como casi una pesquisa innecesaria, 

---Cratino, innecesaria por quê?

---Porque quê ganamos nosotros con hacerla?

---Nosotros no, tû en todo caso, que le preguntaste a Kosmos si êl creîa posible que

el niño fuera hijo de....

---Caspar, sî, se lo preguntê, mas no quiere decir que a todo trance estê cien por cien-

to interesado en saber quiên fue el comprador, la compradora o el integrante de la fa-

milia que pagô el precio de una druîdica vestidura; es mâs, y para que te quede clarî-

simo, me da igual quiên fue el que sacô el peculio de su bolsillo.

---Si es asî olvîdate de lo que preguntê.

---Forligen, quê tû crees, que tu mutismo pudiera analogarse con el de una cualquie-

ra tumba?

---Kosmos, que soy mûsico y, como tal, quê tengo que ver con eso de la vestidura?

---Brillantemente que nada, mas por lo menos amplificaste tu verba.

---Y?

---Que por amplificarla dirimiste el lazo que unîate al/con el silencio.

---Muy poêtico, kosmos, muy!!

---Y pudieras otra res esperar de mî?

---No, no la esperarîa.

---Êsa es la res!! Estâs consciente de lo que puedes esperar.

---Cômo no estar consciente de eso?

---Forligen, una suntuosa pregunta, mas que indefectiblemente transpôrtame al in-

gente mundillo del înclito de Königsberg.

---Y quiên es ese ilustre?

---Te explico despuês, mâs tarde.

          El significado de lo que yo quiero decir con mis ûltimas palabras bien conô-

celo Cratino por haber leîdo someramente mi novelôn, empero Forligen ni tiene la

mâs  mînima  idea de lo que  quiero decir con eso, por lo que indubitable quedarîa

esperando el momento de la dilucidaciôn. En el caso de Caspar dirîa que estâ algo

familiarizado  con el significado, mas por habêrselo revelado Esmeralda que sûpo-

lo por mî en aquella primera nocturna que la conocî en el bar nocturno, pero como

es  camarero no le da relevancia, lo que a la postre y al cabo para mî es igual; aun-

que mâs, es hasta mejor, ya que asî no tendrîa que lamentarme por el hecho de que

aun sin darle valor, por el oficio que tiene, la utilice como si fuera de êl con el con-

creto/especîfico/beneficiante têlos de granjearse la benevolencia de los clientes asi-

duos al restaurante de las langostas, una actitud que hasta pudiera incrementar con

el  tiempo el aumento de la propina, aportativo diario que multiplicado por los dîas

de un mes conviêrtese en ganancia, aun siendo minûscula.









 






























  












  









 

 

 

Freitag, 20. Dezember 2024

116

       Seguido a algunas consideraciones banales, mas que no por triviales intempesti-

vas, que de facto encajan [como anillo en un dedo] y tenidas en cuenta debido al re-

ciente intento de Anabel de salirse con las suyas, aparece mi tîo con una caja plâsti-

ca atiborrada de discos de mûsica clâsica y de cuasi todos los perîodos. Despuês de

saludarme dêjame saber que el valor de los discos era de un peso, razôn por la cual

estaba contentîsimo, ya que un precio tan bajo jamâs fue posible. Recuêrdase de la

vez hace ya años que los discos costaban cinco pesos, y como tal la aprovechô para

comprar asimismo una cantidad de discos, mas hasta el sol de hoy de diez pesos no

bajaba el valor de ellos. Clara que no serîa tan cenutrio como para preguntar el por-

quê del cambio significativo del valor, aun siendo el vendedor una persona suntuo-

sa y relajada, lo que traduce que en vez de analizar le importarîa un comino lo que

preguntârasele; y mâs, que  mostrarîase  indiferente si comprâranselos con este pre-

cio o no, que de todas maneras esta posibilidad de venderlos en la feria lo que apor-

ta de ganancia no es tan sobresaliente. En lo atinente a esto ûltimo no estuve del to-

do  de acuerdo, porque a  pesar de no ser la ganancia tan descollante es una que in-

crementa  el valor de un capital por poca/reducida que sea: un peso multiplicado y

por cien  personas que compran, verbi gratia, son cien pesos, y cien pesos, agrega-

dos a una pensiôn es una sûmula que favorece porque aumenta.  

---Ya sê, Kosmos, ya sê. Quê si no de tu parte? Espero que si estân aquî es porque

querîan comprar algo, no?

---En mi caso, y no para mî, sino para mi novia Juliette, unos candelabros de piso,

mas segûn me informô el vendedor el ûltimo par que le quedaba lo vendiô precisa-

mente diez minutos antes de mi llegada a su carpa.

---Cratino, sabes quê? Que no era tu dîa de suerte. Y este chico es nuevo en el cîrcu-

lo de las amistades?

---Señor, mi nombre es Caspar, y sî, casi que recientemente conocî a Kosmos. Tra-

bajo, como camarero, en el restaurante de las langostas.

---Quê bien! Me imagino que allî llueve la propina, porque es una zona de bastante

turismo.

---Ya no tanto, señor, ya no es como antes, pero el salario que me pagan para mis 

gastos alcanza, no me puedo quejar.

---Si tû lo dices. Y kosmos, ya sabes de lo del caso de Matilde?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Algo supe con anterioridad

al Febo de hoy, allende de que fui testigo visual, desde mi balcôn, del robo. Y cômo

tû lo supiste?

---Kosmos, por el mismîsimo general. Se te olvidô que es un viejo amigo mîo? No

lo veîa desde el dîa del entierro del zapatero Cliôn, de lo que hace ya bastante. Ah,

sabes quê? Que se le muriô su gallo el mes pasado.

---Paupêrrima gallina que quedôse sin gallo!

---Seguro que el general le busca otro gallo.

---No creo que de momento sea posible; o mejor dicho, no creo que con la preocu-

paciôn que tiene Francis, y por eso del diario, sea posible, de momento, que pônga-

se en busca del susodicho gallo.

---Cômo no va a tener la preocupaciôn? Es lôgico que la tenga.

---Dîjote algo sobre el contenido del diario?

---No mucho, pero con lo que me contô es suficiente para comprender su preocupa-

ciôn.

---Tû conociste a la esposa difunta del general?

---Conocerla? No no, jamâs ni tan siquiera la vi.

---Segûn verba de Yelas, el sepulturero, fue una mujer misteriosa, y que sôlo salîa

en la nocturna.

---Bueno, ya sabrâs el porquê de que sôlo de noche.

---Êsa es la res!! Ya lo sê.

---En fin, cosas que pasan, que se repiten....que no dejan de suceder. Y me voy, re-

greso a mi vivienda, que con esta cantidad de discos que comprê hay mûsica bas-

tante que oîr. Pasênla y abrîguense bien.

---No te hace falta ayuda? Que esa caja plâstica debe pesar.

---No, kosmos, no, gracias!! Mira lo que tengo aquî.

---Una soga?

---Algo prâctico: la amarrô a la caja, y como hay nieve la arrastro, y asî no tengo 

que cargarla.

---O sea, como el buey halando una carreta.

---Eso, Kosmos, eso!! Y me voy! Ah, y un dîa de estos paso para llevarte la merme-

lada de frambuesa.

---Age!! Trâeme el fruto del Rubus idaeus.

          Media hora despuês nos encontramos con Forligen, el que como un mance-

bo que a todo trance desea divertirse desbarrâbase por una pendiente encima de un

trineo. Serîa una perogrullada decirle que al parecer gustâbale trasladarse con este

pequeño  vehîculo de un punto (alto) a otro (bajo), pero que no preguntarle el por-

quê de no llevar el calzado correspondiente. Por cosas que pasan de vez en cuando, 

las que claramente puedo comprender no solamente por haber tenido varias veces 

la oportunidad concreta de ser testigo de ellas sino que tambiên por el conocimien-

to  que he  adquirido con mis  lecturas, simultâneamente nos preguntamos, motivo

por  el cual yo no le di muchitanta relevancia a mi pregunta para responder a la de

êl: 

--- Kosmos, por quê Isabela te pidiô que hablaras conmigo, si ella bien que supo,

desde la fiesta del general, que nuestra relaciôn habîa terminado?

---Forligen, segûn ella, porque como los dos crecimos en el mismo barrio, y asî

nos conocemos de tiempo, a lo mejor tû al escucharme entrarîas en razôn.

---Kosmos, si, por ejemplo, Aspasia estâ contigo en donde sea, por un momento

desaparace, y  despuês te enteras de que  estuvo con otro, en cuâl razôn tû entra-

rîas, si de hecho ya tienes la suficiente como para mandarla para donde sabes?

        Con esta pregunta tuve que escenificar el rol de un cenutrio, porque no po-

dîa decirle que yo habîa sido testigo visual de la felonîa de Isabela, que bien que

la vi dejarse levantar el vestido y dejar al aire libre sus pêtalos y montîculos.

---Câspita, Forligen!! Por el ejemplo que me pusiste, supiste por alguien que Isa-

bela te traicionô?

---Asî mismo, Kosmos, y quien fue ahora no es importante. Por supuesto, tuve y

una discusiôn tremenda con ella y seguido me fui de la fiesta.

---Deplorable lo que escucho, Forligen, mas dime: previo a la fiesta existîa entre

ustedes algûn problema de comunicaciôn o de otro jaez, verbi gratia?

---No, Kosmos, no, problema de ningûn tipo; al contrario, estâbamos tan bien que

darîa envidia o aliciente para una imitaciôn.

---Forligen, tû la conociste en ese bar nocturno.

---Correcto, allî la conocî. Y?

---Y te dijo que estaba en el quinto año del estudio de medicina.

---Eso me dijo. Y?

---Y tû le creîste?

---Kosmos, adônde quieres llegar con tus preguntas?

---Forligen, que yo no creo que sea una estudiante de medicina, sino una que ludi-

ca con los hombres o por peculio o por una cuestiôn de que no estâ bien de su tes-

ta.

---De ser asî, Kosmos, por lo menos de eso de ludicar con los hombres por dinero

queda descartado, porque jamâs me pidiô un centavo, tampoco nunca notê una fal-

ta en mi cartera, por si crees en la posibilidad de que me robaba dinero cuando dor-

mîa o en otra ocasiôn.

---No no, de que fuera una ladrona con cierto y determinado tejemaneje no lo pen-

sê.

---Pero ya es igual, Kosmos, igual lo que sea, que ya no me interesa.

---Seguro, Forligen, completamente seguro de eso?

---Sî, Kosmos, segurîsimo!!

---Y dime, amplifica: de quiên es este trineo?

---Quê sê yo. Lo encontrê abandonado y lo utilicê, de lo que acabas de ser testigo.

---Câspita!! Cuasi que es la respuesta a la pregunta que hîcete sobre el calzado: no

llevabas puesto el calzado pertinente porque utilizar el trineo fue algo espontâneo,

acopas.

---Exacto, Kosmos. Pero te confieso que la nieve me encanta.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Que asimismo a mî. Forli-

gen, quiero presentarte a un cuasi reciente compinche, a Caspar.

---Encantado, Caspar!

---Igual, Forligen.

---Forligen, sabes de quiên es novio?

---Cômo saberlo, Kosmos, si lo acabo de conocer?

---De Esmeralda.

---Verdad? Pues quisiera pedirte que la trates bien, que es una vieja amiga de la

farândula y asidua al bar nocturno, donde hago mis descargas.

---Sî sî, ella me ha hablado de ti.

---Forligen, y quê haces ahora, tienes algûn plan que no puede ser violado?

---Kosmos, y desde cuândo un mûsico tiene planes? No, por lo menos, de dîa.

---Y punto a la raya y que continûe la letra!

---Cômo?

---No me hagas muchitanto caso, que es sôlo una afirmaciôn pro-vocativa.

---Lo serâ, pero....

---Forligen, pero si, como mûsico, sôlo los planes son en la nocturna, ora, si lo

deseas, podemos dar un paseo.

---De acuerdo! Dêmoslo!! Y adônde?

---Sin plan puêdese ir a cualquier parte.

---Pues dila tû, que te sigo.

---Con el trineo?

---No no! Lo dejo aquî mismo, que pesa halarlo. 



























 









 





       

        






 








 















 












 







Sonntag, 15. Dezember 2024

115

        Remitiêndose al tema de hacer creer que se creîa, una perîstasis que tiene rela-

ciôn con la sacada a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, mas enfocada de otra ma-

nera: hacerte  creer que creîa en lo que tû crees, empero aun con esta diferencia re-

sulta  de mi interês, la difunta esposa del general, lo que sabe Dasid por contârselo

êste en un momento oportuno, mâs de una vez fingiô con el propôsito exclusivo de

apoyar las aventuras cupidosas de Francis con Matilde, con lo que lograba no sôlo

mâs  informaciôn al  respecto sino que asimismo un conocimiento mâs exhaustivo

de  lo que por  preferencia deseaba  Matilde que le hicieran, empero transportando

el  modus de ejecuciôn, porque  la disimilitud entre el mor un mâsculo con una fê-

mina y el de una fêmina con otra es ostensiblemente grande. [Vaya desilusiôn que

causôme lo que acabê de escuchar, porque jamâs pensê que Francis pudiera caer y

en este tipo de zalagarda, de tejemaneje hembrâtico, de lûdico de ella, mas sin co-

mentario de mi parte por tratarse de algo que no incûmbeme]. 

     Verbi gratia de lo que por preferencia querîa Matilde que hiciêranle, lo que de

facto no  resultôme nuevo  por ya haberlo sabido hace tiempo por el padrastro de 

Aristarco (Teôfilo, el de la razôn ganada, y quien asimismo entrô en relaciôn efî-

mera con esta dama progenitora de Esmeralda, como ya sâbese, mas que yo lo re-

pito por ludicar la repeticiôn en mi conciencia un rol descollante) era que la ama-

rrasen manos y piernas al estar su cuerpo a toda flor en una hamaca, una especie

de fantasîa no muy del gusto de Dasid, amên de parecerle un tanto rara, pero aun

asî  de pedirle Matilde que dejârasela desarrollar êl ni opondrîase ni buscarîa al-

gûn  pretexto para  eludirla, pero que de momento es imposible por no tener una 

hamaca. De  hecho no es una fantasîa improvisada, como le pareciô a Teôfilo, ni 

tampoco tempestiva, sino mâs bien una de jaez arcaico que mantiene su vigencia,

ya que si la difunta madre de Esmeralda supo de ella impepinable que es senil, y

como tal no es imposible que hâyala disfrutado, aunque con las retinas de un cor-

pus fêmino que contempla a otro hembrâtico atado con sus curvas sin la tela que 

favorece  al engaño, a la mentira trabajada, al a todo trance seducir gracias a esa

producciôn/elaboraciôn de prendas interiores garantes de un tamaño falso, de un 

turgente atractivo que beneficia al capital de un modisto o forâneo o local.

       Y a propôsito de un modisto, Dasid cuêntame sobre el que venîa a casa de la 

difunta madre de Esmeralda cada vez que êsta antojâbasele tener una nueva pren-

da  de vestir, mas como participaba en la fiesta de los dos bandos par de veces, y

en lo que tomaba las medidas, tocô el cuerpo de aquêlla con algo de entusiasmo,

momento  de fruiciôn   observado a hurtadillas por la criada, por lo que no queda

descartado que êsta hâyalo escrito en el diario meses despuês de hablar con el ge-

neral para dejarle saber de lo que fueron testigos sus ojos. Al yo preguntarle a Da-

sid por quê meses despuês, êl clârame lo siguiente: cuando la criada fue testigo y

de eso el trato que dâbanle tanto la difunta como el general era bastante bueno, y

el  peculio que recibîa alcanzâbale para llevar una vida modesta, empero la cosa

cambiô con el tiempo, y tanto que empezô a sentirse mal, maltratada y mal paga-

da, lo que fue la razôn de que escribiera el diario y con la intenciôn de vendêrse-

lo a la prensa.

---Capto, Dasid, capto. Y dîgame usted: actualmente tales prendas existen, que-

dôse Esmeralda con ellas?

---No, Kosmos, no! Una semana despuês de su fenecimiento el general los que-

mô. Sabes, Kosmos, que estas cosas de la vida me siguen sorprendiendo, a pesar

de la edad que ya tengo.

---Exactivice usted, Dasid.

---Sî! Escucha. De no haber hablado la hija de la criada con Sista sobre ese diario

nada hubiera pasado.

---Dasid, la pregunta que hâgome es la siguiente: cômo fue posible que la criada,

y antes de sucumbir, dîjole a su hija que llevara, como recuerdo, el diario siempre

en su bolsa, que no que lo escribiô con la intenciôn de vendêrselo a la prensa?

---Esta pregunta no puedo responderla, Kosmos, ni idea de cômo la criada haya y

borrado su afân de venganza. En fin, que no quiero robarte mâs tiempo, que te es-

peran tus amigos en la feria. Asî que te dejo y hasta la prôxima. Ah, y antes de ol-

vidarlo, si hablas con Francis no toques este tema, que êl estâ bastante preocupa-

do.

---Êsa es la res, Dasid, mi boca en mutismo.

---Perfecto!! 

---Que tenga usted especioso lo que queda del dîa.

---Igualmente, Kosmos, igualmente.

---Y otra res: no vuelva a pasarse por los dedos el sîmbolo de los tres zarcillos, no

vaya a ser que regrese el lobo.

---Kosmos, êl y yo nos llevamos bien, bueno, fuiste testigo de que es asî. 

---Algo indeleble que fui testigo.

---Adiôs, Kosmos, adiôs y cuîdate.

---Muchitantas gracias, Dasid! Dîgole lo mismitico.

           A la feria lleguê cinco minutos antes de que cumpliêrase el horario en que

los vendedores desmontan sus carpas y regresan a sus casas, destacândose en al-

guno  de êstos el semblante jovial por el êxito de la venta de sus objetos antiguos.

Como no necesitaba comprar nada pûseme en funciôn de buscar a Caspar y a Cra-

tino, a quienes encontrê siete minutos despuês, mas que no solos sino concomita-

dos por Anabel, la chica que conocimos Cratino y yo en la fiesta del general. Cô-

mo, entonces, no entender el porquê de que Cratino estuviese mâs que nunca emo-

cionado, y por  lo mismo dispuesto a hacer cualquier cosa que Anabel pidiêrale o

quisiera, que a la postre y al cabo sê que desde que la vio en la susodicha fiesta le

gustô sobre el pucho. Empero quê otra cosa no esperar de una fêmina joven y con 

la carne fresca que no sea la de hacer todo lo posible por darse postîn. De facto es-

ta  fue la verba  dicha por Anabel a Cratino no mucho despuês de la pregunta que 

acâbome de hacer: Cratino, no puedo quedarme mâs tiempo aquî por la razôn si-

guiente: porque  tengo cosas pendientes que hacer en casa. Claramente que como

Cratino  estâ preparado para saberse expresar, que asimismo para al canto no de-

jar calaña de un estado que pudiera satisfacer por ser el esperado (verbi gratia, el 

de molestia o el de enfado) simplemente la mirô de arriba a abajo y sonriendo dî-

jole: Anabel, las cosas pendientes que hacer, sea en casa o en otro lugar, tambiên

tienen  su importancia y, como tal, que  cumplas  con ellas, que no las dejes para

mañana es casi ser de rigor o paradigma de una buena disciplina. En realidad no

sê si ella captô en su pureza el contra golpe semântico de Cratino, mas de lo que

sî  no quedôme duda es de que a partir de este momento ya conoce/sabe/domina

que êl no es una criatura que insiste o malcrîa representaciones intencionadas.

 



 







 


















  




 

  





 





Sonntag, 8. Dezember 2024

114

          Al salir del edificio ya habîa terminado de nevar. Como la acera estaba solapa-

da por una gruesa capa de nieve podîanse contar con los dedos el tamaño de los po-

quitîsimos calzados, lo que traduce que no fueron muchas las criaturas que salieron

de sus casas durante el tiempo que estuvo nevando. El decir (inteligible) de Cratino 

de que alegrâbase porque ya no nevaba fue el motivo de que yo mirâralo con fijeza,

que  bien que êl sabe que amplificar algo como eso delante de mî es cuasi como un

insulto, razôn suficiente para que oyêse mi cañonazo verbal, empero como percatô-

se  de la dificultad de Metôn de caminar pisando la nieve y cargando con cuatro ati-

borradas jabas dîceme lo siguiente:

---Kosmos, ya sê que lo que dije te resulta ingrato, pero me parece mâs prioritario 

que ayudemos a tu vecino, el banquero pensionado de setenta y cinco años, que no

lo que estabas por decirme, que tiempo tenemos para que me lo digas.

---Age en plural, Cratino! Ayudêmoslo! Êsa es la res!

        Siete minutos despuês Caspar nos da la noticia de que habîa visto pasar un lo-

bo por la acera de enfrente, y seguido pregunta cômo era posible que un animal co-

mo êse paseara por la ciudad sin atacar a nadie, sin acarrear temor/pânico/pavor al

enseñar  sus colmillos, respondiêndole  yo que porque es un lobo que ya estâ total-

mente  acostumbrado al hombre, A PASARLE DE SOSLAYO A ÊSTE COMO SI

FUESE UN LOBO MÂS. A raîz de  escuchar lo anterior mirôme con cierta extra-

ñeza, pero  como estaba  interesado en saber a cuâl parte de la ciudad irîa el lobo, 

dônde terminarîa su paseo, dîjonos a Cratino y a mî que lo esperâramos en la feria. 

Resultando una tremendîsima novedad seguir las huellas de un lobo, lo que de fac-

to serîa facilîsimo por dejarlas en la nieve, tanto Cratino como yo estuvimos total-

mente de acuerdo en concomitarlo, actividad allende de ir a la zaga de algo que en-

tretenerîanos, porque de tediosa no tiene nada. Sin nada (de momento) mâs que de-

cir cruzamos la calle y pusîmonos en funciôn de eso. En realidad es un animal pa-

riente salvaje del sabueso, amên de que los celtas asociâbanlo con la inteligencia y 

la astucia, por lo que esperar que hiciera lo posible por esconderse en un buen sitio 

no queda descartado, no puêdese pasar por alto, dejar de tener en cuenta, un cono-

cimiento  que asimismo tiene  Cratino empero  que no revelô para si acaso (con la 

intenciôn de) eludir las preguntas de Caspar. Al yo saber que la primera vez que vi 

al lobo fue cercano a la escultura de le Penseur, cômo  no pensar que  fuera a parar 

a los derredores de êsta?, empero como solamente es el pensar (dirîan los doctos de 

una  materia inveterada la forma de) encuadrar lo lôgico o participaciôn en un pro-

ceso de profundizamiento, o sea, de divisiôn/fragmentaciôn, de lascamiento  conci-

so, habrîa que ver si verdaderamente ajûstase a una realidad fuera de lo ôntico.

      Cuasi llegando a la catedral barroca dîceme Caspar que el lobo estaba al lado

del chofer del general, motivo por el cual mirê hacia el lugar señalado por êl. No

dilacionê en acercarme a Dasid, siendo entonces que percâtome de que êste pasâ-

base por los dedos de la mano derecha el sîmbolo de los tres zarcillos (allende de

que con una pericia tremenda), por lo que indubitablemente quedâbame clarîsimo 

el  porquê de lo que  nuestros ôculos veîan: porque tanto el lobo como el sîmbolo

son partes que jamâs quedarîan escindidas del mundillo (inveterado) celta. Al fi-

nalizar  Dasid de hacer lo que hacîa, y en vez de dilucidarme o si êl fue el que se

acercô al lobo o êste a êl, barrûntame sobre la liberaciôn de su queridîsima Matil-

de Ronco Espinoza, la que fue posible gracias a la intervenciôn del general, y al

que dêbele, por la misma, un agradecimiento sempiterno. A raîz de esta verba el

lobo sigue su camino, Cratino y Caspar saludan a Dasid, y êste pregunta:

---Pueden dejarme unos minutos hablar a solas con Kosmos?

---Por supuesto, Dasid, claro que sî.

---Cratino, me gusta lo que acabas de decir por tener un ritmo.

---Gracias, Dasid, gracias!! Y, kosmos, te esperamos en la feria, que ya solamen-

te quedan treinta minutos, y ya sabes que...

---Ya sê, êsa es la res, Cratino. Nos encontramos alli.

       Ostensiblemente que con la ausencia de ellos tendrîa mâs soltura con la ver-

ba Dasid, aun estando yo ya informado del porquê (concreto/exacto/justo) de la

intervenciôn de Francis en el problemilla del hurto y por el que estuvieron arres-

tadas las fêminas Matilde y su hija (Sista). Convencido estaba de que a pesar de

que êl abrîerase verbalmente sin cortapisa alguna, con muchitanta confianza, yo

no dirîale/dejarîale saber que habîa visto a la chica hija de la criada que tuvo an-

taño la difunta esposa del general, la progenitora de Esmeralda, y a la que, como

ya sâbese, correspôndele el diario por haberlo escrito [con un têlos determinado/

especîfico] su madre: aunque êsta no haya dejado (porque no tuvo tiempo) testa-

mento, sî  que la palabra (como sabe la policîa) de que dejâbale el diario a su re-

toño, algo que dijo previo al hecho de subirse en la barca de Caronte y pagar las

monedas pertinentes.

      Comienza a decirme Dasid lo que ya yo sabîa: que en el susodicho diario la

atingencia entre su queridîsima Matilde y el general salîa a relucir como la mâs

brillante estrella de la constelaciôn de Tauro (Aldebarân), mas que êl, al respec-

to, no  sentîa ningûn tipo de rescoldo, por lo que tanto Matilde como el general

jamâs  serîan de su parte criaturas a las que, y por una cuestiôn con basto funda-

mento, que el pasado habla aunque no puêdase cambiar, afectarîa una vengativa

necesidad de ponerlos en ridîculo, de verecundiarlos por la felonîa cometida, ya

que tanto Matilde como el general son dos personas que êl aprecia/estima/ quie-

re. En lo atinente a esta cuestiôn (asimismo afectiva) sî que preocûpale (que una

cosa es lo que dîcese; otra, lo que hâcese) que el diario aûn estê en la estaciôn de

policîa, y como tal sea leîdo por algûn agente que tenga algo en contra o del ge-

neral o de Matilde, que  informaciôn întima hay suficiente como para sacarle tre-

mendîsimo provecho de acuerdo al propôsito que têngase y a la intenciôn calcu-

la.

 








 





 











 


 




 


   




 




   






199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...